sábado, 30 de marzo de 2013

El juicio de Nüremberg

Entre el 20 de noviembre y el 1 de octubre de 1946 se celebró en el Palacio de Justicia de la ciudad de Nuremberg el famoso proceso contra los principales culpables de crímenes contra la paz, de crímenes de guerra y de crímenes contra la humanidad.Lamentablemente muy pocos responsables de la barbarie alemana fueron juzgados e incluso muchos jerarcas nazis lograron evitar ser atrapados.A Nuremberg llegaron las caras más conocidas del Tercer Reich, al menos, aquellas personas que aún seguían vivas al momento de celebrarse el proceso.Himmler, Goebbels y el propio Hitler se habían suicidado para evitar ser juzgados; solo Goering llegó vivo a Nuremberg en su condición de gran jerarca nazi.
El total de acusados presentes en Nuremberg era de veintiún personas y el Tribunal se componía de jueces británicos, rusos, estadounidenses y franceses en la proporción de dos por cada uno de los países vencedores.


Kim Jong-un ordena preparar sus misiles para atacar a Corea del Sur y a EE UU

Corea del Norte ha colocado este viernes sus unidades de misiles en posición de espera para atacar las bases de Estados Unidos en Corea del Sur y el Pacífico, después de que el jueves Washington volara bombarderos furtivos B-2 sobre Corea del Sur en el marco de las maniobras militares conjuntas anuales que está realizando con este país.
El líder norcoreano, Kim Jong-un, “ha celebrado una reunión de urgencia” en la madrugada del viernes con altos generales y ha dicho que “en vista de la situación, ha llegado el momento de saldar cuentas con los imperialistas de Estados Unidos”, según ha informado la agencia oficial KCNA. Kim ha firmado un plan de preparación de los misiles y ha ordenado a sus fuerzas que se coloquen en posición de espera para atacar “en cualquier momento” Estados Unidos continental y sus instalaciones militares en Corea del Sur y las islas de Hawai y Guam. El vuelo de los bombarderos indica que la hostilidad de Estados Unidos contra Corea del Norte “ha entrado en una fase imprudente, que va más allá de la amenaza y el chantaje”, ha señalado.
La agencia surcoreana Yonhap ha informado de la existencia de movimientos adicionales de tropas y vehículos en las instalaciones de misiles de medio y largo alcance norcoreanas, según fuentes militares del Sur.
Los analistas creen que no hay pruebas de que el Norte tenga cohetes que puedan golpear la costa oeste de Estados Unidos o más allá, pero posee misiles de corto y medio alcance, y Seúl está a unos 50 kilómetros de la frontera común.
El anuncio se produce después de que el martes pasado Pyongyang dijera que había ordenado a su artillería y unidades de misiles colocarse “en posición de combate” y estar listas para atacar estos objetivos, y al día siguiente cortara ‘la línea roja’ de comunicación militar con Seúl, que permite a los trabajadores surcoreanos cruzar la frontera para trabajar en Kaesong, un complejo industrial situado en el Norte, que emplea en su mayoría a trabajadores de este país aunque es operado con tecnología y dinero del Sur.
Washington asegura que dos bombarderos B-2 volaron desde una base en Missouri y dejaron caer el jueves munición ficticia sobre una cadena de islas surcoreanas deshabitadas, antes de regresar a Estados Unidos. Los B-2 han sido utilizados en maniobras militares en el pasado, incluido en 2000 en Corea del Sur, pero esta es la primera vez que hacen un vuelo de ida y vuelta a la península coreana y arrojan bombas inertes, según el Pentágono. Estados Unidos ha afirmado anteriormente que durante las maniobras en curso han participado también bombarderos B-52 con capacidad nuclear.
El anuncio de la orden firmada por Kim Jong-un forma parte del abanico de amenazas e incremento de retórica que ha desplegado Pyongyang en respuesta a los ejercicios militares y las sanciones impuestas por la ONU por la prueba atómica que efectuó el 12 de febrero pasado. Pyongyang ha amenazado con llevar a cabo ataques nucleares preventivos contra Corea del Sur y Estados Unidos y ha declarado roto el armisticio que puso fin a la guerra de Corea (1950-1953).
Las represalias y el aumento de retórica son vistos como un intento de provocar a Seúl para que suavice sus políticas y de presionar para lograr negociaciones directas con Washington, que conduzcan a la consecución de ayuda y el restablecimiento de las relaciones. Al mismo tiempo, forman parte de una estrategia interna para fomentar la lealtad al joven Kim Jong-un y reforzar el papel de los militares.
Mientras tanto, el complejo industrial de Kaesong continúa funcionando, a pesar de la interrupción de la línea de comunicación militar. A falta de esta, los permisos para que transiten las mercancías y los empleados surcoreanos crucen al Norte están siendo dados de forma verbal a través de intermediarios. Fuente: El País

jueves, 28 de marzo de 2013

John Ralston Saul: “No hay razón para salvar a los bancos”

