sábado, 31 de diciembre de 2011

Having a nice time, World War II



Between savagery and killings, savouring the simple pleasures of life:
Karl Höcker, adjutant to the commandant of Auschwitz, and SS auxiliaries relaxing at a recreation lodge near the camp


Two German soldiers dancing, one in drag, to the pleasant music produced by an accordion/concertina - World War II
 
 
They seem like a close family and very loved children

Young girl having a dolly's tea party - Germany, World War II

jueves, 29 de diciembre de 2011

El origen de la crisis: remontándonos en el tiempo


Henri Houben y Jo Cottenier

De Études Marxistes, n°84, Octubre-Diciembre de 2008 http://www.marx.be/FR/em_index.htm

Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), el crack actual sólo es comparable al de 1929. En aquella ocasión, tras el crack vinieron varios años de gran depresión: cierre de muchas empresas, tasas increíblemente altas de paro, recortes en los salarios, incremento de la pobreza. Fue el aviso previo a la Segunda Guerra Mundial.

¿Va a tener esta crisis las mismas consecuencias dramáticas o se podrá contener? De repente, los Estados han reaparecido. ¿Será eso suficiente para absorber el choque? Hoy en día, incluso los más acérrimos liberales están exigiendo más regulación para los mercados financieros. Pero, ¿se puede prevenir la crisis simplemente vigilando más las idas y venidas de la industria bancaria? ¿O hay algo más que eso?
Para tratar de responder a estas preguntas tenemos que entender los orígenes de la crisis actual. Para ello, tenemos que remontarnos atrás en el tiempo.

La economía global ya en situación desesperada en 1973
Los Estados Unidos salieron de la Segunda Guerra Mundial como la potencia mundial incontestable, lo que consiguieron convirtiendo al dólar en la divisa mundial. Sólo los dólares se podían cambiar por oro, y el resto de divisas tenían una tasa de intercambio fija con respecto al dólar. Estas regulaciones se establecieron en el acuerdo de Bretton Woods (1944).
Los EEUU utilizaron el hecho de tener la sartén por el mango para hacer frente al comunismo. Su prodigalidad no conoció límites y las máquinas de imprimir dólares funcionaban a toda velocidad. En Europa Occidental, el objetivo del caro Plan Marshall era construir una sólida presa contra la Unión Soviética y amordazar a la resistencia local. Los EEUU lanzaron un plan similar de ayuda en el sudeste de Asia (Korea y Taiwán). La maquinaria militar creada para luchar contra los nazis se perfeccionó y se utilizó para luchar contra el comunismo. Los EEUU lideraron guerras contra la “amenaza comunista” en Korea (1950-1953) y en Vietnam (1959-1975). También dieron apoyo a sus aliados sionistas en Oriente Medio durante la Guerra de los Seis Días (1967) y la Guerra del Yom Kippur (1973).
La economía de EEUU en la época de la Guerra Fría estimuló un rápido crecimiento pero al mismo tiempo era una fuente de inestabilidad. La productividad industrial creció rápidamente durante los dorados años sesenta: trabajo y capital se mantenían estables. En otras palabras, los salarios crecían tan rápido como la productividad. La distribución del ingreso nacional (en porcentaje de trabajo y capital) se mantenía estable. Sin embargo, todo eso no se produjo sin fricciones.
El final de los 60 supuso el principio del fin para este largo período de crecimiento relativamente importante y estable. Se frenó el rápido incremento de la productividad y la capacidad productiva dejó de aprovecharse en toda su extensión. No se utilizaban todas las inversiones y descendieron las tasas de beneficio. Finalmente, los mercados se saturaron; estaba claro que se gestaba una crisis de sobreproducción. Todo estalló cuando, en 1973, los países de la OPEP cuadruplicaron los precios del petróleo. Los precios subieron de 2 a 9 dólares el barril. La segunda crisis del petróleo tuvo lugar en 1979, cuando los precios subieron de los 13 a los 26 dólares; en 1982, un barril costaba 32 dólares.
Hay dos análisis sobre la crisis que comenzó en 1973. ¿Fue el resultado de los precios del petróleo, en otras palabras, fue un factor externo ocasionado por los productores de petróleo? ¿O fue la crisis del petróleo simplemente su punto de partida? Según este segundo punto de vista, el crecimiento global de la economía estaba en una situación desesperada en 1973 por culpa de los procesos internos recurrentes del capitalismo. Los mismos procesos que Karl Marx había descrito un siglo antes.
Karl Marx nos permitió entender los procesos recurrentes del capitalismo. Explicó claramente por qué estos procesos conducen inevitablemente a las crisis de sobreproducción. Existe claramente una contradicción fundamental en la base del capitalismo: los medios de producción (fábricas, materias primas…) son de propiedad privada mientras la propia producción tiene lugar en base un modo cada vez más social. Esto es cien veces más cierto hoy que en la época de Marx. Los complejos aparatos productivo, extendidos a menudo por todo el mundo, trabajan en beneficio sólo de unos pocos accionistas. La única planificación existente tiene como objetivo acabar con la competencia. Para lograr esto, uno tiene que obtener más beneficios que la competencia y acumular más y más capital. Al elevar la tasa de inversión, cada parte espera ganar esferas de mercado frente sus rivales. Pero para lograr esto, los costes de producción (recorte de salarios) deben ser reducidos y continuamente racionalizados para producir más utilizando menos trabajo. Este proceso lleva inevitablemente a crisis de sobreproducción por la contradicción entre capacidad productiva y un decreciente poder adquisitivo de la gente.
Marx lo resumía de la siguiente manera: “La razón última de todas las crisis reales es siempre la pobreza y la limitación del consumo de las masas frente a la tendencia de la producción capitalista a desarrollar las fuerzas productivas como si no tuvieran más límite que la capacidad absoluto de consumo de la sociedad”[1].
Éste es el resultado del caos social, donde sólo funciona la ley del máximo beneficio. La producción no está organizada de ninguna manera para satisfacer ampliamente las necesidades de la sociedad.
Una crisis de sobreproducción muy larga y a cámara lenta.
Siempre que hay una recaída, los capitalistas plantean sus propias soluciones y saben que pueden contar con el apoyo y la ayuda del Estado. Su solución habitual a la crisis implica la destrucción de una parte de la capacidad productiva mediante el cierre de empresas y el despido de trabajadores. Los precios y los salarios se ven recortados. Las empresas más pequeñas, más débiles, desaparecen o son adquiridas por otras más grandes. Esto permite que la oferta nuevamente se adapte a la demanda. La tasa de beneficio vuelve a crecer, se vuelve a invertir dinero: comienza un nuevo ciclo. Como lo describió Marx, se trata de un proceso de crecimiento seguido de un estancamiento, una crisis y una recuperación que tienen lugar en un período de cinco a siete años: el ciclo económico.
Sin embargo, esta vez hay algo más que una simple recesión cíclica “simple”. Desde 1973 se han producido repuntes y caídas, pero los picos son cortos y las caídas bruscas. Un período de crisis tan largo ya había tenido lugar anteriormente. La primera crisis importante que afectó a las grandes potencias económicas se produjo después de 1873. Acabó con la masiva exportación de capital y la lucha por una esfera de influencia en las colonias que, al final, desembocó en la Primera Guerra Mundial. Fue la fase inicial de lo que Lenin llamó “imperialismo”: una etapa -la última- del capitalismo caracterizada por la fusión del capital bancario e industrial y la división del mundo entero en colonias.
La segunda crisis estructural se produjo tras el crack de 1929 y finalizó con el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Desde 1973 hemos vivido en la tercera crisis estructural. Sin embargo, esta crisis está teniendo lugar bajo circunstancias especiales.
Ya en 1975, los esquemas de estabilización estaban siendo puestos en práctica en Bélgica. Cuatro “industrias nacionales” -carbón, acero, textil y vidrio- se desmantelaron con la cooperación del Estado, incluyendo la nacionalización temporal de la industria siderúrgica. Una segunda oleada de planes se lanzó en 1981, cuando se hicieron planes para recortar los salarios y los servicios sociales. El franco belga sufrió una devaluación y no se llevaron a cabo tres subidas salariales tras incrementos en los índices de precios. Los gobiernos desmantelaron la seguridad social y los beneficios de desempleo sin importarles las huelgas nacionales y las manifestaciones que firmemente se oponían a ello. Sólo en 1989 fuimos testigos de una pequeña subida que para 1991 ya había terminado.
La Comunidad Europea se ocupó del asunto a partir de 1985. Se adoptaron muchas medidas: el mercado común en 1990, el Tratado de Maastricht en 1991 (y divisa común), la liberalización del sector público durante los 90 y la Estrategia de Lisboa en 2000. En Bélgica, la oposición a estas medidas se expresó principalmente a través de una gran serie de huelgas contra el “plan global” en 1993 y las huelgas contra el denominado “pacto generacional” de 2005.
El competidor estadounidense era el modelo de todas las medidas planteadas por la Unión Europea. Esto no es una coincidencia. Desde el inicio de la crisis, en 1973, la superpotencia Estados Unidos no ha cesado nunca de dejar su pesado sello en la economía global. Esto se hizo aún más claro en 1980, cuando la parte más derechista y agresiva de la burguesía estadounidense ganó poder con la presidencia de Reagan. Esta situación llevó a que se adoptaran medidas radicales que tuvieron mucha influencia en el desarrollo de la crisis en todo el mundo. Debido a algunas de esas medidas, la crisis se trasladó a otros países. Otras medidas ralentizaron la crisis transitoriamente e impulsaron artificialmente la economía global. Esto explica por qué esta crisis en concreto ha sido tan compleja. Las soluciones que los EEUU ofrecieron han contribuido al colapso financiero actual. Un resumen de estas soluciones nos permitirá entender mejor cómo de seria es la crisis realmente y por qué la única salida a esta crisis de sobrepdoucción retardada es la masiva destrucción de capital.
Seguir el ejemplo de EEUU sólo nos lleva al colapso
A finales de los años 60, Estados Unidos tuvo que hacer frente a dos rivales que habían vuelto a la vida: Europa y Japón. Al mismo tiempo, Estados Unidos se encontraba enredado en la guerra contra la independencia de Vietnam y otros países en la región del Sudeste asiático. La carrera armamentística con la Unión Soviética también era bastante cara. El grifo del dólar seguía fluyendo y grandes cantidades de dólares acababan en bancos europeos (los denominados eurodólares). Al comenzar Bretton Woods en 1944, la Reserva Federal aún poseía el 60% del total de reservas mundiales de oro, pero ahora que los bancos nacionales europeos estaban convirtiendo estas enormes cantidades de dólares en oro – una especie de segunda quimera del oro -, esa proporción cayó rápidamente al 15%. Así que Nixon tomó la decisión unilateral de detener la convertibilidad directa de los dólares en oro. Dos años después, se abandonaron los tipos de cambio fijos y el dólar comenzó a flotar. Perdió valor hasta 1979. Entonces, el dúo Volcker-Reagan comenzó a seguir una senda distinta.
El abandono de Bretton Woods dio a los EEUU más posibilidad de maniobra porque el dólar ya no podía ser devaluado mediante la reclamación de su valor en oro a la reserva federal de oro. Más que nunca, el dólar se convirtió en una divisa global, sólo que ahora el gobierno de EEUU podía también manipular el tipo de cambio a voluntad. Hasta hoy, han aprovechado mucho esta posibilidad.
Durante treinta años, los Estados Unidos revivieron mercados financieros por todo el mundo. Utilizaron un triple mecanismo como palanca: el dólar, el crédito y la especulación, lo que llevó a un enorme incremento del tamaño de los mercados financieros. En 1980, el valor de los instrumentos financieros se estimaba en el equivalente al Producto Interio Bruto mundial (PIB). En 1993, ese valor era el doble de alto. Y, a finales de 2005, era más de tres veces superior, es decir, un 316% del PIB mundial. Entre 2000 y 2004, los títulos de deuda pública y privada representaban más de la mitad de este incremento. Esto muestra el creciente papel de la deuda y las compras apalancadas financiadas[2] como motor del proceso[3].
En 2004, el comercio diario de derivados[4] alcanzó los 57.000 millones de dólares y el comercio de divisas los 1.900 millones de dólares. En conjunto, sumaban 76.000 millones de dólares al día. Eso es más que el valor de las exportaciones anuales[5].
¿Cómo apareció esta tendencia? Para mantener su posición preeminente, los Estados Unidos siguieron caminos en los 80 que contribuyeron a inflar la burbuja financiera.

