lunes, 30 de enero de 2012

GOERING. EL SEGUNDO HOMBRE DEL TERCER REICH, François Kersaudy


... «conspirador de taberna, golpista improvisado, militante errante, parado morfinómano, talentoso hombre de negocios, dandy corpulento, orador estruendoso, diputado mercenario, truhán reconocido, delincuente ocasional, nuevo rico, cazador de élite, estratega de salón, economista amateur, precoz ecologista, coleccionista compulsivo, ministro sin escrúpulos y cómplice de todos los crímenes cometidos por su jefe». Todo eso y más, pero también un hombre que se hizo a sí mismo, que brilló con luz propia como aviador en la Primera Guerra Mundial, que fue enormemente popular durante los doce años régimen nazi (incluso en los últimos meses, cuando las principales ciudades alemanas habían sido arrasadas por la campaña de bombardeos estratégicos aliados que la Luftwaffe no pudo evitar), que amó a sus dos esposas, la sueca Carin von Kantzow (con quien ya mantuvo relaciones estando ella aún casada y a quien dedicó un mausoleo en su fastuoso palacio de Carinhall) y Emmy, que le dio una hija, Edda, que durante un tiempo fue considerada la heredera natural del Reich. Pero, sin estar a la altura criminal de Hitler, Himmler o Heydrich, Goering no es precisamente un personaje con el que uno pueda empatizar, incluso si nos quedara únicamente la imagen caricaturesca del hombre panzón y rubicundo que acumula medallas y se pirra por los uniformes. Como diagnosticó un médico sueco a mediados de los años veinte, Goering era «sentimental con los suyos, pero totalmente insensible hacia el resto». Leer toda la reseña en Hislibris

Piensa en positivo... y sométete



Por Clara Valverde Gefaell
Las palabras no son neutras: sirven para hacer algo en el que las escucha. Para empezar, construyen sentido común. Eso lo sabe muy bien el capitalismo; así, la primera y más necesaria tarea del neoliberalismo es construir el consentimiento de los ciudadanos para poder mantener las injusticias y desigualdades. Dicho y hecho: mediante el tan de moda “pensamiento positivo” se está produciendo la incorporación de las ideas y del lenguaje de los ricos y los privilegiados en las mentes de las clases subalternas. Y esa es la más poderosa táctica para reforzar y mantener el neoliberalismo.
Neoliberalismo
Los partidarios del neoliberalismo argumentan que es un enfoque económico que asegura el bienestar del individuo a través de la privatización y de los mercados libres. Pero la realidad es bien diferente. La etapa actual del capitalismo comenzó con el golpe de estado de Pinochet, ayudado por los economistas de la escuela de Chicago en 1973, y ahora hay pocas economías y gobiernos que no se rijan por el neoliberalismo. Como ya se ha hecho dolorosamente obvio en la vida cotidiana de la mayoría de los ciudadanos del planeta, bajo el neoliberalismo, el bienestar del individuo no cuenta porque es un proceso que tiene como objetivo que la riqueza y el poder se concentren en sólo unos pocos.
Las medidas de pioneros neoliberales como Margaret Thatcher o Ronald Reagan como, entre otras, retirar la presencia del Estado de los servicios públicos y venderlos al sector privado para que sean rentables para sus nuevos dueños, son ahora la realidad en casi todos los países. Y el hecho de desmantelar el estado de bienestar en los países donde ya había comenzado a existir, o de impedir su creación en los que todavía no se había constituido, es posible gracias a la gran ayuda del lenguaje del pensamiento neoliberal.
Que el discurso del Fondo Monetario Internacional (FMI) sea que todos los ciudadanos tienen que hacer un esfuerzo para mantener el neoliberalismo, tiene sentido para el FMI, organismo que no ha sido elegido democráticamente. Lo que es escalofriante es que ciudadanos que viven por debajo del umbral de la pobreza repitan el mismo discurso de que “todos tenemos que poner de nuestra parte” ante el rescate de los bancos y los recortes de los servicios públicos, los sueldos y las pensiones. Esto demuestra que la primera y más necesaria tarea del neoliberalismo es construir el consentimiento de los ciudadanos para poder mantener las injusticias y desigualdades. A través de los políticos, sus élites y expertos, y de la prensa, se utiliza el lenguaje para poder generar y mantener un “sentido común”, como decía Gramsci, en el que la desregulación y la privatización, que llevan a que los ricos sean más ricos y los pobres más pobres, parezcan lo “bueno” y lo “normal” (1).
En el Estado Español, en los últimos años, mientras el gobierno ha recortado las pensiones, las ayudas a la dependencia y los sueldos de los funcionarios para mantener el euro a flote y ser visto con buenos ojos por el FMI, mientras el dinero público ha rescatado los negocios privados, mientras compañías como Telefónica han obtenido grandes beneficios pero han dejado en el paro a un alto porcentaje de su plantilla, las cámaras de comercio han llevado a cabo una campaña para que todos los ciudadanos colaboren con su propio empobrecimiento. Refiriéndose a la crisis económica creada por los propios especuladores y bancos, personajes vistos como “progres” como Juan José Millás y Andreu Buenafuente o modelos para la juventud como Pau Gasol, han aparecido en los medios de comunicación repitiendo el lema de la campaña: “Entre todos lo arreglamos”. Esta perversa campaña se desarrolló en el 2010 sin alarma social y con poca protesta.
Bajo el neoliberalismo, mientras las desigualdades aumentan, son los propios desfavorecidos los que apoyan las injusticias. La incorporación de las ideas y del lenguaje de los ricos y los privilegiados en las mentes de las clases subalternas es la más poderosa táctica para reforzar y mantener el neoliberalismo.

El lenguaje positivo como “sentido común”
Raramente el lenguaje es un instrumento puramente de comunicación. Las palabras no son neutras: sirven para hacer algo en el que las escucha. El lenguaje es la mejor arma del capitalismo neoliberal para allanar el camino e imponer políticas que favorecen la reorganización de los bienes y servicios y, así, se enriquece una minoría mientras se desatiende a la mayoría, a la que sin embargo se convence de que lo que se está llevando a cabo es bueno y necesario. Para ver y comprender los abusos y las injusticias perpetuadas por el poder, Gramsci nos recuerda que es importante entender el origen y los objetivos estratégicos del control social. Y los escritos de Michel Foucault nos animan a analizar el discurso de los grupos de poder, ver cómo funciona y saber identificar sus trampas.
El Estado, con el lenguaje, crea su propio “sentido común” para poder hacer aceptable lo inaceptable, lenguaje que se infiltra en toda la sociedad a través de sus canales de poder y construye así una hegemonía. Y para que exista una hegemonía, no sólo los grupos dominantes tienen que imponerse, sino que los ciudadanos tienen que llegar a estar convencidos de que las ideas de estos grupos les van a beneficiar. Cuando la población está convencida de que la privatización de los servicios sanitarios es lo más “eficaz” y “positivo” o de que todo ciudadano tiene que ayudar al gobierno a salir de la crisis económica, el neoliberalismo ya tiene poco trabajo que hacer. Sus políticas no serán cuestionadas.
Este proceso de convencimiento comienza con el encuadre del debate. El Estado presenta los términos y los límites en los que los temas se pueden pensar y discutir de forma sutil, a través de sus expertos y elites, de la prensa y de los políticos. Y de esta manera, el Estado no tiene que ejercer la represión sino la clasificación. Los grupos dominantes se apoderan del discurso, lo definen y le dan legitimidad, haciendo referencia a lo que es “aceptable” y lo que es “sentido común”.
El desarrollo y el uso del positivismo es una aplicación muy útil del lenguaje para el control de las mentes de los ciudadanos en tiempos neoliberales. Con el uso del llamado “pensamiento positivo” se está pasando del control externo al control interno de la población en todos los aspectos de la vida: laboral y económico, sanitario, educativo, etc. Vemos cómo la infiltración de los valores neoliberales en los individuos que interiorizan estas normas sociales y pensamientos, les impiden ver la realidad del neoliberalismo. También les hace sentirse culpables de su situación individual: paro, problemas para pagar la hipoteca, enfermedad, etc. El ciudadano, en un trabajo precario o en el paro, bombardeado con mensajes de la importancia de “pensar en positivo”, desarrolla dudas sobre sus posibles desacuerdos con las políticas actuales y su malestar con su propia situación. Crear dudas en la población es de gran importancia para que el Estado y sus elites lleven a cabo sus proyectos económicos (2).
Por todos los canales posibles (sistema sanitario, empresas, medios de comunicación, deportes, etc), se ha conseguido imponer una forma de ser y de pensar particular como única, y si alguien no consigue mantener el pensamiento “positivo”, se le tacha de ser uno de esos nuevos “pecadores” que tiene pensamientos “negativos”.
La pandemia del “pensamiento positivo”, que se utiliza para intentar convencer de que perder el trabajo es una “gran oportunidad para abrirse nuevos horizontes” o de que el tener cáncer es “un regalo para ver la vida con más optimismo” es, como decía Bourdieu, una “violencia simbólica” en la que un grupo impone significados, ideas y símbolos sobre el resto.

