miércoles, 31 de octubre de 2012

Abraham Burg: "¡Un Estado judío no puede funcionar!"

Por Ari Shavit. AJN.- Abraham Burg, ex Presidente de la Knesset, ex Presidente de la Agencia Judía, ya no es sionista. En su nuevo libro, "Vencer a Hitler", compara a Israel con Alemania antes de la ascensión de los nazis al poder. Es partidario de abolir la Ley del Retorno, anular la definición de Israel como Estado judío. Considera que Israel debe deshacerse de armas nucleares y recomienda a los ciudadanos israelíes conseguir un pasaporte extranjero. Es decir, alguien que pueda hacerlo, como él. Mas info, clic en tìtulo -He leído tu nuevo libro, "Vencer a Hitler", como tu despedida del sionismo. ¿Me equivoco? ¿Aún eres sionista? -"Soy humano, soy judío y soy israelí. El sionismo fue una herramienta para pasarme de un acumulamiento judío a un acumulamiento israelí. Creo que fue Ben Gurión quien manifestó que el movimiento sionista fue el andamio para levantar la casa y posteriormente a la creación del Estado se lo debe desarmar". -En realidad, estás confirmando que ya no eres sionista. -"Desde el primer Congreso Sionista de Herzl ya prevaleció el sionismo de Ajad Haam. Pienso que el siglo XXI debe ser el siglo de Ajad Haam. Debemos dejar a Hertzl atrás y adoptar a Ajad Haam". -El sionismo es la creencia en la creación y la existencia de un Estado nacional judío. ¿Tú ya no crees en un Estado nacional judío? -"No en su actual definición. El Estado es a mi entender sólo un instrumento, una herramienta, un medio gentil indiferente por completo a la carga espiritual, mística o religiosa. Definir a Israel como Estado judío y agregarle las palabras escogido, florecimiento o redención, suena demasiado bombástico. Además, agregarle a todo eso el intento de mantener un sistema democrático, es imposible". -Lo que significa que ya no aceptas el tema de un Estado judío. -"No puede funcionar. Definir el Estado de Israel como Estado judío es la llave para su final. Estado judío es bombástico. Es un material muy explosivo". -¿Y un Estado judío-democrático? -"Para la gente suena muy cómodo esto; es bonito, es nostálgico, es retro. Brinda una sensación de plenitud. Pero judío-democrático es como nitroglicerina". -¿Se debe cambiar el himno nacional? -"El himno es un símbolo. Estaría dispuesto a comprar una realidad en la que todo esté bien y sólo el himno esté mal". -¿Se debe modificar la Ley del Retorno? -"Se debe abrir el diálogo. La Ley del Retorno es una ley apologética. Es un retrato paralelo a Hitler. Yo no deseo que Hitler defina mi identidad. Tanto democrática como humanísticamente la ley presenta una contradicción. La Ley del Retorno determina una ruptura de la alianza entre nosotros y el judaísmo de la diáspora y entre nosotros y los árabes". -¿Debemos disolver la Agencia Judía? -"Cuando fui Presidente de la Agencia Judía propuse cambiar el nombre de 'Agencia Judía para Eretz Israel' por el de 'Agencia Judía para la sociedad israelí'. Hay lugar para medios filantrópicos, pero el centro de su esencia debería ser cuidar de la generalidad de los ciudadanos de Israel, incluyendo a los ciudadanos árabes". -En tu libro escribes que si el sionismo es un sionismo catastrófico, tú no sólo eres post sionista sino que anti sionista. Yo opino que desde los años cuarenta el componente catastrófico forma parte inseparable del sionismo. Por eso, hoy eres anti sionista. -"Ajad Haam atacó a Herzl diciendo que la fuente de todo su sionismo radicaba en el antisemitismo. Él pensaba en algo diferente, en Israel como un centro espiritual. La línea de Ajad Haam no murió; ahora ha llegado su momento. Estamos en los últimos días del judaísmo comparativo. Nuestro sionismo comparativo nunca concibió el desastre". -Oye, no es sólo el asunto sionista. Tu libro es anti israelí en el sentido más profundo. Es un libro que demuestra desprecio por todo lo israelí. -"En mi infancia fui judío en los términos que aquí circundan: estudié en un Jeder, me enseñaron los maestros religiosos de entonces. Posteriormente, la mayor parte de mi vida fui israelí: idioma, señales, olores, gustos, lugares, todo. Hoy en día no me es suficiente. En la situación actual estoy mas allá de lo israelí. Dentro de las tres identidades que me componen – la humana, la judía y la israelí – siento que el fundamento israelí discrimina a las otras dos. Por eso, lo israelí no me es suficiente. Me siento obligado a volver a mi lugar judío. Pienso que las estructuras israelíes actuales son amenazas". -En todo caso, tu posición es conciliatoria y humanística. Pero dentro de tu apaciguamiento y humanidad desarrollas una relación muy obstinada hacia lo israelí y hacia los israelíes. Dices cosas muy duras sobre nosotros. -"Pienso que el libro es un cuento de amor; y el amor duele. Si hubiese escrito sobre Nicaragua no me hubiese importado tanto; pero vengo de un lugar dolorosamente insoportable. Veo a mi amor deshaciéndose frente a mis ojos, veo la sociedad, la casa donde crecí y mi lugar destruyéndose". -¿Amor? Tú escribes que el israelí entiende sólo fuerza. Si alguien hubiese escrito que el árabe entiende sólo fuerza hubiera sido considerado racista; y con justicia. -"Es imposible fragmentar una frase y decir que es todo el libro". -No es sólo un fragmento. Se repite varias veces. Tú dices que tenemos fuerza, mucha fuerza y sólo fuerza. Dices que Israel es un gueto sionista, imperialista y violento que cree sólo en sí mismo. -"Fíjate en la Guerra del Líbano. El pueblo regresó de la lucha, hubieron determinados logros, algunos fracasos, se descubrieron cosas. Hubiese esperado que algunas personas, incluso de la derecha, entiendan que aún cuando le permiten vencer, Tzáhal no vence; que la fuerza no es la solución. Pero entonces llegó el conflicto en Gaza y ¿cuál es el la agenda israelí sobre Gaza? Les castigaremos, los borraremos. Nada se aprendió. Absolutamente nada. Y no es sólo entre naciones. Observa las relaciones entre el hombre y el prójimo; escucha el diálogo íntimo, la aberrante violencia en las carreteras, las palabras de las mujeres golpeadas; mira cómo se ve la imagen de Israel". -Lo que tú afirmas es que el problema no reside sólo en la conquista de los territorios. A tu manera de ver, Israel en su totalidad es como una terrible mutación. -"La conquista es una pequeña parte del tema. Israel es una sociedad sumergida en el pánico. Para buscar la fuente de la obsesión por la fuerza y desterrarla, se debe comenzar por los temores. El miedo mayor, el miedo antiguo, es el de los seis millones de judíos asesinados en la Shoá". -Esa es la tesis del libro. No eres el primero en expresarla pero lo haces demasiado grave. Manifiestas que estamos inválidos espiritualmente, poseídos por el pánico y actuamos por la fuerza dado que Hitler nos ocasionó un profundo daño moral. -"Cierto". -Y yo afirmo en contra que tu descripción está distorsionada. Nosotros no vivimos en Islandia y nos imaginamos que estamos rodeados de nazis que en realidad desaparecieron hace 60 años. Nuestro entorno son amenazas reales. Somos uno de los países más amenazados del mundo. -"La verdadera escisión israelí está entre los que confían y los que temen. El gran triunfo de la derecha en la lucha por el alma política israelí fue conseguir adquirir de manera absoluta una paranoia definitiva. Acepto que hay dificultades, pero ¿acaso son absolutas? ¿Todo enemigo es Auschwitz? ¿Acaso todos en Hamás son criminales?" -Eres patrono y jactancioso, Abrum. No tienes empatía por los israelíes. Consideras a los judíos-israelíes como paranoicos; pero como se dice comúnmente, hay paranoicos que de verdad se persiguen. En momentos que ambos conversamos, Ahmedinayad manifiesta que nuestros días están contados; promete arrancarnos de la faz de la tierra. No, él no es Hitler; pero tampoco es un espejismo. Es una amenaza real. Él es el mundo verdadero - un mundo que deseas ignorar. -"La disyuntiva está en si el Estado de Israel es un país confiable o un país traumático. Yo afirmo que actualmente, en casi todas las dimensiones, el Estado de Israel es un país traumático; y ésta no es sólo una teoría. ¿Podría ser que nuestro enfrentamiento con Irán estaría mucho mejor si renováramos la capacidad en Israel de confiar en el resto del mundo? ¿No sería mejor que en lugar de ocuparnos nosotros solos del problema, lo hiciera un conglomerado mundial que comienza en las iglesias, continúa en los gobiernos y culmina en los ejércitos? En lugar de eso dicen 'No confiamos en el mundo, ellos nos abandonarán', y he aquí que Chamberlain regresa de Munich con el paraguas negro y nosotros los bombardeamos solos". Con respecto a los judeo-nazis -En tu libro no somos sólo víctimas de los nazis. En tu libro somos casi judeo-nazis. Te cuidas mucho. No dices realmente que Israel es la Alemania nazi, pero te acercas bastante. Dices que Israel es la Alemania pre-nazista. Israel es como era Alemania hasta la llegada de los nazis al poder. -"Es cierto. Comencé el libro desde lo más doloroso; como un duelo por la pérdida de Israel. Mientras escribía, la mayor parte del tiempo el libro se titulaba "Hitler venció". Estaba seguro que iba finalizando; pero lentamente fui descubriendo el aspecto de que no todo estaba perdido. Descubrí a mi padre como una alternativa judeo-alemána precursora en su época. Esos dos aspectos nutrieron el libro desde el principio hasta el final. Demasiado complicado para mí; muy doloroso; pero al fin y al cabo soy una persona optimista y también el epílogo es optimista". -El final es quizás optimista, pero el contenido compara Israel con Alemania y lo repite continuamente. ¿Esta comparación es justa? ¿Hay suficiente base para la analogía israelí-alemana? -"No es una ciencia exacta pero describiré algunos hábitos que hacen al monje: La enorme sensación de ofensa nacional; la sensación de rechazo del resto del mundo; los fracasos inexplicables en las guerras. Y como resultado de ello, la centralidad del militarismo en la identidad, el lugar de los oficiales de reserva en la sociedad, la cantidad de ciudadanos armados que caminan por las calles en Israel. ¿Hacia dónde se dirige ese enjambre de hombres armados? Los manifiestos callejeros que preconizan: ¡Fuera los árabes!". -Tú en realidad afirmas que entre nosotros existe el virus del nazismo. -"La expresión nazismo es muy compleja". Abraham Burg escribe en su nuevo libro: "En ocasiones me resulta difícil diferenciar entre el nacional-socialismo antiguo y otras teorías sociales nacionalistas de aquí y ahora. Hay diferencia entre decir nazi o decir nacional-socialista. Nazi es un ícono ultimativo; él se dirige entre nosotros hacia lugares infinitos y terminales”. -Dejemos a los nazis. ¿Tú temes que haya una incursión fascista en Israel? -"Yo pienso que ya está aquí". -¿Y piensas en realidad que los lemas racistas que aparecen en las paredes de Jerusalén son similares a los lemas de los años treinta en Alemania? -"Veo que nosotros no desechamos estas expresiones con toda la fuerza posible. Además, oigo las voces tajantes desde Sderot: 'Les destruiremos el barrio, les destruiremos la ciudad, los exterminaremos, los mataremos y los expulsaremos'. Actualmente en el Gobierno hay quien habla de trasladar poblaciones árabes. Cruzamos tantas líneas rojas en los últimos años. Entonces te preguntas a ti mismo cuáles serán las próximas líneas rojas que deberemos cruzar". -Tú preguntas y también respondes en el libro. "Yo creo - escribes – realmente percibo, que existe una gran posibilidad de que alguna futura Knesset en Israel...prohíba las relaciones sexuales con los árabes, evite por medios legales occidentales que los árabes empleen sirvientas o trabajadores judíos...como las leyes de Núrenberg...todo esto ocurrirá, y ya sucede". ¿No te apresuras, Abrum? -"Cuando ejercí como presidente de la Knesset escuchaba conversar a la gente. Llevé a cabo deliberaciones profundas con amigos de todas las concepciones políticas. Oí a pacifistas decir "...yo deseo la paz porque odio a los árabes, no los puedo ver y no los soporto...", y escuché a gente de la derecha pronunciar expresiones kahanistas. El kahanismo está en la Knesset. Lo rechazaron