1.

En 1979, Paul Volcker, presidente de la Reserva Federal, decidió sin previo aviso elevar los tipos de interés. En pocos meses subieron de un 11% a un 22%. Tal porcentaje era increíblemente alto, especialmente con la depresión todavía muy presente. El hecho de que el crédito aún fuera increíblemente caro siguió frenando la economía. Una tasa de inflación del 10% suponía que los capitalistas perdían anualmente el 10% de su fortuna. La alta inflación es buena para quien está endeudado porque está devolviendo el dinero que debe con dinero de bajo valor. Los bancos, sin embargo, veían que los préstamos que habían concedido perdían el 10% de su valor. Reagan y Volcker rápidamente tomaron una decisión[6].
Esta decisión también estuvo condicionada por el hecho de que la deuda previa a la alta inflación podía atribuirse a los altos salarios y los “excesivos” beneficios sociales. En resumen, los poseedores de capital querían que la lucha contra la inflación tuviera preferencia y lo lograron. Como resultado, la inflación bajó al 2 ó 3% a finales de los 80. Fue el primer gran regalo de los EEUU al mundo financiero.
Las consecuencias aparecieron rápidamente. La crisis empeoró y llegó a su cima. Las principales víctimas fueron quienes estaban fuertemente endeudados y no podían hacer otra cosa más que ver cómo los tipos de interés se incrementaban vertiginosamente. Fue un desastre para los países latinoamericanos.
Los bancos occidentales habían concedido préstamos a países del tercer mundo que se alegraron al ver que se inyectaba capital que ayudase a construir sus industrias. Los EEUU estaban en una particularmente buena situación económica: el 40% de todos los préstamos lo hacían sus bancos, y las empresas de EEUU recibían muchos pedidos de equipamiento para la industrialización de los países del tercer mundo, industrialización que, a menudo, estaba dando sus primeros pasos. Todo parecía prometedor hasta que los tipos de interés se dispararon y los países que habían pedido dinero prestado tuvieron que pagar en intereses más de lo que estaban ganando con sus exportaciones. En 1982, Mexico estuvo al borde de la bancarrota. En 1983 fue el turno de Argentina, y Brasil fue detrás en 1984. Como es natural, la industria bancaria también se encontró en serios problemas pero, al mismo tiempo, se trataba de una nueva oportunidad para que Estados Unidos, vía el FMI, presionase para la adopción de estrategias radicales de reestructuración que abrirían las economías del Tercer Mundo a las multinacionales estadounidenses. En nombre del libre mercado, todas las barreras nacionales fueron derribadas en beneficio de las compañías transnacionales.
La decisión de Volcker de subir los tipos de interés hizo al dólar más atractivo. El tipo de cambio del dólar dejó de caer y los altos tipos de interés ayudaron a atraer inversores. El camino estaba así despejado para la entrada de los dos siguientes elementos: el crédito y la especulación.

2.

Los poseedores de capital también exigían una reforma fiscal. Reagan les concedió la Ley de Impuestos para la Recuparción de la Economía de 1981. El tipo impositivo sobre los ingresos más elevados se redujo durante los años 80 y 90 del 70% al 28%, con Reagan y, en parte, con Clinton en la presidencia. Como el ingreso de los más ricos de EEUU (1% de los ciudadanos) se incrementó un 50% durante ese período, el tipo impositivo medio sobre sus ingresos se redujo del 37% en 1979 al 29% en 1990. Esto supuso un incremento del 70% en la liquidez tras impuestos. Para los más pobres de EEUU (el 20% de los ciudadanos), sin embargo, el ingreso y la presión fiscal se mantuvieron igual. En 1980, ese mismo 1% de los más ricos ciudadanos de EEUU poseían el 30% de todos los activos, un porcentaje que alcanzó rápidamente el 38% en los 80[7]. En 1998, el 5% de los más ricos de EEUU poseía el 59% de la riqueza, es decir, más que lo que poseía el 95% restante.
El consumo de los bien posicionados económicamente experimentó un doble incentivo. Primero, porque tenían mayores ingresos; segundo, porque el incremento de sus activos les proporcionaba cobertura si querían obtener préstamos. La parte del consumo privado en el PIB[8] se incrementó del 62% en 1980 al 68% en 2000.
Esto se reflejaba en los ahorros de las familias de EEUU. El 50% de las familias norteamericanas con ingresos bajos casi no lograba ahorrar dinero pero, independientemente de esto, los ahorros anuales hechos por todas las familias cayeron del 8% del PIB en 1980 al 5% en 1990 y al 1,5% en 2000. Se incrementó y se alentó la deuda privada. En 1980, las deudas de las familias norteamericanas suponían aproximadamente el 50% del PIB y alcanzaron el 65% en 1990, el 75% en 2000 y el 100% en 2007. El segundo elemento había entrado en escena.
Este gigantesco crecimiento del crédito no tuvo lugar sin producir consecuencias para la economía global. El consumo de EEUU, que alcanza una media del 30% del consumo privado global, promovió la demanda global. De hecho, desde los años 60, las compañías multinacionales estadounidenses habían estado produciendo cada vez más en el extranjero: en Europa y el países donde el trabajo era barato. El consumo se incrementaba, lo que suponía que las importaciones crecían. Estados Unidos tuvo que enfrentarse, rápidamente, a un creciente déficit comercial.
El creciente tipo de cambio del dólar (debido a los altos tipos de interés) tuvo un doble efecto. Por un lado, un dólar fuerte permitía a la gente comprar bienes de importación de mejor valor; por otro lado, también se atraía a inversores extranjeros. Así que los dólares que abandonaban el país cuando se pagaban las importaciones, se reinvertían como capital en los bonos del gobierno de los EEUU y los bancos de EEUU. El dólar garantizaba que el sobreconsumo de la riqueza se perpetuase. En otras palabras, la economía de EEUU estaba siendo sostenida por el resto del planeta.

3.

Al mismo tiempo, tuvo lugar una evolución crucial en la vida empresarial. Las empresas trabajaban cada vez más para la bolsa. Fue Jack Welch quien marcó la pauta. En 1981, Jack Welch era el director de General Electric, con una plantilla de 400.000 trabajadores. Su ambición era convertir a General Electric en la empresa más competitiva del mundo y tenía sus propios métodos para alcanzar tal meta. ¿Cuál era el primer paso? Despedir al 10% de los trabajadores menos eficientes cada año. ¿Cuál era el segundo paso? Al estar la empresa en lo alto de la actividad industrial, introducirla en el mundo financiero. Esto es lo que Welch hizo con General Electric. Los ingresos del grupo se elevaron de 1.500 millones de dólares en 1980 a 4.000 millones en 1990 y a 7.300 millones en 2000. Los accionistas estaban exultantes.
El método de Welch tuvo tanto éxito que pronto se convirtió en la norma en los EEUU e incluso en todo el mundo empresarial occidental. Las ganancias se fijaban de antemano, generalmente alrededor del 15%, lo que era un índice mucho más alto que la tasa media de beneficio. Y el margen de beneficio ya se calculaba de antemano en los costes de producción. La deducción de beneficio se hacía antes, no después. Esto hizo que las compañías ahorrasen constantemente allí donde fuera posible y asumieran muchos riesgos financieros. Se precipitaron en el mundo financiero, trabajando principalmente con dinero prestado y contando con la palanca financiera[9].
Los dividendos se convirtieron en el criterio último; la valoración bursátil de una empresa se convirtió en el único modo de medir su valor. Cuanto más alto fuera el valor de mercado, más inversores se atraía. Así es como apareció el tercer elemento.
La industria de EEUU comenzó a centrarse principalmente en productos de alta tecnología y en actividades centrales de rama, es decir, en los sectores más beneficiosos. La actividad secundaria se subcontrataba y a menudo se trasladaba a países donde el trabajo era barato. Así es como se desarrollaron las maquiladoras mexicanas: de 620 en 1980 (con 120.000 trabajadores), llegaron en 2006 a ser 2.800, empleando a 1,2 millones de personas. Una evolución similar tuvo lugar en países como Malasia, Singapur y Taiwán.
Los mismos métodos se utilizaban en todo el mundo. Actualmente, muchos monopolios utilizan la regla del 15% para satisfacer a sus accionistas y muchos monopolios europeos y japoneses ganan más con sus operaciones financieras que con su producción industrial real.