Pensamiento positivo made in Spain
El “pensamiento positivo” se ha desarrollado sobre todo en los Estados Unidos, donde ha reemplazado los viejos esquemas calvinistas de “bueno/malo”, de la importancia del esfuerzo individual y de la necesidad de estar siempre vigilando los pensamientos de uno mismo por si se vuelven “negativos” (3). El pensamiento “positivo” ha infiltrado todos los aspectos de la vida de los norteamericanos (incluidos los canadienses y los mexicanos), a quienes acompañan desde su primer café de la mañana los mensajes y las órdenes de ver las injusticias como oportunidades desde la taza del desayuno con el mensaje “Tu día es lo que tú decides”, pasando por la camiseta con la que se viste en la que lee la frase “La realidad es el espejo de tus pensamientos”, hasta el coche que conduce a su trabajo (mal pagado) con una pegatina que dice “La crisis es oportunidad” en una oficina decorada con un cartel que reza: “Leer pensamientos positivos cambia la realidad”.
El pensamiento positivo predicado por el neoliberalismo anima a negar la realidad y asegura que si se piensa, por ejemplo, en tener más dinero, el pensamiento en sí ya lo atraerá. Esta idea llegó a su máxima aceptación con la publicación, en los EEUU, del libro El Secreto, que ha tenido un éxito sin precedentes predicando “la ley de la atracción”. Si quieres algo, dice la autora, sólo tienes que “atraerlo” con tus “pensamientos positivos”. (En España, los profesores de ESADE Alex Rovira y Fernando Trías de Bes publicaron una breve pero exitosa imitación de ese libro, La Buena Suerte). Esta idea ha calado profundamente en la sociedad norteamericana. Cuando estas ideas han sido criticadas, los partidarios de la atracción positiva, a través de la prensa, libros y una película, han asegurado que sus ideas están basadas en la física cuántica (4), retórica que también están repitiendo los “emprendedores” españoles. Esta manipulación de la física cuántica está dando al pensamiento positivo del neoliberalismo un toque “científico” para hacerlo más aceptable. Sólo hay que ver la repentina avalancha de libros divulgativos sobre la física cuántica, entre otros la novela del profesor de ESADE, Alex Rovira, La Última Respuesta, para confirmar que el pensamiento positivo neoliberal se está instalando el Estado Español.
Podría pensarse que en el Estado Español, con su cultura mediterránea, su tendencia a la informalidad y con un catolicismo que pierde seguidores y que mantiene la “trampa” de la confesión como válvula de escape, el positivismo no iba a tener éxito. Pero vemos que el positivismo está creciendo con alarmante rapidez sin ser cuestionado. Desde las elites políticas y económicas hasta las médico-científicas, que ven el “negativismo” del paciente como la etiología de su enfermedad, desde los medios de comunicación hasta los deportistas que hacen publicidad para los bancos, la vida cotidiana de los españoles está saturada del pensamiento positivo.
Aunque el catolicismo y su cultura de la culpa han dejado una profunda huella en el Estado Español, el positivismo, sobre todo con su enfoque binario y su absolutismo, es la tirita, el bálsamo para el trauma transgeneracional que se arrastra sin elaborar desde hace 75 años, trauma de la Guerra Civil Española, de la posguerra y de la dictadura. La gran herida colectiva del Estado español, que tanto necesita ser curada en una tarea compartida entre los nietos de los que vivieron esa violenta etapa, no sólo lleva años siendo evitada, sino que se cronifica y se perpetúa ahora con el binarismo “positivo/negativo” del pensamiento positivo, reproduciendo así esquemas como “rojos/nacionales” y “vencedores/vencidos” y manteniendo el miedo a cuestionar. El absolutismo “bueno/malo” encuentra su eco perfecto en la ideología positivista y ayuda a mantener la representación mental del trauma de los antepasados (5).
La vulnerabilidad y la humillación (que se manifiestan por la vergüenza y por procesos de autonomía personal alterados) que permanecen en la identidad de la sociedad de posguerra y posdictadura, encuentran en el positivismo una respuesta al mandato transgeneracional (6) de en contrar una seguridad superficial y rápida, y así calmar los incomprensibles temores heredados de los abuelos sin ser verbalizados ni elaborados (7). El positivismo en el Estado Español perpetúa el trauma transgeneracional congelado en el retorno de lo reprimido como síntoma colectivo y ahora, no sólo es una arma muy útil para fomentar y mantener el neoliberalismo y sus políticas antisociales, también nos condena a un “acting out” inútil y a una repetición compulsiva de las divisiones.
Como no hay ciudadano en el Estado Español que esté exento de las marcas provenientes de la GCE y de la posguerra por la transmisión psíquica de una generación a la otra (consciente o inconsciente) (8), el bálsamo superficial del pensamiento positivo goza y seguirá gozando de una gran aceptación con pocas críticas en todos los ámbitos de la vida de la ciudadanía con el peligro que esto supone en tiempos neoliberales.

Emprendedores positivos
La aplicación del pensamiento positivo y su lenguaje está teniendo un éxito especial en el mundo empresarial español. Quedan pocas universidades en España que no tengan una “Cátedra Emprendedora”, organizada en colaboración con las cámaras de comercio, para “promover el espíritu emprendedor” y “fomentar la creación de empresas desde la Universidad”. Este nuevo espíritu “emprendedor” argumenta (sin pruebas científicas) que “cerca del 78% de nuestros pensamientos son negativos y el 22% son positivos (9), y que si el jefe se plantea despedirte, hay que “darle la vuelta a los pensamientos negativos y descubrir lo positivo”.
A través de dos aplicaciones más modernas de la coercitiva Terapia Cognitivo-Conductual (TCC, con sus recompensas para pensamientos positivos y sus castigos para los pensamientos negativos, el Coaching y la Programación Neurolingüística (PNL) están siendo utilizados en el mundo empresarial para, como dice el libro PNL para líderes, publicado por la Universidad de Extremadura, generar estrategias de éxito. El Coaching Empresarial se ofrece en casi todas las universidades españolas para entrenar a los “emprendedores” en “los elementos personales que influyen directamente en los resultados económicos de la empresa”. Esta mejoría en la economía de la empresa, según explican el PNL para ejecutivos y el Coaching Empresarial se consigue si los empleados “controlan sus estados mentales negativos y los cambian por positivos”.
Todo esto, aseguran los cursos de ESADE de Coaching Empresarial, incluye la “identificación de estrategias de recompensa que motiven a los empleados a mejorar su compromiso y lograr resultados” y “el estímulo de las relaciones de los empleados creando una actitud de propietarios”. Se quiere fomentar una “actitud”, pero no una realidad en la que los empleados compartan la propiedad de la empresa.
Es significativo el éxito sin críticas del libro La Buena Crisis del profesor de ESADE Alex Rovira (para quien la crisis efectivamente ha sido buena, porque cobra 10.000 euros por conferencia (10)), que ha sido traducido a 35 idiomas, ha vendido medio millón de ejemplares, y sus cursos, conferencias e ideas están presentes en las empresas y en la vida política del país. La tesis de Rovira es que la crisis económica actual es, en realidad, una crisis de “conciencia individual”. Como ejemplo de la actitud que se debe tener ante la crisis, Rovira hace referencia a “los países con carencias” en los que los ciudadanos “comen raciones paupérrimas” pero “viven con el ingenio y la sonrisa”. En todos sus libros, conferencias y clases a ejecutivos y políticos, Rovira repite el mensaje de que no sólo tenemos que dar las gracias a la crisis (“A ti, Crisis, por todo lo que das, por todo lo que eres... por la Belleza y la vida que nacen en ti. Por todo, Gracias. A todo, Sí”), sino que, como se decía en tiempos menos políticamente correctos sobre la violación, nos invita a relajarnos mientras vivimos las consecuencias de la crisis: “Si quieres relajarte, disfruta de la crisis”. Rovira repite una y otra vez que hay que ser positivo ante la crisis económica y nos asegura que “nuestra voluntad positiva nos regalará herramientas espirituales y psicológicas para asumir o enfrentarnos a un nuevo escenario desconocido por todos”.
Pero Rovira no es muy amable o “positivo” con el lector y le tacha de “negativo”, como un viejo cura reprimiendo a un pecador, por sentir rabia hacia sus jefes o su banco (“El amor no es una patraña. Aseguras que no puedes querer a tu jefe ni a esos bancos que te han destrozado los sueños de bienestar material. ¡Qué narices!”) al mismo tiempo que le critica tener “hambre por las posesiones” incluida “tu fantástica televisión de plasma” y aconseja vivamente: “Deja de perder los estribos ante las finanzas y persevera tu oro interior”.
Con un poco más de elegancia que Rovira, Pere Monràs predica sobre la importancia del lenguaje en el mundo empresarial. Monràs insiste en que “trabajar las palabras se hace cada día más relevante” y propone cambiar el significado y el uso de la palabra “generosidad” no para ayudar a los más desafortunados, sino porque puede ser “la gran herramienta de recuperación de la confianza, imprescindible para construir nuevos modelos de relaciones económicas” (11). Sería tal vez esa interpretación del concepto de la “generosidad” la que tuvo Monrès durante su importante carrera como director del Institut Catalá de la Salut y luego como director del Hospital Parc Taulí (en el cual fue denunciado por mobbing), cargos que han desaparecido de su currículum. Ahora sólo figura como “presidente fundador de Helix3c, promotor de la Red de emprendedores Growing Up y vicepresidente de la fundación privada Cercle per al Coneixement”.
El Cercle per al Coneixement aglutina a empresarios, la mayoría de los cuales se establecieron gracias al tiempo pasado en la administración pública, y ahora dicen ser teóricos y pensadores del “optimismo para tener una industria competitiva”. En sus textos de presentación critican “un estudio reciente sobre los libros de texto de dice que la palabra ‘empresa’ casi no se nombra, y cuando aparece, el 95% de las veces lo hace con valoraciones despectivas o negativas”. Explican que casos como estos “corresponden a unos valores instalados en la sociedad”, valores de los jóvenes que desde el Cercle denuncian: “¿Cómo hemos podido llegar a esta situación?... ¿Cómo es posible que los jóvenes que se matriculan en la universidad escojan sobre todo carreras de letras?”. Critican también la atracción de la sociedad hacia lo público cuando, subrayan con cierta indignación, “lo público está pagado a partir de los impuestos que pagamos las personas y las organizaciones públicas y privadas, pero se necesita también una sociedad privada, industrial, porque es la que tiene más oportunidades de generar y repartir riqueza o bienestar”. Y por si no lo sabíamos ya, nos recuerdan que “en la sociedad del bienestar no está todo resuelto”.