como partido pero tiene el diez, quizás el quince e incluso hasta el veinte por ciento del diálogo judío en la Knesset. Son asuntos difíciles. Son lugares devastadores". -Hay graves sucesos en Israel, indudablemente. Por supuesto en todo lo referente a los territorios conquistados. Pero se puede comparar con Francia en Argelia, se puede comparar con Holanda en la época colonial. En cambio tú sientes necesidad de referirte constantemente a Alemania. Hitler, Núrenberg. Quizás tú mismo estás afectado por una enfermedad que censuras. El trauma de los nazis te ha desequilibrado. En cada defecto israelí ves las huellas digitales de los nazis. -"Puede ser. Si así fuese, que importa. De igual forma le huyes a eso con fruición. Si quieres que nos comparemos con Holanda, quizás tengas algo que ocultar. Pregúntate a ti mismo a qué le temes". -Te lo diré con sinceridad. Creo que tenemos problemas morales y espirituales difíciles. Pero pienso que la comparación con Alemania, previo a la subida de los nazis al poder, no tiene razón de ser. Un ejemplo: Hay un problema serio con el lugar de Tzáhal en nuestras vidas, el lugar de los generales en nuestra política y en las relaciones en la escala política y militar. Pero tú comparas el militarismo israelí con el militarismo alemán y es una comparación fallida. Describes a Israel como una Esparta prusiana que vive de la espada, y no es el Israel que veo de afuera. Por supuesto que no en el 2007. -"Envidio tu capacidad de llamar a la realidad de la manera en que lo haces. Realmente te envidio. Pero pienso que somos una sociedad que en sus sensaciones vive de la espada; mi espada es el ítem; envainada o fuera de ella. Y no así nomás nos comparo con Alemania, porque nuestra obligación de vivir empuñando constantemente la espada surge de Alemania. Lo que ellos nos quitaron en doce años de nazismo necesita una espada gigante". "Mira la cerca de seguridad. La cerca de separación es el muro contra la paranoia. Y ella nació en mí, en mi templo, en el Haim Ramón que habita dentro de mí. ¿Y cuál es el pensamiento? Que edificamos un gran muro y el problema de los palestinos se solucionará porque ya no los veremos más. El Movimiento Laborista siempre tuvo en cuenta la relación histórica y representó la cultura del diálogo; ahora existe una terrible mediocridad espiritual. La cerca marca físicamente el final de Europa; ella dice: "aquí termina Europa". Ella manifiesta que eres la posición más antigua de Europa y que el muro te separa de los bárbaros; como la Muralla Romana; como la Muralla China. Pero es todo tan patético. Esto es una declaración de divorcio a nuestra visión de ser parte integral de la región. Hay en todo esto síntomas de locura. Y justo en momentos en que Europa misma y el mundo han adelantado en forma significativa en internacionalizar la lección de la Shoá; y lograron un gran desenvolvimiento en la normativa de los pueblos. Pero nosotros no estamos allá. Nosotros estamos con nuestros temores. He aquí el desastre". -La verdad que eres un europeísta devoto. Vives en Nataf (una población cercana a Jerusalén) pero eres todo Bruselas. Un profeta de Bruselas. -"Totalmente. Totalmente. A mi parecer, la Unión Europea es una utopía bíblica. No sé cuanto va a durar pero es fabulosa. Es absolutamente judía”. -Y esa conmoción tuya por Europa no es casual, dado que una de las cosas extraordinarias en tu libro es que el sabra Abrum Burg le dá la espalda al hecho de ser sabra y se conecta estrechamente con un romanticismo "yeke". Israel sionista se desprende de tu libro como una exclamación ordinaria, en tanto el judaísmo alemán es el ideal y el ejemplo. -"Yo no digo que le doy la espalda al hecho de ser sabra, sino que me dirijo hacia otra dirección. Es cierto. Totalmente. El judaísmo alemán es el lugar que me hacía falta y hacia allí me dirijo". -Tú describes mil años extraordinarios de judaísmo alemán. Pero eso terminó en Auschwitz, Abrum, eso condujo a Auschwitz. Tu romanticismo "yeke" es comprensible pero fraudulento. -"¿Existe algún romanticismo estable? ¿Tu romanticismo es estable?". -Mi israelismo no es romántico; al contrario, es agresivo; proviene de un entendimiento imprescindible. Tú garabateas esa obligación; sentimentalmente prefieres el camino de Dresden a Manhattan que el enfrentamiento con el destino judeo-israelí. -"Nosotros no queremos aceptarlo pero la Golá existe desde el comienzo de nuestra existencia. Abraham descubrió a Dios fuera de los límites de la Tierra de Israel. Jacob concibió las tribus fuera de los límites de Israel. Las tribus se convirtieron en pueblo fuera de los límites de Israel. Las Tablas de la Ley se entregaron fuera de los límites de Israel. Como israelíes y sionistas ignoramos estos hechos totalmente. Anulamos la Golá. Pero afirmo que así como hubo algo extraordinario en el judaísmo alemán, también en América crearon un potencial para algo fabuloso. Fijaron una situación en la que el gentil (goy) puede ser mi padre y mi madre y mi hijo y mi socio. Allí el gentil no rechaza sino que abraza. Fue a consecuencia de ellos que se creó la vivencia judía de la incorporación; no unión pero tampoco aislamiento. Esas son cosas que me faltan aquí. Acá el gentil es como fue en el gueto: hostil". -¿Tu sostienes que nosotros nos ahogamos aquí por falta de aire? -"Por supuesto. Ya estamos muertos. No nos avisaron pero estamos muertos. Esto ya no funciona. No va más". -¿Y tú ves en el judaísmo americano la dimensión espiritual y la efervescencia cultural que no encuentras acá? -"Claramente. En Israel no hay una literatura judía importante; en Estados Unidos existe. Aquí no tengo con quien hablar. La comunidad religiosa en la que estuve – ya no pertenezco a ella. A la comunidad laica, no conseguí llegar. No tengo con quien hablar. Estoy sentado frente a ti y tampoco me entiendes. Estás adosado al frente chauvinista nacional". -No es completamente cierto. Soy consciente de la riqueza judía a la que te refieres. Pero también admito que el análisis sionista básico es real. Sin Israel no hay futuro para la civilización judía no ortodoxa. -"Toma al israelí más ferviente. Moshé Dayan, por ejemplo. Quita de él todos los Abraham Burg posibles. Israelí neto, sin personajes molestos como yo, sin bondadosos; nada de nada. ¿Tú estás tan seguro que a largo plazo este "vivir por vivir" existirá? Por otro lado piensa en los soñadores. Martín Buber, George Steiner. Tú dirás que estos soñadores no llegarán a ningún lugar. Pero mi experiencia histórica dice que los soñadores llegan más lejos que los soldados". -En realidad preparas instrumentos diaspóricos. -"Yo vivo con ellos desde que nací. ¿Qué significa cuando digo en la plegaria 'Por nuestros pecados fuimos exilados de nuestra tierra'? En la historia judía la existencia espiritual es eterna y la existencia política es temporaria”. -En este sentido eres esencialmente no sionista, dado que la energía requerida para crear y desarrollar este lugar es inmensa. Tú dices que está prohibido dar todo por este lugar. -"No existe el israelí pleno; existe el judío pleno. El israelí es medio judío. El judaísmo siempre preparó alternativas. El error estratégico del sionismo fue el hecho de anular alternativas. El sionismo creo aquí una estructura que las partes más importantes de ella son ilusiones ópticas. ¿Tú realmente piensas que podrá existir aquí un ser indiferente, agnóstico, tel aviveño, post kibutziano? Eso no sucederá. El israelismo tiene sólo cuerpo; no tiene alma. En todo caso migajas de alma. Ari, tú estás muerto espiritualmente. Tienes solamente un cuerpo israelí. Si continúas así, ya no serás". -Abrum, el israelismo es mucho más rico; tiene energía, efervescencia, matices y fertilidad. Pero tú huíste del israelismo. Desertaste de él. Fuiste israelí mucho más que yo. Y ya no lo eres. -"No lo soy. Pienso que lo no-israelí no es la alternativa a toda la existencia judía de dos mil años a la que me refiero. Por eso escribí mi libro. Porque yo no puedo dejar este mundo mintiéndome a mí mismo. Te dije: No hay existencia judía sin concepciones; no hay una cosa así. Y aquí por supuesto no existen. Pero lo que es peor, es que no hay fuerzas que desde adentro reproduzcan las concepciones. Por ello me dirijo hacia el mundo y hacia el judaísmo. Porque el judío es el primer post modernista. El judío es el primer globalizador". -Y ahora en realidad eres globalizador. Te diriges realmente hacia el mundo. Sacas un pasaporte francés y votas como ciudadano francés en las elecciones presidenciales de Francia. -"Ya declaré: soy ciudadano del mundo. Es mi jerarquía de identidades: ciudadano del mundo, posteriormente judío y sólo después israelí. Siento una pesada responsabilidad por la paz en el mundo. Sarkozy es, a mi entender, una amenaza para la paz del mundo. Por eso voté en su contra". -¿Eres francés? -"En muchos sentidos soy europeo y desde mi punto de vista, el israelí forma parte de Europa". -Pero no es así. Aún no. Tú eres una personalidad pública israelí que participa en elecciones para la presidencia de Francia como francés. Es un hecho de grandes proporciones; la acción de un judío anterior al sionismo. Un acto que un inglés o un holandés no hubiesen hecho. -"Cierto. Es sólo judío. Me voy adelantando a la situación del judío". -¿Tú propones a todo ciudadano israelí conseguir un pasaporte extranjero? -"Todo aquel que pueda". -Pero así, también así, disuelves la mutua responsabilidad judía. Juegas con la proliferación de pasaportes y el acrecentamiento de tus identidades que no le están permitidos a muchos otros. Tú rompes con algo muy básico. -"Esos son tus temores. Yo te estoy proponiendo que no temas. Eso es lo que digo en mi libro: yo les propongo a todos dejar de temer". -Pero tú no eres sólo el libro, Abrum; eres el hombre fuera del libro, y hay una contradicción entre el concepto de pureza del hombre que escribió el libro y la vida política que has experimentado aquí. -"Es una pregunta terrible. Horrible pero cierta. Parte de estos años viví en la mentira. Durante muchos años no fui yo. En el comienzo de mi carrera política tenía la energía de luchar por la separación de la religión del Estado y por la paz. Tenía el espíritu exacto del Profesor Yeshayahu Leibovitch sobre mis alas. Esos fueron mis verdaderos años. Ese era yo. Pero después durante muchos años fui un “Mapainik” cualquiera (del partido MAPAI, fundado por Ben Gurión). Estuve allí para poder ser; pero ya no era yo. Me decepcioné de sus posturas". -En el libro te descubres ideológicamente. Quien fuera parte del sistema aparece como un intrigante. ¿Esta actitud subversiva siempre estuvo oculta en ti, o se materializó sólo ahora? -"Estaba allí pero no con semejante realce. Estaba muda. Mis últimos años se caracterizaron por vivir fácilmente la vida. Si no lo dices, lo serás. Si callo, llegaré lejos. Me sentía cómodo en el consenso, en la adhesión, en el estímulo y en el oficialismo. Pero al final fui un intrigante en contra mío. Esto es peor todavía. Sabía lo que pensaba y no hice nada con ello. Hasta que un buen día ya no pude más. Me levanté y me fui". -Y ahora, que ya estás liberado de las limitaciones políticas, vas con el Leibovitch interno tuyo hasta el final. Tú describes los atentados selectivos como asesinatos. Expresas alegría por el hecho que el nieto de tu madre no es un piloto combatiente que mata a gente inocente. Tú defines la conquista como anschluss (anexión) israelí. ¿Anschluss israelí? -"Eso es lo que hacemos allí. ¿Qué tenemos que hacer allí? ¿Qué quieres decir? ¿Es humanismo? ¿Es la Cruz Roja?" -¿Y los atentados selectivos son asesinatos? -"Alguno de ellos, por supuesto". -¿Nos estamos arrastrando a crímenes de guerra? -"No queda otro camino que verlo así. Especialmente si no hay perspectivas de diálogo. El israelí es en estos casos demasiado tranquilo; un árabe más, un árabe menos; todo en orden. Pero al final la pila se va amontonando. El número de víctimas inocentes es tan grande que será imposible sostenerlo. Entonces nuestra explosión, la de ellos y la del mundo será interminable. Lo veo frente a mis ojos. Veo el montón de cuerpos palestinos cruzando el muro