4.

La desregulación financiera y la proliferación desenfrenada aceleraron el colapso financiero actual.
Los Estados Unidos adoptaron varias medidas tras el crack de 1929 y después de que varios bancos fueran a la bancarrota para intentar evitar que estos sucesos se repitieran. La Ley Glass-Steagall de 1933 introdujo la separación de tipos de bancos según su negocio (banca comercial y de inversión), y fundó la Corporación Federal de Seguro de Depósitos para asegurar los depósitos bancarios. También aplicó lo que se conoció como la Regulación Q, que tenía como objetivo prohibir una diferenciación en los tipos de interés según el tamaño de la riqueza del cliente. Sin esta regulación, los bancos podían atraer a clientes más ricos al ofrecerles mayores tipos de interés que podrían poner a los bancos ordinarios en peligro.
Sin embargo, a principios de los años 60, estas restricciones legales se fueron levantando gradualmente y en 1980 habían desaparecido completamente. Un creciente mercado de derivados (títulos financieros cuyo valor se determina por otros activos) vio la luz del día. Esto condujo a creaciones financieras sorprendentes. Los bonos se creaban con cualquier cobertura, incluso deuda. Se instigó una verdadera revolución en la financiación de la inversión y la compra. Las empresas ya no se sostenían sobre préstamos bancarios, sino que financiaban operaciones emitiendo títulos financieros. Alguna gente incluso se especializó en emitir estos títulos. Cuando Clinton llegó al poder, se revocó la diferenciación entre instituciones financieras. Llegó la total desregulación. Otros países siguieron el ejemplo de EEUU.
Los instrumentos financieros proliferaron y se convirtieron a su vez en objetos de especulación. Crecieron hasta tal punto que la tradicional relación entre banca e industria acabó adoptando formas completamente diferentes. En su obra El imperialismo, fase superior del capitalismo, Lenin muestra cómo la fusión de los monopolios bancarios con los industriales crea lo que entonces se denominó capital financiero. Explica que la propiedad y el interés se vinculan porque, con el crédito, los bancos se convierten gradualmente en propietarios de la industria. Lenin concluye: “Concentración de la producción; monopolios que se derivan de la misma; fusión o ensambladura de los bancos con la industria: he aquí la historia de la aparición del capital financiero y el contenido de dicho concepto[10].” El control del mundo financiero sobre la industria y su interrelación no se redujo, sino que los grandes bancos mercantiles fundaron instituciones financieras con estructuras mucho más flexibles que, preferiblemente, recurriesen a nuevos instrumentos financieros, que fuesen capaces de aparecer con grandes sumas de dinero para las adquisiciones y trabajasen preferiblemente en mercados internacionales, mientras, en general, los bancos mantenían fuertes vínculos con los mercados nacionales.
El porcentaje del mercado habitual que los bancos y los corredores de seguros tenían de los activos financieros de EEUU se dividió por la mitad entre 1980 y 2007, reduciéndose del 70 al 35%. La parte de los fondos de capital privado, fondos de pensiones, fondos de inversión, etc., se incrementó en las mismas propociones. Los fondos de inversión han ido experimentando un animado crecimiento desde 1990; realizan inversiones muy agresivas y alcanzan el 40% de las transacciones bursátiles. En 2007, 11.000 fondos de inversión gestionaban 2,2 billones de dólares. Para muchos, los fondos de inversión son el próximo agujero negro y creen que puede llevar a un nuevo cataclismo financiero.
Hoy en día, unos pocos fondos privados gigantes como KKR, Blackstone, Carlyle y Cerberus controlan el mercado financiero internacional, lo que quiere decir que también controlan muchas acciones de empresas. Los bancos tienen un nuevo papel: conceden préstamos a estos fondos especializados.
Por tanto, la definición de Lenin del capital financiero sigue siendo muy actual. Lenin también se refirió a la creciente separación entre el control de la producción y la capa de parásitos conocida como “cortadores de cupones”. Su libro fue escrito en 1916, hace casi un siglo, pero podía haberse escrito hoy:
“Es característico del capitalismo en general que la propiedad del capital esté separada de la aplicación del capital a la producción, y que el rentista que vive completamente del ingreso obtenido del capital dinero, esté separado del empresario y de todos aquellos que están directamente preocupados por la gestión del capital. El imperialismo, o el dominio del capital financiero, es el más alto estadio del capitalismo en el que esta separación alcanza vastas proporciones. La supremacía del capital financiero sobre todas las demás formas de capital significa el predominio del rentista y la oligarquía financiera; significa que un pequeño número de estados financieramente “poderosos” sobresalgan por encima del resto[11].”
La Unión Europea quiere catch up con los Estados Unidos
En la estrategia de Lisboa (2000), la UE fijó el objetivo de alcanzar a la economía de EEUU en 2010, pero esta ambición ha ido incluso más allá. Dado que la crisis ha estado golpeando desde 1973, la burguesía europea fue incitada a buscar una nueva vida en la unificación de Europa, particularmente debido a la agresiva respuesta de los EEUU a esta crisis.
Durante los primeros años de la crisis, la intervención de las autoridades europeas se limitaba a reestructurar la industria siderúrgica y otras industrias amenazadas. Pero la Unión Europea quería alcanzar a los Estados Unidos. En 1983, los administradores de 17 importantes monpolios europeos crearon una mesa de industriales europeos. Esta mesa europea esbozaría el programa del Acta Única Europea de 1985 y terminó el proyecto de 1990 para un mercado único europeo. El proyecto fue lanzado por un entusiasta Jacques Delors y su Comisión Europea. Las cosas se aceleraron en 1991 con el Tratado de Maastricht, que estableció una única divisa europea y una política exterior común europea. La estrategia de Lisboa (2000) afirmaba claramente el gran objetivo de “hacer de la UE la economía más dinámica y competitiva del mundo basada en el conocimiento”.
En muchos ámbitos se adoptó el enfoque de EEUU: reformas fiscales, ampliación de la carga de trabajo, privatización de la seguridad social, mercado totalmente libre, expansión de la bolsa, etc. Las ventajas competitivas de una débil protección social metieron a los países europeos en la vía del desmantelamiento de las conquistas históricas como la seguridad social. La brecha entre los ricos y los pobres se amplió rápidamente también en Europa. Desde principios de los años 90, la UE dirigió la liberalización de las telecomunicaciones, los ferrocarriles y los servicios postales. Los servicios públicos que, en Europa, son mucho más importantes en la vida diaria que en los EEUU, se desmantelaron y transfirieron al capital privado. La reforma de Bolonia supuso que la educación europea copiara el modelo de EEUU, que tiende mucho más a satisfacer las necesidades e intereses de las empresas. El colapso de los países socialistas en 1989 dio aún más fuerza a la ofensiva liberal. El miedo al comunismo había desaparecido, el capitalismo triunfaba.
Sin embargo, los capitalistas europeos se enfrentaban a una mayor oposición a los planes de desmantelamiento. Incluso a pesar de que los sindicatos no estaban organizados a nivel europeo aún, los planes se iban frenando en cada país como resultado de la moviliación a nivel nacional.