Enfermos negativos
En el ámbito de la salud, el positivismo está siendo de gran utilidad para las administraciones sanitarias en tiempos neoliberales para deshacerse de la responsabilidad de atender a las personas enfermas. Se intenta convencer a los ciudadanos de que su salud es sólo su responsabilidad individual, y que cualquier enfermedad es el producto de “actitudes negativas” y no de, entre otros, factores como las desigualdades socio-económicas, los tóxicos en el medio ambiente, los desarreglos orgánicos o la microbiología. En resumen: se culpa al enfermo.
Las desigualdades sociales y los trabajos precarios son algunos de los factores desencadenantes de los problemas de salud mental (12), pero, en vez de ofrecer servicios sociosanitarios en los que la persona con ansiedad o depresión pueda ser escuchada y escucharse, pueda elaborar sus sentimientos y recibir apoyo, o un espacio en el que pueda conectar su realidad con la de otros que se sienten como él, se le culpabiliza y se le convierte en su propio castigador.
En Cataluña, las personas con depresión o ansiedad que acuden a su médico de Atención Primaria son medicadas y, a menudo, derivadas a grupos “psico-educativos” (guiados por profesionales de enfermería sin formación en psicología ni en dinámica de grupos). Los objetivos de estos grupos son que el paciente tome su medicación y que “sustituya sus pensamientos distorsionados por otros más adaptativos” (13). Se explica a los pacientes que sus pensamientos “negativos” están “distorsionados”. Cuando el participante, a quien no se le anima a hablar ni a compartir con los otros participantes, sino a escuchar la presentación Powerpoint, verbaliza dificultades con su realidad como el paro, la situación económica, aislamiento social, etc., se le enseña a interrumpirse a sí mismo diciéndose “‘stop’ o ‘para’ o a través de una estimulación negativa (como por ejemplo: pellizcarse)”. Después de esa autoflagelación, se “entrena” al paciente a argumentar contra sus propios pensamientos “negativos”: “¿Es realista y objetivo lo que pienso?” y “¿Me sirve de algo pensar así?”. El resultado es que la persona duda de su verdad y de sus sentimientos sobre su situación y se siente juzgada por pensar lo que piensa. También se siente culpable de causarse su depresión. Sobre todo, después de asistir a las 12 sesiones, la persona deprimida o con ansiedad estará aún más lejos de cuestionar la realidad socioeconómica en la que vive.
En el Estado Español, la formación universitaria de los psicólogos es fundamentalmente cognitivo-conductual. En esta rama de la psicología, que se ejerce a través de la Terapia Cognitivo-conductual (TCC), el enfoque está en “los errores” de la manera de pensar del paciente y en cambiar sus pensamientos “negativos” por otros “positivos” (aunque algunos autores españoles ahora enmascaran esas expresiones con otras como: “primeros pensamientos” –que son negativos y que hay que cambiar– y “nuevos pensamientos” –los buenos y razonables). Da igual cómo se les llame o cómo se les disfrace: la idea es no fiarse del pensamiento crítico de uno mismo, autocensurarse y castigarse.
La TCC se está utilizando en la sanidad pública, por ejemplo, para no dar tratamientos relevantes a los enfermos de los Síndromes de Sensibilidad Central (SSC) como el Síndrome de la Fatiga Crónica, las Sensibilidades Químicas Mútiples y la fibromialgia (14). Aunque las bajas laborales y las pensiones de estos 3 millones de españoles enfermos dependen de su participación en grupos de TCC en los cuales se les ridiculiza y culpabiliza, las asociaciones de enfermos han comenzado a denunciar este abuso como, por ejemplo, a través del documental La goma y el marrón (15). La “goma” se refiere a la goma elástica que se pide a los participantes que lleven en la muñeca 24 horas al día para hacerse daño tirando de ella cuando tengan un pensamiento “negativo”. El enfermo de SSC, sin duda, tiene muchos pensamientos “negativos” sobre el tener una enfermedad que es inmunológica o neurológica con síntomas severos, para la cual las listas de espera son de 3 años en la sanidad pública y donde se pretende que la TCC es un “tratamiento”. También, sin duda, tiene pensamientos negativos sobre no ser creído por la sociedad y ser visto no como una persona enferma sino como un “vago” o un “cuentista”, por estar demasiado enfermo para trabajar y no tener ingresos, y sobre tener una calidad de vida peor que si tuviera esclerosis múltiple (16). Además de su desamparo y su sufrimiento físico, estos enfermos tienen que hacerse daño y criticarse por no ver la incomprensión y la discriminación por parte de las administraciones públicas como “positivas”.

Escuchar, pensar, cuestionar y hablar
Lo importante no es creer. Lo importante es no creer.
AGUSTÍN GARCÍA CALVO
¡No nos lo creemos!
Pancarta del 15M
Cuando el Estado reprime a la población con violencia física o con palabras ofensivas, es más fácil que los ciudadanos entiendan que están siendo agredidos. Pero lo difícil es ver las injusticias, las manipulaciones y la violencia que hay debajo del lenguaje “positivo”. Si, como dice David Harvey, la primera arma del neoliberalismo es el lenguaje, urge que la ciudadanía desarrolle sus habilidades de escuchar y cuestionar la retórica del poder en todas sus formas.
Al ver juntas palabras como “crisis” y “positivo”, “eficiencia”, “sostenibilidad económica”, “esfuerzo”, “oportunidad”, es importante releer con cuidado y preguntarse una y otra vez: ¿Quién quiere que nos creamos esto? ¿Para qué? ¿A quién le sirve que yo me crea esto? ¿A quién le viene bien que yo vea el hecho el perder mi trabajo como una oportunidad? Que los ciudadanos piensen es peligroso para los poderes porque lleva a desenmascarar los intereses que están escondidos detrás del positivismo. Y después de pensar, es necesario hablar, hablar sin permiso, hablar sin justificarse, hablar sin miedo, de lo que se vive a nivel individual y colectivo, de nuestra verdad ahora. Y también hablar y sentir las historias de nuestros abuelos, palabras y emociones que, de maneras poco conscientes, nos pueden sanar y alejarnos de la seducción del positivismo.
Tenemos la tarea urgente de aprender a escuchar y a identificar la posible infiltración del neoliberalismo y su lenguaje positivista en los nuevos movimientos e iniciativas (bienes comunes, nuevas tecnologías, medicina alternativa, cooperativas, indignados, etc.) para mantener los nuevos espacios libres del control neoliberal y para acabar con este consentimiento.
NOTAS
1. Pizza G, “Antonio Gramsci y la antropología médica contemporánea. Hegemonía, ‘capacidad de actuar’ (agency) y transformaciones de la persona”, Revista de Antropología Social, año/vol 014, Universidad Complutense de Madrid, Madrid, 2005. Pp 15-32.
2. Michaels D, Doubt is their product: how industry’s assault on science threatens your health, Oxford University Press, New York, 2008. 3. Ehrenreich B, Ehrenreich B, Smile or die: How Positive Thinking Fooled America and the World, Granta, Londres, 2009.
4. Losier M, Law of Attraction: The Science of Attracting More of What You Want and Less of What You Don’t, Losier, Victoria B.C., Canada, 2003.
5. Volkan V, “Traumatizad societies and psychological care: Expanding the concept of preventive medicine”, Mind and Human Interaction, 2000, 11 pp. 177-194.
6. Lebovici S, “On intergeneracional transmisión: From fililation to affiliation”, Infant Mental Health Journal, Vol 14(4), Win 1993, pp. 260-272.
7. Kellerman P.F., Sociodrama and Collective Trauma, Londres: Jessica Kingsley Publishers, 2007.
8. Korman V, Trencadís, Gaudianas psicoanalíticas, Barcelona, NC ediciones, 2010.
9. http://psicologia.laguia2000.com/ps...
10. Comunicación personal, David Abadal, Director Equipo Àlex Rovira, 19 de agosto de 2011.
11. Monràs P, Generosidad, ¿con quién?, http://www.cperc.net/
12. Muntaner C et al, “Unemployment, informal work, precarious employment, child labor, slavery, and health inequalities: pathways and mechanisms”, International Journal of Health Services, Volumen 40, No2, pp 281-295, 2010.
13. Generalitat de Catalunya Departament de Salut, Guia per a la enfermera. Sessions grupals psicoeducatives en l’episodi depressiu a l’atenció primária. Àmbit de Barcelona Ciutat, Àrea de Salut Mental, Institut Catalá de la Salut, 2006.
14. Valverde C., “‘ Los cuerpos del delito’: injusticias y oportunidades en los Síndromes de Sensibilidad Central”, Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, No 112, 2010/11, pp.141-153.
15. http://www.asssem.org/2011/06/el-ma... radiografia-las.html
16. Jason L y Taylor R, “Measuring Attributions About Chronic Fatigue Syndrome”, J of Chronic Fatigue Syndrome, Vol. 8, Numbers 3-4, 2001, pp. 31-40.

domingo, 29 de enero de 2012

Autoritarismo en Hungría ante la pasividad de la UE


La constitución húngara anula el derecho de huelga y obliga a parados a emplearse en campos de trabajo, pero la UE sólo ha cuestionado lo referente a la competencia del Banco Central. Leer en Diagonal

sábado, 28 de enero de 2012

MI ALEMANIA POSTDEMOCRÁTICA / El fin de la democracia / Ingo Schulze

Riot
"Todos los días se escucha que los gobiernos deberían 'tranquilizar a los mercados' y 'reconquistar la confianza de los mercados'. Por 'mercados' se entiende, sobre todo, la bolsas y los mercados financieros, o sea aquellos actores que especulan en su propio interés y por cuenta de otros con el fin de obtener el máximo provecho. ¿No son quizás los mismos que han sustraído a la colectividad una inaudita cantidad de miles de millones? ¿Es su confianza lo que nuestros más altos representantes del pueblo deben esforzarse por conquistar?

Nos indignamos con justicia por la expresión acuñada por Vladimir Putin: 'democracia guiada'. ¿Y entonces por qué Angela Merkel no ha tenido que renunciar después de haber hablado de 'democracia conforme al mercado'?". Continúa leyendo en Sociología Crítica

El "humor" de El Roto



Yo acuso, Émile Zola (descargar)


Desde 1897, Zola se implicó en el caso Dreyfus, militar francés de origen judío culpado falsamente por espía. El novelista interviene en el debate dada la campaña antisemita, y apoya la causa de los judíos franceses. Escribe varios artículos, donde figura la frase "la verdad está en camino y nadie la detendrá" (12-1897). Finalmente publicó en el diario L'Aurore su famoso Yo acuso (Carta al Presidente de la República), 1898, con trescientos mil ejemplares, lo que hizo que el proceso de revisión tuviera un brusco giro. Pues el verdadero traidor (el que espió) fue el comandante Walsin Esterházy, que fue denunciado en un Consejo de Guerra el 10 de enero de 1898, pero sin éxito.