La persecución del Santo Grial del crecimiento es un error; la economía se ha convertido en asunto de ficción; el dinero ya no representa nada real; hay que reconsiderar qué es una deuda y qué papel deben desempeñar los bancos en un nuevo mundo. Estas son algunas de las ideas que vertebran el pensamiento de John Ralston Saul, escritor, ensayista y filósofo canadiense al que la revista Time calificó de “profeta”.
Por alternativo que pueda resultar su discurso, Ralston está lejos de ser, a sus 64 años, un perroflauta. Alto, delgado y de elegantes andares, acompaña su aspecto de dandi con un discurso sin paños calientes. No reniega del capitalismo; de hecho, reivindica a uno de los referentes del liberalismo, Adam Smith. Pero propone medidas como que se rescate a los ciudadanos desahuciados o sepultados por una hipoteca en vez de salvar a unos bancos que solo conseguirán que la espiral de la deuda siga creciendo.
Una cita poderosa encabeza su último libro, El colapso de la globalización y la reinvención de mundo: “Todavía no entiendo del todo por qué ocurrió. Alan Greenspan, 23 de octubre de 2008”. La frase del exdirector de la Reserva Federal estadounidense da la medida del desconcierto que ha creado la crisis, incluso entre aquellos que la incubaron. Y a ese desconcierto es a lo que se viene enfrentando en los últimos años este pensador canadiense que nada a contracorriente.
PREGUNTA: Estamos inmersos en un periodo negro de la economía, y no parece que las cosas mejoren sustancialmente, ni en el mundo, ni en España, ni…
RESPUESTA: Existe una nueva religión absoluta del crecimiento, el comercio, la santidad de la deuda y de los contratos comerciales, con la que intentan hacernos creer lo inteligentes que son los políticos y lo estúpidos que somos los demás. Da igual lo mala que sea la situación actual, ellos siguen aplicando las mismas recetas, haciendo lo mismo. Eso es lo que se está haciendo en España y en todas partes. El sistema avanza en la misma dirección. Los problemas que hay se están agravando. Nadie reconoce cuál es el auténtico problema. El crecimiento no nos va a sacar de donde estamos; la austeridad, tampoco. Veremos cómo resisten todo esto las democracias. Están poniendo la democracia en peligro.
El crecimiento no nos sacará de donde estamos; la austeridad, tampoco”
Ralston es un hombre de discurso ágil y fluido, sin pelos en la lengua. Nos encontramos con él en el restaurante de un céntrico hotel de Barcelona. La revista norteamericana de pensamiento alternativo Utne Reader le situó entre los 100 pensadores y visionarios más importantes del mundo. Autor de 16 libros (entre ellos, el ensayo filosófico Los bastardos de Voltaire. La dictadura de la razón en Occidente) y de cinco novelas que han sido traducidos a 22 idiomas, Ralston Saul es además el presidente del PEN International, asociación de escritores que data de 1921 y lucha por la libertad de expresión en todo el mundo.
En 2005, tres años antes de que se desencadenase la crisis, publicó el libro El colapso de la globalización y la reinvención de mundo, del que lleva vendidas 400.000 copias, según los datos que facilita su editorial, RBA. En él analizaba el fracaso de los criterios que guían el sistema de relaciones económicas y financieras entre países, explicaba la crisis de un modelo y anticipaba un colapso. En 2009, a la vista de que algunas de sus predicciones se habían cumplido, reeditó con añadidos un libro que llega ahora en su versión española, con un prólogo que aborda cuestiones como el rescate de Bankia.
P: En el libro sostiene usted que el dinero no es real y que nos hemos convertido en sus esclavos. Habla de que vivimos en una economía ficticia. Y dice que en los años setenta el comercio era seis veces el valor de los bienes y que en 1995 era 50 veces más. ¿Cuántas veces más lo es ahora?
R: Nadie lo sabe, pero debe de estar alrededor de 150. Lo más vergonzoso es que los números no están disponibles, o al menos yo no he podido encontrarlos.
P: ¿Y eso qué significa?
R: La ironía es que la globalización ha conducido a lo opuesto de lo que prometía. Prometió competencia, y ha causado el regreso a los oligopolios; prometió renovación del capitalismo, y ha supuesto la vuelta al mercantilismo; prometió el final del nacionalismo feo [sostiene que también hay un nacionalismo positivo], y ha traído la era más nacionalista desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Prometió crecimiento, no tenemos crecimiento; prometió empleo, no tenemos empleo… y así se puede seguir con la lista. Nada de lo prometido ha ocurrido. Dijeron que con el keynesianismo se imprimía mucho dinero; que había que controlar el dinero en circulación y que eso haría funcionar la economía. El hecho es que todo este periodo ha llevado a la mayor expansión en la cantidad de dinero en la historia del mundo, hemos visto cientos de ejemplos de nuevos tipos de dinero: las tarjetas de crédito, los bonos basura, los derivados… Todo eso es imprimir dinero, pura inflación de la cantidad de dinero. El argumento capitalista era que el dinero era lo que engrasaba la maquinaria. Pero llegado un momento dijeron: el dinero es real, por eso es bueno tener a gente trabajando en el sector financiero. ¿Las fusiones y grandes adquisiciones de empresas?: eso es im­primir dinero. Cada vez que una compañía compra otra y se endeuda en, digamos, 700.000 dólares, eso quiere decir que se acaban de imprimir 700.000 dólares, acaban de crear 700.000 dóla­res que antes no existían. Nunca tuvimos tanto dinero circulando en el mundo y tan mal repartido. Y por eso cuando ocurre la crisis, la gente que es parte de esa lunática inflación dice: hay que salvar a los bancos.
P: ¿Y no hay que rescatar a los bancos?
R: No hay razón para salvar a los bancos, no necesitamos tanto dinero. Lo razonable habría sido aprovechar la oportunidad para limpiar el desorden. No hay más que tomar el ejemplo español de Bankia. Una buena política habría sido, por ejemplo, que el Gobierno anunciase que pagaría todas las hipotecas hasta una cantidad determinada, pongamos 300.000 euros. Das el dinero a la gente que está en su casa y que tiene una hipoteca, y de hecho salvas a los bancos: es el ciudadano el que da el dinero a los bancos al cancelar su hipoteca. De pronto, la gente ya no tiene deudas y puede gastar lo que gana. Así es como se crea una clase propietaria y además se relanza la economía. Es tan simple.
P: ¿Y eso es posible?
R: Por supuesto. Para mí la pregunta es: ¿es posible que demos todo ese dinero a los bancos, que fueron los que crearon el problema, para que no se gasten ese dinero y para que continúen autoconcediéndose enormes bonus? ¿Es eso posible? ¿Es eso legal? ¡Vamos, denme un respiro! Hay otra opción: no queremos salvar a todos los bancos, no queremos tanto dinero, así que paguemos 150.000 euros de esas hipotecas y cancelemos el resto de la deuda, 150.000. Los Gobiernos tienen el poder para hacerlo. De ese modo, 150.000 euros no vuelven a los bancos, limpias el sistema bancario y reduces la cantidad de dinero que circula, que es algo positivo.