La economía burbuja no puede barrer la crisis
En resumen: el hecho de que el consumo de EEUU haya sido enormemente estimulado desde 1973 no ha resuelto la crisis. Al contrario, ha ayudado a prolongarla. Tras 1973, el crecimiento nunca alcanzaría el nivel que alcanzó en los años 60. Como la espada de Damocles, la crisis de sobreproducción nunca cesará de amenazar la economía global.
Cuando tiene lugar la sobreproducción, posteriormente se produce una plusvalía de capital. Un exceso que no puede utilizarse para incrementar la producción porque choca con los límites del mercado. Este exceso de capital busca altos rendimientos y ahí es donde el sector financiero echa una mano. Las condiciones para permitir esto se crearon con la desregulación financiera y el incremento del número de nuevos instrumentos financieros. Todo el asunto se intensificó aún más por el excesivo estímulo al crédito, ya que la concesión de créditos es una forma de crear dinero de la nada.
Un gran paso hacia la proliferación financiera se da cuando la deuda se utiliza como cobertura para la emisión de títulos o derivados financieros – lo que se denomina titulización. Así, toda deuda puede ser convertida en un título, lo que significa que puede seguir siendo comprada y vendida y, como consecuencia, se convierte en objeto de especulación. De ahí en adelante, cualquier polo de crecimiento económico puede convertirse en la piedra angular de burbujas financieras. El dinero es prestado a los polos en expansión de la economía y esta deuda se negocia bajo la forma de títulos financieros. Los polos en crecimiento también hacen que la bolsa suba y, como resultado, las instituciones financieras y los especuladores tienen carta blanca. Así es como nacen las escandalosas burbujas financieras que atraen a inversores y especuladores. Aparece el capital ficticio que se basa únicamente en la esperanza de un crecimiento sin fin. Más tarde o más temprano estas burbujas acaban explotando inevitablemente.
Ése ya fue el caso de la deuda del tercer mundo a finales de los años 70 el cual, como resultado, llevó al colapso de los países latinoamericanos en 1982-1984 que mencionábamos antes. La historia se repitió en 1997 con una gigantesca burbuja financiera en los mercados asiáticos. La devaluación de la divisa tailandesa causó el crack. Los efectos colaterales incluso se notaron en Rusia y Brasil. Los fondos de cobertura entonces se volvieron hacia las empresas de alta teconología localizadas en Silicon Valley. Esa burbuja también explotó con el crack del Nasdaq en 2000. Así es como empieza la historia de la burbuja inmobiliaria.
Tras el crack del Nasdaq y el 11 de septiembre, la Reserva Federal rebajó su tipo preferente[12] al 1% en un intento de impedir la amenaza de la recesión. Los bancos hipotecarios se aprovecharon agresivamente de los tipos bajos para emitir préstamos para la compra de viviendas. Ofrecían condiciones extremadamente favorables sin exigir demasiadas garantías. El mercado real estaba en plena expansión y todo el mundo pensaba que los precios seguirían subiendo, sin importar la solvencia[13] de los prestatarios: sus casas podían ser embargadas, así como su dinero. Se permitía a los ciudadanos insolventes adquirir hipotecas en condiciones especiales. Esto es lo que se acabó conociendo como hipotecas subprime. El mercado hipotecario se disparó y las capas más pobres de la población aprovecharon la oportunidad. El número de hipotecas subprime creció del 8% (en 2001) al 20% (en 2007) del total de préstamos hipotecarios en los EEUU.
La desregulación del mercado financiero hizo el resto. Los bancos hipotecarios vendieron sus hipotecas subprime (junto con sus riesgos) a empresas especializadas[14] que emitían títulos en el mercado cubiertos por estas hipotecas. Como resultado de ello, los bancos hipotecarios podían seguir prestando dinero. Entre 2001 y 2006 la máquina siguió funcionando y las hipotecas de EEUU sumaban 11,5 billones de dólares. Estos títulos fueron esparcidos por todo el mundo en bancos, fondos de pensiones, bancos mercantiles, fondos especulativos y fondos de cobertura, quienes estaban particularmente aficionados a ellos.
Cuando la Reserva Federal subió progresivamente el tipo de interés hasta el 5,25%, muchos nuevos compradores se quedaron sin un céntimo. Una gran cantidad de ejecuciones hipotecarias tuvo lugar y el mercado inmobiliario cambió. El número de insolventes se incrementaba trimestre a trimestre y, a finales de 2006, empezaron los problemas en los bancos y fondos de cobertura.
La avalancha ya no se pudo detener y en septiembre de 2008 la crisis bancaria alcanzó su cénit.
Las consecuencias fueron devastadoras para los propietarios de las casas. Más de dos millones de propietarios perdieron la casa que acababan de comprar y se quedaron en la calle.
Sin embargo, la crisis no se ha producido sólo en EEUU. En todo el mundo, más de 1 billón de dólares en bonos basura ha sido debitado y, uno tras otro, los bancos están declarando pérdidas. La situación empeora cuando, como precaución, los bancos inundan el mercado interbancario porque la desconfianza general crece. Esta desconfianza llega al público y persiste la amenaza de serios problemas bancarios.
Todavía no ha terminado
¿Cómo es posible que el pinchazo de la burbuja inmobiliaria haya sido un golpe mucho más fuerte que el ocasionado por la burbuja anterior y que todo el sistema financiero se encuentre al borde del abismo? Ésta es la mayor bubuja financiera de la historia y ha contaminado a todo el sistema con sus bonos basura. Todas las medidas de protección y control gubernamental han sido desmontadas de tal manera que nadie es capaz de comprobar el verdadero valor de los títulos basados en hipotecas o cuál es su localización. Esto ha hecho inevitable una reacción en cadena.
La seriedad de nuestra actual situación puede observarse por el pánico que ha llevado a prácticamente todos los Estados a proceder al rescate raudo de sus bancos y por la amplitud de sus intervenciones. Para medir esta amplitud, es útil conocer que los siete años de guerra en Irak y Afganistán han costado 750 mil millones de dólares. Esta cantidad es sólo un poco mayor que el plan de Paulson de 700 mil millones de dólares destinado a que el gobierno de EEUU adquiriese la deuda impagada de los bancos. Pero eso no es todo. Se gastaron otro par de cientos de miles de millones para rescatar bancos como el Bear Stearns y para nacionalizar instituciones financieras como Fannie Mae, Freddy Mac y AIG. Sumando las diferentes intervenciones, el total se acerca a los 1,8 billones de dólares. Hay que señalar el dato de que el PIB de todo el continente africano en 2007 fue de 2,15 billones de dólares. Es obvio que un agujero tan grande tendrá consecuencias nefastas en la deuda pública, en el presupuesto y, finalmente, en el ingreso neto del ciudadano norteamericano. Se estima que éste tendrá que desembolsar al menos 2.000 dólares.
¿Será capaz el Presidente de la Reserva Federal, Ben Shalom Bernanke, de encontrar un nuevo sector que infle una nueva burbuja y traiga algo de alivio? Es completamente improbable. El consumo de EEUU se ha colapsado y muchos inversores han perdido grandes cantidades de dinero en la Bolsa. Los instrumentos financieros y los bienes inmobiliarios han perdido mucho valor y no se pueden utilizar para cubrir nuevos créditos. Créditos que, por razones entendibles, la industria bancaria es reacia a conceder. El recorte de los tipos de interés para impulsar la economía tampoco es una opción, puesto que, estando al 3%, ya se encuentran en su mínimo.
Está claro que la única salida de esta crisis de sobreproducción constantemente retrasada es la aniquilación de la capacidad productiva. Esto siginifica que lo peor está por venir. La crisis promete ser larga y profunda. Los países del tercer mundo serán los primeros en ver cómo sus exportaciones disminuyen, proporcionarán menos materias primas y pronto se encontrárán nuevamente bajo el dominio férreo del FMI y sus planes de reestructuración.
¿Asistimos al final de la hegemonía de EEUU?
Durante muchos años, los EEUU han logrado hacer navegar su barco económico trasladando los efectos de la crisis a otros países. La forma en que EEUU impulsa artificalmente la economía también afecta al resto del mundo. Los EEUU han sido capaces de tomarse estas libertades dada su posición como potencia económcia mundial. Pero parece que, en este sentido, las cosas están cambiando. El casi colapso de los grandes bancos de EEUU y la desarticulación del sistema financiero global continuarán inevitablemente drenando la economía de EEUU, así como su autoridad.
Las dificultades financieras de Estados Unidos van de la mano de la Guerra contra el Terrorismo, que lucha por mantenerse a flote e incluso llega a un callejón sin salida tanto en Afganistán como en Irak. La autoridad política de los Estados Unidos en las instituciones internacionales y en el frente diplomático está siendo cada vez más disputada. El orden global está dando un giro y se está formando un mundo más multipolar.
EEUU todavía es la mayor economía mundial. No obstante, en las últimas décadas la economía ha sido inflada artificialmente para que siguiera siendo el motor de la actual situación, y por eso, EEUU está pagando ahora un alto peaje: su situación actual muestra un extremadamente alto déficit, lo que es principalmente atribuible a su descompensada balanza comercial. Como resultado de lo anterior, los dólares están siendo esparcidos por todo el mundo y vuelven a los EEUU como inversiones o capital. Esto sólo será posible que continúe mientras el dólar siga siendo la divisa del comercio y las reservas internacionales. Sin embargo, el colapso del sector financiero, tarde o temprano, pondrá fin a esta posición excepcional.
Las sumas astronómicas que el gobierno de EEUU inyecta en su industria bancaria sólo servirán para incrementar la deuda pública, la cual ya es de colosales dimensiones debido a los costes de la guerra. Cada vez menos países estarán inclinados a invertir incondicionalmente sus reservas en los Estados Unidos y, de esta manera, a dar su apoyo a que el dólar sea la divisa de reserva internacional. Tarde o temprano llegará el final del imperio del dólar.
Se va perfilando el papel de China. Como principal potencia emergente, el país ya tiene una importante influencia en la economía global debido a la creciente plusvalía de su balanza comercial y sus considerables reservas financieras. El déficit de Estados Unidos asciende a 800 mil millones de dólares al año. Según Zhu Min, vicepresidente del banco de China, los Estados Unidos no podrán contar más con China para colocar los bonos estatales necesarios para financiar el rescate de los bancos estadounidenses.
¿Cómo reaccionará el imperio estadounidense? ¿Incrementando aún más sus gastos en la guerra y manteniendo sus aventuras militares? Por el momento, sigue siendo una cuestión abierta, pero es un hecho histórico que sólo la destrucción masiva de la capacidad de producción por medio de la guerra ha sido capaz de hallar la salida a la última crisis importante del sistema, la de los años 30.