que establecimos para no verlos más". -Tú no eres sólo Leibovich; eres también Ghandi. Piensas que la respuesta cierta para la Shoá no fue Mordejai Anilevich sino Mahatma Ghandi. -"Yo creo en la teoría de la no-violencia. No pienso que creer en la no-violencia es ser un incrédulo. Para mí Ghandi es lo más judío que hay. Él expresa una postura judía muy antigua. Igual a Yohanán Ben Zakai, que antes del destierro solicitó de Roma recibir a Yavne y a sus sabios; no Jerusalén, no el Templo, no la soberanía. Yavne y sus sabios". -Hay una expresión política actual a tu posición contraria. Tú cres en el desarme de Israel de armas nucleares. -"Por supuesto, ciertamente. El día del desarme nuclear será el día más importante en la vida del Estado de Israel. Será el día en el que lograremos la negociación óptima con nuestros vecinos y no necesitaremos más las bombas. Esa debería ser nuestra ambición. Soy muy optimista. Comencé el libro con un duelo, pero lo concluyo con optimismo". El israelismo como crueldad -Abrum, tu libro es el de un hombre que brega por la paz. De casi un pacifista. ¿Cómo es posible que al abandonar la política, un hombre de paz como tú intente comprar del Gobierno una empresa que produce repuestos para tanques? -"Hoy soy un hombre de negocios. Me ocupo del tema de empresas. Saneamiento de empresas. Privatización. Yo amo esta ocupación y estoy bien en ella. Uno de mis proyectos principales ha sido adquirir una empresa de acero en Ashkelón en la cual el 40% del mismo se utiliza para la producción de armamentos. Mi intención era cerrar esa línea de producción y ampliar la incorporación del acero al mundo de la aeronáutica civil. Yo nunca seré responsable de la producción de armas. El desafío que enfrenté fue ocupar un lugar que produce lanzas y triturarlas para fabricar azadas". -Esa negociación despertó interrogantes difíciles. Originó la investigación del Veedor del Estado y la investigación de la policía. Pero no deseo preguntar sobre la dimensión delictiva dado que el caso se cerró y resultaste inocente de toda culpa. Quiero preguntar ¿cómo es posible que un político que se autodenominó anti tacherista y enemigo acérrimo de la privatización, abandona la carrera política y lo primero que hace es tratar de lograr ganancias espectaculares de la privatización? -"Yo realizé una acción anti tacherista por excelencia. El Estado vendió mal pero yo quise comprar bien. El Estado ocasionó daños a los trabajadores y yo quise ocuparme de sus derechos. Quise mostrar un modelo diferente de cooperación entre trabajadores y patrones. Por eso pienso que es un error que el Estado de Israel se apoderó de mi negociación. Cuando abandoné la política la tentación fue muy grande. Pude ocupar diferentes cargos. Me propusieron de todo: ven, abre puertas, cierra puertas. Pero dije que no. Me dirigí a la vieja industria; a la periferia. Hoy produzco maíz en Jatzor Haglilit. Muéstrame otro como yo que llega de la política y realiza un trabajo como este, que no se sitúa en ciudades futuristas, que no se sienta en lugares aristocráticos y hace lo imposible para poder pagar mensualmente el sueldo a 600 obreros". -No es exacto que hayas decidido no abrir puertas o cerrarlas. En el proyecto conjunto con David Appel (influyente hombre de negocios israelí), debías abrirle las puertas para que pueda difundir el proyecto de su isla griega en el sur de Italia. -"Ese proyecto no quedó en nada. Incluso no hubo ninguna oportunidad financiera. Pero si hubiese salido algo – ¿qué pasaría? Por el hecho que 20 personas no simpatizan con David Appel debería ser rechazado? ¿Por el hecho de que en la Corte de Justicia digan cosas horribles sobre él sin ningún fundamento? Esa es una violencia que no soporto. Es sencillamente crueldad; el israelismo como crueldad. Y eso es algo que nos gusta mucho. Vende muchos periódicos". -¿Las afirmaciones contra ti por el acero en Ashkelón y por el tema David Appel es parte de la crueldad social israelí? -"Existe aquí una sociedad decapitadora. Primero te colgaremos y cuando expires aclararemos el porqué. Vivimos actualmente en los años cincuenta de los Estados Unidos. En la época macartista. Pensar que todo es corrupción nos llevó al macartismo. Es importante fijar los límites. Antes hurtábamos del gallinero, hoy en día es imposible hacerlo. Antes le preguntábamos a una mujer ¿cuando tú dices que no a qué te refieres? y actualmente está prohibido acosar sexualmente. Pero la forma en que se hizo, el estilo, la vulgaridad, el populismo, la artificialidad, la incapacidad del acusado de tratar de probar su inocencia". -Pero tú sabes responder a un ataque. He aquí que Salai Meridor, también ex Presidente de la Agencia Judía, determinó que es injusto que ustedes dos gocen del privilegio de un automóvil con chofer de por vida, y tú vas a los Tribunales para luchar con todas tus fuerzas por este privilegio. -"Como Presidente de la Agencia Judía en el pasado me corresponden derechos de pensionado como tú gozas de los derechos de jubilación. Un día, de repente, me avisan que se acabó. Piensa si a ti te hubiese correspondido recibir el diario Haaretz gratis hasta la jubilación y Amós Shoken (Director de Haaretz) de repente te lo quita. ¿No vas a luchar? ¿No protestarás ante la comisión de los trabajadores? ¿Acaso toda persona tiene el derecho de luchar cuando le quitan algo, y sólo Abraham Burg no lo tiene? ¿Porqué? ¿Porque sí? Todo ello es insignificante desde el punto de vista del dinero. Pero a nivel de principios me saca de mis cabales". -Se trata de doscientos mil shekel. Y se habla de tu conducta que el juez consideró vergonzosa. Y se trata de que a pesar de que tú hablas muy altivamente sobre la ética, no consigues divisar el daño moral que produces en los últimos diez años desde que abandonaste la Agencia Judía y viajas a tus negocios privados por todo el país, mientras un chofer de la Agencia Judía te lleva a todos los lugares. Y sobre todo porque actualmente estás tan alejado de todo lo que la Agencia Judía representa. -"Tengo lo que decir con respecto a lo dicho por el juez. Pero no le responderé. No transformaré violencia en violencia. Se trata del derecho básico del hombre. El derecho a recibir legalmente la pensión estipulada. -¿Valió la pena? Lo que quedará impreso en la conciencia es que Salai Meridor fue honesto y sencillo y Abrum Burg ávido de placeres que ambiciona privilegios. -"Lo que queda de todo ello es que me siento bien conmigo mismo. Todo el que se siente cómodo con la violencia secreta o las cuchilladas ocultas o quiere ser sicario descubierto o encubierto – que lo consiga. Está todo bien. Yo no voy a educar al mundo. Para mí lo esencial es que me sienta bien conmigo mismo". -Pero hay aquí un interrogante que te acompaña durante años. Te expresas en forma impresionante. No sólo brillante, sino ético. Ahora llegas y escribes un libro totalmente moralista. Pero tu accionar en el mundo es diferente. En tu vida política fuiste sofisticado, falso y venenoso, y también en los negocios estás lejos de ser un santo. El abismo entre tus palabras y tus hechos es preocupante. -"La diferencia está en el que observa. Yo no me pregunto cómo me ve Ari Shavit. Yo ya terminé con el mundo en el que me importaba lo que piensas tú de mí. Vivo en el mundo en el que me interesa lo que yo pienso de mí. Durante muchos años viví con el complejo del qué dirán. Este complejo me ha llevado a lugares errados; a lugares donde el abismo es inmenso entre mi yo interno y mi yo externo. Hoy vivo con mi propia verdad". -Quizás las cosas se unifican. Tú realmente eres un hombre de paz que rechaza el israelí militarista, el nacionalista y el prepotente. Pero cuando te contactas nuevamente con lo judío no te unes sólo al judío espiritual sino al judío del dinero. -"Es cierto. La vida no es sólo ser un pionero con la azada y el soldado valiente en la Puerta de los Leones de Jerusalén. La vida es también ser comerciante en Varsovia. Definitivamente es un compendio más rico de la vida". -Y de todas maneras, no renunciaste a la política. Eres amigo cercano de Olmert. ¿Aún después de la Guerra del Líbano lo sigues apoyando? -"Lo que sucedió con Ehud Olmert es una gran tragedia. De toda la generación un poco mayor que yo, él es el más talentoso, el más experimentado. Existe entre nosotros un afecto muy grande. Yo lo aprecio muchísimo. Es una persona muy humana con principios muy elevados en sus relaciones con el prójimo y con su familia. Pero su capacidad de sacar su fuerza a la acción se convirtió en imposible por la declaración de la guerra. El pensamiento estilo Bush de que la guerra es la primera opción, es un error que daña todas las otras esencias de Olmert. Yo le sigo implorando que lo repare en el gran drama político; Hamás o Siria o la iniciativa saudita. Yo le digo - No te atrincheres en el error. De lo descompuesto aún puede surgir el gran arreglo". -Y entre los candidatos del laborismo ¿a quién apoyas? -"A Barak" -¿Porqué? -"Ya una vez demostró que está dispuesto a pasar el rubicón israelí. Y aquí habrán muchos rubicones por ser cruzados. Su capacidad para hacerlo es muy importante para mí". -¿Te ves regresando a la política? -"Pregunta abierta. Sólo en el 2010 comenzará una nueva política en Israel. Después que la generación Olmert-Barak-Bibi finalice, le tocará el turno a una nueva que vendrá de los institutos, de la academia y del arte. Entonces puede ser que allí tenga lugar”. -¿Un lugar en la oficina del Primer Ministro? -"Alguna vez anhelé fervientemente ser Primer Ministro. Ardía como un fuego en mis entrañas. No sabía que quería hacer allí pero quería llegar. Actualmente digo que tengo que correr muchas maratones para que eso llegue". -Pero tú estás en esa maratón. -"Toda la vida". Hermano y desertor Nos conocimos hace exactamente 25 años en Jerusalén. Abrum y yo formábamos parte de un pequeño grupo de soldados y oficiales de reserva que se manifestó en contra de la Primera Guerra del Líbano. "Soldados en contra del silencio", nos llamaban. Muy pronto Abrum nos fue arrebatado. En la gran manifestación por la masacre de Sabra y Shatila, él fue la estrella e inmediatamente se dirigió a la política. Al comienzo fue muy allegado a Shimón Peres. Posteriormente la gran promesa de los jóvenes de Avodá. Después Presidente de la Agencia Judía, Presidente de la Knesset y candidato a Presidente del Partido Laborista. Entonces, de repente, hace tres años, se fue. Se complicó en negocios de privatización problemáticos y fallidos. Fue criticado por el periodismo, censurado por el Veedor del Estado, investigado por la policía. En todo este tiempo escribió un libro. Todo este tiempo redactaba las expresiones vigorosas de "Vencer a Hitler". Burg no es conciente de ello, pero desde su punto de vista, el libro que promociona en la Semana del Libro de Israel es una profecía. Para otros el libro será difícil de definir. Contiene profundos pensamientos sobre Israel y el sionismo, hay en él una constante comparación entre Israel y Alemania. Hay una aguda crítica sobre la ejecución de Eichmann. Contiene pensamientos acerca del judaísmo en la era de la globalización y hay en él memorias sobre su padre. El fugitivo de Dresden, Yosef Burg, le brinda al libro cierta ternura que no se esconde tras las furiosas frases de su hijo. Antes de la culminación del optimismo, Abrum trata de convertir el responso en un Aleluya, pero el intento no convence demasiado. El Israel de "Vencer a Hitler" es un Israel muy difícil, imperialista, poderoso, cerrado, superficial, envalentonado y carente de inspiración. El libro personalmente me sulfuró. Lo considero el dar la espalda de un colega israelí hacia el israelismo común de ambos. Vi en él un ataque unilateral y falto de empatía hacia la vivencia israelí. De todas maneras, el diálogo con Abrum fue emocionante. Imposible ignorar lo que tiene. Imposible ignorar su caudal de información o la precisión o la capacidad de tocar los puntos con verdades dolorosas. Quizás por ello nos enerva. Amigo y devorador; hermano y desertor. Fuente: Haaretz/Traducción: Lea Dassa, exclusiva para Argentina.co.il. Fuente: www.prensajudia.com