Viajero alrededor del mundo

John Ralston Saul (Ottawa, Canadá, 1947) es un hombre que viaja constantemente por todo el mundo. Siempre lo ha hecho. Sobre estas líneas, una foto del año 1976, en el Ártico, adonde acudió como ‘número dos’ de Petro-Canada, una iniciativa que el Gobierno canadiense puso en marcha en los setenta, en plena crisis energética, para recuperar el control sobre sus reservas de petróleo.
Su condición de presidente del PEN International, asociación de escritores creada en 1921 que lucha por la libertad de expresión, le hace moverse de un lado a otro continuamente. En noviembre estuvo en Turquía con una delegación de 20 escritores: “La situación de la libertad de expresión se está deteriorando en ese país”, afirma. “Hay 70 escritores en prisión y 70 inmersos en juicios imposibles”.
P: Pero no debe de ser tan fácil de hacer. Por ejemplo, la gente que alquila se sentiría agraviada.
R: Habría que estudiar los números. La política económica es intentar mover las cosas en una buena dirección. No significa hacer exactamente lo mismo en cada sitio, ni significa que tengas que hacerlo todo a la vez. Resuelves primero ese gran problema y luego haces un programa para alquileres de forma que la gente pueda comprarse la casa que está alquilando. Se pueden hacer más cosas. Por ejemplo, dar una renta mínima a la gente en vez de que tenga que hacer colas para acceder a prestaciones, subsidios y ayudas, en vez de humillarla examinando sus requisitos una y otra vez; ayudas que además resultan caras de administrar… Muchos conservadores, liberales y socialdemócratas responsables están de acuerdo en que sería mucho mejor una renta garantizada anual. Supondría liberar a la sociedad, devolver a la gente el respeto por sí misma. La gente humillada o marginada se sentiría parte de la sociedad. Es curioso, pero hay mucha gente que está de acuerdo con estas ideas.
P: ¿Ah, sí?, ¿y dónde están esos conservadores y liberales que piensan así?
R: ¡En todas partes! No están entre los neoconservadores, pero sí entre muchos conservadores. Muchos empresarios creen en esto. Pero como el debate se pierde en los pequeños detalles y la idea dominante es que hay que reducir el peso del Estado, nadie pone estas cuestiones sobre la mesa.
P: ¿Qué posibilidades hay de que algo como lo que relata se pueda llevar a cabo?
R: Hay posibilidades, por supuesto; han sido posibles muchas otras cosas en los últimos años. Por ejemplo: la clase directiva del sector privado ha conseguido, presionando a los Gobiernos, regulaciones que han convertido el fraude en algo legal. Ahí están esos consejeros delegados percibiendo bonus y participaciones en las acciones, ganando millones cada año: ¡pero si solo son gerentes! Están en el puesto por cinco años, se irán a jugar al golf cuando se retiren, ¡no son nadie! ¡Nadie conoce sus nombres, no han hecho nada en particular! ¿Deberían cobrar esos bonus cuando la empresa va mal? Ese no es el debate. El debate es: ¿deben recibir bonus? ¡Si ya les han pagado! Han usado su influencia para cambiar el sistema impositivo en todos los países para no tener que pagar demasiados impuestos por esos bonus. Eso es fraude. Probablemente, los dos ejemplos más evidentes de fraude desde la Segunda Guerra Mundial son: el cambio en las disposiciones de ingresos de los directivos, fraude evidente hecho legal, y la transferencia de la deuda privada de los últimos años al sector público.
P: La Unión Europea está corroída por la deuda…
R: Hay quien plantea los eurobonos como solución a la crisis europea. ¿Estamos de broma? Yo digo: acabemos con la deuda. No pueden admitir que se han equivocado, así que hacen como que los bonos son algo que les permite coger toda la deuda, colocarla en los bonos y venderlos. Están colocando a la civilización europea bajo el peso de una deuda que no existe. Si tuvieran algo de imaginación y algo de coraje, convocarían una cumbre y dirían: sí, los españoles han hecho mal esto, y los griegos han hecho cosas horribles con esto, pero ninguno de nosotros es una parte inocente; ¿cómo podemos resetear el reloj? Básicamente, vamos a envolver parte de esta deuda en un sobre, escribiremos en el sobre la frase “Esto es muy importante”, lo pondremos en un cajón, lo cerraremos y tiraremos la llave. ¡Hay que pasar página, hay que superarlo! En vez de esto, están intentando volver a hacer lo mismo que vienen haciendo durante años, pero como si no lo hicieran.
P: Una propuesta sorprendente…
R: La mía es responsable y honesta. Ellos están haciendo una propuesta delirante e increíblemente complicada que no va a funcionar y que no nos lleva a ningún sitio. Y en el camino hacen que la gente sufra. ¿Qué piensan que van a decir los griegos cuando les reduzcan el salario mínimo en un 22%? Está claro que esto es como una cuestión religiosa. Como la economía es la nueva religión, han aplicado la moral a la economía. La deuda pública tiene peso moral, pero la privada no. ¿Cómo se come eso? Este es uno de los fracasos de la globalización. Si el sector privado se puede librar de la deuda, el sector público también.
P: Pero entonces, ¿qué pasa, que la deuda en realidad no existe?
R: La verdad es que no. El dinero es una convención. Un árbol es real, el dinero es una convención. Los necios, cuando llega la crisis, están convencidos de que el dinero es real. Enrique IV fue considerado como el Buen Rey porque Francia estaba hundida por la deuda y la hizo desaparecer; a partir de ese momento vivieron 250 años de prosperidad, por quitarse la deuda; Atenas construyó toda su historia tras haberse librado de su deuda; el imperio norteamericano está enteramente construido sobra una quita, se quitaron la deuda de en medio cinco veces entre la guerra civil y 1929; la riqueza de Estados Unidos a lo largo del siglo XX está enteramente construida sobre el hecho de no haber pagado su deuda en 1929: tomaron dinero prestado en Europa, en los mercados, y con eso construyeron ferrocarriles, carreteras, rascacielos y tuvieron un colapso económico: quienes les dejaron dinero lo perdieron y ellos se quedaron con sus infraestructuras. Estados Unidos vivió cinco colapsos que al final le dejaron libre de su deuda y le permitieron convertirse en líder a partir de 1935.
Llevamos 30 años de abrumadora mediocridad intelectual”
John Ralston Saul es un hombre apasionado, un orador nato. No es un anticapitalista. Se declara partidario de muchos de los preceptos de Adam Smith, de la propiedad privada, del mercado, y también de los servicios públicos. Dice que el capitalismo va a continuar. Pero considera que la globalización ha hecho daño. Y señala algunos culpables en su libro. Cita a la Sagrada Congregación para la Propagación de la Fe: economistas, directivos, consultores y propagandistas, es decir, periodistas de economía: “Difundieron la idea de que el comercio libre, la globalización y la búsqueda del crecimiento eran el único camino a la prosperidad”, manifiesta.
El ensayista canadiense carga contra la llamada generación del informe. Sostiene que el mundo está en manos de economistas y empresarios de capacidades muy limitadas y que en muchos casos son “analfabetos funcionales”. Gente que solo contempla el corto plazo.
“Los historiadores económicos son los intelectuales; los macroeconómicos son los semiintelectuales que dieron forma a las ideas, y luego están las abejas trabajadoras, que trabajan en lo micro, que no piensan y solo hacen números. Se eliminó a los historiadores porque, una vez que tienes la verdad, no quieres que el pasado sea examinado. Promocionaron a los semiintelectuales a los altares. Y elevaron a los que solo hacen números”.
Dice que estamos en manos de estos últimos. Explica que el apogeo de la globalización se produjo a mediados de los noventa, años en que el comercio vivía días de máxima liberalización, los impuestos a las grandes fortunas se difuminaban, las privatizaciones y la desregulación campaban a sus anchas y la civilización occidental abrazaba la religión neoliberal y adoraba el mercado global.
P: Usted ya viene alertando desde hace tiempo contra la globalización…
R: Se veían signos de que la globalización estaba llegando a su fin desde 1995. La globalización se está derrumbando por los defectos que contenía desde el principio como programa ideológico-filosófico-social. Todavía estamos viviendo sus consecuencias: si España se rompe, si Grecia deja de ser una democracia, si en Canadá se producen problemas internos que la resquebrajan, todo ello, en gran parte, será un resultado de la globalización. Yo soy un gran admirador de Stiglitz y Krugman [en alusión a los dos reputados premios Nobel de Economía], pero son dos economistas, y no lo pueden evitar, se fijan en los detalles: habría que hacer esto, habría que hacer lo otro… Hacen bien, pero se les escapa la cuestión principal, la naturaleza de lo que está pasando, la naturaleza de la bestia llamada globalización.
P: Sostiene usted que la globalización se convirtió en religión, en dogma…
R: El Vaticano, en sus momentos de gran poder, era religión de modo marginal; más bien era una cuestión de política y de poder; con la globalización pasa algo similar: es algo económico, de modo marginal; es una cuestión de política y de control, de poder; es un modelo social, igual que la Iglesia católica lo fue o el imperio británico. Y se rompe porque como modelo social no funciona y siembra la catástrofe por el camino. En realidad, la globalización viene de un grupo de gente bastante marginal que tomó unas viejas ideas de mediados del siglo XIX pasadas de moda. Una de ellas era inglesa: el comercio libre, y la otra era el capitalismo de bucaneros, que se remonta a finales del XIX en Inglaterra y Estados Unidos. Unieron las dos cosas y dijeron: esta es una gran idea. Y no pensaron en las consecuencias de la unión de esas dos ideas. En la crisis de los años setenta estábamos con excedentes de producción, no se debía resolver el problema incrementando el comercio, porque ya había demasiados bienes. Es decir, la solución que encontraron para el problema era la contraria a lo que se necesitaba. Llevamos 30 años de abrumadora mediocridad intelectual, sin sentido de la historia, ni imaginación, ni creatividad, sin pensar qué estamos haciendo y adónde vamos: una gran banalidad con tremendos resultados.  Fuente: El País