Era la primera síntesis del proceso, y se leyó en todo el mundo. La reacción del gobierno fue inmediata. Un agitado proceso por difamación (con gran violencia, centenares de testigos, incoherencias y ocultaciones por parte de la acusación) le condenó a un año de cárcel y a una multa de 7.500 francos (con los gastos), que pagó su amigo y escritor Octave Mirbeau. - [Wikipedia]

Fascismo "light"

Master of light
"El Nuevo Orden Mundial va entrando muy poquito a poco. El fascismo, cuyo fin primero y último es garantizar el status privilegiado de las élites económico financieras, es en esta ocasión un fascismo “light” que no necesita ya de las algaradas de un – pongamos – Hitler para conseguir sus objetivos. Cuenta hoy en día con armas mucho más poderosas: todas las que engloba la industria mediática. Con ellas consigue crear una conciencia de falso comfort en las masas que anula cualquier tentativa de transformación. Lo que a la postre se persigue es volver a los postulados previos a la Ilustración, es decir, la aceptación de lo establecido como el “orden natural de las cosas”. Continúa leyendo en Sociología Crítica

martes, 24 de enero de 2012

El proceso inquisitorial de una cirujana transexual

EL doctor Emilio Maganto Pavón publicó en el 2010 "El proceso inquisitorial contra Elena/o de Céspedes (1587-1588) Biografía de una cirujana transexual del siglo XVI".Casualmente se encontró esta apasionante historia indagando en los juicios de la inquisición. Mas tarde Agustín Sánchez Vidal novelaba esta historia en su obra "Esclava de nadie".


Esta casualidad nos ha permitido  conocer la increíble existencia de este personaje que alcanzó una enorme notoriedad en el siglo XVI. Cuatro siglos después, cuando la legislación española reconoce los derechos de homosexuales a contraer matrimonio, e incluso, algunas comunidades incluyen entre sus prestaciones sociales el cambio de sexo no deja de sorprender las cualidades de este personaje que, aún naciendo mujer y esclava, pero sintiéndose hombre en una sociedad tremendamente represiva, fue capaz de sobrevivir, e incluso, triunfar ejerciendo oficios que en aquella época eran exclusivos del varón.
Fue sastre y cirujano en tiempos que esto estaba prohibido para una mujer y desempeñó durante más tiempo (sastre y  desafió a los tribunales civiles y a la Inquisición,  ante los que desarrolló su autodefensa basada en su supuesto caso de "hermafroditismo", posiblemente intersexualidad.
Gracias a las investigaciones del urólogo, Emilio Maganto, también hemos conocido la aplicación de las penas y el revuelo que se formaba por los distintos hospitales que desfiló esta persona transgresora de dotes excepcionales.
Elena de Céspedes, la primera mujer titulada como cirujana en la historia de España. Hoy sigue despertando el interés de los especialistas cuatro siglos después. Su trama del "hermafroditismo" en el juicio inquisitorial, la hipótesis de un hombre atrapado en el cuerpo de una mujer con el que no sólo no se siente a gusto sino que le provoca rechazo, su posible estado intersexual y sentimiento de ambigüedad cobran sentido a la luz de los nuevos tiempos y de los descubrimientos de la Medicina y la Psicología. 
Según este trabajo, Elena de Céspedes fue mulata, hija de esclava africana. Incluso le marcaron la cara con hierros para que no se olvidara de a quién pertenecía. Vivió en Alhama de Granada, un enclave estratégico porque era por donde pasaba el camino desde Granada capital hasta Málaga, de manera que Alhama era un reducto en el que hay una guerra permanente y en el que los moriscos están muy vigilados. Además de parecer morisca y ser esclava, cuando da a luz a su primer hijo, se produce un cambio en su cuerpo muy fuerte. Ella dice que a la vez que parió un niño parió un pene. A partir de este hecho, comienza a tener relaciones con mujeres.
Después se traslada Madrid en 1576 trabajó con un cirujano del que aprendió el oficio y llegó a convertirse en la primera mujer titulada de la historia de la Medicina. Se casó con María del Caño, con la que vivió durante un año en la localidad toledana de Yepes. Fue denunciada por haberse casado con otra mujer y de bigamia, por lo que sufrió un proceso civil y posteriormente por el Santo Oficio de Toledo «por desprecio al matrimonio y tener pacto con el demonio». Tras un largo proceso, fue condenada a 200 azotes y a trabajar durante diez años, sin sueldo, en una enfermería. Su popularidad fue tan grande que tuvo que ser trasladada a otros centros hospitalarios. Fuente: leopoldest.blogspot.com

lunes, 16 de enero de 2012

Cómo se forma la opinión pública, Pierre Bourdieu


Pierre Bourdieu // sociólogo francés,† 2002, presidente del College de France
 
Un hombre oficial es un ventrílocuo que habla en nombre del Estado: toma una postura oficial –habría que describir la puesta en escena de lo oficial–, habla a favor y en nombre del grupo al que se dirige, habla por y en nombre de todos, habla en tanto que representante de lo universal. Aquí llegamos a la noción moderna de opinión pública. ¿Qué es esta opinión pública que invocan los creadores de derecho de las sociedades modernas, sociedades en las cuales el Derecho existe? Tácitamente, es la opinión de todos, de la mayoría o de aquellos que cuentan, de aquellos que son dignos de tener una opinión. Pienso que la definición patente en una sociedad que se dice democrática, es decir donde la opinión oficial es la opinión de todos, oculta una definición latente, a saber, que la opinión pública es la opinión de los que son dignos de tener una opinión. Hay una especie de definición censitaria de la opinión pública como opinión ilustrada, como opinión digna de ese nombre. La lógica de las comisiones oficiales es crear un grupo así constituido que exhiba todos los signos exteriores, socialmente reconocidos y reconocibles, de la capacidad de expresar la opinión digna de ser expresada, y en las formas establecidas. Uno de los criterios tácitos más importantes para seleccionar a los miembros de la comisión, en especial a su presidente, es la intuición que tiene la gente encargada de componer la comisión de que la persona considerada conoce las reglas tácitas del universo burocrático y las reconoce: en otras palabras, alguien que sabe jugar el juego de la comisión de manera legítima, que va más allá de las reglas del juego, que legitima el juego; nunca se está más en el juego que cuando se va más allá del juego. En todo juego existen las reglas y el fair-play. A propósito del hombre kabil (1), o del mundo intelectual, yo había empleado la fórmula: la excelencia, en la mayoría de las sociedades, es el arte de jugar con la regla del juego, haciendo de ese juego con la regla del juego un supremo homenaje al juego. El transgresor controlado se opone completamente al herético. El grupo dominante coopta miembros a partir de índices mínimos de comportamiento, que son el arte de respetar la regla del juego hasta en las transgresiones reguladas de la regla del juego: el decoro, la compostura. Es la célebre frase de Chamfort: “El Gran Vicario puede sonreír sobre un tema contra la Religión, el Obispo reír con ganas, el Cardenal agregar lo que tenga que decir” (2). Cuanto más se asciende en la jerarquía de las excelencias, más se puede jugar con la regla del juego, pero ex officio, a partir de una posición que no admita ninguna duda. El humor anticlerical del cardenal es supremamente clerical.

La verdad de todos
La opinión pública siempre es una especie de doble realidad. Es lo que no puede dejarse de invocar cuando se quiere legislar sobre terrenos no constituidos. Cuando se dice “Hay un vacío jurídico” (expresión extraordinaria) a propósito de la eutanasia o de los bebés de probeta, se convoca a gente que trabajará aplicando toda su autoridad. Dominique Memmi (3) describe un comité de ética [sobre la procreación artificial], compuesto por personas disímiles –psicólogos, sociólogos, mujeres, feministas, arzobispos, rabinos, eruditos, etc.– cuyo objetivo es transformar una suma de idiolectos (4) éticos en un discurso universal que llene un vacío jurídico, es decir que aporte una solución oficial a un problema difícil que trastorna a la sociedad –legalizar el alquiler de vientres, por ejemplo–. Si se trabaja en ese tipo de situación, debe invocarse una opinión pública. En ese contexto, resulta muy clara la función impartida a las encuestas. Decir “las encuestas están de nuestra parte”, equivale a decir “Dios está de nuestra parte”, en otro contexto. Pero el tema de las encuestas es engorroso, porque a veces la opinión ilustrada está contra la pena de muerte, mientras que los sondeos están más bien a favor. ¿Qué hacer? Se forma una comisión. La comisión constituye una opinión pública esclarecida que instituirá la opinión ilustrada como opinión legítima en nombre de la opinión pública –que, por otra parte, dice lo contrario o no piensa nada (lo que suele ocurrir a propósito de muchos temas)–. Una de las propiedades de las encuestas consiste en plantearle a la gente problemas que ella no se plantea, en sugerir respuestas a problemas que ella no se ha planteado; por lo tanto, a imponer respuestas. No es cuestión de sesgos en la construcción de las muestras, es el hecho de imponer a todo el mundo preguntas que se le formulan a la opinión ilustrada y, por este hecho, producir respuestas de todos sobre problemas que se plantean sólo algunos; por lo tanto dar respuestas ilustradas, puesto que han sido producidas por la pregunta: se han creado para la gente preguntas que no existían para ella, cuando lo que realmente le importaba, era la cuestión en sí. Voy a traducirles sobre la marcha un texto de Alexander Mackinnon de 1828 extraído de un libro de Peel sobre Herbert Spencer (5). Mackinnon define la opinión pública; da la definición que sería oficial si no fuera inconfesable en una sociedad democrática. Cuando se habla de opinión pública, siempre se juega un doble juego entre la definición confesable (la opinión de todos) y la opinión autorizada y eficiente que se obtiene como subconjunto restringido de la opinión pública democráticamente definida: “Es ese sentimiento sobre cualquier tema que es cultivado, producido por las personas más informadas, más inteligentes y más morales de la comunidad. Esta opinión se extiende gradualmente y es adoptada por todas las personas con alguna educación y sentimiento que conviene a un Estado civilizado”. La verdad de los dominantes deviene la de todos.
Cómo legitimar un discurso
En los años 1880, en la Asamblea Nacional se decía abiertamente lo que la sociología tuvo que redescubrir, es decir, que el sistema escolar debía eliminar a los niños de las clases más desfavorecidas. Al principio se planteaba la cuestión, pero luego fue totalmente reprimida ya que, sin que se lo pidiera, el sistema escolar se puso a hacer lo que se esperaba de él. Entonces, no hubo necesidad de hablar sobre el tema. El interés del retorno sobre la génesis es muy importante, porque en los comienzos hay debates donde se dicen con todas las letras cosas que, después, aparecen como provocadoras revelaciones de los sociólogos. El reproductor de lo oficial sabe producir –en el sentido etimológico del término: producere significa “hacer avanzar”–, teatralizándolo, algo que no existe (en el sentido de lo sensible, visible), y en nombre de lo cual habla. Debe producir eso en nombre de lo que tiene el derecho de producir. No puede no teatralizar, ni dar forma, ni hacer milagros. Para un creador verbal, el milagro más común es el milagro verbal, el éxito retórico; debe producir la puesta en escena de lo que autoriza su decir, dicho de otra manera, de la autoridad en nombre de la cual está autorizado a hablar. Encuentro la definición de la prosopopeya que estaba buscando: “Figura retórica por la cual se hace hablar y actuar a una persona que es evocada, a un ausente, a un muerto, un animal, una cosa personificada”. Y en el diccionario, que siempre es un formidable instrumento, se encuentra esta frase de Baudelaire hablando de la poesía: “Manejar sabiamente una lengua es practicar una especie de hechicería evocatoria”. Los letrados, los que manipulan una lengua erudita –como los juristas y los poetas–, tienen que poner en escena el referente imaginario en nombre del cual hablan y que ellos producen hablando en las formas; tienen que hacer existir eso que expresan y aquello en nombre de lo cual se expresan. Deben simultáneamente producir un discurso y producir la creencia en la universalidad de su discurso mediante la producción sensible (en el sentido de evocar los espíritus, los fantasmas –el Estado es un fantasma…–) de esa cosa que garantizará lo que ellos hacen: “la nación”, “los trabajadores”, “el pueblo”, “el secreto de Estado”, “la seguridad nacional”, “la demanda social”, etc. Percy Schramm mostró cómo las ceremonias de coronación eran la transferencia, en el orden político, de ceremonias religiosas (6). Si el ceremonial religioso puede transferirse tan fácilmente a las ceremonias políticas mediante la ceremonia de la coronación, es porque en ambos casos se trata de hacer creer que hay un fundamento del discurso que sólo aparece como auto-fundador, legítimo, universal porque hay teatralización –en el sentido de evocación mágica, de brujería– del grupo unido y que consiente el discurso que lo une. De allí el ceremonial jurídico. El historiador inglés E. P. Thompson insistió en el rol de la teatralización jurídica en el siglo XVIII inglés –las pelucas, etc.–, que no puede comprenderse en su totalidad si no se considera que no es un simple artefacto, en el sentido de Pascal, que vendría a agregarse: es constitutiva del acto jurídico (7). Impartir justicia en un traje convencional es arriesgado: se corre el riesgo de perder la pompa del discurso. Siempre se habla de reformar el lenguaje jurídico sin nunca hacerlo, porque es la última de las vestiduras: los reyes desnudos ya no son carismáticos.

