sábado, 31 de marzo de 2012

El trabajo esclavo de las niñas en la India


Niñas y adolescentes trabajando sin contrato, privadas de libertad y en condiciones insalubres durante más de 72 horas a la semana por un salario de 0,88 euros al día, del que sólo podrán disponer cuando hayan transcurrido de tres a cinco años y que servirá para pagar su dote matrimonial. Ese es el sombrío escenario laboral de miles de jóvenes del estado de Tamil Nadu, al sur de la India, que son empleadas en condiciones que rozan la esclavitud por empresas textiles de aquel país que luego suministran sus productos a grandes firmas internacionales, entre ellas las españolas Inditex, El Corte Inglés y Cortefiel.

Un exhaustivo y documentado informe elaborado por el prestigioso Centre for Research on Multinational Corporations -una organización independiente holandesa sin ánimo de lucro que escruta a las grandes multinacionales- y el India Committee of the Netherlands -una ONG del mismo país impulsora de la campaña Clean Clothes (Ropas Limpias) contra la explotación vinculada al comercio textil- saca los colores a algunos de los gigantes mundiales de la moda por comerciar con esa presunta red de trabajo esclavo. Entre ellos, Tommy Hilfiger, Timberland, H&M, Marks&Spencer, Diesel, Gap, C&A, El Corte Inglés, Inditex -propietaria de Zara- y Cortefiel.

El informe, titulado Captured by cotton (Atrapadas en el algodón), relata el proceso de reclutamiento de miles de niñas y jóvenes indias de entre 14 y 20 años por los grandes fabricantes textiles de Tamil Nadu. La inmensa mayoría de ellas pertenece a los Dalit, la casta más baja de la India, considerada impura y dedicada a tareas marginales con míseros salarios: limpiadores, lavanderos, artesanos callejeros... Las adolescentes son atraídas por sus empleadores con falsas promesas de una vida mejor que incluye comida y alojamiento en las mismas factorías, y empujadas por sus padres por el reclamo de un salario diferido que cobrarán al acabar sus contratos para costear su dote y contraer matrimonio.

Prácticas prohibidas

El pago de una dote fue prohibido por ley en la India en 1961, pero sigue siendo una práctica muy habitual en las zonas rurales y más deprimidas del país. Muchas familias contraen elevadas deudas para poder hacer frente a ese gasto, con la esperanza de que sus hijas -y ellos mismos- salgan de la miseria si logran casarse. En esas condiciones de marginación y pobreza extrema, la oferta de un salario con el que pagar su dote y tres comidas al día es un argumento más que suficiente para que los reclutadores textiles de Tamil Nadu logren atraer cada año a miles de jóvenes a lo que se ha bautizado como Plan Sumangali (la palabra tamil sumangali se aplica a las mujeres solteras que aspiran a casarse, ser felices y verse colmadas de bienes materiales).

De las cuatro grandes fábricas manufactureras que copan la producción en ese estado indio citadas en el informe -Eastman Exports, SSM India, Bannari Amman Group y KPR Mill-, Eastman Exports tiene entre sus principales clientes a Inditex, El Corte Inglés y Cortefiel. Los autores del estudio, elaborado sobre el terreno con entrevistas a más de un centenar de empleadas y ex trabajadoras, además de sindicalistas, miembros de ONG's y académicos, revelan que ese conglomerado indio tiene 24 centros textiles y una capacidad de producción de seis millones de prendas de ropa interior al día y otros seis millones de pantalones, faldas y vestidos al mes.

Un portavoz oficial de El Corte Inglés reconoció ayer a El Confidencial que Eastman Exports es uno de los proveedores de la firma presidida por Isidoro Álvarez, pero aseguró que la compañía india ya ha abandonado las prácticas del Plan Sumangali y ha superado con éxito dos auditorías internacionales BSCI (Business Social Compliance Initiative), un sistema ideado por las grandes multinacionales para evitar auditorías múltiples y redundantes a sus principales suministradores. "Eastman Exports, según las auditorías BSCI, sólo comete ahora algunas infracciones leves", añadió el citado portavoz.

Jornadas laborales interminables

El informe Captured by cotton admite, en efecto, que Eastman Exports suprimió en 2010 el pago diferido a sus trabajadoras, pero añade a continuación que éstas sufren aún prácticas abusivas, muy cercanas a la explotación laboral, por parte de la compañía india. Entre otras, una semana laboral de 72 horas, con jornadas forzosas de 12 horas diarias durante los picos de producción y sin recibir a cambio compensación económica; libertad de movimientos estrictamente restringida al interior del complejo textil, que sólo pueden abandonar una vez al mes y bajo vigilancia; contratos exclusivamente verbales que son frecuentemente violados por la empresa y prohibición expresa de afiliarse a un sindicato.

Desde Inditex, por su parte, aseguraron que el informe fue analizado en junio de 2011 por la Ethical Trading Initiative (ETI), una organización internacional con sede en Londres que combate la explotación laboral, y de la que forma parte la multinacional gallega fundada por Amancio Ortega. "Inmediatamente se adoptaron acciones preventivas para impedir que cualquiera de las situaciones de riesgo señaladas en el informe se pudieran llegar a producir", señaló ayer un portavoz de la compañía. "Tras nueve meses de trabajo, el resultado final apunta a que las situaciones de riesgo están ahora monitorizadas y se persiguen de forma eficaz las irregularidades", añadió.

Precisamente el pasado miércoles, durante la presentación en Madrid de los resultados de Inditex en 2011, un periodista de la televisión pública francesa France 2 preguntó al presidente de la compañía, Pablo Isla, por qué permite el trabajo infantil en algunos de sus proveedores indios, y aseguró que la cadena emitirá en mayo un documental en el que supuestamente se demuestra que Inditex tolera la explotación de niños de 14 años. Isla respondió que esas preguntas eran "improcedentes" y estaban "fuera de lugar".

Por último, un portavoz de Cortefiel, otra de las firmas españolas que comercia con Eastman Exports, señaló que la compañía textil india "es un proveedor de clase A que cumple todos los certificados y que no está dando problemas". El mismo portavoz añadió que Cortefiel "no ha detectado esas deficiencias que menciona el informe", y que el grupo -propietario de marcas como Springfield, Women'secret o Pedro del Hierro- "no tolera en sus proveedores comportamientos socialmente inaceptables". Fuente El Confidencial

lunes, 26 de marzo de 2012

Los orígenes de la solución final, Christopher Browning

Los orígenes de la solución final, la evolución de la política antijudía de los nazis entre septiembre de 1939 y marzo de 1942 es el título de este magnífico ensayo del historiador norteamericano Christopher R. Browning, profesor de Historia en la Pacific Lutheran University de Tacoma (Washington), y uno de los más celebres especialistas en el antisemitismo nazi. Autor entre otras obras de Aquellos hombres grises. El batallón 101 y la Solución Final en Polonia.

Este libro es una edición francesa del 2007 en formato bolsillo, consta de casi 1000 páginas entre texto y notas dispuesto todo ello en 10 capítulos. Existe también una edición en lengua inglesa. El contexto temporal de la obra abarca desde la invasión de Polonia en septiembre de 1939 hasta dos meses después de la famosa Conferencia de Wansee celebrada esta última en enero de 1942. La evolución de la política antisemita de los nazis desde el comienzo de la guerra hasta la denominada Solución Final pasó por numerosas circunstancias y procesos y son a estos últimos a los que el profesor Browning aspira a ofrecer al lector un poco más de precisión y concreción que consiga aclarar con más detalle cómo se llegó a la idea del exterminio físico de los Judíos

Entrando ya a desglosar con más concisión la obra de Browning podemos de entrada afirmar que el autor norteamericano se une con este trabajo a las tesis que defienden los historiadores denominados funcionalistas, es decir, aquellos que sostienen la teoría de que los nazis perpetraron el genocidio Judío sobre la marcha, sin haber establecido un plan de antemano y a menudo plasmado sobre el terreno fruto de la improvisación. Por el contrario, los que se oponen a este aserto, los denominados intencionalistas, aquellos que piensan que los nazis siempre dispusieron de un plan de exterminio Judío desde que se crearon como movimiento político, se presentan como la parte contraria ante historiadores como Browning.

Si partimos de la base de que Browning basa su trabajo en las ideas funcionalistas, podemos hacernos una idea de por dónde va este trabajo. El autor norteamericano plantea que los nazis comenzaron en primer lugar, tras su invasión de Polonia, un plan de reorganización demográfica que comportaba el desplazamiento de millones de personas para establecer a los habitantes de origen alemán que se encontraban en la esfera de influencia germana. Este movimiento costó muchas vidas y acabó por generar más problemas, sobre todo logísticos, de los que pensaban los jerarcas nazis. Además, surgieron imprevistos, que no fueron otra cosa que la divergencia de intereses entre los propios gobernadores nazis provocando una sensación de desorden que no pasó inadvertida para hombres como Goering, Rosemberg, Himmler o el propio Heydrich. La idea de aglutinar a los Judíos en guetos hasta que fuera posible una emigración en masa a una isla como Madagascar o simplemente se lograra desplazarlos más hacia el Este, constituyeron la primeras consideraciones frente al problema Judío en los primeros meses de la contienda. La invasión alemana de la Unión Soviética lo cambió todo, la radicalización de la guerra conllevó también a un extremismo sin igual la política nazi Judía. A partir de ahora se daban las condiciones necesarias para llevar hasta las últimas consecuencias el proyecto exterminador nazi. Como podemos observar, se pasó de un intento de desplazamiento masivo a una destrucción total física de los Judíos. Browning nos explica con detalle cuáles fueron los mecanismos humanos, intelectuales y coyunturales que comportaron tales medidas. Además de todo esto, el papel jugado por Hitler en todas estas acciones no pasa desapercibido, Browning analiza las opiniones públicas que sobre este tema mostraba aquél y asocia estos comentarios con la evolución aniquiladora que sus hombres perpetraron sobre el terreno. Sin duda, el papel jugado por Hitler fue determinante para que la política exterminadora fuese alcanzando niveles monstruosos conforme avanzaba la guerra.