Alan Turing fue esencial para ganar la Segunda Guerra Mundial

La segunda mitad de 1940 y la primera de 1942 fueron conocidas por las tripulaciones de submarinos alemanes como los tiempos felices. Durante esos meses, sus victorias en la campaña del Atlántico fueron numerosas y sus riesgos, limitados. Como cuenta Pedro Bernal, teniente general del Ejército del Aire y ex director del Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN), esas dos etapas de triunfos coinciden con la inclusión de novedades dentro de Enigma, la máquina empleada por Alemania para sus comunicaciones seguras durante la Segunda Guerra Mundial.

Esta relación entre los triunfos aliados y su capacidad para interceptar las comunicaciones enemigas ofrece una idea del valor del trabajo del matemático Alan Turing y todo el equipo que trabajó desde la mansión de Bletchley Park, en Buckinghamshire (Inglaterra), para desencriptar los mensajes nazis. En una conferencia enmarcada en el simposio internacional El legado de Alan Turing, organizado por la Fundación Ramón Areces en el centenario de su nacimiento, Bernal ofreció su visión sobre la relevancia del trabajo de inteligencia del matemático británico, que pudo acortar la guerra hasta dos años y fue esencial para la victoria aliada.

Pregunta. ¿Habrían ganado la guerra los aliados sin Turing?
Respuesta. No sé si sin Ultra [el programa británico para romper los códigos alemanes] o sin Turing, pero desde luego sin las labores de inteligencia que desarrollaron, no. Creo que la importancia de este trabajo se podría valorar aún mejor si pudiésemos aplicar un método científico riguroso para ver qué cantidad exacta de mensajes se consiguió descifrar y cuándo. Se podría establecer una medida del éxito de la inteligencia mucho más precisa, pero por la propia naturaleza de los materiales de los que estamos hablando, todo eso ha sido confidencial y ha estado clasificado. Pero en cualquier caso, creo que en aquel combate de las armas que se trasladó a las ondas, sin el trabajo de Ultra, posiblemente, no se habría ganado la batalla del Atlántico, y creo que el trabajo de Turing, si no fue una causa excluyente, desde luego fue un factor esencial para el triunfo.

P. Usted ha observado una relación entre las innovaciones alemanas en sus sistemas de encriptación y etapas de más éxitos militares para sus ejércitos justo a continuación. ¿Por qué no introdujeron esas innovaciones con más frecuencia?
R. Hay un debate, todavía hoy, sobre hasta qué punto los alemanes sabían que eran vulnerables en algún aspecto, por aspectos de diseño de la máquina o por procedimiento. Creo que ellos lo sospechaban, aunque no tenían certeza. Por otro lado, incluso cuando capturaban alguna máquina, había quien decía que daba igual, porque, aunque tuviesen la máquina o los códigos, la utilización que se estaba haciendo de ellos y los cambios que se estaban realizando día a día harían imposible que los enemigos accediesen a la información. Pero entiendo que ellos sospechaban que algo funcionaba mal porque también veían que cuando introducían un cambio, observaban una mejora que después con el tiempo se difuminaba.

P. ¿Pudieron hacer algo más para evitar que se interceptasen sus mensajes?
R. Ellos hacían cambios de carácter disciplinario, de protocolos, pero para mí hay algo más que podían haber hecho. Basaron tanto sus mensajes en Enigma que posiblemente con eso facilitaron el que redes o mensajes que no eran tan opacos pudieran ser descifrados y comprometiesen el resto. Si hubieran concentrado la utilización de Enigma para aquellos mensajes de importancia capital, y el resto los hubiesen transmitido por otras redes, habrían dificultado mucho más la labor a quienes querían romper el código.

P. Al principio, los propios británicos creían que el sistema de codificación era indescifrable, salvo Turing.
R. Cuando Turing se incorpora al barracón [dirigió el barracón 8, la sección responsable del desciframiento de los códigos navales], hay una situación de desconcierto. Aunque saben que se está utilizando una máquina y ya han visto las versiones comerciales de esta máquina, la cantidad de combinaciones que ofrece hace que vaya a ser prácticamente imposible descifrar el código o al menos hacerlo a tiempo para que la información sea útil. El único que da un paso adelante y dice “este problema se puede abordar” es Turing. Él basa toda su filosofía en tratar de eliminar parte de esa maraña de alternativas. El cálculo que se hace de esas alternativas es secuencial. Primero, cuántas combinaciones se hacen de cinco rotores cogidos de tres en tres, después, las 26 letras de cada rotor, multiplicadas por las de los otros rotores, y así sucesivamente. Cuando se juntaban todos estos elementos, y se empezaban a hacer cálculos, salía una cantidad de ceros que asustaba. Turing se dio cuenta de que la clave estaba en descartar parte de esa complejidad en cada una de las etapas. Con un sistema de cribas lograba quedarse con números más digeribles, y llegaron a trabajar con problemas que implicaban hasta 106.000 alternativas, que puede parecer mucho, pero era una cifra abarcable para las máquinas de las que disponían.

P. ¿Quién era la gente que estaba en el otro bando? ¿A quién ganó Turing?
R. Turing en realidad vence al sistema Enigma y a toda la lógica que contiene. Al que vence es al creador de la máquina. Cuando las fuerzas armadas cogen esta máquina, van introduciendo mejoras y hacen un diseño, sobre el original de [el ingeniero alemán Arthur] Scherbius, para utilizarla con más efectividad. Hay un lado en el que uno está luchando con su inteligencia contra otros que están luchando con una máquina muy efectiva a la que están sacando un rendimiento máximo introduciéndole mejoras. Pero no se puede hablar de una batalla entre equipos.

P. ¿La criptografía tiene ahora la misma importancia para los ejércitos del mundo?
R. Siempre. Vivimos en la época de la información y en la red hay mucho ruido, pero también mucha información útil, que se ha de saber aprovechar. Ahora, además, estos sistemas de criptografía están en muchos otros lugares, como los hospitales o en la propia Administración. A medida que ha crecido la información, ha crecido la necesidad de asegurarla. Pero en cualquier caso, como sucedió en la época de Turing, aunque se tienen máquinas mucho más potentes, lo que determina el éxito en su uso es el cerebro que se suma a la máquina.