El hombre que negó su saludo a Hitler

August Landmesser con los brazos cruzados entre la multitudAugust Landmesser con los brazos cruzados entre la multitudEste es el relato de otro de esos pequeños actos heroicos y anónimos y cuya fotografía pasó prácticamente desapercibida en su día (1936). Ocho décadas después (y gracias a Internet) ha dado la vuelta al mundo, convirtiéndose en todo un icono y ejemplo para las nuevas generaciones que luchan contra el abuso y la injusticia.
El protagonista se llamaba August Landmesser y pasará a la Historia por aparecer en una fotografía en la que sale con los brazos cruzados en un acto en el que estaba presente Adolf Hitler, mientras centenares de personas saludaban con el brazo alzado.
Fue un acto de protesta y rebeldía contra un modelo de régimen político con el que no estaba de acuerdo y que años después le reportaría grandes problemas a él y su familia.
Por aquella época August Landmesser trabajaba como obrero en los astilleros de Blohm und Voss (Hamburgo), un puesto de trabajo que había conseguido gracias a su afiliación al Partido Nacionalsocialista en 1931, a pesar de ser unos ideales a los que no era afín, pero muy necesario pertenecer y tener el carné si se quería acceder a un empleo estable en unos años en los que el poder y control de los nazis era total y absoluto.
August se había casado en 1935 con Irma Eckler, una mujer de ascendencia judía, pero la aprobación por parte del gobierno de la Ley de Protección de la Sangre Alemana y el Honor Alemán invalidaba el matrimonio colocándolos en una peligrosa posición y figurando la relación entre ambos, desde aquel momento, como extraconyugal, lo que les hacía estar fuera de la ley y más al tratarse de una persona aria y otra judía.
Fue entonces cuando el 12 de junio de 1936 se produjo el acto en el que Adolf Hitler fue a presidir en los astilleros de Blohm und Voss. Tras su llegada todos los presentes alzaron su brazo derecho a modo de saludo a su Führer… todos menos uno: August Landmesser, quien se quedó con los brazos cruzados, como un modo de protesta pacífica hacia la injusticia que había sufrido junto a su amada Irma y su recién nacida hija Ingrid (un año después tendrían una segunda hija Irene).
El hombre que negó su saludo a Hitler y se cruzó de brazos 
El hombre que negó su saludo a Hitler y se cruzó de brazos
A partir de ahí empezó un auténtico calvario para la familia Landmesser, teniendo que pasar por innumerables juicios y siendo finalmente separados: una de las niñas se quedó con la abuela, la otra fue a parar a un orfanato y August e Irma a un campo de trabajo diferente. Jamás volverían a estar juntos.
La última noticia que se tuvo de August Landmesser es de 1941, cuando tras salir de prisión fue enviado a combatir a la guerra y allí se le dio por desaparecido.
No fue hasta el año 1991 en el que de una manera casual Irene Landmesser descubrió en un diario alemán la fotografía e identificó a su padre como el hombre de los brazos cruzados que tantas décadas llevaba en el anonimato. Fuente: http://ar.noticias.yahoo.com/

miércoles, 27 de marzo de 2013

Revelan fotos a color del Holocausto nunca antes vistas

El sitio Vintage Everyday divulgó unas fotografías inéditas del Holocausto en el fin de la época de la Alemania nazi, las cuales muestran a color el horror vivido por millones de judíos.
Las imágenes corresponden al momento en que tropas estadounidenses liberaron a los prisioneros de Dachau, el 29 de abril de 1945.
Dachau fue el primer campo de concentración en el país, creado en marzo de 1933, dos meses después de que Adolf Hitler asumiera el poder.
En un comienzo se usó para encarcelar a personas con motivos políticos, como a comunistas y socialistas. No obstante, luego fue destinado también para la gente catalogada como “indeseable”.
Entre quienes recibieron esta última calificación se contaban judíos, homosexuales, gitanos y Testigos de Jehová, entre otros.
Se estima que en el lugar fueron asesinados cerca de 41.500 personas, de un total que superó los 200 mil prisioneros según informó Daily Mail, diario británico que definió la muestra fotográfica como “El color de la oscuridad”.










Fuente:  biobiochile.cl

domingo, 24 de marzo de 2013

De turismo por los orfanatos de Camboya

No se ha detenido por completo el tuk-tuk -triciclo a modo de taxi- y ya aparece un hombre para dar la bienvenida a los recién llegados. Un cartel de tamaño generoso invita a regresar por la tarde para disfrutar del espectáculo diario de danza clásica, y otro más pequeño pide a los visitantes que escriban una reseña del lugar en TripAdvisor, la principal web de críticas del sector turístico. “Gracias por visitar ACODO. Pasen, pasen”, invita el responsable. Podría ser cualquier negocio de la bulliciosa Siem Reap, que vive un boom sin precedentes en Camboya gracias al magnetismo de los templos de Angkor. Pero es un orfanato. Fuente: El País