En defintiva, Browning nos ofrece un grandioso estudio sobre los pasos seguidos hasta la llamada Solución Final, nos explica cómo, cuándo y por qué se desarrolló el Holocausto hasta sus últimas consecuencias. Sin los problemas preliminares tras la invasión de Polonia no habría habido una política progresiva de exterminio al ocupar la URSS, todo tuvo su trayecto y nada parece demostrar que existiese una política aniquiladora como tal antes de que la guerra estallase. Esta es la tesis principal de este ensayo que no tiene desperdicio. Fuente: Hislibris

La capital mundial de la violencia sexual


Diariocrítico/Agencias 24/03/2012

La joven periodista congoleña Caddy Adzuba, galardonada con varios premios internacionales por su trabajo en favor de la libertad de prensa, se pregunta por qué los medios de comunicación occidentales no se preocupan por la situación de su país, un territorio devastado donde más de 300.000 mujeres, muchas de ellas niñas, son víctimas de violencia sexual a menudo brutal, donde la violación se ha convertido en arma de guerra y donde hombres armados queman las casas y arrebatan sus bienes a la población.

Los medios, según clama, se interesan por la primicia y no hacen seguimiento ni prestan atención a las consecuencias. Por eso se explica que la República Democrática del Congo (RDC) fuera noticia hace unos años, al inicio del conflicto armado que se desató en el 96, y hoy haya caído en el más absoluto olvido.

"No sé por qué. Esos mismos medios sí tienen interés por todo lo que ocurre en Oriente: Irak, Pakistán, Afganistán, Israel, Palestina... No llego a explicarme esta discriminación mediática. ¿Es que el África negra no es interesante? Sin embargo, nadie ignora que los medios influencian las decisiones políticas en el plano internacional. Nos falta el apoyo extranjero en nuestra lucha", implora.

Caddy Adzuba, comprometida en la defensa de los derechos humanos, y en especial de las mujeres y la infancia en materia de conflicto, ha participado este sábado en el II Encuentro 'Mujeres que transforman el mundo', que se celebra en Segovia hasta el 1 de abril.

Lo ha hecho desde la distancia, a través de una videoconferencia desde su país, donde precisamente por su activismo le negaron el visado que le permitiría asistir a la entrevista con la periodista Mayte Carrasco, a la que hoy se ha sumado la ex corresponsal Rosa María Calaf. "He aquí una vez de tantas en que los derechos de asistir libremente a encuentros para cambiar el mundo son violados por unos principios, no se sabe cuáles", lamenta en una entrevista con Europa Press esta joven, amenazada de muerte en otras ocasiones.

Adzuba trabaja en Okapi, radio de la Misión de Naciones Unidas, de renombre en África central, que ella utiliza como altavoz para denunciar "aquello que no va bien" y la incesante violación de los derechos de la mujer. Cada día se levanta para trabajar con, por y para la población en búsqueda de la paz y el respeto a la dignidad de las personas, no sólo de las féminas, "las primeras víctimas", sino también de los hombres, pues son muchos los que están siendo asesinados en ataques armados. Su oficina, dice, "son las calles, los pueblos castigados y los rincones peligrosos".

Desde la Asociación de Mujeres de Medios, sensibiliza además a la opinión sobre la violencia de género y lleva su alegato a las autoridades políticas nacionales para que se impliquen en el restablecimiento de los derechos de la mujer.

"La situación es preocupante. Aunque se desarrollan actividades con organizaciones feministas y sociedad civil, nada cambia, la violencia de género y los ataques sexuales continúan", asegura la congoleña, quien reconoce que, tras ratificar el Gobierno informes jurídicos sobre la protección de la mujer, en algún momento ha tenido la esperanza de que su labor diaria iba a ser el principio del cambio, pero que a la hora de la verdad, sobre el terreno, las féminas carecen de representación tanto en la vida política --menos del ocho por ciento ocupa un escaño en el Parlamento-- como en los cargos directivos de las empresas.

En la antigua Zaire, como ella, muchas mujeres están realmente concienciadas del problema del género y la igualdad. Hay entidades creadas para esta lucha y las féminas se organizan para sensibilizar a la opinión nacional e internacional. En 2010, de hecho, la Marcha Mundial de las Mujeres se celebró allí, en Sud-Kivu, lo cual --dice Azduba-- "es la prueba de que las congoleñas se movilizan para decir 'no' a la deplorable situación en la que se encuentra el 80 por ciento".

Sin embargo, según advierte, aún siete de cada diez mujeres no comprenden la situación que viven y piensan que no deben participar en la vida política. "No comprenden que es a través de ellas que el cambio es posible en RDC. Las féminas son desde años violadas por militares y milicias extranjeras y el gobierno de hombres no ha cambiado nada, pero estamos convencidas de que una mujer que se haga con la confianza de la población será capaz de negociar la paz y el fin de la guerra", señala la periodista, quien se apena porque en el medio rural y ciertas intelectuales todavía "no son conscientes de esta estrategia".

Haciendo referencia al título del encuentro, Caddy Adzuba se aferra a la idea de que las mujeres bien podrían cambiar el mundo. "Sólo hace falta que se unan y se decidan a pasar a la acción. Es simplemente cuestión de reflexionar sobre estrategias comunes en África, Europa, América y Asia. Nosotras representamos una gran fuerza de disuasión e influencia que debemos saber capitalizar", exclama.

El encuentro con Adzuba, celebrado en la Cárcel Centro de Creación, ha contado con la proyección del trabajo audiovisual 'PourQuoi?', de la artista española Ouka Leele. Producida por María Isabel Caparrós (Bettina), esta película de 19 minutos refleja la situación de la mujer en RDC a través del relato en primera persona de la joven congoleña. 

La "capital mundial de la violencia sexual"

La República Democrática del Congo (RDC) es un país inmerso en un clima de inestabilidad constante. Considerado el país más pobre del mundo según el Índice de Desarrollo humano de 2011, la guerra civil en la que está sumido parece no acabar nunca. Su actual presidente, Joseph Kabila, anunció a su llegada al poder en 2005 que pacificaría el país, algo que a día de hoy está muy lejos de producirse.

El ejército de la RDC no cuenta con una unidad de mando única sino con una serie de grupos que actúan autónomamente. Además, como el Estado no tiene dinero para mantenerlo, los militares expolian pueblos como las milicias hacían antiguamente, lo que hace prevalecer un estado de tensión constante en el país.

Este clima de inestabilidad se traduce frecuentemente en abusos contra los derechos humanos, entre los que se incluyen las constantes violaciones a mujeres a manos de grupos armados. Amnistía Internacional aseguraba en 2009 que la RDC era el país con mayor número de violaciones a mujeres por parte de grupos militares. Estas agresiones suelen ser utilizadas como tácticas de guerra y, en la mayoría de las ocasiones, quedan impunes.

Marie, de 37 años, salió una mañana de septiembre de 2010 a recoger plátanos como en tantas otras ocasiones. “En un cierto momento llegaron dos soldados a la plantación. Me detuvieron y me dijeron que si hablaba me matarían. Se oían disparos a lo lejos, así que supuse que estaban atacando el pueblo. Uno de los soldados me violó seis veces. Insistió en que lo llevara a mi casa. Al volver al pueblo, vi a unos soldados saqueando las casas. El que me acompañaba se llevó de la mía un colchón, cuatro cabras y cuatro gallinas. Luego se marchó. Saquearon todo el pueblo [...]”. 

Pese a lo terrible del suceso, Marie asegura que su principal preocupación es sobrevivir y conseguir atención médica. “Mis hijos no pueden ir a la escuela porque lo he perdido todo”. Obtener justicia no es lo prioritario para ella.

En enero de 2011, miembros del ejército violaron a 35 mujeres, saquearon y abusaron de los habitantes de Fizi, Kivu Meridional. En este caso, y debido a la mayor repercusión internacional del ataque, fueron detenidos 11 militares, entre ellos el coronel Kibibi Mutware. Los tribunales, financiados por organizaciones internacionales, condenaron al coronel y a otros tres oficiales a 20 años de prisión por crímenes de lesa humanidad y a otros cinco oficiales a penas de entre 10 y 15 años de cárcel.

“Esta condena es un paso en la dirección correcta”, 
declaraba tras la sentencia entonces, Claire Morclette, adjunta de investigación y acción de la RDC para Amnistía Internacional.

Pero esta sentencia es una excepción en la RDC. En el país, el poder judicial dista de ser independiente, y jueces y funcionarios son objeto de amenazas por parte de las autoridades. Los oficiales protegen a los soldados y la cúpula política y militar protege a los altos mandos. La corrupción es endémica en el sistema judicial. Cuando las demandas llegan a juicio, las sentencias rara vez se aplican.

Sophie, de 45 años y madre de siete hijos, fue violada en 2005 por miembros de las Fuerzas Democráticas para la Liberación de Ruanda y, en octubre de 2009, durante un ataque de las Fuerzas Armadas de la República Democrática del Congo (FARDC), que provocó la huida en masa de todos sus convecinos.