Puro teatro
Una de las dimensiones más importantes de la teatralización es la teatralización del interés por el interés general; es la teatralización de la convicción del interés por lo universal, del desinterés del hombre político –teatralización de la creencia del sacerdote, de la convicción del hombre político, de su fe en lo que hace–. Si la teatralización de la convicción forma parte de las condiciones tácitas del ejercicio de la profesión del clérigo –si un profesor de filosofía tiene que aparentar creer en la filosofía–, es porque ello constituye el homenaje esencial del oficial-hombre a lo oficial; es lo que hay que agregarle a lo oficial para ser un oficial: hay que agregar el desinterés, la fe en lo oficial, para ser un verdadero oficial. El desinterés no es una virtud secundaria: es la virtud política de todos los mandatarios. Las locuras de los curas, los escándalos políticos, son el desmoronamiento de esta especie de creencia política en la cual todo el mundo actúa de mala fe, ya que la creencia es una suerte de mala fe colectiva, en el sentido sartreano: un juego en el cual todo el mundo se miente y miente a los otros sabiendo que se mienten. Esto es lo oficial…
1. Alusión a un estudio etnológico que Bourdieu realizó sobre los beréberes kabiles. 2. Nicolas de Chamfort, Maximes et pensées, París, 1795. 3. Dominique Memmi, “Savants et maîtres à penser. La fabrication d’une morale de la procréation artificielle”, Actes de la recherche en sciences sociales, Nº 76-77, 1989, p. 82-103. 4. Del griego idios, “particular”: discurso particular. 5. John David Yeadon Peel, Herbert Spencer. The Evolution of a Sociologist, Londres, Heinemann, 1971. William Alexander Mackinnon (1789-1870) tuvo una larga carrera como miembro del Parlamento británico. 6. Percy Ernst Schramm, Der König von Frankreich. Das Wesen der Monarchie von 9 zum 16. Jahrhundert. Ein Kapital aus Geschichter des abendlischen Staates (dos volúmenes), H. Böhlaus Nachf, Weimar, 1939. 7. Edward Palmer Thompson, “Patrician society, plebeian culture”, Journal of Social History, vol. 7, Nº 4, Berkeley, 1976, p. 382-405.

* Sociólogo (1930-2002). Este texto se extrajo de “Sur l’Etat. Cours au collège de France 1989-1992″, Raisons d’Agir – Le Seuil, París, que aparecerá el 5 de enero.

viernes, 13 de enero de 2012

El sistema de castas en la India


En la zona de la actual Pakistán se generó la civilización del valle del río Indo, que se considera una de las civilizaciones más antiguas del mundo. Se consolidó hacia el año 2500 a.C., cuando los egipcios habían terminado de construir las tres pirámides y la vecina Sumeria (actual Iraq) estaba en su apogeo. Sus dos ciudades más importantes fueron Harappa (jarápa) y Mohenio-Daro (mojénsho-daro). Se pueden encontrar utensilios y arte harappano hasta la zona de Nueva Delhi. Esta civilización desapareció aproximadamente en 1700 a.C..La mayoría de los historiadores coinciden en que —según los registros arqueológicos— un grupo autodenominado aria (los arios) llegaron desde el norte hacia 1500 a.C. y esclavizaron o desplazaron a los drávidas hacia el sur (donde todavía más de 180 millones de personas hablan en lenguas dravídicas, que representan el cuarto grupo lingüístico del mundo). El sistema de las castas, todavía presente hoy, comenzó entonces.
Los arios desarrollaron la cultura védica, aunque se cree que algunos elementos propios del hinduismo que no estaban presentes en la civilización védica, como el culto fálico y el dedicado a una todopoderosa Diosa madre, el bañarse en los estanques de los templos y las posturas del hatha-yoga, pueden haber sido heredadas de la civilización del valle del Indo.
Hacia el año 1500 a.C., los arios ya estaban asentados en el Punjab (zona entre Pakistán e India). Traían consigo su panteón de dioses indoeuropeos, que eran principalmente masculinos, y una ética sencilla y profundamente religiosa. Los dioses del panteón védico sobrevivieron en el hinduismo tardío, pero ya no volvieron a ser objeto de culto: Dyaus Pitar ('Celestial Padre', que un milenio después Grecia convertiría en Zeus Patros y 500 años después Roma convertiría en Júpiter. De este Dyus ('cielo') proviene la palabra Zeus, Teo y Dios). Este dios a veces es identificado como Indra, rey de los dioses y dios de la tormenta y de la fertilidad; Agni, dios del fuego; Soma, dios del soma (planta sagrada de la que los
sacerdotes bráhmanes extraían un jugo con el que se drogaban).
Los arios, llegados del Asia central en sucesivas invasiones, acabaron controlando todo el norte de India. La supremacía cultural y política de los sacerdotes, alteraron y asimilaron el orden social y dejaron como herencia hasta el presente, el complicado y excluyente sistema de castas y las raíces de la principal religión del país.
Más o menos en 900 a.C., el uso del hierro hizo posible que los arios pudieran desplazarse hacia el sur, al rico valle del río Ganges, donde desarrollaron una civilización y un sistema social mucho más avanzado.
Durante esta época de dominación aria, se escribieron las escrituras sagradas del hinduismo, los Vedas.
Los arios no desarrollaron un modo de preservar el recuerdo, es decir, la escritura, sino hasta mucho tiempo después, cerca del 700 a. C., y ello como  consecuencia de influencias externas. La fuente aria más antigua data de antes del primer milenio a. C., se trata del llamado Rig Veda y son una colección de himnos a los dioses.

La literatura del Rig Veda, narra el paulatino poblamiento y creciente fuerza de las distintas tribus arias, así como los conflictos internos que se presentaron entre ellas.
Durante todo el siglo V a. C. el budismo comenzó a dejar sus huellas en India, con su pensamiento lógico y su rechazo a la especulación metafísica introdujo una importante corriente analítica que interactuó fructíferamente con la tradición hindú.
Más o menos desde 200 a. C. hasta 500 de esta era, India fue invadida por muchos grupos, que venían del noroeste de los Himalayas, e hicieron declinar la religión hindí. Pero durante los 220 años del prolífico imperio de la dinastía Gupta (entre 320 y 540), se terminaron de escribir los Dharma-sastras ('libros de leyes', como el de Manu), se comenzaron a construir los grandes templos y se preservaron los mitos y los rituales en los Puranas ('lo antiguo').
A finales del s. V comenzó la invasión de los hunos blancos (pueblo originalmente mongol o turco), que hacia 550 dominaron todo el norte y centro de India.
En el año 1000 el sultán Mahmud, rey de Jurasán (actual Afganistán), inició la invasión de India, generando un imperio musulmán. Diversos imperios florecieron y languidecieron a lo largo de los siglos.
No obstante el hinduismo sobrevivió, y 800 años después de la llegada de los musulmanes, sólo un 25 % de la población se había convertido al Islam. De la necesaria colaboración entre hinduistas y musulmanes en la gobernabilidad del imperio, surgió una lengua común: el urdu, combinación de gramática hindi y vocabulario persa. Este idioma sigue siendo hoy predominante en muchos lugares del norte del país.
La llegada de los mongoles en el siglo XIV supuso un salto cualitativo hacia la cultura. La pasión de los emperadores mogoles por la arquitectura, el arte y la literatura, hizo florecer durante poco más de dos siglos un imperio que legó al futuro obras como el Taj Mahal. En 1398 el conquistador mongol Tamerlán saqueó y masacró a los habitantes de la capital, Delhi, y dominó todo el norte de India. El culto uzbeko Babur —descendiente de Tamerlán y de Guenguis Kan— fundó el imperio mongol.
Los mogoles lograron amalgamar la diversidad cultural de la India, incorporando a su gobierno, tanto a musulmanes como a la mayoría hindú. La decadencia del imperio llegó tan rápida como su expansión y los últimos mogoles fueron derrotados por las tropas británicas.
Los europeos llegaron a India a finales del siglo XV. Se atribuye al portugués Vasco da Gama el honor de ser el primer europeo que pisó territorio indio, cuando desembarcó en 1498 en la costa de Kerala. Ello les dio a los portugueses apenas cien años de ventaja sobre franceses y británicos, que fueron los siguientes en fundar “imperios comerciales”, que en el caso británico llegó al extremo de que sus posesiones en el subcontinente no estaban dirigidas por la corona sino por una compañía comercial creada a tal efecto, la East India Company. A principio del siglo XIX, la India quedó a todos los efectos bajo control británico.