Autor: Daniel Mediavilla
Fuente: madrid+d

El libro negro

Qué duda cabe: en cuestiones como el Holocausto, las cifras importan. Documentan la escala y las dinámicas del genocidio. E impactan por sí mismas, naturalmente, pero… Las cifras desnudas, los números de víctimas habidas en las matanzas de judíos orquestadas por los nazis, aunque impresionan, no lo dicen todo. Por su misma índole abstracta, esas atroces magnitudes (10 mil muertos en tal ciudad, 33 mil en aquella otra, 200 mil muertos en tal o cual campo de exterminio) escamotean una parte sustancial de lo ocurrido y, aparte de difuminar la individualidad de las víctimas, tienden un velo de frialdad y distancia ante el horror. Son los testimonios lo que nos aproxima a la humanidad de las víctimas, pero también a la cruda realidad del crimen. Los testimonios de los supervivientes y de los testigos de los hechos nos permiten atisbar un algo de lo que en general nos resulta demencial, ajeno a todo parámetro de normalidad e inasequible por tanto a la comprensión –tan demencial que puede mover a incredulidad y escepticismo-. Acaso en esto resida el mérito principal de una recopilación de testimonios y documentos como El libro negro, editado en los años 40 por un equipo dirigido por los escritores soviéticos Ilyá Ehrenburg y Vasili Grossman e inédito hasta hace poco en castellano. Su mérito principal, decía, pero también su justificación mayor y su reclamo de actualidad, décadas después de que se vetara su publicación en la Unión Soviética.
Lo antedicho remite a los objetivos a que obedecía originalmente El libro negro, cosa que a su vez nos lleva –someramente- a la ajetreada historia del libro, debidamente reseñada en su Introducción (ver también La Unión Soviética y la Shoah, de Antonella Salomoni). La idea de publicar una recopilación de testimonios sobre el exterminio de ciudadanos soviéticos de origen judío a manos de los nazis pertenece a Albert Einstein y el Comité Estadounidense de Escritores Judíos. Fueron Einstein y los escritores Sholem Asch y Ben Zion Goldberg quienes formularon en 1942 la propuesta del libro al Comité Judío Antifascista (CJA), fundado en la URSS al calor de la guerra con la Alemania hitleriana. Una vez iniciado el trabajo de compilación de materiales, que inicialmente irían desde relatos de supervivientes y testigos oculares hasta fotografías, pasando por diarios de personas recluidas en los guetos, órdenes de exterminio, informes de unidades partisanas y otros, el proyecto de publicación demostró ser extraordinariamente complejo, y estuvo sujeto a los vaivenes de la situación nacional e internacional. Se publicarían distintos volúmenes en diversos países, para lo cual se organizaron dos comisiones editoriales, una de ellas adscrita al CJA y orientada a la publicación en el extranjero,  la otra, una comisión literaria dirigida por Ilyá Ehrenburg (a quien luego se sumó Vasili Grossman en dicha función). A las múltiples dificultades conexas al trabajo de compilación se añadieron  las diferencias metodológicas y conceptuales entre Grossman, que apostaba a una reelaboración literaria de los manuscritos recibidos –a objeto de dar voz a los muertos-, y Ehrenburg, que prefería reducir al mínimo la intervención editorial de los textos seleccionados. Como fuere, el “libro negro” del genocidio debía satisfacer los objetivos de denunciar la naturaleza criminal del nazismo y proporcionar material de respaldo a la acusación de dirigentes nazis en los juicios previstos para el final de la guerra, además de servir de monumento conmemorativo de las víctimas.
La elaboración del libro estaba en 1945 muy avanzada pero la publicación del mismo enfrentó serias dificultades, y el proyecto acabó enredado en los vericuetos de la burocracia soviética y las suspicacias del Kremlin con respecto a la edición estadounidense. Hubo un momento en que Ehrenburg rompió con  el CJA y se distanció del proyecto, aunque nunca dejó de ilusionarse con su puesta a punto. Fue el reputado hombre de teatro Solomon Mijoels, dirigente de un agónico CJA –a punto de ser suprimido por Stalin- quien protagonizó en 1947 la tentativa postrera de superar el veto impuesto por la censura, sin éxito. La prohibición de El libro negro se sostuvo fundamentalmente en dos reparos: por un lado, muchos de los testimonios daban cuenta de la participación de ciudadanos soviéticos en la ejecución de las matanzas, muy especialmente en Ucrania; esto representaba un obstáculo a los afanes del Kremlin de conciliarse con las minorías importantes de la población –tal la ucraniana- y de presentar al mundo el mito de un país unido sin fisuras en su lucha contra el agresor alemán, en lo que –con evidente intención propagandística- se denominó  la Gran Guerra Patriótica. Por otro lado, y relacionado con lo anterior, la retórica oficial del régimen, afecta a la imagen monolítica de la URSS y de sus muertos en la guerra, no admitía la publicidad de la identidad específicamente judía de las víctimas del genocidio; conforme la gráfica expresión de Timothy Snyder, «en  la Unión Soviética de la posguerra, los obeliscos conmemorativos no podían exhibir estrellas de David… solo estrellas rojas de cinco puntas» (v. Snyder, Tierras de sangre).
De todos modos, El libro negro cumplió en parte con sus fines previstos. En efecto, una copia del manuscrito provisoriamente preparado por Ehrenburg fue remitida a la representación soviética en los juicios de Nuremberg.  Aparte esto, el libro sería publicado por primera vez en 1980, en Israel, en una edición que se sirvió de una de las diez copias expurgadas que las autoridades soviéticas enviaron al extranjero en 1946. Como ocurrió con otros libros censurados  en la era soviética, El libro negro fue publicado en Rusia tras el desmoronamiento de la URSS, en 1993. La edición en castellano se basa en la versión de 1947, finalmente prohibida por la censura. Incluye fragmentos purgados o enmendados por ésta y materiales extraídos del Archivo Estatal de la Federación rusa, seleccionados por el investigador Ilyá Altman, responsable de la edición rusa de 1993.  Los textos que lo componen son de naturaleza variopinta y de muy diversa extensión: desde escuetos párrafos hasta escritos de varias decenas  de páginas. Pertenecen a tres categorías. Una es la de los testimonios de supervivientes y testigos oculares en forma de cartas, diarios y transcripción de relatos. Otra es la de las crónicas o reportajes debidos a diversos escritores soviéticos, redactados a requerimiento del comité editorial y basados principalmente en declaraciones, manuscritos recibidos por el comité y consultas a informes forenses. Por último, un apartado poco voluminoso reproduce extractos de documentos alemanes y declaraciones de militares de la misma nacionalidad.  Cabe señalar que al pie de cada texto consta el nombre de su respectivo editor, o editores.
El prólogo del libro es obra de Vasili Grossman, a quien se debe también un excelente reportaje sobre el campo de exterminio de Treblinka. Un versión más completa de este texto fue publicada en 1944 en el periódico del Ejército Rojo, Estrella Roja, bajo el título de El infierno de Treblinka; también consta en el libro Años de guerra, recopilación de escritos del propio Grossman (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, 2010). El autor de Vida y destino es representativo del fenómeno de los judíos rusificados que retornaron a sus raíces étnicas y religiosas a partir del antisemitismo homicida de los nazis. (El de Ehrenburg es un caso similar, con la salvedad de que la identificación de éste con el discurso soviético fue incomparablemente mayor que la de Grossman.) La propia madre del escritor, Ekaterina Grossman, se contó entre los miles de judíos de la ciudad ucraniana de Berdichev asesinados por los nazis,  en 1941. En La matanza de Berdichev, el capítulo más sentido del libro Un escritor en guerra (sobre la experiencia de Grossman en la Segunda Guerra Mundial, editado por Antony Beevor y Luba Vinogradova), sabemos de la conmoción sufrida en 1944 por Grossman cuando pudo comprobar en terreno el alcance de los informes preliminares acerca del exterminio de judíos en Ucrania. Casi tres años de ocupación alemana –y de colaboracionismo ucraniano- habían acabado casi por completo con una densa población de origen judío; lo peor para el escritor fue ver confirmadas sus  más sombrías sospechas sobre el destino de su madre. Los lectores de Por una causa justa y de Vida y destino reconocerán en Anna Shtrum y su aciago final la caracterización de Ekaterina Grossman; es el homenaje del escritor a su madre, asesinada en el curso de uno de los episodios más negros de la historia.
Tratándose de textos como los reunidos en El libro negro, que poco escatiman en su documentación del horror, lo cierto es que los calificativos se quedan cortos. Pocas veces puede uno experimentar con tanto rigor el motivo de la insuficiencia o el desgaste del lenguaje; todo lo que se diga al respecto suena a trillado. Reducido a cierta impotencia, no le queda a uno más remedio que recurrir a lo conocido… El libro negro es, pues, una publicación estremecedora, un testimonio devastador, una lectura desgarradora. Cumple a cabalidad con una de las premisas sentadas por los editores, a saber, que
"Los hechos desnudos son capaces de estremecer la conciencia de los hombres más que los adjetivos o las acusaciones" (p. 651).
- Vasili Grossman e Ilyá Ehrenburg, El libro negro. Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, Barcelona, 2012. 1226 pp. Fuente: Hislibris

La lista de las obras de arte y demás bienes de valor robados por los nazis a los judíos

Una organización judía de Estados Unidos anunció ayer la publicación on line de un registro de 20.000 obras de arte robadas por los nazis en Francia durante la Segunda Guerra Mundial. El sitio www.errproject.org/jeudepaume incluye fotos de las obras y la identidad de sus dueños y los responsables de su publicación son la "Conferencia sobre reclamos materiales judíos contra Alemania" y el Museo estadounidense del Holocausto. El trabajo iniciado en 2005 consistió en digitalizar las fichas del ERR (Einsatzstab Reichsleiter Rosenberg), la agencia encargada de confiscar los bienes a los judíos en los territorios ocupados por Alemania durante la guerra. Las fichas se encuentran actualmente en tres centros: la cancillería francesa, los archivos nacionales de Estados Unidos y los archivos federales alemanes, explicó a la AFP uno de los directores del proyecto, Marc Mazurovsky. Las obras incluidas en el catálogo pertenecieron a familias judías, principalmente francesas y a algunas familias belgas, y habían sido reunidas, inventariadas y expuestas por los nazis en el museo del Jeu de Paume de París, durante la ocupación de los nazis en Francia. "Décadas después del saqueo en masa más grande de la historia de la humanidad, las familias expoliadas pueden ahora consultar ese registro que va a ayudarlas a localizar los tesoros perdidos desde hace mucho tiempo", declaró Julius Berman, presidente de la Conferencia. "Ahora es responsabilidad de los museos, comerciantes de arte y casas de subasta contrastar lo que tienen con estos registros para determinar si poseen obras de arte robadas a las víctimas del Holocausto", agregó. El nuevo sitio web permite ver cientos de obras -que van desde pinturas a muebles, jarrones y esculturas- y verificar quién es su legítimo propietario, cosa que a veces los herederos ignoran, señala el profesor Wesley Fisher, director de investigación de la Conferencia sobre Reclamaciones. "En términos de reivindicación de obras, es un gran paso adelante. Pero queda una interrogante: ¿dónde están las obras?", dijo. En la base de datos se identifican, en total, 260 colecciones de 269 propietarios. En junio de 2009, 46 países se comprometieron a continuar el proceso de reparación de las expoliaciones sufridas por los judíos durante el régimen nazi, en una declaración internacional publicada en Praga llamada "Declaración de Terezin", nombre de un antiguo campo de concentración en la capital checa. En los últimos años, se multiplicaron las acciones para recuperar obras de arte robadas por nazis y, en general, las que se encontraron fueron restituidas a sus dueños. (AFP) El País

martes, 30 de octubre de 2012

Magnicidios de la historia, Pedro González-Trevijano

Los magnicidios han sido una constante en la historia de la humanidad. Desde César hasta Aldo Moro, muchos han sido los dirigentes que han visto su vida truncada de forma violenta. Analizar los motivos, quién y por qué los cometió, y sus consecuencias, a la vez que narrar los detalles de su ejecución son los propósitos de este libro.