Una crisis del sistema tiene que solucionarse sustituyendo el propio sistema
El dique ha acabado reventando. Tras el colapso financiero, tras el crack de la burbuja gigante, se está viniendo abajo todo el suelo de la crisis de sobreproducción, con la apariencia de una depresión larga más que de un breve período de descenso de actividad. Ni siquiera las enormes cantidades de dinero implicadas serán capaces de mantener este tsunami bajo control.
En cuanto a las causas, los dedos apuntan en todas direcciones: es por las suprime, por los fondos de cobertura, por los EEUU…
Según Karel Van Miert, antiguo dirigente del SP.a (partido socialista flamenco), antiguo comisario europeo y administrador de la Philips, es a la carrera de los banqueros por el beneficio a quien hay que culpar del colapso. ¿Son tan codiciosos? Nada esconde el hecho de que tras esta carrera por el beneficio – encabezada no sólo por los banqueros, sino también por empresas como la Philips – yace una constante, un fenómeno recurrente. Karl Marx descubrió este fenómeno hace más de 150 años. Su conclusión fue que el capitalismo no puede existir sin crisis.
Cuando se trata de dar soluciones hay un considerable consenso, desde los socialdemócratas a los liberales: es necesaria más transparencia, más regulación y más control.
No, ya no se trata de la codicia de un puñado de gente. No, no se trata de la carrera por el beneficio de un par de banqueros. No, no se trata de desmontar regulaciones financieras, como muchos piden. No, la situación no se resolverá aplicando “el genuino libre mercado, el único que obedece a leyes”. La crisis es inherente al propio sistema.
Nunca antes la humanidad había producido tanta prosperidad, ni tampoco había producido tanta pobreza. Es el trabajo de todos – y sólo el trabajo – lo que produce la prosperidad, no el capital.
No es más que lógica elemental el exigir que la prosperidad producida colectivamente se utilice para mejorar las condiciones de vida de todos los seres humanos. Esto es imposible en una economía capitalista que funciona según los intereses de una pequeña minoría y que, inevitablemente, conduce a la crisis. Por esto todos los medios de producción importantes deben ser puestos en manos de la colectividad.
18 de noviembre de 2008
Jo Cottenier es autor de La Société Générale 1822 – 1992 (con Patrick De Boosere y Thomas Gounet) EPO, 1989 y de Le temps travaille pour nous (El tiempo está de nuestro lado) (con Kris Hertogen) EPO, 1991. Es miemro del Buró del Partido del Trabajo de Bélgica.
Henri Houben, doctor en economía, es investigador del Instituto de Estudios Marxistas, especializado en el estudio de las multinacionales, la estrategia europea de empleo y la crisis económica. Actualmente trabaja en un libro sobre la crisis económica que saldría a la luz en primavera de 2009.
[1] El Capital, Volumen III, Capítulo 30.
[2] Una compra apalancada tiene lugar cuando un patrocinador financiero adquiere un interés de control en la propiedad de una empresa y cuando un porcentaje importante del precio de compra es financiado por medio del apalancamiento (préstamo). Los activos de la compañía adquirida se utilizan como garantía del capital prestado, en ocasiones con activos de la empresa adquirente. Los títulos u otros documentos emitidos para las compras financiadas apalancadas no se suelen considerar inversión por los importantes riesgos que conllevan.
[3] McKinsey Global Institute, 2006.
[4] Los derivados son contratos financiero, o instrumentos financieros, cuyo valor se deriva del valor de otra cosa (conocido como subyacente). El subyacente sobre el que se basa un derivado puede ser un activo (p.ej., mercancías, participaciones (acciones), hipotecas residenciales, inmuebles comerciales, préstamos, bonos), un índice (p.ej., tipos de interés, tipos de cambio, índices de bolsa, índices de precios al conusmo (IPC) – ver derivados de inflación), y otros elementos (p.ej., condiciones meteorológicas u otros derivados). Los derivados del crédito se basan en préstamos, títulos u otras formas de crédito. Los tipos principales de derivados son los forward, los futuros, las opciones y swaps.
[5] Chandrasekhar, 12 de julio de 2007.
[6] La política de Reagan se inspiró en los monetaristas como Milton Friedman, para los cuales la ortodoxia monetaria es el bien más preciado.
[7] Luego se mantuvo estable durante los años 90. Ésta es una estimación hecha por Henri Houben sobre la base del trabajo de Edward Wolff La creciente desigualdad en la riqueza de América. En Bélgica, se estima que el 1% tiene el 25% de todas las fortunas privadas.
[8] El PIB (producto interior bruto) es el valor total de todos los bienes y servicios finales producidos por una economía concreta en un año.
[9] La palanca financiera toma la forma de un préstamo (deuda), cuyas ganancias se (re)invierten con la intención de obtener una tasa de retorno más alta que el coste del interés.
[11] Lenin, op. cit.
[12] El tipo preferente es un tipo de referencia utilizado por los bancos. El término indicaba originalmente el tipo de interés al que los bancos prestaban dinero a los clientes preferentes.
[13] La solvencia es la capacidad de una entidad para pagar sus deudas.
[14] Se denominan SPV’s (vehículos de propósito especial, en inglés)

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Crisis económica y aumento de los suicidios


Las consecuencias que está teniendo la crisis y concretamente el desempleo en la salud han sido tratadas en más de una ocasión en diversos artículos en la prensa y en revistas más especializadas. Más específicamente se ha tratado de los efectos negativos del desempleo en la salud mental, de lo que cada vez hay más abundancia de indicadores: aumento de visitas médicas relacionadas con problemas de ansiedad, elevados casos de depresión, aumento del alcoholismo y otras drogodependencias,  incremento de casos de violencia, aumento de consumo de medicamentos antidepresivos y ansiolíticos, etc. Existe una relación muy directa entre las crisis económicas, el desempleo y el empeoramiento de la salud mental. Un dato: el promedio de personas con problemas psicológicos entre los desempleados es de un 34%; en cambio entre las personas con empleo es del 16%. Otra constatación es que cuanto mayor es la duración del período de desempleo son mayores las consecuencias negativas sobre la salud mental.
Según una encuesta reciente, la calidad de vida de los ciudadanos del Reino de España ha empeorado debido a la bajada de sus ingresos económicos y a que su salud se ha deteriorado.  También existe una relación entre la protección social y la salud mental. La protección social es un buen protector de la salud mental; es el caso de tener una prestación de paro que ejerce de factor determinante entre tener mejor o peor salud mental en el caso de estar desempleado [1].  En los países con mayor protección social como es el caso de Suecia,  los índices de suicidio no están correlacionados con el desempleo a diferencia del Reino de España, donde los índices de suicidio y desempleo van al unísono [2]. Pero entre los datos sobre el deterioro de la salud mental en tiempos de crisis hay uno que es muy destacado y que algunos artículos de prensa en los últimos días [3] han puesto de manifiesto: el aumento alarmante de los casos de suicidio. El suicidio es una de las formas de muerte más extendida en el mundo superando a los muertos por accidente de tráfico, terrorismo y violencia machista, pero aunque un millón de personas se suicide cada año según la OMS (mayoritariamente hombres) es un tipo de muerte que ha padecido desde siempre un gran tabú.  Una de las razones de este tabú es el efecto contagio analizado hace muchos años en De la Contagion del suicide de Paul Moreau de Tours (1875) y La contagion du meurtre de Paul Aubry (1896). Contagio que provocarían determinadas figuras públicas influyentes o celebridades como cantantes de rock o incluso líderes sectarios que arrastran a multitudes y que pueden provocar algún efecto entre sus seguidores. Pero como han analizado algunos autores parece muy frágil esta argumentación pues  es “absurdo otorgarle a éste unas capacidades contagiosas más peligrosas que las de ese otro tipo de violencia ejercida sobre segundas y terceras personas, aquella que, paradójicamente, atiborra los medios de comunicación”[4]. Este tabú ha sido manifiesto en todas las épocas y culturas y censurado por casi todas las religiones como ahora pone de manifiesto la iglesia (en este caso ortodoxa) griega cuando niega servicio religioso a las familias de suicidas y eso contribuiría a esconder la verdadera realidad que sería aún mucho más acuciante.Continúa leyendo en sin permiso