En 1915 Mohandas Gandhi, considerado Padre de la nación, aglutinó los movimientos independentistas y bajo su lema de resistencia no violenta y desobediencia civil, consiguió en pocos años mermar la capacidad de los británicos por mantener el imperio de ultramar.
En 1947 llegó la independencia del Reino Unido, y la consiguiente división de India en dos estados, Pakistán para los islámicos, India para los hindúes. El trasiego de diez millones de personas hacia un extremo u otro de las artificiales fronteras, se tradujo en masacres y disturbios que las fuentes más moderadas calculan en no menos de 250.000 muertos.

El hinduismo no tiene fundador conocido, como suele suceder en todas las religiones étnico-políticas. Surgió o se configuró sobre todo a partir del racismo, varuno=color=casta. A raíz de la invasión indoeuropea, dos milenios antes de Cristo, los vencedores, rubios, los arios, forman las tres castas superiores. Los no arios se subdividen en los "sudras" (artesanos y
comerciantes) que beneficiaban con su trabajo a todos; eran hombres libres y formaban una cuarta clase o casta. Los "parias" son los que no tienen casta. Los "aborígenes" están debajo de los parias, y no tienen casta ni cabida en el mundo hindú. Las tres castas superiores de los arios están formadas por:
1. Sacerdotes-encargados de celebrar los ritos y dueños del poder espiritual.
2. Nobles guerreros-dueños del poder temporal.
3. Agricultores, comerciantes y ganaderos que procuran los bienes económicos.
Existen más de tres mil subcastas. La justificación de la división en castas encuentra su origen en la nobleza. Los sacerdotes nacieron de la cabeza de Brahmán, los guerreros de los brazos, los productores de las piernas, y los sudras de los pies. Otra justificación de la división en castas es la de la reencarnación, uno nace en una u otra casta y a ella debe
integrarse por el hecho de nacer en ella. Si ha nacido en una casta humilde o en una subcasta no debe rebelarse. Por el contrario, debe someterse porque así al morir puede reencarnarse en una superior. Si se nace en una superior deben ser fieles a ella porque si se comporta indebidamente puede reencarnarse en una inferior.
 
Legalmente las castas han sido casi abolidas, pero subsisten algunas divisiones en la práctica. Cada casta tiene sus obligaciones, las clases privilegiadas son más estrictas que las inferiores. Obligaciones: Sacerdotes: rezar y estudiar, si no lo hace al reencarnarse será traspasado a una casta inferior. Guerreros: pelear y defender los intereses del grupo ante la presencia del invasor, no puede ser ni cobarde, ni tener temor. Agricultores: cultivar la tierra de sol a sol. Si se deja llevar por la pereza, será castigado en la otra vida. Por todo lo anterior, la aceptación resignada de la propia suerte es lo normal. Nadie puede rebelarse ni pedir justicia, ni envidiar al que es superior, porque se perjudica a sí mismo. La aspiración
suprema del hindú es la unión con Brahmán, principio del bien, de la felicidad. El es el absoluto, "lo que es". Todo hindú debe ser bueno, el que logra obrar siempre el bien y consigue la perfección, se identifica de algún modo con Brahmán y cuando muera ya no se reencarnará, quedará para siempre al lado de la divinidad. A la unión con la divinidad se puede llegar por medio de la ética, mediante el conocimiento, las obras y la entrega a la divinidad, sobre todo, a través del "yoga", que no es más que un método de concentración interior que ayuda a dominar los sentidos y los movimientos del cuerpo.

Los sistemas de estratificación social conocen grados muy diversos de movilidad, tanto en su aspecto horizontal (desplazamiento a un mismo nivel) como en sentido vertical (desplazamiento ascendente o descendente). El mayor o menor grado de movilidad existente entre los niveles distintos de una- sociedad jerárquicamente estratificada, es circunstancia clave para deslindar los fenómenos de «casta», «estamento» y «clase». El carácter cerrado de la jerarquía de casta —su total carencia de movilidad vertical—, contrasta con la flexibilidad, siempre relativa, que presentará la sociedad estratificada en clases. En una situación equidistante cabe situar el fenómeno de «orden social» o «estamento», que si bien frecuentemente ha sido confundido con el de casta, no presenta la característica rigidez de ese grupo multivinculado.
El concepto de «orden», «estado» o «estamento» se ha aplicado históricamente a ciertos tipos jerárquicamente estratificados en un orden definido de superioridad o inferioridad, tales como los órdenes de nobles espartanos, periecos, libres, ilotas o esclavos en Atenas; patricios, plebeyos, clases serviles en Roma; nobleza, clero y tercer estado, estado llano o pueblo, y siervos en la Europa medieval; el normal acceso a dichos órdenes se realiza,por vía de filiación •—paso automático de padres a hijos—. Pero los estamentos no son fenómenos sociales cerrados al extremo que lo son las castas. Se llega a ser esclavo por nacimiento, pero también por captura, por venta voluntariar por sanción legal, etc.; se deja de serlo por manumisión, concesión estatal, etcétera. Una situación análoga presenta la condición de noble, que se ad- quiere no sólo por nacimiento,' sino por otras diversas circunstancias: concesión de título como recompensa, matrimonio,' establecimiento de un nuevo orden de nobleza como consecuencia del derrocamiento del anterior, etc. La casta, por el contrario, se determina únicamente por el nacimiento, es decir, por la posición preexistente de los padres. Por otro lado, algunos órdenes legalmente estratificados son, como advierte P. K. Sorokin, grupos virtualmente abiertos: así, el orden clerical, abierto potencialmente a todos los estratos; el orden burgués establecido en las ciudades. Esa accesibilidad no existe en el sistema de castas. De ello resulta una mayor heterogeneidad que en las castas, principalmente por la admisión, en los órdenes o estamento, del matrimonio no endogámico. Y, por ello, la interacción y organización producida en este tipo de estrato, no es, sobre todo por lo que respecta a los niveles más bajos, tan intensa como la de las castas —grupo mucho más organizado y coherente. Ello autoriza a definir el orden o estamentos como grupo parcialmente organizado, en lo que concierne a los órdenes más elevados, y como colectividad o conglomerado en gran parte casi-organizado o desorganizado en lo que respecta a los órdenes inferiores. Su condición jurídica se apoya no tanto en criterios religiosos o en la costumbre (caso de las castas), como en el derecho oficial del Poder político.
La casta es —según se dijo— un sistema de estratificación cerrado; se ingresa a la casta por la puerta del nacimiento y se sale de ella por la de la muerte. (9).
Las castas hindúes constituyen un ejemplo de organización basada en, un status invariable. Entre las características de sistema hindú de castas, cabe señalar, en primer término, su naturaleza de grupo racial (Varna = Casta, significa «raza»), característica que ha podido mantenerse por el principio endogámtco. La casta es un grupo que tiene una base religiosa, y la religión determina la mentalidad y conducta de los miembros de cada una de las castas. Los hindúes no distinguen entre el jus (ley seglar) y el fas (ley sagrada), conceptos que se introducen en las culturas occidentales a través del pensamiento jurídico romano. La forma religiosa prescribe la endogamia, y todo un conjunto de diferenciaciones que quedan al margen del derecho oficial del Poder político. El hecho de que el Poder político sea generalmente ajeno al sistema de castas da a la tradición religiosa un predominio casi absoluto. Como observa C. Bouglé, «todos los gobiernos del Estado (...) sólo existieron en la superficie del mundo hindú (...). La polis u organización política se halla ausente en la India» (10). La casta, se ha dicho, es un producto de la religión. Es sociológica y fundamentalmente un derivado de una concepción religiosa.

La casta se singulariza, en consecuencia, por poseer una posición definida, de acuerdo con determinadas normas religiosas. El orden clásico hindú dividía a la población en cuatro grandes castas o varnas: Brahamanes (sacerdotes) ; Kshatriyas (guerreros); Vaisyas (agricultores, ganaderos y comerciantes); Sudras (obreros, campesinos y soldados) a las que habría que añadir las subcastas. Hoy existen de 2.500 a 3.000 castas distintas y su distribución es muy compleja. Yuxtapuesta a estas castas o varnas se hallan los intocables o
parias = extracasta (11).
El carácter de la casta como grupo ocupacional o laboral ha sido puesto de relieve por algunos investigadores que consideran la diferenciación laboral como origen de la casta. En ocasiones se ha dicho que el sistema hindú de castas constituye, en esencia, un orden establecido de ocupaciones. Cada casta tenía asignados deberes y ocupaciones distintos, de esta manera, como describe el Manu, quedaba protegido este universo. «Es cierto, en principio, que todas las" subcastas y algunos de los grupos de panas poseen —como indica
Maclver—- una" ocupación que les está asignada específicamente, y que, por lo común, es hereditaria, cosa que se ¡lustra con gran claridad en las labores artesanas.» Además, y como resultado de la transformación de las condiciones tecnológicas y económicas, «se han hecho necesarios ciertos cambios de ocupación perturbado, esencialmente, al menos por el momento, la estructura básica de castas».
La sólida estratificación en castas hindú, implica la forma más extrema de jerarquización del status. La estratificación o división (y análisis) horizontal de la sociedad, con sus distinciones de privilegios, inmunidades y «deberes, afecta a casi todos los aspectos de la vida social. «La separación entre unas castas y otras, sin embargo, no impide —expone Maclver— el desarrollo de importantes distinciones de status en el seno de las principales divisiones» {12). «En todas las castas existen siempre —afirma Cox— familias superiores o privilegiadas. Dentro de la casta los individuos pueden tener diferentes riquezas, competencia profesional, aptitudes físicas, elección de empleo (para aquellos cuya casta es limitada), posición política, número de Vedas que se han leído, cantidad de nudos en el cordón sagrado, etc.» (13).
Como dice Maclver, la base religiosa de las castas es evidente, pues, a duras penas «podrían mantenerse las rígidas fronteras de casta, si no fuera por el influjo que ejercen las firmes convicciones'- religiosas. Para la continuidad del sistema es esencial la posesión de unas creencias religiosas,- con su interpretación sobrenatural de la casta, su doctrina de los elegidos y los. "excluidos" (palé), su atribución de- una pureza o impureza místicas, su inci-
tación a la reverencia y al temor, su superior concepción de lo sagrado y lo profano».