jueves, 21 de marzo de 2013

La bibliotecaria de Auschwitz, Antonio Iturbe

No importa cuántos colegios cierren los nazis, les contestaba. Cada vez que alguien se detenga en una esquina a contar algo y unos niños se siente a su alrededor a escuchar, allí se habrá fundado una escuela.
Se dice que durante la Conferencia de Wannsee, en la que se ultimaron los detalles de la llamada Solución Final, el adjunto de Von Ribbentrop, Martin Luther, preguntó al general Reinhard Haydrich si existía un infierno para los judíos. El segundo de Himmler le miró a los ojos y sin vacilar un momento le respondió que ellos ya les habían creado uno. En verdad aquel fanático de las SS no faltó a la verdad, pues en el corazón de la conquistada Polonia, a unos 60 kilómetros de Cracovia, existía un lugar, en una localidad llamada Oswiecim (Auschwitz en alemán), en el que la Muerte trabajaba las 24 horas del día, sin descanso. El 20 de Mayo de 1940, Rudolf Höss, partiendo de unos antiguos barracones del ejército polaco, comenzó a levantar el mayor campo de concentración de la historia, el Konzentrationslager Auswichtz-Birkenau, en donde perderían la vida alrededor de unos 1,3 millones de seres humanos, un 90% judíos, de los cuales 900.000 fueron asesinados inmediatamente debido a su debilidad, enfermedad o que no eran aptos para el trabajo, y otros por desnutrición, experimentación médica a cargo del doctor Mengele o gaseados y fusilados sin piedad, por puro capricho. Era en verdad un campo de exterminio peculiar, un coto de caza particular que estaba a las ordenes directas de Heinrich Himmler, y que fue conducido hasta 1943 por el SS Oberstumbannführer Höss y después, debido a la enormidad de las instalaciones y las atrocidades, por Arthur Liebehenchel y Richard Baer. Tan grande era que estaba compuesto por 3 complejos y una cincuentena de pequeñas instalaciones repartidas por toda la región. Si todavía no les ha mareado las cifras de muerte, permítanme que les desglose la composición del complejo: a) Auschwitz 1 (20/5/1940): Era el campo principal. Se calcula que allí murieron unas 700.000 personas. Eran esencialmente prisioneros de guerra, enemigos públicos políticos, soviéticos, y sobre todo judíos y, cuando la locura alcanzó cuotas de enormidad, cualquier persona de cualquier condición, sexo, religión y nacionalidad. B) Auschwitz-Birkenau (08/10/1941): era el campo de extinción inmediata. Fueron asesinadas un millón de personas, esencialmente judíos y gitanos. Y finalmente c) Auschwitz 3 (Monowitz): inaugurado el 31 de Mayo de 1942 era un campo de trabajo para fábricas de armamento y químicas.
Pues aunque pueda parecer increíble, en aquel agujero de terror y muerte sin sentido, donde las chimeneas trabajan todo el día arrojando infinitud de partículas de ceniza humana, oscureciendo el cielo durante años, en varios kilómetros a la redonda, y tiñendo la ropa y rostros de un gris mortuorio, un pequeño rayo de esperanza se abrió en una de las instalaciones del mayor campo de concentración de la historia. Justamente en el Bloque 31, en el llamado Campamento Familiar situado en la zona de Auschwitz-Birkenau. Debajo de los tablones de ese peculiar barracón, más propio sería llamarlo establo, tras unos enmohecidos tablones existe una pequeña biblioteca compuesta de ocho libros, y una audaz bibliotecaria encargada de repartir esas ventanas de esperanza entre los niños y profesores bajo pena de muerte. En un mundo donde las armas cantan el himno del más allá, la lectura esta prohibida. El génesis de esta peculiar biblioteca, considerada como la más pequeña de la historia salió a la luz gracias el escritor y divulgador Alberto Manguel en su obra La Biblioteca de Noche. La noticia de este hallazgo llamó la atención del periodista cultural Antonio G, Iturbe que durante varios años ha estado rastreando la leyenda de este rayo de luz, hasta hallar la verdad sobre el enigmático colegio del Bloque 31 y los libros que había en él. Después de un arduo trabajo de investigación en medio mundo ha dado ha conocer la historia de esta biblioteca en la magnifica y emotiva novela La Bibliotecaria de Auschwitz en donde narra las peripecias reales de Dita Kraus (Dita Adlerova en la novela) en el campo de concentración, las vivencias dentro de esa fabrica de muerte y el poder de los libros en un mundo silenciado por las bombas.
Esencialmente el Bloque 31 era un pequeño colegio, Kinderlager, donde se enseñaba a los más pequeños cultura general para que no olvidaran quiénes eran y cuáles eran sus raíces. Desde literatura, matemáticas, geografía, hasta religión, cualquier tema tenía cabida entre aquellas grises paredes. Pero esta idea tan sencilla, tenía una particularidad… ¡era un colegio prohibido! Los alemanes habían consentido crear esa “aula” para que los niños no molestaran a los mayores y no vieran durante cierto tiempo el horror del genocidio que se estaba produciendo delante de sus narices. La enseñanza estaba penada. Únicamente habría canciones y juegos. Solamente el hecho de que existiera un campamento familiar en aquel lugar era una anomalía permitida que incluso no solo a los fanáticos SS desconcertaba sino también a los propios judíos. La verdad era que se toleraba aquel campamento y bloque en especial porque era una tapadera de la locura nazi frente al mundo. La Cruz Roja reclamaba continuamente pruebas de que los rumores que existían de que los campos de concentración eran fábricas de muerte fueran falsos. Por eso las autoridades alemanas les enseñaban aquellas instalaciones para que vieran que todo era erróneo y que ellos solamente se dedicaban a “agrupar” a los judíos. Pero aunque esta situación era terrible un total de 521 niños fueron escolarizados y educados en aquel bloque hasta que fueron llevados a los campos de cuarentena y muchos de ellos gaseados, fusilados o llevados a otros campos de exterminio.
El autor de La Bibliotecaria de Auschwitz nos sitúa la narración entre 1944 y 1945 cuando la protagonista, Dita, se hace cargo de la biblioteca y se convierte en el guardián de los ocho libros prohibidos. Por ejemplo, recuerda la protagonista, existía una ajada Historia del Mundo, de H.G. Wells, una gramática rusa, una obra de Freud, Nuevos caminos de la terapia psicoanalista, una precioso atlas mundial, dos novelas que el autor cree que eran El Conde de Montecristo (Dumas) y Las aventuras del buen soldado Svejk (Jaroslav Hasek), más otras obras todavía no reconocidas. Junto con las peripecias de aquellos libros y sus respectivas lecturas, Antonio G. Iturbe nos habla de cómo era aquel colegio, cómo se daban las clases en aquellas precarias instalaciones, e incluso nos habla de la existencia de media docena de “libros vivientes”, es decir personas que tenían un gran conocimiento de un libro y lo narraban a los niños que lo solicitaban (este hecho me ha recordado bastante a la obra de Ray Bradbury Fahrenheit 451). Hay que reconocer que aquel pequeño oasis de cultura fue toda una hazaña no solo de la protagonista sino de uno de los personajes más celebres del Holocausto: Freddy Hirsch (1916-1944), auténtico campeón  e instructor judio que con su fortaleza mental y física, que murió por causas todavía confusas en el “traslado especial” de finales de 1944, fue líder y columna vertebral consiguiendo el triunfo de mantener día a día aquella fantástica aula, en la que los profesores daban las clases con pizarras transparentes, hasta el final, es decir hasta que la pantomima de los nazis dejó de existir y se pasó al exterminio total.
A través de los ojos Dita Kraus (o Adlerova) vemos la vida real de Auschwitz, y posteriormente del otro campo de concentración de Bergen-Belsen. Y es que aunque parezca que el devenir de los judíos en ese terrible lugar era totalmente gris y monolítico también existían allí todo tipo de clanes políticos, espías, traidores, gente que se prostituía por un currusco de pan, colaboracionistas y personas de buen corazón. La consigna era sobrevivir a cualquier precio, sin miramiento ni melindreces. Vemos el día a día de aquella fábrica de muerte, cómo estaba constituida y cuales eran los engranajes para matar diariamente, desde los temibles SonderKommando hasta las cámaras de gas, las terribles ejecuciones y las torturas que solamente un demente podía haber ingeniado. Este libro es todo un testimonio de cómo la esperanza, frágil como un gorrión, puede convivir con la locura extrema. En verdad, La bibliotecaria de Auschwitz es un libro que me ha tocado el alma y me ha emocionado de principio a fin, y que más de una vez me ha hecho tener un nudo en la garganta. Hay que felicitar al autor por haber hecho este gran trabajo de investigación, muchas de las veces detectivesco, para mostrar al mundo entero la gesta de aquella pequeña biblioteca, y de cómo el poder de los libros puede triunfar sobre el mismo mal.