“Quisiera presentar una denuncia, pero no sé por dónde empezar. Vi a unos abogados llegar en unos vehículos de la ONU para hablar de lo sucedido. No sé quiénes son. Pero no tengo testigos de lo que me pasó y no puedo identificar a los responsables. Ojalá castigaran a los responsables; eso animaría al resto de la población a denunciar lo que les sucede”.

viernes, 23 de marzo de 2012

El fin del capitalismo, según Wallerstein


Russia Today (04.10.11) entrevistó a Immanuel Wallerstein —sociólogo y seguidor de la escuela del historiador Fernand Braudel—, quien en esa ocasión ha dictado la sentencia final del capitalismo como sistema: su desintegración es irreversible, pues está a la vista el final de su declive iniciado en la década de los años del siglo pasado y cuya lenta agonía tomará entre veinte y cuarenta años más: El capitalismo moderno alcanzó el fin de la cuerda. No puede sobrevivir como sistema y por ello pasa por la etapa final de una crisis estructural de larga duración. No es una crisis de corto plazo, sino un despliegue estructural de grandes proporciones.
Primero el centro de pensamiento estratégico belga Dedefensa.org y hoy el analista político Alfredo Jalife en su columna bisemanal en el diario mexicano La Jornada y en la Red Voltaire, analizan las ideas de Wallerstein en la línea del pensamiento braudeliano, en cuya escuela el entrevistador se inscribe, relativo a las transiciones entre los poderes hegemónicos, que aborda su asociado recientemente fallecido Giovanni Arrighi en su libro Caos y Gobernación en el Sistema Moderno Mundial (Minnesota Press; 1999). Wallerstein considera que el mundo se encuentra en una fase de transición a otro sistema y la verdadera batalla política que se escenifica versa ya sobre el sistema que sustituirá al capitalismo.
Hace mucho Wallerstein había anticipado correctamente el fin del modelo neoliberal, pero nunca había atravesado nítidamente el Rubicón al dictar al capitalismo la sentencia irrevocable de su final como sistema.
¿Dónde queda, entonces, el axioma de que el capitalismo, por su carácter proteiforme, es capaz de adaptarse a todas las crisis y circunstancias?, pregunta el maestro Jalife.
A lo largo de muchos años Jalife ha sostenido, contra todos los vientos y las mareas, que no era un resfriado lo que ralentizaba el paso del capitalismo y ni siquiera una crisis coyuntural; se trata de un cambio de paradigma que obliga a reflexionar sobre el inalienable valor transcendental del ser humano por encima de las peores contigencias adversas (guerras, mercados, especulación desenfrenada, financierismo, economicismo, mercantilismo, consumismo, hipermaterialismo, tecnología sin bioética, depredación ambiental, desinformación oligopólica), lo cual ha puesto en evidencia, a la vez, la crisis de la civilización de procedencia judía y griega, cuyos valores espirituales sucumbieron en aras del neoliberalismo. El site Dedefensa. org (05.10.11) opina que Wallerstein se ha olvidado de esos valores que son los primeros que deberán restaurarse.
Son los valores que han impregnado la idea de bien en el occidente judeo cristiano, que aparece inmaculada en la teoría de las ideas modélicas de Platón en su Timeo, luego retomadas por Goëthe en su Fausto, por Dostoyevsky en su El jugador y por El mercader de Venecia de Shakespeare.
Wallerstein anhela el reemplazo del capitalismo por un mundo más democrático e igualitario como nunca antes ha existido en la historia mundial, pero que es posible. La opción contraria sería un sistema desigual, polarizante, explotador que no sea capitalista necesariamente, pero dentro del cual pueda haber mecanismos de control peores que los el capitalismo, como los puestos en marcha por la psicopolítica o el comportamentalismo.
Ya el historiador británico Eric Hobsbawm, señala otra vez Jalife, había anticipado el retorno pendular del marxismo como opción, pues no hay mayor claridad que la que ofrece el marxismo clásico, por boca de su fundador Marx, cuando expresaba que el capitalismo lleva en su seno el germen de su propia destrucción. Pero esa destrucción que es la que estamos viendo, es traducida como depredadora de sí misma, sin que la vanguardia revolucionaria que el propio Kart Marx anunció en su Manifiesto del partido comunista haya sido capaz de organizarse. Por eso nos adherimos a la noción del proceso autodestructivo siguiendo las convulsiones que ya presenciamos del caos mayor, y cualquiera que sea su duración autoeliminatoria, a nosotros nos toca poner a salvo los valores de la cultura predecesora del neoliberalismo que Wallerstein se abstiene de reivindicar.
Wallerstein recurre a la bifurcación del sistema para explicar el fin del capitalismo y el surgimiento de un nuevo sistema: sus raíces se encuentran en la imposibilidad de continuar el principio básico del capitalismo que es la acumulación del capital y que ha funcionado de alguna forma maravillosamente durante 500 años. Ha sido un sistema extremadamente exitoso, pero que ha terminado por deshacerse a sí mismo porque su clase dirigente y sus élites políticas son incapaces de resolver el problema de incertidumbre en el que se han metido.
Cuando se llega al cruce de caminos significa que en “algún punto, la cosa se cae y entramos a una situación nueva y relativamente estable –se acaba la crisis y nos encontramos dentro un nuevo sistema”, dice el entrevistado y ese dicho lo recoge Jalife.
Alerta que la transición aparentemente paralizada entre la muerte del capitalismo y el nacimiento de un nuevo sistema comporta peligros considerables puesto que coloca en evidencia a un sistema que se desploma con la ausencia de una perspectiva de sustitución, aún a corto plazo.
En la opinión de Jalife, esta situación es patéticamente palmaria en geopolítica: los multipolares BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), pese a su enorme potencialidad y el prestigio de su poder geoeconómico presente, sin mencionar a su disuasión nuclear, se han visto disfuncionales e impotentes para derribar el caduco orden unipolar de EU, que sigue propagando el caos financierista.

Wallerstein recurre a la dualidad griega entre determinismo y libre albedrío

Cuando el sistema es relativamente estable, está relativamente determinado como sistema en el que existe un relativamente limitado libre juego. Pero cuando el sistema es inestable y entra en crisis estructural, irrumpe el libre albedrío y los actos individuales importan realmente de una manera que no lo habían sido en medio milenio, lo cual es extremadamente peligroso ya que todo es impredecible a un plazo mayor que el corto, como lo expresa la ciencia de la incertidumbre. Esto desemboca en la parálisis, patente en la economía cuando los inversores han cesado de confiar en el marcado para reinvertir sus excedentes monetarios.
Siguiendo a Jalife, la economía, hoy devorada por los monstruos financieristas, se ha paralizado porque desembocó en una aporía –es decir, una irresoluble paradoja de impasse mental–, para no decir que sucumbió a la demencia absoluta cuando la bancocracia europea (en realidad, el financierismo transatlántico) exige a la Grecia de la OTAN optar por el suicidio físico para ser salvados financieramente.
Los griegos modernos, candidatos a la distanasia (que es la peor de las muertes: término que usaba Jalife en las clases que solía impartir de bioética, asignatura que importó de Estados Unidos a México y que vulgares plagiarios pretenden expropiar), representan simbólicamente al 99 por ciento de la humanidad que desea exterminar al uno por ciento de la plutocracia global, como ha sido disecado por los indignados de Wall Street, que se han sumado a la corriente planetaria de liberación ciudadana.
Pero no es tan grave: en una coyuntura de sequía de pensamiento, desde la política hasta la filosofía, debido a la descerebración a la que incurrió deliberadamente la desregulada globalización financierista, urge rescatar a los pocos pensadores que sobrevivieron el naufragio mental del infectado intelecto occidental excesivamente bursatilizado, mucho peor en sus alcances culturales que el doble cataclismo del financierismo y el economicismo.

Wallerstein sentencia el fin del capitalismo y el inicio de la gran incertidumbre

A propósito de la crisis del capitalismo: según Wallerstein es la crisis final, y la batalla en marcha no es sobre el destino del capitalismo en sí, sino de lo que va a reemplazarlo…“El capitalismo moderno ha llegado al final de su camino. No es capaz de sobrevivir como sistema,” Wallerstein y agrega: “Lo que estamos viendo es la crisis estructural del sistema. Una crisis estructural que comenzó en la década de los setentas del siglo XX y que mantendrá sus nefastos estertores por diez, veinte o cuarenta años. No es una crisis a resolver en el curso de un año o un momento. Se trata, pues, de la mayor crisis de la historia. Estamos en la transición a un sistema nuevo y la lucha política real que se ha desatado en el mundo con el repudio de la gente, no plantean el nuevo curso del capitalismo, sino sobre el sistema que habrá de reemplazarle”.
En la medida que, para Wallerstein, el capitalismo está en vía de extinción y en tanto que la batalla que hoy se libra es para preparar el modelo económico de reemplazo, la cuestión es la vía a seguir para sustitur eficazmente al capitalismo. “Estaríamos cerca de un mundo relativamente más democrático e igualitario – esta es una perspectiva” aseveró y luego dijo: “Jamás estuvimos en una situación similar en la historia mundial, pero es posible. La otra perspectiva mantener el sistema de explotación, que es inequitativo, desigualitario porque polariza la desigualdad. El nuevo sistema podría no ser el capitalismo. Capitalismo es eso que vemos caer. Pero hay asimismo alternativas peores que dentro del capitalismo”.