«La casta entraña el aumento y la transformación de la distancia social en un principio religioso o, más exactamente, mágico» (14).

Otro rasgo muy notable- en -el sistema de castas es la naturaleza territorial de las mismas. Cuando se desplazan de un lugar a otro, siempre lo hacen «como un solo cuerpo».

La estratificación social
El fenómeno de la estratificación social resulta de la desigual ubicación de los grupos en las sociedades humanas, tanto de los grupos entre sí como de los individuos en el seno del grupo. Es imprescindible proceder al estudio de la estratificación para comprender el funcionamiento de un régimen politico y sus conexiones con los restantes regímenes sociales o subsistemas sociales (i). El concepto de «estrato», en su significación más amplia, alude al conjunto de personas que comparten, en una sociedad determinada, un mismo
status.
El concepto de estrato, en el sentido ampliamente difundido, hace referencia a una determinada agrupación de individuos que, en el seno de un grupo social parcial o global, comparten una misma posición social, un mismo status, y, por tanto, se benefician o perjudican de su inclusión en él.
Por status entendemos, de momento, la posición de una persona o de un grupo dentro de una jerarquía de personas o grupos (una definición posterior más precisa nos obligará a delimitar otras dimensiones del fenómeno de estratificación). La lucha por un status superior «ese gran objetivo que divide a los hombres» dirá Adam Smith, «es el fin de la mitad de los trabajo que se producen en la vida humana»; es probablemente el centro de cualquier problema social, y es en el esfuerzo por conseguir —o conservar— un status donde surgen los antagonismos, el conflicto. En cualquier circunstancia  la consecuencia de un conflicto de status es lo que Boswell llamaría «el gran esquema de subordinación». La estratificación supone la diversificación en posiciones de superioridad o inferioridad.
El status es la posición social que encuadra a un individuo o un grupo en el marco de una sociedad; es el lugar que se ocupa en la sociedad. Mac Iver lo define como una posición social en virtud de la cual un individuo adquiere prestigio y poder.
El aspecto estático del status es aquel lugar o posición ocupado por una persona o grupo determinado. El sexo, la edad, etc., son factores determinantesr
de status (2).
 
(2) Aunque parezca problemático afirmar que ... el sexo, la edad, el color, ... etcétera, ... son factores de status, sin embargo, nos inclinamos por la afirmación de que sí lo son —o al menos pueden serlo— como puede comprobarse en el caso de los negros —el color condiciona su status social—, en el problema de los llamados conflictos generacionales —los de edad aproximada se sienten compartir una misma posición social incumbente de un rol específico, piénsese en el fenómeno anarquista y contestatario que protagonizó la juventud universitaria del mayo francés (1968) ...; y medítese sobre tantas, manifestaciones conflictivas no pautadas, verbigracia, la oposición extraparlamentaria, surgidas por gentes jóvenes que se sienten en una análoga posición social y que comparten la creencia que han de desplegar un rol específico = «contestar» las estructuras socio-políticas vigentes, como es el caso de la nueva izquierda tanto europea como americana (vid. en relación con la nueva izquierda, orígenes y causas, J. FERRANDO BADÍA: «El poder político», én Rev. esp. de la Opinión pública, núm. 27, Madrid, J972)—.

Como en virtud de esa posición que ocupa, se derivan para el individuo o grupo unos deberes, privilegios, derechos, etc., de ahí que se deriven también para el status; éste es el aspecto dinámico.
La pluralidad de grupos sociales que existen dentro dé cada sociedad, tienen también, cada uno de ellos, su status. Un grupo social puede ser considerado' como una red en la cual cada punto de inflexión es un status (aspecto estático); cada trazo que une un punto con otro es el aspecto dinámico.
Cada uno de nosotros es portador de una pluralidad de status, pues formamos parte de muchas sociedades o grupos sociales parciales.
Puede incluso darse la colisión de intereses entre los intereses de los status (colisión de status). Evitar que suceda esto es papel del Poder político, cuya misión es coordinar los intereses de los individuos y de los grupos, derivados de sus status.
Cada individuo es portador de un (o unos) status social como miembro de un grupo (o grupos) y también como miembro de una clase social.
Si consideramos la composición de una sociedad con respecto a su estratificación, nos la podremos imaginar cómo una pirámide truncada.
Para determinar a qué clase pertenece un individuo, una de las posibilidades es preguntarnos qué status^ tiene. ¿Cuál es el factor que cualifica tí: status social?

Maclver y Maxwell dicen que el status social que determina una clase económica es simple: sus ingresos. En el caso de la clase social, una pluralidad de factores. Podemos afirmar que existe una doble interpretación del status: una materialista o marxista o filosófico-social y otra sociológica o analítico-empírica.
Con la aparición de la burguesía cristaliza un nuevo factor de status que va a transformar radicalmente la estructura estamental: la riqueza.
Esto va a determinar la aparición de nuevos criterios determinantes de la posición social, y una nueva estratificación, la clasista. El marxismo intenta encontrar un nuevo factor determinante del status: el trabajo. La estratificación actual es injusta y los más son explotados por  los menos, que poseen los medios de producción.
Desde el punto de vista funcionalista —tal el mantenido por Bernard Barber— la estratificación social es «el resultado de las valoraciones de papeles sociales funcionalmente importantes y diferenciados» (3). El análisis sociológico deberá definir las funciones de un sistema de estratificación y explicitar los criterios de jerarquización en dicho sistema (niveles de renta, distribución de prestigio social, influencia o poder). Factores sociales como la ocupación, el ingreso, el poder social, ... son considerados como criterios objetivos de
estratificación, en tanto que otros factores como las creencias, las ideologías, las actitudes, las aspiraciones, las identificaciones de clase, el saber, son tratados como criterios subjetivos para la determinación de una posición o status en  el sistema de estratificación social. Ninguno de estos tipos de factores, y menos aún un factor simple, son capaces de determinar por sí solos la posició de status en un sistema o subsistema social.
Huelga subrayar la importancia del fenómeno de estratificación social para el análisis sociopolítico. La comprensión de los problemas estáticos y las tensiones dinámicas de toda organización política exige el estudio de la estratificación y el conocimiento de los grupos sociales, que aunque claramente se diferencien los conceptos de estratificación y de estructura social, sin embargo, se interfieren (4). Sea o no aceptada la tesis marxista, su valor radica en haber puesto de relieve la correlación entre la estructura básica de una socie-
dad (expresada en su estructura económica y organizada de acuerdo con la división de clases) y su organización jurídico-política e ideológica. La suma total de las relaciones de producción constituye para el marxismo la estructura económica de la sociedad, la base o el fundamento real del que surgen las super-estructuras jurídica y política y al que corresponden formas precisas de la conciencia social. La superestructura política, no sólo se correlaciona, según la interpretación marxista, con la estructura social básica (clasista), sino que queda predeterminada decisivamente por esta última (5).

La estratificación social presenta formas variables y 'diversas cuya' clasificación puede ser, a veces, de difícil determinación. El análisis de P. A. Sorokirt de las «formas de estratificación o desigualdades» es importante para los fines de la sociología (6). Por su mayor significación sociopolítica, nos referiremos a las categorías fundamentales de «casta»," «estamento»' y «clase», precisando los criterios que servirán de "base a cada una de ellas.
Los sistemas de estratificación social conocen grados muy diversos de movilidad, tanto en su aspecto horizontal (desplazamiento a un mismo nivel) como en sentido vertical (desplazamiento ascendente o descendente). El mayor o menor grado de movilidad existente entre los niveles distintos de una sociedad jerárquicamente estratificada, es circunstancia clave para deslindar los fenómenos de «casta», «estamento» y «clase». El carácter cerrado de la jerarquía de casta —su total carencia de movilidad vertical—, contrasta con la flexibilidad, siempre relativa, que presentará la sociedad estratificada en-
clases. En una situación equidistante cabe situar el fenómeno de «orden social» o «estamento», que si bien frecuentemente ha sido confundido con el de casta, no presenta la característica rigidez de ese grupo multivinculado.
El concepto de «orden», «estado» o «estamento» se ha aplicado históricamente a ciertos tipos jerárquicamente estratificados en un orden definido de superioridad o inferioridad, tales como los órdenes de nobles espartanos, periecos, libres, ilotas o esclavos en Atenas; patricios, plebeyos, clases serviles en Roma; nobleza, clero y tercer estado, estado llano o pueblo, y siervos en la Europa medieval; el normal acceso a dichos órdenes se realiza, por
vía de filiación —paso automático de padres a hijos—. Pero los estamentos no son fenómenos sociales cerrados al extremo que lo son las castas. Se llega a ser esclavo por nacimiento, pero también por captura, por venta voluntariar por sanción legal, etc.; se deja de serlo por manumisión, concesión estatal, etcétera. Una situación análoga presenta la condición de noble, que se adquiere no sólo por nacimiento,' sino por otras diversas circunstancias: concesión de título como recompensa, matrimonio,' establecimiento de un nuevo orden de nobleza como consecuencia del derrocamiento del anterior, etc. La casta, por el contrario, se determina únicamente por el nacimiento, es decir, por la posición preexistente de los padres. Por otro lado, algunos órdenes legalmente estratificados son, como advierte P. K. Sorokin, grupos virtualmente abiertos: así, el orden clerical, abierto potencialmente a todos los estratos; el orden burgués establecido en las ciudades. Esa accesibilidad no existe en el sistema de castas. De ello resulta una mayor heterogeneidad que en las castas, principalmente por la admisión, en los órdenes o estamento, del
matrimonio no endogámico. Y, por ello, la interacción y organización producida en este tipo de estrato, no es, sobre todo por lo que respecta a los niveles más bajos, tan intensa como la de las castas —grupo mucho más organizado y coherente. Ello autoriza a definir el orden o estamentos como grupo parcialmente organizado, en lo que concierne a' los órdenes más elevados, y como colectividad o conglomerado en gran parte casi-organizado o desorgani-
zado en lo que respecta a los órdenes inferiores. Su condición jurídica se apoya no tanto en criterios religiosos o en la costumbre (caso de las castas), como en el derecho oficial del Poder político.
A partir del siglo XIX, con la consolidación en Europa de la sociedad de clases, la distinción estamental se asume como categoría de valor histórico. Sin embargo, la estratificación estamental se invoca hoy, en ciertas circunstancias, de forma «polémica» a fin de dar por superado el sistema de estratificación clasista, propio de las sociedades occidentales modernas. Este uso ideológico del contraste entre estamento y clase tiene una significación más relevante en el terreno de las concepciones políticas que en el del análisis socio'
político empírico. Cabe señalar, pues, sin perder de vista las connotaciones polémicas de esta distinción, las siguientes notas:
Como noción antitética del concepto de clase, en que la solidaridad entre sus miembros deriva de una «conciencia de clase» y de su integración en sindicatos y partidos, el estamento se constituye en una verdadera «comunidad».
De ahí que la clase implique una división «asistemática y accidental» de la sociedad, mientras que al estamento se le considera como un tipo de conglomerado social sistemático y orgánico, respecto del estructurado sistema social, en su conjunto. El estamento se definirá, así, como una comunidad orgánicamente articulada en el seno de una comunidad más amplia, basada en la función pública a desplegar por sus miembros integrantes; la clase, por el contrario, deriva de situaciones de índole privada: propiedad, profesión,
cultura, etc.. En la clase el criterio determinante es, fundamentalmente, de tipo económico; en el estamento, existe, frente a estas valoraciones económicas, un sentimiento del honor propio de cada orden histórico, y derivado de la función pública que lo determina. Los estamentos comportan una clara diversificación jurídica (privilegios) acorde con una división funcional, mientras que las clases, diferenciadas económicamente..., se mueven en el terreno de una igualdad jurídica que rechaza los privilegios. La mayor movilidad social inter-clases (ascendente y descendente) contrasta con la característica rigidez, relativa, de la jerarquización estamental. Sintetizando, con L. Sánchez Agesta, las características de ambos conceptos, diríamos que «el estamento es un grupo social que se define por la cohesión orgánica que le constituye como una comunidad, diferenciada por la función pública que sus miembros cumplen en el orden político en el que el estamento está integrado como un elemento orgánico por la misma función pública que lo define y de la que deriva un honor del grupo y una situación jurídica especial (privilegio, derecho especial de quienes lo integran)» (7). El estamento es, en esta interpretación, una parte del sistema social estratificado orgánicamente, cuya función está públicamente definida por el orden político. El lazo jurídico-político, virtualmente ausente en la casta y en la clase, desarrolla en el estamento un papel importante.
Insistamos, sin embargo, en que en las sociedades occidentales el régimen estamental fue reemplazado por el de clase; pero en el nuevo marco clasista viven determinadas organizaciones derivadas de aquel régimen (ejército, Iglesia, estamento docente), si bien despojadas de muchas de sus características.
La contraposición de los conceptos de clase y estamento, desgajados del contorno histórico que les ha sido propio, opera, en la actualidad, en base a finalidades de índole política. El concepto de estamento aflora en nuestra época con pretensiones de aspirar a la transformación de las estructuras sociales existentes.
 