martes, 19 de marzo de 2013

Ulric Beck: "Alemania no es capaz de verse a sí misma"

El sociólogo alemán Ulrich Beck, en Barcelona. El País

Llega a la cita un cuarto de hora antes. Estamos en la cafetería de un hotel de Barcelona, donde el jueves abarrotó la sala grande del Centro de Cultura Contemporánea (CCCB) para hablar del tema que aborda en su último libro: Una Europa alemana (Paidós). Con calma, el sociólogo Ulrich Beck (Slupsk, Alemania, 1944) llena un bol de fruta, se sienta y pide un té al camarero. Quien nos enseñó que la actual es “la sociedad del riesgo” piensa unos segundos antes de cada respuesta.
Está impresionado con la respuesta del público la víspera en el CCCB. “Más de 500 personas, fue un debate de gran calidad. Iba para hablar, pero también escuché mucho”, celebra. Lo que aborda en su último ensayo interesa en España. Es uno de los países del sur de Europa “víctimas de la crisis financiera que ha provocado que los Estados cambiaran la redistribución de sus recursos: recortando prestaciones, pensiones o en educación para ayudar a los bancos”.
Unas medidas de las que Alemania es en parte responsable, pero de cuyas consecuencias su sociedad, la alemana, no es consciente, dice. Por eso ha escrito el libro: “Para que Alemania se vea a sí misma, porque ahora no es capaz de verse desde la perspectiva del resto”. “Los alemanes deberíamos preguntarnos qué pasaría si en España el jefe de Estado o el Parlamento nos invitaran a reducir el gasto en un 40%. ¡Sería una explosión!”, sonríe con la franqueza de quien sabe que hoy algo así es imposible.
El país más poderoso y rico del continente decide hoy sobre el resto. Y la austeridad que impone ha dividido a los europeos en norte y sur, afirma. La amenaza de un “riesgo puede provocar grandes desplazamientos tectónicos en el paisaje del poder”. “Europa tiene un teléfono, está en Berlin y es de Angela Merkel”, dice, y vuelve a sonreír. Pese a las pausas, el bol sigue lleno de fruta. Beck no comerá más que melón y uva, y apenas tomará té.
Una europa alemana recupera una idea que Ulrick publicó en otoño en Der Spiegel: el “merkiavelismo”. Merkel ha aprovechado la situación y ha remodelado las relaciones de poder en Europa. El modelo “merkiavelo” se basa en cuatro puntales. Uno: Alemania es el país más rico de la UE. Dos: el “titubeo calculado que practica Merkel es su cualidad natural, ser vacilante”. Tres: la habilidad que tiene la canciller para compatibilizar la competitividad electoral nacional con el papel de arquitecto europeo. Y cuatro: dictar a los socios lo que en Alemania se considera “la fórmula mágica, el ahorro”. “Un neoliberalismo despiadado”, en pos de la estabilidad.
Pese a la contundencia del concepto y “salvo algunas reacciones positivas”, Beck asegura que en Alemania “esta discusión no ha empezado”. “Hay un consenso en la opinión pública según el cual la política de Merkel es correcta en el núcleo y tiene base económica”. En Alemania, “la palabra poder es tabú. Hablamos de responsabilidad, de ejemplaridad, de enseñar a los demás”, asegura el sociólogo.
Beck lleva tiempo defendiendo el “contrato social” como única salida a esta Europa en horas bajas. “Europa debe ser refundada, repensada en términos políticos, de gran política, con políticas comunes que superen el ámbito estatal. Debemos hacerlo todos nosotros. No podemos esperar al gran intelectual, se han escondido. Si les llamas, salta el contestador”. Es un aviso y una invitación.

lunes, 18 de marzo de 2013

La ONU aprueba una declaración contra la violencia de género

El País / Más de 130 países han aprobado una declaración conjunta en Naciones Unidas que condena con firmeza la violencia contra las mujeres y niñas en el mundo. En ella se comprometen a tomar medidas concretas para acabar con esta lacra. Así lo acordaron los países participantes en la 57 edición de la Comisión de la ONU sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW, por sus siglas en inglés), que concluyó anoche en Nueva York tras dos semanas de debates en la sede de Naciones Unidas.
El documento aprobado pide, entre otras cosas, prohibir los matrimonios de menores y los forzados, y la mutilación genital femenina, al tiempo que pide que a las víctimas de violencia se les facilite contracepción de emergencia y se les posibilite abortar. Las referencias explícitas a los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres provocaron la discrepancia de algunos países, como Arabia Saudí, Irán, LIbia, Sudán o el Vaticano, que han tratado de rebajar el documento. Las negociaciones no han estado exentas de polémica.
También Egipto mostró su oposición al texto, aunque finalmente estampó su firma en el acuerdo, pese a que los Hermanos Musulmanes --el partido del presidente del País, Mohamed Morsi-- denunció un día antes que el borrador de la declaración "viola los principios de la ley islámica". En un comunicado, el grupo subrayó que algunos artículos del documento "se contraponen a los principios del Corán y destruyen la moral islámica y el núcleo familiar consagrados en la Constitución egipcia".
"La violencia contra las mujeres es una horrenda violación de los derechos humanos, una amenaza global, una amenaza para la salud pública y un escándalo moral", dijo Ban Ki-Moon, el máximo responsable de Naciones Unidas. El secretario general de la organización confía en que tras la firma del documento, los países firmantes emprendan acciones concretas que ayuden a prevenir la violencia y a proveer acceso a la justicia y servicios de asistencia a las víctimas. Según datos de ONU Mujeres, en torno a siete de cada diez mujeres en el mundo asegura haber sido víctima de abusos físicos o sexuales en algún momento de su vida, en la mayoría de los casos a manos de sus parejas.
Ban Ki-moon recordó que los estados tienen la responsabilidad de hacer que el derecho de las mujeres y las niñas a una vida libre de violencia sea "una realidad". "No podemos pararnos aquí. Tenemos que hacer mucho más. Ahora tenemos que pasar de las palabras a los hechos, seguir avanzando con coraje, convicción y compromiso", afirmó ONU Mujeres tras la aprobación de la declaración conjunta.
La representante de EEUU, Terri Robl, indicó que el acuerdo es "solo el comienzo" ya que los países deben seguir trabajando "en la ONU, en las capitales, las escuelas, hospitales, juzgados y hogares" para que las mujeres tengan la "seguridad y dignidad" que merecen.
La aprobación del acuerdo coincidió también con la decisión de la directora ejecutiva de ONU Mujeres, Michelle Bachelet, de abandonar su cargo para volver a su país para postularse a la presidencia de Chile; un cargo que ya ocupó entre 2006 y 2010.

domingo, 17 de marzo de 2013

Jasenovac - Cruelest Death Camp

La crisis de la civilización



La crisis de la civilizaciónUn documental duro e irónico sobre el fin de la civilización industrial, basado en el libro del mismo título original de Nafeez Mosaddeq Ahmed, eminente politólogo británico de origen indio.