La crítica de Philippe Grasset (Dedefensa. org)

Wallerstein hace una descripción técnica, económica de la manera en que el cambio podría implantarse, entre le capitalisma en vías a un nuevo sistema. Se trata de un proceso que el entrevistado denomina “bifurcación”. “Es lo que técnicamente se ha llamado una bifurcación de un sistema”, dijo. “Sus raíces están en muchos aspectos separadas de la continuación de los principios básicos del capitalismo, que es concebido como acumulación de capital. Este es el punto central del sistema. Un sistema que ha trabajado maravillosamente en ciertas etapas en el medio milenio que lleva de existencia. Ha sido un sistema exitoso, pero ha dejado de funcionar como ocurre con todo sistema”. “Lo que ocurre en una bifurcación es que en algún punto del crucero, el sistema queda anclado en una nueva situación estable – la crisis ha terminado; estamos en el nuevo sistema”.
En suma, Wallerstrein describe los peligros, que en su opinión son considerables, del proceso de cambio, lo que implica por una parte la inhumación del capitalismo y, por otra parte, el nacimiento y la instalación de un nuevo sistema. La situación contiene riesgos porque es inevitable un período de parálisis entre el sistema que desaparece y el nuevo La presión sistémica ejercida por el sistema económico y político ha llevado a la fragmentación de sus diferentes opciones y concepciones; y en tanto que el hundimiento del atlantismo abre el camino a la verdad de la situación, es decir, a un sistema general del que nadie escapa, y que está a punto del hundimiento, engendrando a su paso una diversidad de reacciones críticas ciertas. De alguna manera, el enemigo principal ha cambiado: Entre 2001-2007 se trató del sistema anglosajón y su concepción del capitalismo ahora le toca al sistema general mismo, o lo que denominan los belgas la “Contra-Civilización”. Una cadena de ideas inevitables que no son subrayadas por el entrevistado. Por ello los estrategas belgas proponen que seamos mayormente críticos de Wallerstein.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Escapar con vida de los "campos de la muerte" de Corea del Norte


Shin Dong-hyuk, el único hombre que ha conseguido escapar con vida de los ‘campos de la muerte’ de Corea del Norte, vivió durante 23 años en el Campo 14, una de las prisiones para disidentes políticos más duras y mortales del país. Para escapar tuvo que trepar sobre el cadáver de un amigo para saltar al otro lado de una verja electrificada. Consiguió llegar a Corea del Sur y ahora cuenta su experiencia en un libro que saldrá a la venta el 29 de marzo.

Su único crimen fue nacer en una familia en la que dos de sus miembros habían huido a Corea del Sur durante la guerra. La condena: cadena perpetua, desde el día de su nacimiento hasta el de su muerte. Sin embargo, tras 23 años atrapado en el Campo 14, el más temible de los de los ‘campos de la muerte’ en los que el régimen norcoreano encierra a los disidentes políticos, Shin Dong-hyuk decidió que era el momento de escapar a su destino.

Después de presenciar el fusilamiento de su madre y su hermano, Shin se convenció de que debía huir. Así se convirtió en el único hombre que ha sobrevivido a uno de los múltiples gulag construidos por el régimen de Pyongyang y en los que, según la inteligencia estadounidense, podría haber hasta 200.000 presos obligados a realizar trabajos forzosos para pagar una supuesta traición al Estado.

La dramática fuga de Shin es el corazón de ‘Huida del Campo 14’, el libro en el que el periodista estadounidense Blaine Harden relata como el joven norcoreano consiguió escapar de su prisión: un enorme complejo de alta seguridad de más de 50 kilómetros de largo y 20 de ancho en el que cerca de 15.000 reos explotan sin descanso minas, granjas y fábricas.

Shin nació en el Campo 14 y, aunque nunca conoció una vida distinta, pronto comenzó a ser consciente de que vivía una pesadilla. “Su primer recuerdo es el de una ejecución”, escribe Harden al inicio de su relato. Por aquel entonces tenía sólo cuatro años.

Un día, mientras caminaba por los campos de trigo en los que trabajaba su madre, vio un montón de prisioneros arremolinados, algo poco común en el Campo 14. Allí las reuniones de más de dos reclusos están prohibidas, excepto en los ajusticiamientos, que son públicos y los reos están obligados a presenciarlos.

Shin se hizo un hueco hasta la primera fila y fue testigo de cómo un grupo de guardias ataban a un hombre a un palo de madera y lo acribillaban ante la mirada aterrorizada del resto de los presos. Esta sólo fue la primera de la docena de ejecuciones que presenció durante su estancia en el Campo 14, incluida la de su propia familia, acusada de conspirar para fugarse.

Cualquiera que supiese de un plan de escape y no lo pusiera inmediatamente en conocimiento de los guardias, era condenado a muerte. Y es que, en el Campo 14 cualquier incumplimiento de las normas se pagaba con la vida, incluso un simple roce no autorizado entre un hombre y una mujer.

La vida en el infierno

Nada más ingresar en el ‘campo de la muerte’, los presos eran segregados por sexos. Trabajaban juntos, pero dormían en lugares separados y, según la norma número 8 del código de la cárcel, “ante cualquier contacto físico sin permiso, los culpables serán fusilados de inmediato”. Los rectores de la prisión premiaban "con una pareja" la fidelidad de los reos.

A los menores se les inculcaba que estaban allí para “pagar por los pecados de sus padres” y que el trabajo duro y la obediencia a los vigilantes eran las únicas fórmulas para “borrar la culpa”. Se les inculcaba que sus familiares eran feroces competidores en la lucha por la comida y los guardias les educaban para ser chivatos. Las ratas, las ranas, las serpientes o los insectos eran un pilar clave en la dieta de supervivencia.

Pese a todo, Shin y su madre eran afortunados. Disfrutaban de los alojamientos más lujosos de este gulag a 50 kilómetros de Pyongyang: tenían su propia habitación, compartían una pequeña cocina con otras cuatro familias y disfrutaban del privilegio de contar con dos horas de electricidad al día. Eso sí, no disponían de agua corriente o muebles. Dormían sobre el frío cemento.

En el Campo 14 la jornada comenzaba a las 4 de la madrugada. Las mujeres, como la madre de Shin, se levantaban a esa hora para preparar el desayuno y la comida. Luego salían a trabajar en el campo, plantando o recogiendo arroz a pleno sol.

Los hombres eran empleados en tareas más físicas, como el transporte de la producción, la construcción o el manejo de maquinaria pesada. Así fue como Shin conoció al preso que le cambiaría la vida.

Una fuga desesperada

En octubre de 2004, el guarda capataz de la fábrica en la que trabajaba le hizo un encargo especial. Debía enseñar a un recién llegado, Park Yong Chul, el funcionamiento de las máquinas. Shin entabló enseguida amistad con Park, que le convenció de la necesidad de tramar un plan para fugarse.

Su nuevo amigo le abrió la mente al mundo exterior al joven nacido en cautividad y le explicó la historia de las dos Alemanias tras la Segunda Guerra Mundial y cómo los disidentes de Berlín arriesgaban su vida para saltar el muro que dividía la ciudad y huir hacia un futuro mejor.

Aquel relato no dejó de resonar en la cabeza de Shin hasta que un día, mientras podaba unos árboles junto a Park frente al perímetro exterior del campo de concentración, decidieron que era el momento de salir de allí: nadie les vigilaba, el puesto de guardia más cercano estaba a varios centenares de metros y sólo una valla electrificada les separaba de la libertad.

Park, valiente, saltó primero. No lo consiguió y quedó atrapado entre los alambres. Una fuerte descarga eléctrica acabó con su vida. Shin, que entonces contaba con 23 años, trepó por el cuerpo de su amigo para saltar al otro lado y corrió sin mirar atrás.

De manera clandestina, consiguió llegar a China y, de ahí, a Corea del Sur. Ahora vive en California, donde trabaja como embajador de paz para la ONG Libertad en Corea del Norte. Fuente: La Información

jueves, 15 de marzo de 2012

Fabricando la disidencia


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Michel Chossudovsky describe los mecanismos utilizados por las corporaciones capitalistas y sus gobiernos para financiar la disidencia y desviar al verdadero movimiento popular.
El Foro Social Mundial y el Foro Económico Mundial, las ONG’s y movimientos de oposición a la globalización son controlados por las mismas fuerzas ante las cuales protestan.
Capitalismo Global financia el movimiento anti-capitalista: una relación absurda y contradictoria

“Otro mundo es posible”, pero no puede ser alcanzado de manera significativa en el marco del presente acuerdo. Una reorganización del Foro Social Mundial, de su estructura organizativa, sus mecanismos de financiación y el liderazgo son necesarios. No puede haber ningún movimiento de masas que tenga sentido cuando la disidencia es generosamente financiada por los mismos intereses corporativos que tienen como objetivo limitar y eliminar el movimiento de protesta. En las palabras de McGeorge Bundy, presidente de la Fundación Ford (1966-1979), “Todo lo que la Fundación Ford hace se podría considerar como mecanismos para hacer el mundo seguro para el capitalismo corporativo”.

Fuente
Biblioteca Solidaria

lunes, 12 de marzo de 2012

El pensamiento de Giordano Bruno ante los fundamentalismos

Reconoce fraile dominicano que la idea de creer en la verdad absoluta provoca la muerte de la propia religión, ciencia, filosofía, etc.
 