EL LIBRO MÁS PELIGROSO: LA GERMANIA DE TÁCITO, DEL IMPERIO ROMANO AL TERCER REICH – Christopher Krebs


La obra de Publio (o Cayo) Cornelio Tácito (c. 55 – c. 120 d.C.) es más conocida que su autor, de quien tenemos pocos datos. Nos falta incluso su praenomen y si no fuera por algunas referencias internas o algunas cartas cruzadas con coetáneos como Plinio el Joven incluso podríamos dudar de su propia existencia. Sabemos que fue senador, siguió el cursus honorum habitual para los hombres de su rango, alcanzó un consulado sufecto durante el reinado de Nerva y pudo culminar su carrera con un proconsulado en Asia mientras Trajano iniciaba las campañas contra los partos. Desconocemos cuando murió aunque se considera que vivió los primeros años del principado de Adriano, pues se proponía redactar una continuación de sus Historias que incluyeran el período de Trajano. De él nos quedan dos obras mayores, aunque no completas, las ya mencionadas Historias (que debían recoger el período entre las muertes de Nerón y Domiciano, aunque apenas hemos recibido los libros correspondientes a los años 68-69 d.C.) y los Anales, su opus maius, que relataba el inicio de la decadencia de Roma, según su autor, por culpa del gobierno autoritario de los sucesores de Augusto (14-68 d.C.); una obra también fragmentaria (faltan el período completo de Calígula, gran parte del de Claudio y el final del neroniano).
Escribió también una biografía de su suegro, Agrícola,  gobernador de Britania (y cuyas campañas narra con detalle), y una obra más breve, Sobre el origen y territorio de los germanos, conocida habitualmente como la Germania. Aunque Tácito no viajó nunca a Germania, se trata de una obra etnográfica, basada en autores anteriores (esencialmente, César, Estrabón, Diodoro Sículo) y de información que el propio autor recabó de comerciantes y comandantes militares establecidos en ambas orillas del Rin. Es una obra breve, consta de cuarenta y seis capítulos (en un procesador de textos apenas ocupa veinticinco páginas), y se nutre de datos más o menos exactos (y refundidos de fuentes anteriores), recogiendo los diversos pueblos que se podían insertar bajo el apelativo «germano», sus costumbres, sus posibles orígenes y sus contactos con Roma, tras los cuales Tácito llega a la conclusión de que, a pesar de su barbarie, en ellos aún se pueden encontrar las viejas virtudes de la austeridad, la valentía y la dignidad que, en su opinión, los romanos de su época habían perdido. Son estos valores los que, sin saberlo Tácito, serán repetidos, y a su vez reelaborados, sin cesar al cabo de casi quince siglos para construir la génesis del pueblo alemán, sus orígenes en el alba de los tiempos, y su continuación en la raza aria, según la visión nacionalsocialista de Heinrich Himmler y sus acólitos.
De este modo, pues, la obra de Christopher B. Krebs, El libro más peligroso: la Germania de Tácito, del imperio romano al Tercer Reich (Crítica, 2011) es algo más que una indagación, casi detectivesca, sobre el texto de Tácito y su influencia no voluntaria en la creación de un canon ideológico. La Germania perdió prácticamente todo interés hasta el siglo XV –con un breve interludio por parte de copistas de época carolingia–, cuando humanistas (y coleccionistas) se interesaban por las fuentes clásicas y se dedicaban a la caza de manuscritos copiados por cuidadosos monjes en los siglos medievales. Coleccionistas como Poggio Bracciolini, quien en 1425 intercambiaba espístolas con su bien amigo Niccolò Niccoli de Florencia, en el que detallaba su afición a la búsqueda de manuscritos, logrando en ocasiones hacerse con alguna pieza mayor: «y eso es todo –bueno, casi–. He dejado lo mejor para el final. Cierto monje amigo mío, de no sé qué monasterio de Alemania, me acaba de enviar una carta en la que dice haber encontrado unos cuantos volúmenes de los que nos interesan. Y entre ellos figuran textos de Julius Frontinus y varias obras de Cornelio Tácito hasta ahora desconocidas para nosotros» (citado en p. 55). Una de esas obras era la Germania.
Pero no sólo cazadores de manuscritos como Poggio evidencian la recuperación de la obra de Tácito desde finales de la Edad Media (período en el que el estilo sentencioso de este historiador fue recogido por polígrafos y filósofos políticos, dando paso al tacitismo, con Justus Lipsius en las universidades de Leiden y Lovaina a la cabeza). Futuros papas (y humanistas) como Eneas Silvio Piccolomini (Pío II) también se dedicarán a la búsqueda de textos clásicos, aunque con otras intenciones que el coleccionismo: en su caso se trata de refutar las críticas de aquellos que consideran –antes de la Reforma luterana– que la Iglesia católica se preocupa poco por Alemania (el Sacro Imperio Romano Germánico, vasto y desunido), sus habitantes, sus feligreses e incluso sus tradiciones. Para el futuro Pío II, ambicioso cardenal, el texto de Tácito sirve de demostración de que la imagen de Tácito de unos germanos/alemanes prácticamente bárbaros en sus tiempos ha dado paso, gracias a los desvelos de la Iglesia romana, a una Alemania próspera, boyante y sobre todo civilizada a mediados del siglo XV. Talis tua Germania fuit, le responderá a un corresponsal alemán que criticaba la desidia romana (en clave del siglo XV) respecto a la Alemania del momento: «en esa época, la vida de vuestros antepasados [los de Mayer, el remitente de Piccolomini] difería muy poco de la bestialidad de los brutos. Y es que en la mayoría de los casos eran pastores refugiados en bosques y arboledas, condenados a llevar una existencia de grosera indolencia […]. Carecían de murallas sólidas, y tampoco contaban con asentamientos rodeados de murallas. No se veían fortalezas encaramadas en la cima de los montes ni templos construidos con piedra labrada» (citado en p. 89). Esta polémica, que Krebs comenta con detalle, nos lleva a que ya a finales del siglo XV humanistas alemanes e italianos comenzaron a rastrear los orígenes de la nación germana (léase alemana). Y es cuando nombre de caudillos como Arminio salen a la palestra, se recupera y se germaniza su figura [Hermann], y se rastrean los orígenes legendarios del pueblo germano (único, partiendo de un mismo tronco). Tuisco o Tuiston (de ahí, «teutón»), el hijo de Noé olvidado (¿pretendidamente?) por las fuentes bíblicas sería el padre de la nación alemana en el origen de los tiempos.
El seguimiento de Krebs sobre la exégesis de las leyendas sobre Tuisco, Tuiston, Teutón, Teutates o Teutsch (de ahí deutsch, la palabra que actualmente significa alemán) según varios autores a lo largo de los siglos XV y XVII quizá sea algo arduo para prófanos en la materia, pero nos ayuda a entender cómo surgen las leyendas sobre los alemanes por parte de comentaristas, historiadores, religiosos y humanistas durante aquel período. Habrá que esperar a que en pleno siglo XVIII y los albores del XIX el vocablo Volk –después Volksgeist, o «espíritu del pueblo», y Völkisch, o «folclore étnico»–, usado por Herder en el imaginario colectivo alemán, sea rastreado en el texto de Tácito y los ecos de la Revolución Francesa lo pongan encima de la mesa. Surgen también las disquisiciones sobre germanidad, arianidad y pureza racial –de Arthur de Gobineau a Houston Stewart Chamberlain, con escala intermedia en Richard Wagner–, y es en la Germania, y en el modo en que se ha asimilado, donde se buscan pruebas irrefutables de la superioridad racial de los alemanes sobre el resto de pueblos europeos. El camino nos lleva, inexorablemente, a Himmler y las SS, su pasión por el germanismo antiguo, su impronta en al ideología racial del Reich nazi –Hitler mismo puso «La revolución germánica» como primer título al Mein Kampf, aunque su interés por el pasado germano fue en cierto modo pasajero– y de ahí a la caza de ediciones de Tácito (en Italia se conservaba el llamado Códice Aesinas, que Himmler ordenó incautar en otoño de 1943), y los viajes a Escandinavia para hallar restos de la escritura rúnica o al Himalaya para cerciorarse de los vínculos indestructibles de los primitivos pueblos germanos con la raza aria. El resultado final lo conocemos de sobra: la búsqueda de los orígenes raciales dio paso a una obsesiva ideología que preconizaba el exterminio de todo aquello que no fuera ario, puro, germano al cien por cien. Lebensraum, Lebensborn
El libro de Krebs deviene, a un mismo tiempo, una reconstrucción del texto de Tácito, una investigación sobre su uso y manipulación, y una reconstrucción del modo en que esta manipulación ha moldeado visiones de la germanidad en diversos momentos de los últimos quinientos años. Es un libro interesantísimo en cuanto a cómo un texto clásico aparentemente inocuo, e incluso históricamente poco relevante, puede convertirse en una poderosa arma para construir una ideología racista. Pero no nos quedemos con el corolario nazi: la Germania de Tácito ha sido también fuente de discusiones filológicas y etnográficas en los siglos modernos, columna vertebral de un pensamiento nacionalista alemán que buscaba encontrarse a sí mismo. En última instancia, «se trata de una lectura que tiene tras de sí una larga historia. Con todo, es justo esa historia tan azarosa la que revela que una comprensión cándida […] resulta muy arriesgada. En último término, no ha sido el historiador romano Tácito quien ha escrito un libro extremadamente peligroso: han sido sus lectores los que le han dado ese levantisco sesgo» (p. 260). Hislibris

martes, 27 de diciembre de 2011

Mind control research



Never ended - "The war never really ended and the programs were merely moved to America and continued. German scientists headed up NASA rocket programs and Heinrich Mueller was made head of the CIA. In fact most people do not know the truth of the secret government, the Military/Industrial Complex, which is the real government of the world which all our elected leaders condone and give service. President Eisenhower gave us warning but we were too apathetic to follow his meaning and things just continued on getting more complex, sinister and secret. The ongoing MK ULTRA experiment was brought from Germany and went underground. Under the protection of the secret government and the CIA it has operated since then in many areasâ in the ongoing warsâ Vietnam, Iraq, Afghanistan and in all sectors of our normal life¦" (Stop MKULTRA Programs Now! http://www.opednews.com/articles/STOP-MK-ULTRA-PROGRAMS-NOW-by-Noeline-Clayfield-091116-809.html)

"Although most of MKUltra victims also were subjected to radiations and three victims gave their testimonies, Clintonâs apology specifically targets the victims of cold-war era radiation experiments, most of which were initiated to study the effects of radiation to human. Clearly, the apology wasnât about the MK Ultra that the disinfo operatives want you to think about. An apology would mean an end to a conflict, an end to MK Ultraâ¦"

An "unnamed program" - Contrary to what was reported in the internet, President Bill Clinton did not apologized for the MK Ultra victims. On October 3, 1995 after he ordered to declassified government documents and initiated an investigation, a final report was offered to the press. During the conference at the White House, Clinton apologized for the human radiation experiments being done to uninformed victims in several military bases and universities. There was a disinformation in the internet connecting MKUltra to the Clinton apologies as to make it look like this mind control program has ended. In fact there are concrete evidences that as of today â 2011, the program has been going on with much more covert and overt activities by different sectors of the community and has become global in scope. Although most of MKUltra victims were also subjected to radiations and three victims gave their testimonies, Clintonâs apology specifically targets the victims of cold-war era experiments, most of which are initiated to study the effects of radiation to human. Clearly, the apology wasnât about the MK Ultra that the disinfo operatives want you to think about. An apology would mean an end to a conflict, an end to MK Ultra.

MK Ultra did not end and has become an unnamed âprogramâ using advanced technologies. The difference is that present day victims doesnt have to be tied up to a bed and drugged with LSD to be torture just like what Dr Ewen Cameron has done to his patients in Allen Memorial Hospital in Montreal. Present day victims can be attack anywhere using compact device and satellite radar system. Their minds are being bombarded with marathon voices and sounds, some are deceptively sounded like their own inner voices. These victims are also being subjected to radiations and pyshological stalking tactics patternned to Germanyâs Nazi-like harassments. Some victims are lucky enough to survive several phases of the âprogramâ and discovered the real causes of their demise. Some victims committed suicide and died without knowing the truth. Others are being institutionalized with psychotropic drugs and labelled as dellussional or paranoid. Mainstream media doesnât cover this crimes because they owned by corporation who finance the âprogramâ and has become part of the brainwashing machine. Desensitizing the masses so that they donât feel anything about this kind of terrorism. So that they give up their own privancy and human rights are part of the brainwashing programs. Here are something for you to think about:

Suicides has become an ordinary occurencies in many communities that the people are complacent or desensitized. Its not only the youth and member of LGBT anymore, immigrants and soldiers are also affected. PTSD and other mental disorder with pyshotropic drugs as the common denominator with all the sucide cases. The youth are tested with mental disorder at a very young age, most are diagnosed with ADD and are prescribed with Ritalin.