Distinción entre casta y clase social
Significado dé la clase social.—Las comunidades se estratifican socialmente de diversas maneras. El sexo, por ejemplo, es siempre un factor de la mayor trascendencia sociológica... Pero el principal tipo de estratificación social, especialmente en ¡as civilizaciones más desarrolladas, se manifiesta, corno dice Maclver, en el fenómeno de la clase.
El «status» como criterio distintivo de la clase social Maclver dice que podemos denominar clase a cualquier categoría o tipo de agrupación social que esté formada por un conjunto de individuos o unidades. «Las diversas profesiones u ocupaciones forman divisiones verticales en la comunidad, en tanto que las divisiones que reflejan el principio de la clase social son estratos horizontales que guardan siempre entre sí un orden escalonado. Dondequiera que las interrelaciones sociales se vean limitadas por consideraciones de status, por distinciones entre los "altos" y los "bajos", allí existe la clase social. Así pues, una clase social es toda parte de una comunidad que se halla distintamente separada del resto por su "status" social. Un sistema o estructura de clases sociales entraña, primero, una jerarquía de grupos con diversos status; segundo, el reconocimiento de una estiatificación superior-inferior, y, finalmente, un cierto grado de estabilidad en esta estructura.»
«Esta idea de clase social como grupo —dice— con un determinado status nos permite usar un concepto preciso que es generalmente aplicable a todo sistema de estratificación en clases, cualquiera que sea el lugar en que se produzca.» El factor subjetivo del status social, que es manifestación de unas actitudes de grupo, se encuentra siempre relacionado con diferencias sociales objetivas, tales como los niveles de ingresos, las distinciones profesio-
nales, las diferencias de nacimiento, raza, educación, etc. «Pero tales diferencias objetivas, prescindiendo de la existencia de un orden reconocido de superioridad o inferioridad, no crean grupos compactos.» Es el sentido de la presencia de un status que se basa, primordialmente, pero no exclusiva' mente, en el poder económico, político, o eclesiástico, etc., así como en las peculiares formas de vida y expresiones culturales que le corresponde, «lo que separa a unas clases de otras, dando cohesión- a cada una de ellas y estratificando a la sociedad entera» (8).
 
La casta como «status» invariable
El régimen estamental, que se desarrolló principalmente en la Europa medieval, pero que se encuentra en el marco de las otras sociedades feudales, puede considerarse como un tipo cercano al régimen de casta. Pero, la diferencia más decisiva entre ambos radica —como se indicó— en la mayor rigidez del segundo, donde la adscripción a una categoría social se halla totalmente predeterminada. Si bien existen algunas excepciones (como el descastamiento).

La casta es  —según se dijo— un sistema de estratificación cerrado; se ingresa a la casta por la puerta del nacimiento y se sale de ella por la de la muerte. (9).
Las castas hindúes constituyen un ejemplo de organización basada en, un status invariable. Entre las características de sistema hindú de castas, cabe señalar, en primer término, su naturaleza de grupo racial (Varna = Casta, significa «raza»), característica que ha podido mantenerse por el principio en dogámtco. La casta es un grupo que tiene una base religiosa, y la religión determina la mentalidad y conducta de los miembros de cada una de las castas. Los hindúes no distinguen entre el jus (ley seglar) y el fas (ley sagrada), conceptos que se introducen en las culturas occidentales a través del pensamiento jurídico romano. La forma religiosa prescribe la endogamia, y todo un conjunto de diferenciaciones que quedan al margen del derecho oficial del Poder político. El hecho de que el Poder político sea generalmente ajeno al sistema de castas da a la tradición religiosa un predominio casi ab-
soiuto. Como observa C. Bouglé, «todos los gobiernos del Estado (...) sólo existieron en la superficie del mundo hindú (...). La polis u organización política se halla ausente en la India» (10). La casta, se ha dicho, es un producto de la religión. Es sociológica y fundamentalmente un derivado de una concepción religiosa.

La casta.se singulariza, en consecuencia, por poseer una posición definida, de acuerdo con determinadas normas religiosas. El orden clásico hindú dividía a la población en cuatro grandes castas o varnas: Brahamanes (sacerdotes) ; Kshatriyas (guerreros); Vaisyas (agricultores, ganaderos y comerciantes); Sudras (obreros, campesinos y soldados) a las que habría que añadir las subcastas. Hoy existen de 2.500 a 3.000 castas distintas y su distribución es muy compleja. Yuxtapuesta a estas castas o varnas se hallan los intocables o
parias = extracasta (11).
El carácter de la casta como grupo ocupacional o laboral ha sido puesto de relieve por algunos investigadores que consideran la diferenciación laboral como origen de la casta. En ocasiones se ha dicho que el sistema hindú de castas constituye, en esencia, un orden establecido de ocupaciones. Cada casta tenía asignados deberes y ocupaciones distintos, de esta manera, como describe el Manu, quedaba protegido este universo. «Es cierto, en principio, que todas las" subcastas y algunos de los grupos de panas poseen —como indica
Maclver—- una" ocupación que les está asignada específicamente, y que, por lo común, es hereditaria, cosa que se ¡lustra con gran claridad en las labores artesanas.» Además, y como resultado de la transformación de las condiciones tecnológicas y económicas, «se han hecho necesarios ciertos cambios de ocupación que, aunque de ordinario han abarcado a todas las castas, no por ello han perturbado, esencialmente, al menos por el momento, la estructura básica de castas».
La sólida estratificación en castas hindú, implica la forma más extrema de jerarquización del status. La estratificación o división (y análisis)  horizontal de la sociedad, con sus distinciones de privilegios, inmunidades y «deberes, afecta a casi todos los aspectos de la vida social. «La separación en- tre unas castas y otras, sin embargo, no impide —expone Maclver— el desarrollo de importantes distinciones de status en el seno de las principales divisiones» {12). «En todas las castas existen siempre —afirma Cox— familias superiores o privilegiadas. Dentro de la casta los individuos pueden tener diferentes riquezas, competencia profesional, aptitudes físicas, elección de empleo (para aquellos cuya casta es limitada), posición política, número de Vedas que se han leído, cantidad de nudos en el cordón sagrado, etc.» (13).
Como dice Maclver, la base religiosa de las castas es evidente, pues, a duras penas «podrían mantenerse las rígidas fronteras de casta, si no fuera por el influjo que ejercen las firmes convicciones'  religiosas. Para la continuidad del sistema es esencial la posesión de unas creencias religiosas, con su interpretación sobrenatural de la casta, su doctrina de los elegidos y los. "excluidos" (palé), su atribución de- una pureza o impureza místicas, su inci-
tación a la reverencia y al temor, su superior concepción de lo sagrado y lo profano».

«La casta entraña el aumento y la transformación de la distancia social en un principio religioso o, más exactamente, mágico» (14).

Otro rasgo muy notable- en -el sistema de castas es la naturaleza territorial de las mismas. Cuando se desplazan de un lugar a otro, siempre lo hacen «como un solo cuerpo».

Es también notable que, pese a tratarse de un tipo de organización absolutamente rígido, el régimen de castas componga un conjunto «descentralizado», en el que ningún poder unitario desempeña la misión de velar por su mantenimiento. La casta más elevada de los brahamanes, de carácter sacerdotal, carece incluso de. organización eclesiástica y de poder centralizado. No obstante, la organización de castas constituye un «cuerpo» compacto y total' mente solidario.