Notimex
Publicado: 10/03/2012 13:40

Roma. A 412 años de que Giordano Bruno fuera quemado en la hoguera acusado de herejía por la Santa Inquisición, su pensamiento es aún vigente frente a la embestida de los fundamentalismos (entre ellos el religioso), que creen poseer la verdad absoluta, afirmó el profesor Nuccio Ordine.
En entrevista, Ordine, uno de los máximos expertos mundiales en la obra del filósofo, escritor y fraile dominicano italiano, resaltó que existe un creciente interés internacional en Bruno, como lo demuestran las nuevas traducciones de sus escritos en varios idiomas, incluido el chino.
"En este momento estoy coordinando las traducciones de Bruno en China, en Japón, en Rusia, en Brasil, en Rumania, en Polonia, en España. Hay un interés planetario por la obra de Giordano Bruno", destacó.
Consideró que probablemente ello se debe a que temas que Bruno fundó están todavía a la orden del día, como el religioso, pues el filósofo nacido en 1548 en Nola -sur de Italia- vivió en el Renacimiento el drama y la tensión de las guerras de ese cariz que ensangrentaron a Europa.
"Bruno comprendió lo que es el fundamentalismo, es decir que la idea de poseer la verdad absoluta en religión o en cualquier campo, como la ciencia o la filosofía, provoca la muerte de la propia religión, la muerte de la ciencia, la muerte de la filosofía", subrayó el experto.
Resaltó que el fraile quemado en la hoguera de la plaza Campo dei Fiori de Roma, el 17 de febrero de 1600, combatió la idea de que existe una sola verdad absoluta, pues para él significaba una búsqueda continua.
"Para Bruno la vida del filósofo es ir en busca de la verdad que se le escapa continuamente. Su posición es contra los fundamentalismos religiosos, contra una idea de verdad absoluta, que es una cosa de gran apertura" vigente en el mundo actual, dijo Ordine.
Dijo que a diferencia de lo que dicen pensadores que creen poseer la verdad absoluta, y quienes consideran nihilistas a los enemigos de ésta, Bruno planteaba la búsqueda de la verdad también como diálogo y tolerancia frente al otro.
Acotó que la prueba de que Bruno no era un nihilista fue su propia muerte, en la hoguera, a la que fue condenado por defender sus ideas.
Para el autor de obras como "El umbral de la sombra" (publicada en español), el problema es que cuando alguien cree poseer la verdad se siente autorizado a imponerla con la fuerza "por el bien de la humanidad".
En ese sentido, "Bruno consideraba que no existiendo una verdad absoluta, el hombre debe aprender a convivir con la multiplicidad y entonces debe aprender a dialogar con los otros", resaltó el experto, que ha impartido cátedra en universidades de alto prestigio como las de Yale, Harvard o Sorbona, además de ser profesor en la de Calabria.
Dijo que otro tema actual tratado por Bruno es el de la autonomía de la filosofía y la ciencia respecto a la religión, lo mismo que afirmaba que para conocer la naturaleza era necesario mirarla naturaleza y explicarla "iusta propria principia" (en palabras del filósofo renacentista Bernardino Telesio) y a nada más.
Indicó que otro punto importante por el cual Bruno es de gran actualidad tiene que ver con la unidad del saber, de la que fueron representante personajes como Leonardo Da Vinci o Miguel Angel Buonarrotti, que eran al mismo tiempo pintores, escultores, científicos o arquitectos.
"Bruno decía que si separamos los saberes se pierde una visión unitaria y global del universo, por lo que la ultra especialización, que es hoy un serio riesgo que corremos, lleva a una concepción del saber fuertemente especializado que estudia lo particular, pierde de vista lo universal", acotó.
Pero Bruno también se refirió a la filosofía como un modo de vivir y, según Ordine, "actualmente nuestro drama es que hay una escisión profunda entre el pensamiento, lo que yo pienso, y lo que yo soy".
Para el experto ello es muy evidente en el mundo de la política, en el que se habla de mérito, de honestidad y luego resulta que los políticos se comportan exactamente al contrario de lo que predican.
Igualmente, aseguró, vio con claridad que la filosofía y el pensamiento no pueden ser sometidos al dinero y a la ganancia, sino que deben ser libres, pues cuando los filósofos comienzan a ser pagados y a estar al servicio de un interés, ello significa el fin de la filosofía.
"Esto es vigente, porque cuando la ciencia no es libre porque los gobiernos se desentienden de la llamada investigación de base y piden a las universidades financiarse privadamente, significa que la investigación se pone al servicio de la tecnología y del mercado", concluyó.
Giordano Bruno (1548-1600), filósofo y poeta renacentista italiano, estudió en la orden de predicadores la filosofía aristotélica y la teología tomista, pero los abandonó en 1576 para evitar un juicio en el que se le acusaba de desviaciones doctrinales e inició una vida errante que le caracterizaría hasta el final de sus días.
Visitó Génova, Toulouse, París y Londres, donde residió dos años, de 1583 a 1585, su periodo más productivo, al escribir La cena de las cenizas, Del universo infinito y los mundos, Sobre la causa, el principio y el uno y Los furores heroicos. Posteriormente reinició su errancia, que lo llevó a París, Marburgo, Wittenberg, Praga, Helmstedt y Frankfurt.
Su siguiente parada fue su tierra, Italia, donde fue denunciado ante la Inquisición de herejía, de lo que tras un largo proceso fue sentenciado a morir en una pira en Campo dei Fiori, Roma.