Magnicidios de la historia cubre desde la antigüedad hasta nuestros días: César, Marat, Lincoln, el Archiduque Francisco Fernando de Austria, el zar Nicolás II, Trotsky, Gandhi, Kennedy, Carrero Blanco, Aldo Moro. El énfasis en el siglo XX permite al autor examinar los acontecimientos clave de la historia reciente de nuestro tiempo: el estallido de la Primera Guerra Mundial, la Revolución Rusa, el fin del colonialismo, la guerra fría, el fin del franquismo, el terrorismo en Europa.

Como dice Hugh Thomas en el prólogo que encabeza la presente edición, «Pedro González-Trevijano ha escrito un libro fascinante» al que recurrir una y otra vez para revivir las ideas y las biografías de aquellos hombres cuya vida y cuya muerte cambiaron para siempre la historia.

Pedro González-Trevijano (Madrid, 1958) es catedrático de Derecho Constitucional, rector de la Universidad Rey Juan Carlos, vocal de la Junta Electoral Central y presidente del Consejo editorial de La Ley. Ha sido asimismo subdirector del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales. Colaborador habitual de los periódicos ABC y La Voz de Galicia, ha publicado varias obras, entre las que cabe destacar La costumbre en Derecho Constitucional, Libertad de circulación, residencia, entrada y salida en España, La inviolabilidad del domicilio, La cuestión de confianza, EI Estado autonómico, principios, organización y competencias, EI refrendo, EI Tribunal Constitucional, La España Constitucional, La mirada del poder, Entre güelfos y gibelinos. Crónica de un tiempo convulsionado, El discurso que me gustaría escuchar, Yo, ciudadano, y, en este mismo sello, Dragones de la política. Se encuentra en posesión, entre otras, de la Gran Cruz al Mérito Militar con distintivo blanco, la Orden de San Raimundo de Peñafort y la Encomienda de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio.
Ha obtenido los premios Máster de Oro del Fórum de Alta Dirección, Pablo Padrier Foderé, concedido por la Universidad Nacional de Perú, FIES de Periodismo y la concesión del título de «Honorary Degree» por parte de ESERP Business School.
Es doctor honoris causa por las universidades de Tarapacá (Chile), Ricardo Palma (Perú) y Nacional Mayor de San Marcos (Perú). Fuente: stats2.mailcast.es

Franquismo y exterminio nazi de los judíos sefaradíes

(…) en sus encendidos discursos Franco no dejó de mostrarse antisemita, pero nunca reveló que su odio-temor había tenido durante la Segunda Guerra Mundial una repercusión criminal sólo descubierta gracias al contenido de decenas de documentos secretos desclasificados, encontrados en los archivos de Estados Unidos, Reino Unido y Holanda. No se pensaba en Franco cuando se hablaba del holocausto, como si la España pronazi de principios de los cuarenta, claramente dibujada por los documentos que un día fueron secretos, hubiera visto de lejos cómo la Alemania nazi deportaba y asesinaba a millones de judíos y otras minorías. Pero la realidad, espantosa, que aflora en los documentos citados muestra que Franco pudo salvar a decenas de miles de sefardíes, pero prefirió dejarlos morir a pesar de reiterados ultimátums alemanes que le advertían de las medidas extremas (léase exterminio) de que serían objeto si su España no aceptaba acogerlos. (…) los nazis alentaron el golpe de Estado de julio de 1936, al que no dejarían de apoyar hasta la victoria en 1939. Como consecuencia del sostén germano, Franco inclinó dramáticamente los destinos de España del lado alemán y no del italiano, por lo que cabe afirmar que la naturaleza del franquismo se percibe mucho más nazi que fascista. De hecho, tras la victoria de los nacionales en la Guerra Civil, el III Reich desembarcó con armas y bagajes en España con una proporción de medios y humana infinitamente superior a la de cualquier otro país de los que se verían implicados en la inminente contienda mundial. Como consecuencia de ello, los alemanes influyeron en toda la política y la economía española, prensa incluida, y una vez iniciada la Segunda Guerra Mundial las relaciones entre la cúpula del nazismo y Franco y sus ministros fue muy estrecha, y la nueva Alemania, cuyo imperio tenía que durar mil años, tuvo un exquisito trato de favor hacia el Generalísimo. Esta deferencia se tradujo en la oferta nazi de hacerse cargo de los judíos españoles esparcidos por Europa a los que tenían previsto asesinar industrialmente. Pero Franco no los salvó, a sabiendas de lo que les iba a suceder, muy bien informado por los embajadores españoles testigos de excepción de las deportaciones. De esta forma, la dictadura española se convirtió en cómplice activo del holocausto. El ofrecimiento nazi de enviar a España a los spanischer Juden (judíos españoles), como designan los nazis a los judíos en todos sus documentos, se trató de un tema de gran calado que generó cientos de documentos, telegramas, órdenes y contraórdenes procedentes del departamento de asuntos judíos del Ministerio de Asuntos Exteriores alemán, de la embajada de Alemania en Madrid y del Ministerio de Asuntos Exteriores español. Y es que, tratado como un amigo muy especial, el III Reich brindó a Franco la entrega de miles de judíos repetidas veces, por escrito, por comunicación diplomática verbal con reiterada insistencia de los embajadores alemanes. Tanto se esmeraron con su amigo español, que los nazis mantuvieron presos pero sin deportar a muchos judíos en espera de una respuesta positiva de Franco que nunca llegó. Mientras tanto, los alemanes ampliaron por propia iniciativa el plazo límite de entrega (marzo y abril de 1943) para dar tiempo a una respuesta de Franco. Cable cifrado para su embajada en Madrid de 27 de diciembre de 1943: “El gobierno español insistió durante las negociaciones que hubo entre 1942 y febrero 1943 en que no estaba interesado en los judíos españoles. Más tarde se autorizó [por parte alemana] la repatriación de todos los judíos españoles. Repetidas veces, España no cumplió el plazo acordado para su regreso. (...) A pesar de ello y por precaución, la expulsión de los judíos españoles no comenzó hasta el 16 de noviembre. Por favor, explique inequívocamente la situación al gobierno español y recalque que el gobierno del Reich ha hecho todo lo posible para resolver el problema amigablemente y evitar dificultades. Lo hicimos teniendo en consideración la nacionalidad española [de los judíos] a pesar de que se puede dar por supuesto que todos los judíos tienen una actitud antialemana”. ¿La oferta nazi contenía cierta piedad hacia los judíos sefardíes? No. No se trataba de eso. Era la deferencia al amigo y al mismo tiempo una medida para abaratar los costes del exterminio. Es decir, antes de proceder a aplicar en toda su dimensión la solución final, el gobierno del Reich dio la oportunidad al amigo Franco de decidir sobre la suerte de los spanischer Juden, de tal suerte que si los acogía para tomar sus propias medidas contra ellos –como suponían que sucedería–, el operativo nazi de exterminio humano se vería sustancialmente reducido. Telegrama cifrado de 22 febrero de 1943 escrito por el embajador Hans von Moltke, que acababa de insistir una vez más ante el gobierno español e informaba a Berlín: “… el gobierno español ha decidido no permitir en ningún caso la vuelta a España a los españoles de raza judía que viven en territorios bajo jurisdicción alemana” y añadía más adelante que “el gobierno español abandonará los judíos de nacionalidad española a su destino”. “El director general [se refiere al diplomático español José María Doussinague] comentó que estos judíos serían probablemente más peligrosos en España que en otros países porque los agentes americanos e ingleses los captarían en seguida para utilizarlos como propagandistas contra la alianza del eje, en especial contra Alemania. Por lo demás, el señor Doussinague no mostró mucho interés español en el asunto. Ruego nuevas órdenes. Firmado: Moltke”. El régimen sintonizaba totalmente con Berlín y, a pesar de los reiterados ultimátums alemanes –obviamente secretos– que advirtieron explícitamente al gobierno español de las medidas extremas de que sería objeto el colectivo judío, Franco se opuso a salvarlo, pero no olvidó reclamar las propiedades y el dinero de los aniquilados, considerados, por tanto, ciudadanos españoles en toda regla. “(…) La embajada española solicita al Ministerio de Asuntos Exteriores (alemán) que intervenga ante las autoridades correspondientes para explicarles que los bienes de los judíos españoles dejados atrás al salir de Francia, Bélgica y Países Bajos serán administrados por los cónsules españoles o representantes de España y que tienen que quedarse en su posesión por tratarse de bienes de súbditos españoles y por tanto ser bien nacional de España. Berlín, 25 de febrero 1943”. Mientras se producían las deportaciones y España negaba el pan y la sal a miles de seres humanos, unos pocos horrorizados diplomáticos españoles actuaban por su cuenta y en contra de las órdenes emanadas de Madrid. Falsificaron documentos y lograron salvar a cientos de personas. Todos alertaron a Madrid del genocidio en telegramas secretos, y dos de ellos, Ángel Sanz Briz, desde Budapest (Hungría), y Julio Palencia, de la legación de España en Sofía (Bulgaria), fueron crudamente explícitos en sus mensajes. El primero, conocedor del llamado “protocolo de Auschwitz”, avisó de las matanzas en cámaras de gas, y el segundo, testigo presencial desde su embajada, escribió a Madrid avisando del desastre humano. Julio Palencia redactó “… por si acaso VE considera digna de ser tomada en consideración mi sugerencia… tenga a bien concederme cierta elasticidad para… conceder visados a israelitas de no importa qué nacionalidad o condición… pues los judíos están siendo víctimas de una persecución tan cruel y encarnizada que a la persona más ponderada y fría pone espanto en el ánimo el contemplar las injusticias y horrores que estas autoridades vienen cometiendo…”. 14 de septiembre de 1942. El ministro no autorizó los visados que solicitó Palencia, que, desesperado, llegó a adoptar a dos jóvenes judíos para salvarlos de la muerte. Tres años después, cuando la guerra mundial cambió de curso y los aliados presionaron a Franco, este se apropió de los actos heroicos de estos diplomáticos para ganarse la benevolencia de los vencedores. (…) Pero no todo lo oculto se refiere a España. Los aliados también tienen algo que explicar. Un mensaje secreto de sir Harold MacMichael, alto comisionado británico para el protectorado de Palestina, enviado el 15 de junio de 1944 a sir Anthony Eden, entonces ministro de Exteriores del Reino Unido y luego premier, dice entre otras cosas: “Los nazis tienen la esperanza de obtener alguna gracia ante los ojos aliados por el hecho de no matar ahora a dos millones de judíos, pues creen que ayudará a olvidar que ya han matado a seis millones de judíos”. Leído de otra forma: en plena guerra, al igual que Franco, los aliados sabían perfectamente lo que estaba sucediendo en los campos de exterminio. La pregunta es obvia: ¿qué hicieron para evitarlo? Tomado de “El franquismo, cómplice del holocausto”, de Eduardo Martín de Pozuelo. Fuente: amnistiapresos.blogspot.com.es

lunes, 29 de octubre de 2012

Lebensborn: cartelería publicitaria






Los niños perfectos del Reich

Hitler en la intimidad

Huir de Sobibor

Ahora sacude a España, la historia de la mayor huida de presos de un campo de concentración nazi durante la Segunda Guerra mundial. Trescientos detenidos judíos lograron escaparse del campo de exterminio de Sobibor (Polonia) en octubre de 1943.