Mobbing at workplace are signs of targeting. If the targets donât acted their torture with violence, the normal outcome are being unemployed and disabile. The same can be said in the schools. Bullying is rampant. If student donât acted out with violence, they became dropouts or disabled.

Main stream media donât cover this present-day experimentations (radiation, mind control, chem trails, illegal vaccinations, nano-tech implantations) even when the targets sent them evidences and letters asking them to inform the public and the authorities. The mainstream media did not even bother to write about several targets speaking out at the last two public meetings of The Presidential Commission for the Study of Bioethical Issues. Long time ago this will be considered a big scandal.

Common tactics of mainstream media is to discredit and disinformed the public as all of these crimes are just conspiracy theories and its just a product of peopleâs delussional or paranoid thinking and basically not happenning all around us.

When someone do an internet research on targeted individuals, researcher will notice several disinfo agents posing as victims. The purpose is to make the impression that targeted individuals are simply people who are delussional, paranoid or mentally challenged. You will see these agents wearing tin foils in their head; talking about the new metallic orgonites that targets can use for EMR attacks; and preaching about the incoming armageddon and alien invasion.

From the blatant disinformation connecting Clintonâs apology to MK Ultra so that people will get the impression that MK ULtra is a thing of the past; the neglect of the mainstream media to cover the targeted individuals coming out activism; and to the noticeable discrediting of targeted individuals by disinfo agents using the internet, are clear indications that MK Ultra has never ended. With new technologies, operatives can predict thoughts and can manipulate behavior of targets. Operatives can used radiations to attacks physiological body functions of the targets making them sick. Operatives can used technologies to tampered electronic appliances even running water to transmit voices and sounds for the harassments making targets looks delussional or schizoprenic. Together with field stalkers, targets are being harassed in anywhere they go, developing isolation and paranoic behavior. All of these criminal activitities has been adopted from MK Ultra mind control program and hundreds of victims around the world has reported similar experiences, as I previously reported (with video evidences). Clearly, Mk Ultra never ended and became an unnamed âprogramâ today that the public must warn and inform (http://targetedindividualscanada.wordpress.com/2011/07/23/an-unnamed-program/).

Comunismo y el fin de la historia


Veinte años después de la disolución de la URSS la búsqueda de una estrategia de desarrollo y de una vida diferentes se ha hecho más urgente y necesaria que nunca (*)

Rafael Poch / Rafael Poch-de-Feliu (Barcelona, 1956) ha sido veinte años corresponsal de La Vanguardia en Moscú y Pekín. Antes estudió historia contemporánea en Barcelona y Berlín Oeste, fue corresponsal en España de ‘Die Tageszeitung’, redactor de la agencia alemana de prensa DPA en Hamburgo y corresponsal itinerante en Europa del Este (1983 a 1987). Actual corresponsal de La Vanguardia en Berlín.