Auge, caída y resurgimiento de China como potencia global


Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández
Los estudios sobre la potencia mundial aparecen contaminados de la visión de los historiadores eurocéntricos, que distorsionaron e ignoraron el papel dominante que China jugó en la economía mundial entre 1100 y 1800. La brillante investigación histórica sobre la economía mundial a lo largo de ese período realizada por John Hobson [1] proporciona una abundancia de datos empíricos que defienden la superioridad económica y tecnológica de China sobre la civilización occidental durante buena parte del milenio referido antes de su conquista y decadencia en el siglo XIX.
La reaparición de China como potencia económica mundial plantea importantes preguntas sobre qué podemos aprender de su anterior auge y caída y sobre las amenazas externas e internas a las que puede enfrentarse esta superpotencia económica emergente en el futuro inmediato.
En primer lugar, vamos a trazar los contornos principales del auge histórico de China hasta su superioridad económica global sobre Occidente antes del siglo XIX siguiendo estrechamente el relato de John Hobson en The Eastern Origins of Western Civilization. Debido a que la mayoría de los historiadores económicos occidentales (liberales, conservadores y marxistas) han presentado a la China histórica como una sociedad estancada, atrasada y provinciana, un “despotismo a la oriental”, es preciso hacer ciertas detalladas correcciones. Y es especialmente importante subrayar cómo China, la potencia tecnológica mundial entre 1100 y 1800, hizo posible la aparición de Occidente. Fue solo tomando prestadas y asimilando las innovaciones chinas que Occidente pudo llevar a cabo la transición al capitalismo moderno y a las economías imperialistas.
En segundo lugar, analizaremos y discutiremos los factores y circunstancias que llevaron a la decadencia china en el siglo XIX y su consiguiente dominación, explotación y pillaje por parte de los países imperiales occidentales, primero Inglaterra y después Europa, Japón y los EEUU.
En tercer lugar, señalaremos brevemente los factores que llevaron a la emancipación china del dominio colonial y neocolonial y analizaremos su reciente auge hasta convertirse en la segunda mayor potencia económica global.
Finalmente, consideraremos las amenazas pasadas y presentes al auge de China como potencia económica global, subrayando los parecidos entre el colonialismo británico de los siglos XVIII y XIX y las actuales estrategias imperialistas de EEUU, centrándonos en las debilidades y fortalezas de las pasadas y presentes respuestas chinas.
China: Auge y consolidación como potencia global (1100-1800)
En un formato comparativo sistemático, John Hobson proporciona una abundancia de indicadores empíricos que demuestran la superioridad económica global de China sobre Occidente y, en particular, sobre Inglaterra. Estos son algunos de los hechos destacados:
  • Ya en el año 1078, China era el mayor productor de acero (125.000 toneladas); mientras que Gran Bretaña produjo, en 1788, 76.000 toneladas. Y China estaba a la cabeza del mundo en innovaciones técnicas para la fabricación de textiles siete siglos antes de la “revolución textil” del siglo XVIII de Gran Bretaña.
  • China era la principal nación en el sector comercial, con un comercio a larga distancia que llegaba hasta la mayor parte del Sur de Asia, África, Oriente Medio y Europa. La “revolución agrícola” y la productividad superaron las de Occidente hasta el siglo XVIII.
  • Sus innovaciones en la producción de papel, imprenta, armas de fuego y herramientas la convirtieron en una superpotencia manufacturera cuyos productos se transportaban por todo el mundo a través del más avanzado sistema de navegación. China poseía el mayor número de barcos comerciales en el mundo. En 1588, los buques ingleses más grandes desplazaban alrededor de 400 toneladas, los de China 3.000 toneladas. Incluso hasta finales del siglo XVIII, los comerciantes chinos disponían de 130.000 buques privados de transporte, varias veces los de Gran Bretaña. China conservó su posición preeminente en la economía mundial hasta principios del siglo XIX.
  • Los fabricantes británicos y europeos seguían el ejemplo de China, asimilando y adoptando sus más avanzadas tecnologías y estaban ansiosos por penetrar en el avanzado y lucrativo mercado chino.
  • La banca, la economía con papel moneda estable, la industria manufacturera y los altos rendimientos en la agricultura hicieron que el ingreso per capita de China igualara el de Gran Bretaña en 1750.
  • La posición global dominante de China se vio desafiada por el auge del imperialismo británico, que había adoptado las avanzadas innovaciones tecnológicas, de navegación y mercado de China y otros países asiáticos a fin de eludir las primeras etapas para llegar a convertirse en una potencia mundial [2].
El imperialismo de Occidente y la decadencia de China
La conquista imperial británica y occidental del Oriente se basó en la naturaleza militarista del estado imperial, en sus no recíprocas relaciones económicas comerciales con los países de ultramar y en la ideología imperial occidental que motivó y justificó las conquistas en el exterior.
A diferencia de China, fue la política militar la que impulsó la revolución industrial británica y la expansión exterior. Según Hobson, durante el período 1688-1815, Gran Bretaña estuvo implicada en guerras durante el 52% de ese período [3]. Mientras que los chinos confiaban en sus mercados abiertos y en su producción superior y sofisticadas técnicas bancarias y comerciales, los británicos acudieron a la protección arancelaria, a la conquista militar, a la destrucción sistemática de empresas competitivas extranjeras, así como a la apropiación y saqueo de recursos locales. El predominio global chino se basaba en beneficios recíprocos con sus socios comerciales, mientras que Gran Bretaña dependía de ejércitos mercenarios de ocupación, de la represión salvaje y de la política de “divide y vencerás” para fomentar rivalidades locales. Frente a la resistencia de los nativos, los británicos (así como otras potencias imperiales occidentales) no dudaron en exterminar a comunidades enteras [4].
Incapaces de apoderarse del mercado chino a través de la competitividad económica, Gran Bretaña se apoyó en un poder militar brutal. Movilizó, armó y envió mercenarios, desde sus colonias en la India y más lugares para forzar a China a aceptar sus exportaciones e imponer tratados injustos con tarifas más bajas. Como consecuencia, China se vio inundada del opio británico producido en las plantaciones británicas en la India, a pesar de las leyes chinas que prohibían o regulaban la importación y venta de narcóticos. Los gobernantes chinos, acostumbrados desde hacía mucho tiempo a su superioridad manufacturera y comercial, no estaban preparados ante las “nuevas normas imperiales” para hacerse con el poder global. La disposición de Occidente a utilizar el poder militar para establecer colonias, saquear recursos y reclutar ejércitos inmensos de mercenarios dirigidos por oficiales europeos anunció el fin de China como potencia mundial.
China había basado su predominio económico en la “no interferencia en los asuntos internos de sus socios comerciales. En cambio, los imperialistas británicos intervinieron violentamente en Asia, reorganizando las economías locales para ajustarlas a las necesidades del imperio (eliminando los competidores económicos, incluidos los más eficientes fabricantes indios del algodón) y se apropiaron del control del aparato político, económico y administrativo para establecer el estado colonial.
El imperio británico se construyó con los recursos saqueados a las colonias y mediante la militarización masiva de su economía [5]. Fue así como pudo afianzar la supremacía militar sobre China. La excesiva confianza de las elites gobernantes chinas en las relaciones comerciales obstaculizó su política exterior. Las elites de comerciantes y funcionarios chinos trataron de apaciguar a los británicos y convencer al emperador de que hiciera devastadoras concesiones extraterritoriales abriendo mercados en detrimento de los fabricantes chinos, a la vez que renunciaban a la soberanía local. Como siempre, los británicos favorecieron las revueltas y rivalidades internas desestabilizando aún más el país.
La penetración y colonización británica y occidental del mercado chino creó toda una nueva clase: Los compradores chinos ricos importaban productos británicos y facilitaban la apropiación de los mercados y recursos locales. El pillaje imperialista forzó la explotación, además de mayores impuestos, de las grandes masas de campesinos y trabajadores chinos. Los gobernantes de China se vieron obligados a pagar las deudas de la guerra y los déficits financieros comerciales impuestos por las potencias imperiales occidentales exprimiendo a su campesinado. Esto provocó hambre y revueltas entre los campesinos.
A primeros del siglo XX (menos de un siglo después de las Guerras del Opio), China había descendido de potencia económica mundial a convertirse en un destrozado país semicolonial con una inmensa población indigente. Los puertos principales estaban controlados por los funcionarios de las potencias occidentales y el campesinado estaba sometido al dominio de corruptos y brutales señores de la guerra. El opio británico esclavizó a millones de seres.
Los académicos británicos: Excelentes apologistas de la conquista imperial
Toda la profesión académica occidental –sobre todo los historiadores imperiales británicos- atribuyeron el dominio imperial británico de Asia a la “superioridad tecnológica” inglesa y la miseria y status colonial de China al “atraso oriental”, omitiendo cualquier mención al milenio de progreso y superioridad técnica y comercial de China hasta comienzos del siglo XIX. A finales de la década de 1920, con la invasión imperial japonesa, China dejó de existir como país unificado. Bajo la égida del dominio imperial, cientos de millones de chinos habían muerto de hambre o habían quedado desposeídos o masacrados. Toda la elite compradora “colaboracionista” china había quedado desacreditada a los ojos del pueblo chino.
Lo que quedó en la memoria colectiva de la gran masa del pueblo chino –totalmente ausente de los relatos de los prestigiosos académicos estadounidenses y británicos- fue la sensación de que China había sido en otro tiempo una potencia mundial próspera, dinámica e importante. Los comentaristas occidentales rechazaban esa memoria “colectiva” de la supremacía china como las locas pretensiones de una realeza y señores nostálgicos: la vana arrogancia Han.
China emerge de las cenizas de la humillación y el saqueo imperialistas: La revolución comunista china
El auge de la China moderna hasta convertirse en la segunda mayor economía mundial fue posible solo a través de los éxitos de la revolución comunista china de mediados del siglo XX. El Ejército Rojo de Liberación Popular derrotó primero al invasor ejército imperialista japonés y después al ejército nacionalista del Kuomintang, al que apoyaba el imperialismo estadounidense. Esto permitió reunificar China como estado soberano independiente. El gobierno comunista abolió los privilegios extraterritoriales de los imperialistas occidentales, puso fin a los feudos territoriales de los señores de la guerra y gángsteres regionales y expulsó a los millonarios propietarios de burdeles, a los traficantes de mujeres y drogas así como a otros “proveedores de servicios” al Imperio Europeo-Estadounidense.
La revolución comunista forjó el moderno estado chino en todos los sentidos. Los nuevos dirigentes procedieron entonces a reconstruir una economía arrasada por las guerras imperiales y saqueada por los capitalistas japoneses y occidentales. Después de 150 años de infamia y humillación, el pueblo chino recuperó su orgullo y dignidad nacionales. Los elementos socio-psicológicos eran esenciales para motivar a los chinos en la defensa de su país ante los ataques, sabotajes, boicots y bloqueos orquestados por EEUU inmediatamente después de su liberación.