En el documental son analizadas las interrelaciones entre las diversas crisis que enfrenta el actual sistema capitalista; el cambio climático, la depredación medioambiental, el cénit petrolero, la crisis alimentaria y económica, el terrorismo internacional, etc. Y como todas estas crisis, además de estar relacionadas entre sí y ser consecuencia de la estructura política neoliberal, no son sino la evidencia del fracaso de dicho sistema.

Este brillante intelectual es director del Instituto de Política de Investigación y Desarrollo con sede en Brighton (Reino Unido), comentarista destacado en debates de radio y televisión. Mantiene una batalla personal contra quienes aún defienden la “verdad” oficial de los ataques del 11 de septiembre de 2001.

Fue nominado en 2003 para el Premio Napoli por su primer libro “La guerra contra la libertad” y elegido como “experto mundial en asuntos internacionales” por el colectivo International Society of Liberty.

Fallece Ewald-Heinrich von Kleist-Schmenzin, conspirador contra Hitler

Ewald-Heinrich von Kleist-Schmenzin (*10 de julio de 1922, Belgard, Pomerania, Prusia Alemana-†8 de marzo de 2013, Múnich) Fue un militar de carrera alemán retirado y editor, activo miembro de la Resistencia alemana al nazismo y uno de los pocos sobrevivientes del complot del 20 de julio de 1944 (Operación Valquiria).

Nació en una familia noble de Pomerania en Koszalin. Su padre fue Ewald von Kleist-Schmenzin (1890–1945). Ambos detestaban la ideología nazi criticándola en pulbicaciones desde 1929. Estos sentimientos se profundizaron con la Noche de los cuchillos largos.

En 1940 fue reclutado en la infantería de la Wehrmacht y luego personalmente escogido para la resistencia por Claus von Stauffenberg.

En enero de 1944, con la bendición de su padre, fue voluntario para reemplazar a Axel Freiherr von dem Bussche-Streithorst en un atentado suicida contra Hitler, que fracasó. El 20 de julio fue uno de los participantes en la Bendlerblock de Berlín y después del fracaso logró escabullirse de los procedimientos del Tribunal Popular(Volksgerichtshof) que acabaron con la vida de su padre, ahorcado en Plötzensee.

De todos modos, fue llevado al campo de concentración de Ravensbrück, y destacado en el frente los últimos días de la guerra.

Después de la guerra se dedicó a ser editor y en 1962 fundó su editorial Ewald-von-Kleist-Verlag.

Fue condecorado con la Gran Cruz de la Orden del Mérito de la República Federal de Alemania.

En la película alemana de 2004, Stauffenberg, es interpretado por el actor Sebastian Rüger.

Operación Valkiria: atentado fallido contra Hitler

El atentado del 20 de julio de 1944 fue un intento fallido de asesinar a Adolf Hitler, llevado a cabo por un grupo de oficiales de la Wehrmacht (Ejercito alemán) organizados por el coronel conde Claus von Stauffenberg como parte de un golpe de estado basado en la denominada Operación Valquiria, un plan operativo de las reservas del ejército a ser puesto en práctica en caso de disturbios civiles o de una sublevación de los millones de esclavos que trabajaban en fábricas alemanas.

Stauffenberg colocó una bomba en una sala de mapas dentro de la Guarida del Lobo, cuartel general de Hitler, donde se encontraba el Führer reunido con sus generales. A pesar de haber estallado la bomba, Hitler sufrió heridas leves. Es posible que la muerte de Hitler hubiera terminado la Segunda Guerra Mundial y salvado a las 10 millones de personas que fallecieron como consecuencia de la guerra entre la fecha del atentado y la capitulación alemana el 8 de mayo de 1945.

El proyecto de derrocar a Adolf Hitler empezó a gestarse de manera difusa y solapada en 1938, por parte de algunos altos oficiales de la Wehrmacht deseosos de evitar una gran guerra a escala europea. Entre estos conspiradores estaban el general Ludwig Beck, antiguo jefe de Estado Mayor, y el mariscal de campo Erwin von Witzleben; sin embargo la indecisión de los generales del ejército Franz Halder y Walther von Brauchitsch impidió ejecutar tales planes, mientras la política de apaciguamiento seguida por Gran Bretaña y Francia en esos años les desanimaba de realizar un acto concreto contra el régimen nazi.

Tras los resonantes triunfos de la Wehrmacht en las invasiones de Polonia, Noruega, Francia, Bélgica y Holanda, la popularidad de Adolf Hitler aumentó muchísimo entre las masas alemanas y los oficiales de la Wehrmacht no fueron ajenos a tal fenómeno, por lo cual a fines de 1940 se hizo muy difícil reclutar conspiradores decididos a derrocar al régimen triunfante hasta entonces. Los planes se estancaron y los oponentes se dispersaron, a pesar de lo cual los planes no se desecharon a la espera de una nueva oportunidad política.

En 1941, tras el comienzo de la Operación Barbarroja, se forma otro grupo de resistencia dirigido por el coronel Henning von Tresckow, quien trabajaba como parte del Estado Mayor del general Fedor von Bock, su tío. Tresckow pensaba que la guerra contra la Unión Soviética estaba perdida de antemano y que desangraría a Alemania en hombres y recursos, colocándola frente a un abismo como nación. El reclutamiento de opositores era muy difícil. Se hacía con mucha cautela y muy discretamente en las residencias de los cabecillas y fuera de Berlín.

A ello se sumaba el hecho que los destacados triunfos de la Wehrmacht en el frente oriental durante 1941 desanimaron a la mayoría de los oficiales de participar en una conspiración contra Hitler, aun reconociendo el peligro que implicaba para Alemania una guerra contra la Unión Soviética. Desde allí Von Tresckow reclutaba nuevos conspiradores entre la oficialidad germana, pero sus planes no pudieron avanzar mucho debido a los resultados de la Batalla de Moscú en diciembre de 1941, donde el avance alemán fue totalmente detenido por el Ejército Rojo lo cual significó que Hitler le quitara a Fedor von Bock el mando del «Grupo de Ejércitos del Centro» mientras que el general Walther von Brauchitsch, también era relevado del mando de tropas de forma humillante. Tresckow intentó reclutar al general Walther von Brauchitsch pero este expresó que no se uniría a ningún grupo disidente; pero que tampoco haría nada por impedir su actuación.