Voy a hablar de la vigencia de lo alternativo después de su proclamada muerte oficial, para concluir en una idea tan simple como la de que la historia, que hace veinte años nos dijeron que se había acabado, continúa, como es obvio y manifiesto.
Cuando ahora evocamos el fin de la URSS, lo primero que debemos tener presente es que la URSS no era un país, sino una parte del mundo. No sólo por lo grande que era, sino sobre todo por la variedad y diversidad cultural y civilizatoria que contenía. Dentro de aquel gran conjunto euroasiático de matriz rusa, había toda una sinfonía de culturas, idiomas, naciones y alfabetos.
Estaban todas las grandes religiones; entre los cristianos, además de los mayoritarios ortodoxos, había autocéfalos de los más viejos en Armenia y algo parecido en Georgia, católicos en Ucrania occidental y en Lituania, luteranos en el báltico, musulmanes en todas sus variedades: sunitas, chiís, ismaelitas, corrientes sufíes en el Cáucaso del Norte, budistas, en Buriatia y Kalmukia, animistas en el Gorno Altai o en Yakutia, vida europea moderna, y transhumancia pastoril… Una diversidad sin análogos en otros países del mundo.
La URSS era también excepcional por los recursos que contenía; de agua madera, crudo, gas, tierra cultivable, todo ello de capital importancia para el equilibro global, y por el papel de contrapeso que ejercía en un mundo bipolar.
Así pues, por todo eso decíamos que era una parte del mundo. Y dijimos que la quiebra de una parte del mundo evocaba la enfermedad del resto. Entonces aquella sentencia pudo sonar algo excéntrica a los oídos de algunos. Hoy, con la crisis global -la crisis del calentamiento “antropoceno”, y por supuesto también la casi anecdótica a su lado crisis del capitalismo neoliberal- todo el mundo está en crisis. Ya no se trata de una parte, del “comunismo”, de la URSS, del bloque del Este, o del Tercer Mundo-que nunca dejó de estar en crisis- sino del mismo centro del sistema. Así que aquella enfermedad del resto es pura evidencia.
Como en la URSS de entonces, hoy vemos un sistema que parece agotado que practica contabilidades económicas manifiestamente irracionales y absurdas, donde el mayor consumo de electricidad o de venta de coches es positivo, y el crecimiento de un cuerpo que superó hace tiempo la adolescencia se da por normal, ignorando su manifiesta malformación física. Un sistema que no se entiende a si mismo, cuyas enfermedades parecen escapar a la comprensión de sus gestores.
Como en la Rusia de las privatizaciones, la crisis actual se aprovecha para practicar un robo descomunal a la mayoría, y acometer un retroceso de los derechos y de la democracia sin precedentes. Como en la URSS se abren paso en la Unión Europea- espirales desintegradoras en las que la economía se mezcla con desencantos europeístas (en países antes entusiastas como España) y reacciones nacional-populistas que comienzan en Alemania y se extienden por todas partes. Vemos también un rasgo que fue importante en la URSS: el de un sistema en el que la gente deja de creer… Así que toda esa nueva evidencia nos invita a mirar con otros ojos al fin del “comunismo” y a volvernos a preguntar qué fue aquel comunismo y de donde salió, sobre todo en los dos grandes países donde triunfó.
Sobre recetas y estrategias
Lo primero que nos llama la atención al practicar ese ejercicio es que en los casos de Rusia y China hemos estado muy obsesionados por el “comunismo doctrina”, las ideologías, las ideas y las banderas, y que eso no nos ha llevado muy lejos.
Porque, ¿qué hay de los ideales originales, nacidos en la Europa del XVIII y XIX, de libertad, igualdad y fraternidad, en los 80 años de historia soviética o en los 60 de República Popular China? Podríamos discutirlo y seguramente encontraríamos unos breves inicios esperanzadores enroscados en dramas que se tornan enseguida en muchos crímenes en nombre de ideales, incluidos algunos espantosos desde el punto de vista de la historia universal, como el hecho de que en 1937, el año del apogeo del terror estalinista, casi un millón de personas fueran fusiladas, o que en los años cincuenta, con el Gran salto adelante, se propiciara la mayor hambruna del siglo, con veinte o treinta millones de muertos, en parte consecuencia de errores políticos. Y eso, como dijo en cierta ocasión Manolo Vázquez Montalbán, impone la certeza de queen el siglo XX la izquierda perdió definitivamente la inocencia
Si eso no nos ha llevado muy lejos, probemos entonces observar las cosas desde otro punto de vista: desde el punto de vista de la teoría del desarrollo ¿Qué quiere decir eso?
Se trata del problema del desarrollo desigual, el problema que se deriva del hecho de que unas naciones se desarrollan de forma más exitosa, más rápido y antes, que otras, y eso, en una historia europea en la que cada nación es el lobo de la que tiene al lado, crea conflictos, guerras y amenazas de verse derrotado, engullido o desaparecido por el vecino. La revolución rusa fue producto nacional de ese problema. Y voy a explicar cómo ocurrió con un breve apunte histórico.
La industrialización europea se hizo en una serie de oleadas y cada una de ellas tuvo su propia receta de desarrollo. La primera receta fue la de Inglaterra: el libre comercio surgido de la economía política de Adam Smith y de Ricardo. Con ella los ingleses fueron los primeros en industrializarse y salir al mundo a practicar el comercio moderno y con ella operó el primer grupo de países capitalistas.
La segunda receta la hizo Alemania, en la segunda ola de países industrializados. La confeccionó Friedrich List, el economista de Bismarck y de la Zollverein, mediante una enmienda al modelo inglés. El resultado fue el capitalismo de Estado que, frente al liberalismo, afirmaba un fuerte proteccionismo estatal para conseguir que la industria nacional pudiera competir con los países de la primera ola. Con ese capitalismo de Estado bismarckiano y el imperialismo, Alemania, la “nación retrasada” en esa carrera europea, que empezaba tarde su industrialización, alcanzó los primeros puestos: un éxito.
Rusia
La enmienda de List, fue atentamente observada por la Rusia zarista, que estaba mucho más cerca de la autocracia prusiana que del liberalismo británico. El primer ministro ruso zarista Piotr Stolypin intentó traducir al ruso la receta alemana: quería un capitalismo de Estado para Rusia.
Recordemos que a principios del siglo XX Rusia era al mismo tiempo una gran potencia y un país en desarrollo medio colonizado por las grandes potencias. Al lado del ritmo de sus competidores europeos, Inglaterra, Alemania y Francia, Rusia era un país que estaba perdiendo el tren: su industria más moderna estaba en manos del capital extranjero. En 1914, el 90% de la minería, casi el 100% de la extracción de petróleo, el 40% de la industria metalúrgica, el 50% de la química, y el 28% del textil, estaban en manos extranjeras. Y sólo el 30% de la población sabía leer y escribir.
Todo eso era visto con gran ansiedad en San Peterburgo. El primer ministro ruso Sergei Witte decía; “o alcanzamos a Europa, o en caso de fracaso, nos convertimos en una segunda China”.
Hay que detenerse un momento en ese temido espectro de la segunda China para descifrar lo que quería decir Witte ¿Qué era China a finales del XIX y principios del XX? Era un país inserto de pleno en las consecuencias más negativas de ese “problema del desarrollo desigual”: era un país invadido por potencias coloniales animadas de sentimientos de superioridad racista, que hacían y deshacían a su antojo, que aplicaban el derecho de extraterritorialidad, y que crucificaban, literalmente, al país induciendo, por ejemplo, la drogadicción de 150 millones de sus habitantes…
Stolypin no consiguió aplicar en Rusia su enmienda prusiana al desarrollo de Rusia. Le faltaron apoyos sociales y medios para imponerla. Sería largo explicar los motivos, pero entre tanto se produjo la guerra ruso-japonesa de 1905: la primera derrota de una potencia imperial blanca-europea a manos de una emergente nación industrial asiática. Recordemos que tras el ataque al enclave ruso, en la actual provincia china de Liaoning, de Port Arthur, y la destrucción de la flota rusa del Pacifico, el Zar Nicolás II envió a su flota del Báltico, en una navegación planetaria a través del Cabo de Buena Esperanza, para zurrar a aquellos “macacos”, como dijo. El guión de sus almirantes y generales era una “rápida sumisión del Mikado”. Lo que pasó en realidad es que cuando la flota llegó al lugar fue hundida por la japonesa en el estrecho de Tsushima… A ello se sumó el desastre de la primera guerra mundial y al final, la receta la aportaron los bolcheviques, ya no como enmienda, sino como ruptura, al afirmar una vía de desarrollo fuera del capitalismo, aboliendo la propiedad privada, con la ulterior colectivización estalinista (en la que Stalin, a diferencia de Stolypin, sí que dispuso de medios para imponerla, el NKVD y un particular nuevo tejido social), etc., etc. Hubo una enmienda a la totalidad. Una ruptura revolucionaria. Y eso fue el comunismo ruso: la respuesta rusa de principios de siglo al problema del desarrollo desigual.
Con el comunismo Rusia consiguió hacerse fuerte –evitar ser tratada como China, conjurar el peligro apuntado por Witte- con una fórmula de desarrollo propia que aguantó muchos años y amplió la potencia rusa a un nivel sin precedentes, desde el Elba hasta el Mekong. Por eso su receta fue una enorme fuente de inspiración mundial: una tercera parte de la humanidad vivió en regímenes emparentados con el soviético.
Naturalmente que Lenin no era un nacionalista, era un socialista internacionalista, pero las ideas y doctrinas surgen y echan raíz en determinado contexto histórico y están sometidas a la corriente de cierta lógica general de fondo (Закономе́рность) que las moldea. La idea que quiero transmitir con esto es la de que lo alternativo surge de una necesidad.
China
Veamos ahora el comunismo chino, cuyo origen no se entiende sin la URSS. Los chinos querían salir del agujero antes descrito y optaron por la receta rupturista rusa. Lo hicieron así por una razón muy sencilla: cuando buscaron recetas de inspiración, cuando tomaron la decisión estratégica de a qué apostar, en los años treinta (recordemos que la Revolución China triunfa en 1949)estaba claro que el comunismo era la receta de desarrollo más moderna y eficaz.
Rusia había demostrado que esa receta funcionaba; había ganado la guerra civil con intervencionismo extranjero –que China conoció- y la segunda guerra mundial, en la que Hitler quería disolver la URSS y convertir Rusia en un protectorado (la “segunda China” de Witte), sus ritmos de crecimiento eran superiores a los occidentales, etc., etc. Y todo ello había tenido lugar en las circunstancias más adversas.
Al mismo tiempo (y como no podía ser de otra manera, teniendo en cuenta la potencia de China como civilización), los chinos“nacionalizaron” fuertemente esa receta rusa, traduciéndola al chino. El resultado fue un refrito de un refrito: un producto tan diferente del ruso como éste lo había sido con respecto a la receta socialista europea (anglo-franco-alemana) original. En la fórmula china aparecen cosas como la creación de un ejército popular, la estrategia de ganarse al campo y rodear las ciudades, el llamado “pensamiento Mao Tse Tung” y una gran cantidad de cultura china tradicional puesta al día.
En 1918, Lenin había definido el comunismo ruso como, “el poder de los soviets, más la electrificación de todo el país“, una definición más desarrollista y de poder que ideológica. El comunismo chino fue algo todavía más exótico. Consistió, y consiste, en, construir una China fuerte y próspera más el Da Tong. El “Da Tong”, es el ideal confucioniano de la cohesión social derivada de una economía próspera y de una sociedad estable. Para lo que aquí interesa podríamos definirlo como un seudónimo de esas “características chinas” que los dirigentes de Pekín invocan siempre como una especie de comodín retórico cuando los occidentales pretenden darles lecciones.
Mientras los occidentales nos rompemos la cabeza intentando comprender las “rupturas ideológicas” entre Mao y Deng Xiaoping (el lío ese de qué tiene de “comunista” la actual “China capitalista”, etc., etc.), la simple realidad es que desde el punto de vista de esa definición, desde el punto de vista del “comunismo-estrategia desarrollo” Mao, Deng Xiaoping, Jiang Zemin y Hu Jintao y sus sucesores, son diversas tácticas del mismo propósito estratégico desarrollista chino común a todas esas generaciones. Todos siguen con gran coherencia y continuidad la vía del comunismo chino, tal como lo hemos definido. Mao optó por el comunismo soviético, por la misma razón por la que Deng optó por la economía de mercado americanizante, y por la misma razón por la que Hu se hace hoy socialdemocratizante y keynesiano con la “sociedad armoniosa”, etc.: porque en cada caso esas diferentes opciones son vistas como las mas adecuadas para realizar el “comunismo-estrategia de desarrollo”; “construir una China fuerte y próspera mas la armonía social del Da Tong”. Eso es el comunismo chino.
Lo alternativo sobrevive a su muerte oficial
Este enfoque histórico permite comprender mejor no sólo el presente ruso y chino y sus tensiones, sino, digamos, nuestro presente global.
En Rusia veinte años después de la muerte del comunismo doctrina, la tensión del imperativo de desarrollo se mantiene con toda claridad, porque los problemas del desarrollo desigual –no sólo entre países sino también de desigualdad entre sectores sociales- siguen ahí:
La Rusia de hoy crece gracias a la exportación de materias primas, y en condiciones de extrema desigualdad. Si con la URSS la sociedad tenía una nivelación social de tipo escandinavo, hoy tiene una desigualdad latinoamericana. Ambas cosas son muy contradictorias con las características de su sociedad educada al nivel de las más avanzadas del mundo. Pero ese crecimiento, que antes de la crisis financiera era del 7% anual gracias a la buena coyuntura de precios del petróleo y luego se enfrió algo, ha tenido lugar mientras el índice de Desarrollo Humano (Bienestar/Esperanza media de vida/Educación) bajaba. El sistema burocrático-oligárquico es corrupto y completamente ineficaz para la modernización, que exige más transparencia y nivelación. Pero realizar ese cambio necesario, no es posible sin cambiar el actual sistema político de “samovlastie”, la seudo autocracia con pluralismo de cartón piedra, sin posibilidad de alternancia en el poder, etc., que sin ser tan agobiante como la soviética no alcanza ni siquiera los estándares de democracia caricaturizada occidentales.
En China, las contradicciones entre el propósito central de estabilidad+prosperidad y el modelo crematístico/urbanizador, son cada vez más patentes: ¿Se hace un país más próspero y estable, a base de más desigualdad, más cemento y más contaminación? ¿Qué queda del “crecimiento” chino si le restamos todo el daño medioambiental y humano que suponen la degradación sanitaria, del medio ambiente, la contaminación de aguas, tierras y aire? Y todas estas consideraciones ¿se restringen a Rusia y China, o por el contrario podemos verlas por todas partes? Naturalmente, es una pregunta retórica. Lo alternativo surge de la necesidad y eso es así en todas partes y en todas las épocas.
Por todo el mundo la crisis global empuja a buscar modelos de vida, de economía y de relación con el entorno diferentes a los que ofrece el capitalismo. Desde ese punto de vista hay un regreso al punto de partida, un regreso a la necesidad de un modelo alternativo para toda la humanidad. Y esa necesidad resucita, podríamos decir, las ideas niveladoras, democratizantes e internacionalistas que se expresaron en su día cuando se inventó la idea socialista. Ideas que en Europa y América del Norte se dieron por muertas gracias a la socialdemocracia, y que ahora resurgen empujadas por la realidad, y, naturalmente, filtradas y maduradas por las experiencias y fracasos anteriores. La madurez de la inocencia perdida mencionada por Manolo Vázquez Montalbán.
La conclusión es que, desde luego, no sabemos cómo se resolverá todo esto. La historia tiene sus ritmos pero no una ley inexorable. No sabemos si las oportunidades y desafíos que, por ejemplo, la eurocrisis está lanzando a la mayoría, se resolverán en una derrota social, o si por el contrario, viviremos un nuevo 1848, una primavera de los pueblos con un nuevo “manifiesto comunista”…
Lo que sí sabemos es una cosa: que a diferencia de lo que se decía hace veinte años sobre su fin, la Historia continúa con más dramatismo que nunca. Que veinte años después de la disolución de la URSS la búsqueda de una estrategia de desarrollo y de una vida diferentes es más urgente que nunca.
(*) Conferencia pronunciada el 22 de diciembre en el Espai Mallorca de Barcelona, en ocasión del XX aniversario de la disolución de la Unión Soviética. Fuente: dedona.wordpress.com