A diferencia de lo que dicen los economistas neoliberales chinos y occidentales, el crecimiento dinámico de China no empezó en 1980. Empezó en 1950, cuando la reforma agraria proporcionó tierra, infraestructuras, créditos y asistencia técnica a cientos de millones de campesinos destituidos y trabajadores rurales sin tierras. Mediante lo que ahora se llama “capital humano” y una movilización social gigantesca, los comunistas construyeron carreteras, aeropuertos, puentes, canales y vías férreas así como industrias básicas, como la del carbón, hierro y acero, para formar la columna vertebral de la economía moderna china. Los inmensos sistemas sanitario y educativo gratuitos de la China comunista crearon una fuerza de trabajo saludable, educada y motivada. Su ejército, altamente profesional, impidió que EEUU extendiera su imperio militar a través de la península de Corea hasta las fronteras territoriales chinas. Al igual que los académicos y propagandistas occidentales del pasado fabricaron una historia acerca de un imperio “estancado y decadente” para justificar sus destructivas conquistas, de la misma forma sus homólogos modernos han vuelto a escribir los primeros treinta años de la historia comunista china, negando el papel de la revolución en el desarrollo de todos los elementos esenciales para un estado, una sociedad y una economía modernas. Está claro que el rápido crecimiento económico de China se basó en el desarrollo de su mercado interno, en el rápido crecimiento de su equipo de científicos, técnicos y trabajadores bien formados y en la red de seguridad social que protegió y promovió la movilidad de la clase trabajadora y campesinado, todo ello producto de la planificación e inversiones chinas.
El auge de China como potencial global empezó en 1949 con la eliminación de las parásitas clases financieras, compradoras y especulativas que habían servido de intermediarias para los imperialistas europeos, japoneses y estadounidenses que despojaron a China de sus grandes riquezas.
La transición de China al capitalismo
A principios de 1980, el gobierno chino inició un cambio drástico en su estrategia económica: Durante las tres décadas siguientes, abrió el país a la inversión exterior a gran escala; privatizó miles de industrias y puso en marcha un proceso de concentración de la renta basado en una deliberada estrategia de recrear una clase económica dominante de multimillonarios vinculados a capitalistas extranjeros. La clase política gobernante china abrazó la idea de “prestar” conocimientos técnicos y el acceso a los mercados de ultramar de firmas extranjeras a cambio de proporcionar abundante mano de obra barata al coste más bajo. El estado chino desvió subvenciones públicas masivas a promover un alto crecimiento capitalista desmantelando su sistema nacional de educación y sanidad públicas gratuitas. Acabaron con la vivienda pública subvencionada para cientos de millones de campesinos y trabajadores de fábricas urbanas y proporcionaron financiación a los especuladores inmobiliarios para la construcción de apartamentos privados de lujo y rascacielos de oficinas. La nueva estrategia capitalista de China, así como su crecimiento de dos dígitos, se basaron en los profundos cambios estructurales y en las masivas inversiones públicas del anterior gobierno comunista. El despegue del sector privado de China se llevó a cabo en base a los inmensos desembolsos públicos hechos a partir de 1949.
La nueva clase capitalista triunfante y sus colaboradores occidentales reclamaron todo el crédito posible para este “milagro económico” mientras China se convertía en la segunda mayor economía mundial. Estas nuevas elites chinas han estado menos dispuestas a anunciar el estatus de primera categoría de China a partir de las brutales desigualdades de clase, rivalizando solo con EEUU.
China: De la dependencia imperial al competidor mundial de primer orden
El sostenido crecimiento chino en el sector manufacturero fue consecuencia de inversiones públicas altamente concentradas, altos beneficios, innovaciones tecnológicas y un mercado interno protegido. Aunque el capital extranjero obtuvo beneficios, fue siempre dentro del marco de las prioridades y reglamentaciones estatales chinas. La dinámica del régimen de la “estrategia de exportación” ha creado inmensos excedentes comerciales, que finalmente han hecho de China uno de los mayores acreedores del mundo, especialmente de deuda estadounidense. Para mantener sus dinámicas industrias, China ha necesitado de entradas inmensas de materias primas, lo que ha motivado inversiones exteriores a gran escala y acuerdos comerciales con países exportadores de agro-minerales en África y Latinoamérica. En 2010, China desplazó a EEUU y Europa como principal socio comercial de muchos países de Asia, África y Latinoamérica.
El ascenso de la China moderna a potencia económica mundial, como su predecesora entre 1100 y 1800, se ha basado en su gigantesca capacidad productiva: el comercio y la inversión se han regido por una política de estricta no interferencia en las relaciones internas de sus socios comerciales. A diferencia de EEUU, China no inició guerras brutales por el petróleo; en cambio firmó contratos lucrativos. Y China no combatió guerras en interés de los chinos de ultramar, como EEUU ha hecho en Oriente Medio a favor de Israel.
El aparente desequilibrio entre el poder económico y militar de China contrasta de forma aguda con EEUU, donde un imperio militar inflado y parasitario continúa socavando su propia presencia económica global.
El gasto militar de EEUU es doce veces el de China. Cada vez más, el ejército de EEUU juega un papel clave a la hora de moldear la política en Washington mientras trata de debilitar el ascenso de China a potencia global.
El ascenso de China a potencia mundial: ¿se repetirá la historia a sí misma?
China ha estado creciendo a un 9% por año y sus productos y servicios están aumentando rápidamente en calidad y valor. En cambio, EEUU y Europa llevan revolcándose en un crecimiento 0% desde 2007 a 2012. El innovador establishment tecno-científico chino asimila rutinariamente los inventos más recientes de Occidente (y Japón) mejorándolos, rebajando por tanto los costes de producción. China ha sustituido a las “instituciones financieras internacionales” controladas por EEUU y Europa (el FMI, el Banco Mundial, el Banco de Desarrollo Interamericano) como principal prestamista en Latinoamérica. China continúa estando a la cabeza como principal inversor en los recursos mineros y energéticos de África. China ha sustituido a EEUU como principal mercado para el petróleo iraní, sudanés y saudí y pronto sustituirá a EEUU como principal mercado para los productos petrolíferos venezolanos. En la actualidad, China es el mayor exportador y fabricante de manufacturas del mundo, dominando incluso el mercado estadounidense, mientras juega el papel de salvavidas financiero al poseer alrededor de 1.300 billones de dólares en bonos del Tesoro estadounidense.
Bajo las crecientes presiones de sus trabajadores y campesinos, los gobernantes chinos han estado desarrollando el mercado interno aumentando los salarios y el gasto social para reequilibrar la economía y evitar el espectro de la inestabilidad social. En cambio, los salarios y servicios públicos vitales de EEUU han disminuido de forma aguda en términos absolutos y relativos.
Teniendo en cuenta las tendencias históricas actuales, está claro que China sustituirá a EEUU como principal potencia económica mundial en la próxima década si el imperio estadounidense no contraataca y si las profundas desigualdades de clase chinas no provocan importantes agitaciones sociales.
El ascenso de la China moderna a potencia global enfrenta serios desafíos. A diferencia del histórico ascenso chino a nivel mundial del pasado, el poder económico global moderno chino no va acompañado de ninguna empresa imperialista. China ha quedado seriamente rezagada detrás de EEUU y Europa en cuanto a la capacidad agresiva de hacer la guerra. Quizá esto ha permitido a China dirigir recursos públicos a maximizar el crecimiento económico, pero ha dejado a China en situación vulnerable ante la superioridad militar estadounidense frente a su arsenal masivo, su red de bases de avanzada y sus posiciones geomilitares y estratégicas justo frente a la costa china y en los territorios colindantes.
En el siglo XIX, el imperialismo británico echó abajo la posición global china con su superioridad militar, apropiándose de los puertos chinos, debido a la confianza de China en su “superioridad mercantil”.
La conquista de la India, Birmania y la mayor parte de Asia permitió a los británicos establecer bases coloniales y reclutar ejércitos mercenarios locales. Los británicos y sus mercenarios aliados cercaron y aislaron a China, preparando el camino para perturbar los mercados chinos e imponer condiciones brutales a su comercio. La presencia armada del Imperio británico dictó lo que China tenía que importar (con el opio alcanzando el 50% de las exportaciones británicas en la década que se inició en 1850) mientras socavaban las ventajas competitivas de China a través de políticas arancelarias.
Hoy en día, EEUU está siguiendo políticas parecidas: La flota naval estadounidense patrulla y controla las rutas marítimas comerciales chinas y los recursos petroleros extraterritoriales a través de sus bases en el exterior. La Casa Blanca de Obama-Clinton está en proceso de desarrollar una respuesta militar rápida que implicará a sus bases en Australia, Filipinas y otros lugares de Asia. EEUU está intensificando sus esfuerzos para socavar el acceso exterior de China a los recursos estratégicos mientras se dedica a apoyar “bases” de separatistas e “insurgentes” en el oeste de China, Tibet, Sudán, Birmania, Irán, Libia, Siria y otros lugares. Los acuerdos militares de EEUU con la India y la instalación de un régimen-títere acomodaticio en Pakistán han hecho avanzar su estrategia de aislar a China. Aunque China mantiene su política de “desarrollo armonioso” y “no interferencia en los asuntos internos de otros países”, se ha hecho a un lado cuando el imperialismo bélico europeo y estadounidense ha atacado a alguno de los socios comerciales de China con el objetivo fundamental de invertir la pacífica expansión comercial de China. La carencia de una estrategia ideológica y política de China capaz de proteger sus intereses económicos en el exterior ha sido una invitación para que EEUU y la OTAN establecieran regímenes hostiles a China. El ejemplo más destacado es Libia, donde EEUU y la OTAN intervinieron para derrocar a un gobierno independiente dirigido por el presidente Gadafi, con quien China había firmado acuerdos comerciales e inversiones por valor multimillonario. Los bombardeos de ciudades, puertos e instalaciones petrolíferas por la OTAN obligaron a los chinos a retirar a 35.000 trabajadores de la construcción e ingenieros del petróleo chinos en cuestión de días. Lo mismo sucedió en Sudán, donde China había invertido miles de millones para desarrollar su industria petrolera. EEUU, Israel y Europa armaron a los rebeldes de Sudán del Sur para interrumpir el flujo de petróleo y atacar a los trabajadores chinos en el sector [6]. En ambos casos, China permitió pasivamente que los imperialistas estadounidenses y europeos atacaran a sus socios comerciales y frenaran sus inversiones.
Bajo Mao Tse Tung, China tuvo una política activa de contención de la agresión imperial: Apoyaba a movimientos revolucionarios y a gobiernos del Tercer Mundo. En la actualidad, la China capitalista no tiene una política activa para apoyar gobiernos o movimientos capaces de proteger el comercio bilateral y los acuerdos de inversión de China. La política exterior de China está moldeada por grandes intereses comerciales, financieros y manufactureros que confían en el “aspecto económico competitivo” para conseguir cuotas de mercado y no entienden de bases militares y de seguridad del poder económico global. La clase política china está profundamente influida por una nueva clase de multimillonarios con fuertes vínculos con los fondos de capital occidentales que han absorbido sin reparo los valores culturales occidentales. Esto queda ilustrado por su preferencia a enviar a sus propios hijos a las universidades de elite en EEUU y en Europa. Tratan de “acomodarse a Occidente” a cualquier precio. Esta falta de comprensión estratégica de la construcción del imperio militar les ha llevado a responder de forma ineficaz y ad hoc a cada acción imperialista que ha socavado su acceso a recursos y mercados.
Aunque la visión de China del “negocio primero” pudo haber funcionado cuando era un actor menor en la economía mundial y los constructores del imperio estadounidense veían la “apertura al capitalismo” como un oportunidad de hacerse fácilmente con las empresas públicas de China y saquear su economía, sin embargo, cuando China (a diferencia de la ex URSS) decidió retener los controles de capital y desarrollar una “política industrial” cuidadosamente calibrada, y bajo control estatal, dirigiendo el capital occidental y la transferencia de tecnología a las empresas estatales, que penetraron eficazmente en los mercados internos y exteriores de EEUU, Washington empezó a quejarse y a hablar de represalias.