Una narración verídica que cuenta la más espectacular y masiva huida de presos en la Segunda Guerra Mundial fue presentada esta semana, en forma de libro, 22 años después que como narración se publicara en la universidad de Illinois, llega a España en forma de libro. Allí se cuenta como trescientos judíos huyeron de la muerte en Sobibor (Polonia) tras enfrentarse a sus guardianes.

Aún están vivos, dieciocho supervivientes de aquella historia y ellos cuentan la fuga a un periodista norteamericano. Otros trescientos presos murieron durante la fuga o fueron ejecutados tras ser detenidos de nuevo.
 
Este pasado jueves 17 de junio apareció en las librerías de toda España una historia apasionante y sorprendente sobre la fuga protagonizada por 300 judíos de un campo de extermino nazi. Este campo se llamó Sobibor, y estaba ubicado al este de Polonia. Los hechos se desarrollaron el año1943.
La mayor fuga de prisioneros de un campo en la Segunda Guerra Mundial. “Escapar de Sobibor” (Booket. Planeta) es un excelente trabajo del periodista norteamericano Richard Rashke, publicado en 1982 en University of Illinois Press, que fue la base para rodar en 1987 una mini serie televisiva que se llamó "Escape de Sobibor, del director Jack Gold, protagonizado por Alan Arkin y Joanna Pakula.

La historia del libro y la mini serie sobre aquellos hechos reales, que millones de televidentes en todo el mundo han visto como si se tratara de una aventura más sobre nazis y judíos, es reveladora de hasta qué punto las verdades oficiales se resisten a ser desmentidas. La historia está llena de tergiversaciones que son muy difíciles de destruir, y una de ellas es la que presenta a los judíos como una manada de corderos marchando hacia el matadero durante el holocausto nazi. Eso no fue así, quizá, por no ser así, es que ahora, y después de declararse el Estado de Isreal, el mundo conoce muy bien en temple y la fuerza de los judíos.

A pesar de los relevantes hechos que se narran, Escape de Sobibor ha tardado 22 años en llegar traducido a los lectores en lengua castellana por diversas cuestiones, entre ellas la de que desmiente los cánones históricos. Ha sido la curiosidad de un editor español, que tras leer en The New York Times una crónica sobre la muerte, en 2003, de un fugado de aquel campo de exterminio, se interesó por un libro que no había pasado de un tratamiento minoritario en Estados Unidos.

Allí se narra que Sobibor fue un campo de exterminio que funcionó entre 1942 y 1943 en el este de Polonia. Situado entre los más conocidos de Treblinka y Belzec, cerca de la frontera con Bielorrusia, formó parte de la Operación Reinhard de Himmler para exterminar a todos los judíos polacos. Se calcula que fueron un 1.600.000 judíos las víctimas en estos tres campos. Sólo en Sobibor, el más pequeño de los tres, fueron 250.000 los judíos gaseados. Al terminar la guerra se encontró muy poca documentación acerca de este campo, lo que hizo que quedara en un segundo nivel, entre los oscuros pliegues de la historia. Realmente, aquí no hay nada insólito, nada nuevo... Todos sabemos el horror del holocausto. Hace muy pocos días, este mismo es de junio, el 10, se dio a la publicidad; el descubrimiento de un nuevo campo de concentración nazi cerca del centro alpino de Rudolfshuette, una de las estaciones más populares de Austria, a 2.300 metros de altura. La investigación de una historiadora ha revelado que entre comienzos de 1943 y mayo de 1945 hubo un campo de concentración olvidado, en el que estaban recluidas unas 450 personas, en su mayoría franceses, belgas y austriacos. Pero Sobibor no fue un campo más, no fue una prisión más, Sobibor fue un campo de exterminio. Todos los judíos que llegaban a este tipo de campo, a diferencia de Mathaussen, Auschwitz o Dachau, eran conducidos en 24 horas a las cámaras de gas, salvo unos pocos centenares de los más jóvenes y preparados, destinados a servicios y mantenimiento. En el momento más activo de Sobibor, llegaron a ser exterminados 2.000 judíos diariamente, en su mayoría polacos, pero también los había holandeses, alemanes, checos y rusos. La brutalidad de esta cifra obligó a una incineración masiva de cadáveres, lo que le añadió al horror de la muerte la tenebrosa atmósfera de los crematorios masivos. 

Hay muchos testimonios de lo que pasó en Sobibor. Existen algunos testimonios personales de los evadidos, Richard Rashke logró hablar con 18 supervivientes de la fuga en Estados Unidos, Rusia, Brasil, Polonia e Israel a principios de los años 80, y no sólo rehizo la apasionante historia de la
evasión, sino de la vida cotidiana en el campo. Se sabe cuales trabajos realizaban, cómo se mantenía en secreto el denominado Campo III, donde eran exterminados los presos que llegaban a diario a Sobibor y cómo lentamente emergió la necesidad de contar al mundo lo que allí ocurrió. Libro lleno de narraciones duras, desgarradoras, narraciones de un horror que no puede ni debe olvidarse. Drama de seres que llegaban a un infierno donde eran torturados, explotados y luego conducidos a las cámaras de gas. 

Allí topamos con la realidad de lo que fue aquel invierno de 1942 cuando la mayoría de los judíos polacos habían sido exterminados y Sobibor pasó a ser el lugar donde ya se encargaban del exterminio de presos llegados del frente bielorruso y de judíos procedentes de Alemania, Checoslovaquia y Holanda. Allí frente al horror, frente a la sensación de que no hay esperanza alguna, es entonces cuando empieza a surgir entre los presos una certeza, una necesidad de organizar una fuga que tenía que ser masiva, porque los pocos intentos habidos de forma individual, siempre habían terminado sin éxito alguno, o de tenerlo, este éxito de un solo ser, lo pagaba el resto de los presos con ejecuciones masivas.
 
Tras analizar todas las posibilidades, decidió que la fuga se haría mediante una estampida masiva de presos hacia la puerta principal del campo, con el fin de alcanzar los tupidos bosques que se levantaban a medio kilómetro. El plan, que se llevó en absoluto secreto hasta el último momento, había previsto iniciarse con el asesinato de varios oficiales alemanes y ucranianos mediante el señuelo
de hacerles acudir a los barracones del sastre y del orfebre para probarse trajes y joyas realizadas con el oro y las piedras arrebatadas a los presos o con los dientes de oro de los exterminados. Con la ayuda de algunos kapos, presos que hacían de vigilantes, se hicieron con hachas, cuchillos y unas pocas armas de fuego. El día previsto, el 13 de octubre de 1943, el campo amaneció con una presencia masiva de oficiales y soldados de las SS y hubo que retrasar la acción al día siguiente. El día 14 al mediodía, tras eliminar a casi un decena de jefes, y cuando los casi 600 presos se concentraban en el patio central para un recuento, salieron corriendo hacia la puerta principal y las alambradas contiguas, que sortearon mediante maderos. La sorpresa siempre presente como gran aliada de este plan, fue la que dio el éxito.

La forma en que actuaron cogió de sorpresa a los guardianes que, para esa época, ya no tenían un mando firme, una cabeza ecuánime, por tanto tardaron en reaccionar. Así fue posible   que más de 300 prisioneros lograran llegar al bosque que rodeaba al campo de exterminio, sanos y salvos. Más de un centenar y medio de presos cayeron en la huida, bien por los disparos de ametralladora de los guardianes, bien en los campos minados del entorno. Otro centenar largo no puedo salir del campo al ser bloqueadas las salidas. Ya en los bosques, aquellos seres desesperados pero libres se dividieron por grupos. Unos se dirigieron a cruzar el Bug, el río que hace de frontera, con la intención de unirse a la guerrilla rusa, como fue el caso del líder de la fuga, Sasha. Otros se escondieron en los tupidos bosques de Parczew, donde unos 50.000 judíos orientales lograron sobrevivir durante la Segunda Guerra Mundial. Otros se escondieron en granjas, bien de parientes o de amigos, bien de polacos que admitieron como recompensa parte de dinero y joyas que los presos habían logrado esconder de los nazis.

En esta narración histórica y verídica su autor, Richard Rashke, hace hincapié y busca explicaciones al porqué del maltrato que en general dispensó la población católica polaca a los judíos. También durante la huida hubo judíos escapados de Sobibor que fueron entregados a las autoridades alemanas y ejecutados posteriormente. O el caso de Leon Feldhendler, que tras participar en la liberación de la ciudad polaca de Lublin fue víctima de un pogromo contra los judíos. Hasta tal punto fue así que algunos judíos tuvieron que huir a Rusia para escapar de los cazadores polacos.  

El libro de Rashke, que insiste en varias ocasiones en que no es judío, no concluye con la fuga, sino que dedica un par de capítulos a los partisanos y resistentes polacos contra los alemanes, como el Ejército Patriótico polaco (Armia Krajowa), que no quiso mezclarse con dos grupos de resistentes judíos polacos liderados por Gruber y Greenshpan. Finalmente, estos dos grupos se unieron a la resistencia comunista de Genek Kaminsky.

Richard Rashke, como buen periodista concluye su interesante y apasionante trabajo con las entrevistas que realizó a cada uno de los supervivientes y con una emocionante visita a lo que quedaba de Sobibor, en 1980, junto con Thomas Blatt (Toivi), un huido de Sobibor residente en Estados Unidos. Otro de los testimonios es el de Shlomo Szmajzner, un judío polaco residente en Brasil, que ingresó en el campo con apenas 15 años y que logró sobrevivir gracias a su oficio de orfebre. Fue Shlomo el que logró arrebatar a los alemanes las armas de fuego el día de la fuga del campo. Es autor de un librito, Inferno em Sobibor, publicado en portugués en 1968. Para Shlomo, contar lo ocurrido “es un alegato por la dignidad humana”.

domingo, 28 de octubre de 2012

Drancy, la antesala de Auschwitz

“Cuando llegué a Drancy, tuve la impresión de entrar en el infierno… y eso a pesar de que ya había vivido parte del infierno”. Annette Kracjer es una de los 4.000 niños y niñas de la redada del Velódromo de Invierno, la primera en la que se detuvo a familias enteras de judíos en julio de 1942. Setenta años después, sentada en el aula didáctica del Memorial de la Shoah de Drancy, relata con precisión escalofriante su experiencia.
 