Los inmensos excedentes comerciales de China con EEUU provocaron una respuesta dual de Washington: Vendió cantidades masivas de bonos del Tesoro estadounidense a los chinos y empezó a desarrollar una estrategia global para bloquear el avance chino. Como EEUU carecía de apalancamiento económico para revertir su decadencia, confió solo en su “ventaja comparativa”: su superioridad militar basada en un amplio sistema mundial de bases de ataque, una red de regímenes-clientes en el exterior, apoderados militares, ONG, intelectuales y mercenarios armados. Washington se volvió hacia su inmenso, secreto y clandestino aparato de seguridad para debilitar a los socios comerciales de China. Washington depende desde hace mucho tiempo de sus lazos con gobernantes corruptos, disidentes, periodistas y magnates de los medios para proporcionar la cobertura más poderosa propagandística mientras avanza en su ofensiva militar contra los intereses de China en el exterior.
China no tiene nada para competir con el “aparato de seguridad” de EEUU debido a que practica una política de “no interferencia”. Dado el avanzado estado de la ofensiva imperial occidental, China ha adoptado tan solo unas cuantas iniciativas diplomáticas, tales como financiar algunas cadenas de medios en lengua inglesa para presentar sus puntos de vista, utilizando su poder de veto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para oponerse a los esfuerzos de EEUU para derrocar el régimen de Asad en Siria y oponerse a la imposición de sanciones drásticas contra Irán. Repudió severamente el vitriólico cuestionamiento de la secretaria de estado de EEUU Hillary Clinton acerca de la “legitimidad” del estado chino cuando votó contra la resolución de EEUU y la ONU preparando un ataque contra Siria [7].
Los estrategas militares chinos son más conscientes de la situación y se sienten alarmados ante la creciente amenaza militar hacia China. Han pedido, y se les ha aceptado, un 19% de incremento anual en el gasto militar para los próximos cinco años (2011-2015) [8]. Incluso con este incremento, los gastos militares de China serán menos de la quinta parte del presupuesto militar estadounidense y China no tiene ninguna base en el exterior en marcado contraste con las más de 750 instalaciones de EEUU por todo el mundo. Las operaciones de inteligencia chinas en el exterior son mínimas e ineficaces. Sus embajadas se ocupan de estrechos intereses comerciales y no entendieron en absoluto la brutal política de la OTAN para cambiar el régimen en Libia y no informaron a Pekín de su importancia para el estado chino.
Existen otras dos debilidades estructurales que socavan el ascenso de China como potencia mundial. Esto incluye a la muy “occidentalizada” intelligentsia, que se ha tragado sin sentido crítico la doctrina económica estadounidense sobre el libre mercado mientras pasan por alto su militarizada economía. Esos intelectuales chinos repiten como papagayos la propaganda de EEUU acerca de las “ virtudes democráticas ” de las multimillonarias campañas presidenciales a la vez que apoyan la desregulación financiera que habría llevado a Wall Street a apoderarse de los bancos y ahorros chinos. Muchos asesores empresariales y académicos chinos se han educado en EEUU y están influenciados por sus lazos con los académicos estadounidenses y las instituciones financieras internacionales directamente vinculadas con Wall Street y la City londinense. Han prosperado como asesores bien remunerados que logran puestos prestigiosos en las instituciones chinas. Identifican la “liberalización de los mercados financieros” con las “economías avanzadas” capaces de profundizar los lazos con los mercados globales en lugar de ser una fuente importante de la actual crisis financiera global. Estos “intelectuales occidentalizados” son como sus homólogos los compradores del siglo XIX, que subestimaron y rechazaron las consecuencias a largo plazo de la penetración imperial occidental. Son incapaces de comprender cómo la desreglamentación financiera en EEUU fue lo que precipitó la actual crisis y cómo la desregulación va a llevar a que Occidente se apodere del sistema financiero chino, cuyas consecuencias redistribuirían los ahorros internos chinos en actividades no productivas (especulación inmobiliaria), precipitarían la crisis financiera y, en último término, socavarían la importante posición global de China.
Esos yuppies chinos imitan lo peor de los estilos de vida consumistas de Occidente, y sus puntos de vista políticos están influidos por esos estilos de vida e identidades occidentalizadas que excluyen cualquier sentido de solidaridad con su propia clase trabajadora.
Hay una base económica para los sentimientos pro-occidentales de los neocompradores chinos. Han transferido miles de millones de dólares a cuentas en bancos extranjeros, han comprado casas y apartamentos de lujo en Londres, Toronto, Los Ángeles, Manhattan, París, Hong Kong y Singapur. Solo tienen un pie en China (la fuente de su riqueza) y el otro en Occidente (donde consumen y esconden su riqueza).
Los compradores occidentalizados están profundamente empotrados en el sistema económico de China al tener vínculos familiares con los dirigentes políticos en el aparato del partido y el estado. Sus conexiones son más débiles en el ejército y en los crecientes movimientos sociales, aunque algunos estudiantes “disidentes” y activistas académicos de los “movimientos pro democracia” cuentan con el apoyo de las ONG imperiales de Occidente. En la medida en que los compradores van ganando influencia, van debilitando las fuertes instituciones estatales económicas que han dirigido el ascenso chino a potencia global, al igual que hicieron en el siglo XIX actuando como intermediarios para el Imperio británico. Proclamando el “liberalismo” del siglo XIX, 50 millones de chinos se volvieron adictos al opio en menos de una década. Proclamando la “ democracia y los derechos humanos ” , las cañoneras estadounidenses patrullan ahora frente a las costas de China. El ascenso de China, dirigido por las elites, a potencia económica global ha engendrado desigualdades monumentales entre unos miles de nuevos multimillonarios y millonarios en lo alto de la pirámide y cientos de millones de empobrecidos trabajadores, campesinos y emigrantes en la base.
La rápida acumulación de riqueza y capital de China ha sido posible a través de una intensa explotación de sus trabajadores a los que se despojó de sus anteriores redes de seguridad social y condiciones reguladas de trabajo que el comunismo garantizaba. Millones de hogares chinos han quedado desposeídos a fin de promover a los promotores/especuladores inmobiliarios que se han dedicado después a construir oficinas de alto nivel y apartamentos de lujo para las elites internas y extranjeras. Esos rasgos brutales de ascendente capitalismo chino han creado una fusión entre la lucha de las masas por un lugar de trabajo y por un espacio para vivir que es mayor cada año. El eslogan de los promotores/especuladores de “hacerse rico es maravilloso” ha perdido su capacidad de engañar a la gente. En 2011, había alrededor de 200.000 fábricas costeras urbanas que englobaban pueblos rurales. El próximo paso, que seguro se producirá, será la unificación de estas luchas en nuevos movimientos sociales nacionales con una agenda de clase exigiendo la restauración de los servicios educativos y sanitarios disfrutados bajo la era comunista así como una mayor porción de la riqueza de China. Las actuales demandas de mayores salarios pueden convertirse en demandas de mayor democracia en el lugar del trabajo. Para responder a estas demandas populares, los nuevos liberales compradores occidentalizados no pueden señalar hacia su “modelo” en el imperio estadounidense, donde sus trabajadores están inmersos en un proceso por el que les están despojando de los mismos beneficios que los trabajadores chinos están intentando recuperar.
China, asolada por un conflicto político y de profundización de los enfrentamientos de clase cada vez más profundo, no puede mantener su deriva hacia el liderazgo económico global. Las elites chinas no pueden afrontar la creciente amenaza militar imperial global de EEUU, con sus aliados compradores en la elite liberal interna, mientras en el país la sociedad está profundamente dividida con unas clases trabajadoras cada vez más hostiles. La época de explotación desenfrenada de la mano de obra china tiene que terminar para poder enfrentar el cerco militar estadounidense de China y el desbaratamiento económico de sus mercados en el exterior. China posee enormes recursos. Con más de 1.500 billones de dólares en reservas, China puede financiar un amplio programa sanitario y educativo nacional por todo el país.
China puede permitirse poner en marcha un “programa de vivienda pública” intensivo para los 250 millones de trabajadores que han emigrado del campo y que en la actualidad están viviendo en la miseria urbana. China puede imponer un sistema fiscal progresivo a sus nuevos multimillonarios y millonarios y financiar las pequeñas cooperativas agrícolas familiares y las industrias rurales a fin de reequilibrar la economía. Su programa de desarrollo de fuentes energéticas alternativas, como paneles solares y energía eólica, son un prometedor comienzo para abordar su grave contaminación medioambiental. La degradación del medio ambiente y los problemas relacionados con la salud están ya preocupando a decenas de millones de chinos. En última instancia, la mejor defensa de China contra las invasiones imperiales es un régimen estable basado en la justicia social para cientos de millones y una política exterior de apoyo a los movimientos y regímenes antiimperialistas en el exterior, cuya independencia es de vital interés para China. Lo que se necesita es una política proactiva basada en empresas mixtas mutuamente beneficiosas, incluida la solidaridad militar y diplomática. Hay ya un grupo pequeño, aunque influyente, de intelectuales chinos que están planteando la cuestión de la creciente amenaza militar estadounidense y están “diciendo no a la diplomacia de las cañoneras” [9].
La China moderna cuenta con multitud de recursos y oportunidades de los que no disponía la China del siglo XIX, cuando se vio subyugada por el Imperio británico. Si EEUU prosigue intensificando su política agresiva militarista contra China, Pekín puede poner en marcha una seria crisis fiscal inundando el mercado con varios de sus cientos de miles de millones de dólares en bonos del Tesoro estadounidense. China, una potencia nuclear, debería contactar con su vecina Rusia, armada y amenazada por igual, para enfrentar y frustrar los belicosos comentarios de la secretaria de estado Hillary Clinton. El próximo presidente ruso Putin ha prometido incrementar el gasto militar del 3% al 6% del PIB en la próxima década para contrarrestar la ofensiva de bases de misiles de Washington en las fronteras de Rusia y truncar los programas de “cambio de régimen” de Obama contra sus aliados, como en el caso de Siria [10].
China tiene redes poderosas comerciales, financieras e inversiones por todo el planeta así como potentes socios económicos. Estos lazos se han convertido en algo esencial para el crecimiento continuado de muchos países en el mundo en desarrollo. Al enfrentarse a China, EEUU tendrá que enfrentar la oposición de muchas elites poderosas de mercado por todo el mundo. Pocos países o elites pensarían en vincular en el futuro sus fortunas con un imperio económicamente inestable y basado en el militarismo y en destructivas ocupaciones coloniales.
Es decir, la China moderna, como potencia mundial, es incomparablemente más fuerte que a principios del siglo XVIII. EEUU no tiene el apalancamiento colonial que el ascendente Imperio británico poseía en el período previo a las Guerras del Opio. Además, muchos intelectuales chinos y la inmensa mayoría de sus ciudadanos no tienen la intención de aceptar que los actuales “compradores occidentalizados” vendan el país. Nada aceleraría más la polarización política en la sociedad china y adelantaría la llegada de una segunda revolución social china que unos dirigentes pacatos sometiéndose a una nueva era de pillaje imperial de Occidente.
Notas:
[1] John Hobson, “The Eastern Origins of Western Civilization” (Cambridge UK: Cambridge University Press 2004).
[2] Ibid, Ch. 9 pp. 190-218.
[3] Ibid, Ch. 11, pp. 244-248.
[4] Richard Gott, “Britain’s Empire: Resistance, Repression and Revolt” (London: Verso 2011) for a detailed historical chronicle of the savagery accompanying Britain’s colonial empire.
[5] Hobson, pp. 253 – 256.
[6] Katrina Manson, “South Sudan puts Beijing’s policies to the test”, Financial Times, 21.02.201 2, p. 5.
[7] Interview of Clinton, NPR, 26.02.12.
[8] La Jornada, 15.02.2012 (Mexico City).
[9] China Daily (20.02.20 12).
[10] Charles Clover, “Putin vows huge boost in defense spending”, Financial Times, 12.02.2012.