Campo de concentración de Drancy
Annette, que entonces tenía 12 años, fue detenida junto a su madre y su hermana Léa, de 14. Pasaron por el Velódromo, antes de ser trasladada al campo de internamiento de Pithiviers, a 80 kilómetros de París, el 19 de julio. El 31 de agosto, las autoridades deportaron a los padres de familia. El 3 de agosto, a las madres. Los niños llegaron “huérfanos sin saberlo” a Drancy el 15 de agosto”.
A los dos días de llegar se llevaron a un primer grupo de niños. “Oímos los llantos. Sabíamos que éramos los siguientes”. La noche siguiente, Annette miraba por el ventanal cómo rapaban a los pequeños antes de mandarlos a Auschwitz, cuando apareció una prima que trabajaba en la secretaria judía del campo y las rescató. 
Durante un mes, las hermanas permanecieron con ella en las dependencias de los internos residentes. En realidad, las dos pequeñas se encontraban desde el principio en una lista de 32 niños que debían ser liberados, porque su padre trabajaba en una explotación agrícola alemana a cambio de una protección para su familia. Pero la lista se perdió “entre comillas” y la nueva no llegó al campo hasta el 23 de septiembre. “Cuando pasaron lista solo respondimos ‘¡presente!’ mi hermana y yo.
 Los demás ya no estaban”, recuerda. “Abandonamos Drancy solas, las dos, en ese gran autobús vacío, con la cabeza llena de piojos, la sarna generalizada y una mirada extraña. En esas condiciones abandoné el campo, al que nunca he vuelto hasta hoy”.

"Pasados casi 70 años desde el fin del conflicto, el homenaje se desplaza al fin in situ, a uno de los lugares más simbólicos de la persecución: el campo de internamiento de Drancy, situado a apenas 15 km al norte de París.
 Por él pasaron la gran mayoría de los 76.000 judíos de Francia deportados a los campos de exterminio nazis. El presidente de la República, François Hollande, inaugura hoy el Memorial de la Shoah de Drancy, situado frente al antiguo campo, que actualmente sirve de vivienda social. (...)

El campo se ubicaba en los edificios de La Cité de la Muette, construida entre 1931 y 1937. Era originalmente “un proyecto pionero de vivienda colectiva destinada a mejorar la vida de los vecinos”, recuerda Fredj. La obra, sin embargo, se estancó, y los alemanes, que ocuparon la mitad norte de Francia a partir de 1940, la convirtieron en campo de internamiento judío, primero “con una lógica de exclusión de la sociedad”.
 En el otoño de 1941 se tomó la decisión de la solución final y a partir del verano de 1942 se convirtió en “la antecámara de la muerte”, según la expresión de Philippe Allouche, director de la Fundación para la Memoria de la Shoah.
De los 76.000 judíos deportados desde Francia durante la contienda, unos 63.000 lo fueron desde Drancy, a menudo procedentes de otros centros del país. Hasta el año 1943, el campo fue gestionado por los franceses, antes de pasar el mando a los alemanes. Salían entre dos y tres convoyes semanales: “los lunes, los jueves y los sábados y siempre eran 1.000”, según recuerda Annette Krajcner, superviviente del campo. El último convoy de deportados salió el 17 de agosto de 1944, apenas unos días antes de la Liberación de París."          
 

Irene Spanier, la mujer que salvó a 270 niños del holocausto

Irene Spanier fue llevada a un campo de concentración durante la Segunda Guerra Mundial. Gracias a un falso diagnóstico médico logró escapar y dedicarse a salvar a los niños del poder nazi. Hoy tiene 90 años. 

Campo de concentración de Drancy

“Recuerdo que golpearon la puerta de mi departamento y gritaron mi nombre. Era la Gestapo que venía por mí”. Irene Spanier tenía 21 años, vivía en París con sus abuelos en una situación económica acomodada mientras cursaba el final del bachillerato de filosofía. “Me empujaron hacia un camión junto a otros judíos y nos trasladaron al campo de concentración de Drancy, conocido como la antesala de Auschwitz. Eso fue el 16 de julio de 1942. De ahí en adelante cambiaría mi vida para siempre”, relata Irene.

UN TRANSLADO QUE VIRO SU DESTINO

Irene Spanier ingresó al campo de concentración de Drancy y a causa de una fiebre fue asistida por Enfermería. Allí coincidió con un médico al que conocía y éste la trasladó al Hospital Rothschild simulando tener una comprometida afección medular. En esa institución ya no había oficiales de la SS (Schutzstaffel, guardia personal del líder nazi Adolf Hitler), sino policías franceses y así, al poco tiempo, pudo abandonar el lugar.

“Escapé del campo de concentración, pero no tenía hogar. Me quedé sin mis abuelos, sin poder contactarme con mi familia y no tenía nada para comer. Tenía que dormir un día aquí y otro allí, siempre escondida durante varios años”

“A los pocos meses me dijeron que una mujer quería verme. Su nombre era Juliette Stern, presidenta de la WIZO (Women’s International Zionist Organization) en Francia. Esta organización tenía como principal objetivo rescatar a los niños judíos de la persecución nazi y evitar que sean trasladados a los campos de concentración. Me contacté con ella y me dijo: Necesito chicas como tú, jóvenes, de aspecto ario, más bien rubias y de tipo francés para ayudar a cientos de niños”, recuerda Irene.

“Cuando los alemanes iban a las casas para hacer los arrestos, la mayoría de los chicos estaban en el colegio y cuando regresaban al mediodía veían que a sus casas les habían puesto un sellado, que sus padres ya no estaban y que quedaban en la calle. Entonces nosotras contábamos con la lista de los que habían arrestado a la mañana con la dirección y buscábamos a los niños antes de que volvieran los nazis a recogerlos”.

PEQUEÑOS SOBREVIVIENTES

Al recordar aquellos tiempos, Irene aún se asombra del instinto de supervivencia que tenían esos niños. “Había chicos de tres años a los que les tenía que decir: ‘A partir de ahora te llamás Michel, no te olvides porque es importante para vos y tu futuro’. Fue increíble como ningún chico de los 270 que rescaté se confundió. Eran tan indefensos, pero tan obedientes y valientes. Los chicos son extraordinarios. Ninguno se enfermó, ni se equivocó al decir su nuevo nombre”.

“Me subía al tren, nunca con más de dos niños, para ir a la Campiña francesa en busca de gente que los pudiera alojar. Había muchas mujeres que tenían a sus maridos como prisioneros de guerra y no tenían dinero para comer, así que aceptaban uno o dos chicos judíos por unos 500 francos que les pagábamos por mes".

“Recuerdo que tuve un chiquito que era un campesino y que estaba siendo alojado en un departamento de lujo y a la vez un niño húngaro pianista muy bueno que estaba con campesinos, entonces conseguí que me los intercambiaran, lo cual era muy difícil, pero estuvieron ambos mejor y más felices”

“DIOS NOS CUIDA Y NOS AYUDA”

“Un día me pidieron que llevara 15 pasaportes a la estación de subte Michel-Ange Molitor.  Allí me encontraría con una chica a la que debía entregárselos sin que ninguna de las dos abriera la boca. Coloqué los documentos en un bolso de cuero y esa mañana, porque Dios nos cuida y nos ayuda, antes de subirme al subte me topé con un vendedor de latas de tomates. Le compré cuatro latitas pensando en hacerme una sopa y las puse adentro del bolso junto con los pasaportes”, recapitula Irene.

“Yo venía de una estación de subte y tenía que hacer combinación en otra para llegar a destino, pero veo que en cada salida había un oficial de la Gestapo y yo cargando un bolso con 15 pasaportes. Ellos eran muy vivos y si notaban que yo tenía miedo y no iba derecho estaba frita. 

-¿Señorita adonde va?, me preguntó el oficial. Yo le dije que iba a otra estación, no la verdadera. 

-¿Qué lleva en el bolso?, continuó interrogándome.

-Unas latas de tomate concentrado, le respondí.

-¡Ábralo!, me ordenó. Entonces, le mostré el bolso, vio las latas y me dejó pasar. No se cómo no vio los documentos. Yo era bonita, así que me imagino que me miraba más a mí que al bolso. Y así pude entregar esos pasaportes”. Irene se estremece mientras rememora ese episodio.

“Otra vez, recuerdo que me prestaron una habitación de servicio para pasar una noche y dormir. A las cinco de la mañana me desperté con una sensación extraña, entonces me levanté, me vestí y bajé a caminar. A los 45 minutos volví y una señora me dijo que no subiera porque había oficiales de la Gestapo en mi habitación, así que me fui. Alguien me había denunciado”.

EL FIN DE LA GUERRA Y LA VIDA EN ARGENTINA
 
En agosto de 1944 los Aliados entraron a Francia y allí se organizó el desfile de la Victoria por los Campos Elíseos de París. “Estábamos todos muy entusiasmados, volvíamos a vivir. Los norteamericanos tomaron el comando de todo y nosotros les entregamos la lista de donde estaban escondidos los chicos, que fueron reubicados por Estados Unidos e Israel, entre otros países. De todos los chicos, sólo dos volvieron a ver a sus padres”.

“Con respecto a mí, terminada la guerra dejé Europa y elegí como destino a la Argentina porque conocía el idioma y además entregaban visa. Una vez aquí busqué una pensión y un trabajo como dactilógrafa gracias a que dominaba tres idiomas. A los tres años de estar acá conocí a mi marido, Franz Bendiner, y a partir de ahí fue todo mucho más fácil. Formamos una familia, tuvimos dos hijos y nos quedamos en este país donde soy muy feliz desde el día que llegué”, confiesa Irene con una sonrisa.

“Si bien necesitaba descansar y tener una propia vida, no podía desentenderme y quedarme tranquila totalmente. Una vez en Argentina me contacté con una obra dedicada a los niños huérfanos de padres muertos en los campos de concentración. Yo ayudaba entregando ropa y comida para los chicos".

"Ahora contribuyo con dinero que me debitan de la tarjeta porque hay mucho por hacer, la gente necesita que la ayuden. Me cuesta ver a niños que pasan frío y hambre, y que la gente sea indiferente: ¡cómo no se dirigen a ellos y les dan un plato de comida y un par de zapatos!”, se lamenta con vehemencia. “Hay gente que es dura de corazón y es muy feo vivir así. La vida es demasiado corta para ser egoísta, pasa muy rápido".

Dolores Navarlatz
Fuente "Familias de hoy", agosto de 2011