En 1942, Tresckow con ayuda del general Hans Oster logró reclutar en su núcleo de oposición al general Friedrich Olbricht, quien dirigía la oficina principal del ejército en Berlín, controlando allí un sistema de comunicaciones autónomo que unía a las unidades militares de reserva aún estacionadas en territorio de Alemania. A fines de año, Tresckow y Olbricht intentaron asesinar a Hitler con bombas barométricas en dos oportunidades, una en el aeródromo de Smolensk y la otra en Berlín, pero ambos planes fallaron debido al fallo en los artefactos, también buscaron sin éxito unir a su conspiración a los mariscales de campo Erich von Manstein y Gerd von Rundstedt, dos militares veteranos que gozaban de gran prestigio en la Wehrmacht por sus éxitos y conocimientos de táctica en combate, quienes podrían ayudar a un efectivo derrocamiento del régimen nazi y no a un mero asesinato de Hitler y, aunque éstos rehusaron unirse al derrocamiento, no delataron la conspiración.

En 1943, los planes para un golpe de Estado contra el Tercer Reich se vieron favorecidos por el curso tomado con la grave derrota de la Batalla de Stalingrado, absolutamente desfavorable para la Alemania nazi, la contraofensiva soviética que culminó en la Batalla de Kursk, y la total derrota germana en África del norte tras la batalla de El Alamein, propició un ambiente de descontento entre los militares por la dirección que hacía Hitler en el frente oriental. A mediados de ese año Tresckow reclutó en la conspiración al coronel Claus von Stauffenberg, herido de guerra en África, quien se mostró dispuesto a realizar personalmente el intento de asesinar a Hitler. Ese año Olbricht sugirió a Tresckow un proyecto de golpe de Estado ya avanzado, la organización estaba basada en un plan aprobado por Hitler en caso de un estado de anarquía.

Había un plan de emergencia militar del Tercer Reich denominado Operación Valkiria, previsto para usar en caso de una revuelta masiva de los obreros extranjeros esclavizados en Alemania o en situación de un grave caos civil en retaguardia debido a los bombardeos aéreos. Dicho plan implicaba la movilización de unidades de la Wehrmacht para restablecer la autoridad y podía usarse según Olbricht para que unidades militares de reserva tomasen el control de las ciudades arrestando a los líderes nazis, y desarmando a las SS y a la Gestapo tras la muerte de Hitler. Dicho plan debía ser puesto en práctica por el veterano general Friedrich Fromm, jefe de las reservas militares alemanas, y para asegurar el éxito del golpe de Estado era preciso reclutar a Fromm en la conspiración o neutralizarlo en caso necesario, ya que existían dudas acerca de su probable lealtad. Incluso a mediados de 1944 la conspiración obtuvo un nuevo apoyo en el general Karl Heinrich von Stülpnagel, jefe máximo de las guarniciones germanas en Francia, quien ofreció tras la muerte de Hitler tomar el control de París y negociar un armisticio inmediato con las tropas estadounidenses y británicas que avanzaban y con la resistencia francesa. El plan fue aprobado en el círculo de Tresckow, solo había que dilucidar como se iba a llevar a cabo, dónde y cuándo.

Las derrotas de las tropas alemanas en 1942 e inicios de 1944 en que se desarrollaron los sangrientos combates en Jarkov y la matanza en el Cerco de Korsun-Cherkassy dificultaron los planes de asesinar a Hitler, pues éste ya no aparecía en público a diferencia de años pasados y pasaba la mayor parte del tiempo no en Berlín sino en su cuartel general militar conocido como Wolfsschanze ('Guarida del Lobo') situado en Prusia Oriental, o en su refugio alpino de Berchtesgaden. En ambos sitios Hitler estaba muy guardado por tropas de la SS y no recibía a nadie personalmente sino a sus colaboradores más cercanos, sobre todo después que el jefe máximo de las SS, Heinrich Himmler, empezase a sospechar mediante la gestión de la Gestapo respecto de planes entre oficiales de la Wehrmacht para asesinar a Hitler. El plan, debido a este motivo ya estaba condenado a fracasar si no se cumplía el objetivo máximo, asesinar al líder y apresar a la cúpula nazi.

Preparativos

Planes para un golpe de Estado

Desde 1938, existían grupos de oposición al régimen nazi en una dependencia tan importante como el Ministerio alemán de Asuntos Exteriores, donde Ulrich von Hasell, Friedrich Graf von der Schulenburg y Adam von Trott zu Solz, todos diplomáticos profesionales, trabajaban activamente formando una red de opositores a Hitler. Otro ente lleno de actividad de oposición al régimen nazi era el servicio de inteligencia militar, Abwehr, dirigida por el almirante Wilhelm Canaris y donde colaboraba el general Hans Oster, un convencido antinazi protegido por el mismo Canaris, que logró incorporar a su círculo al ex-presidente del Reichsbank Hjalmar Schacht.

A estos grupos ya bastante extendidos se unía la red secreta de opositores formada desde 1938 por el ex alcalde de Leipzig, el derechista conservador Carl Friedrich Goerdeler, junto con otro político de la misma corriente, Johannes Popitz, a ellos se uniría después el socialista Julius Leber en su esfuerzo por preparar planes para un derrocamiento de Hitler y un nuevo gobierno para Alemania. Simultáneamente se formaba otro grupo opositor secreto, el «Círculo Kreisau» dirigido por Helmuth James Graf von Moltke, alto funcionario del Ministerio Alemán de Asuntos Exteriores. Todos estos grupos empezaron a reunirse como un solo ente en 1943.

Aun cuando hacia 1943 todos estos grupos se unieron a los conspiradores ya existentes dentro de la Wehrmacht, los círculos de civiles mostraban grandes diferencias entre sus miembros, había monárquicos, conservadores, liberales, socialistas, antiguos aristócratas, cuyo único punto en común solía ser la necesidad de terminar con el régimen nazi.

Pese a esto, se trazaron algunos planes para un gobierno que debía necesariamente instalarse tras el asesinato de Hitler y el derrocamiento del régimen nazi: se pactó que el general Ludwig Beck quedaría en el cargo de «Presidente del Reich», tal como existía en la extinta República de Weimar, Goerdeler sería nombrado Canciller, a Julius Leber se le confiaría el Ministerio del Interior y el mariscal de campo Erwin von Witzleben sería comandante en jefe de la Wehrmacht. Otro elemento clave era terminar la guerra mediante una paz negociada, determinando que el Ministerio de Asuntos Exteriores quedase a cargo de Friedrich Graf von der Schulenburg (el último embajador del Tercer Reich en Moscú) si se buscaba negociar primero con la Unión Soviética, en caso de negociar primero con Gran Bretaña o Estados Unidos dicho puesto se confiaría a Ulrich von Hasell. Se elaboró una lista secreta en que además se incluía al ministro Albert Speer, con la anotación: -"Si fuese posible"-.

También se intentó allegar al general Heinz Guderian pero se carece de los detalles exactos de su respuesta, por cierto negativa.[3] A partir de septiembre de 1943, Claus von Stauffenberg organizó varios proyectos de atentados contra Adolf Hitler, los cuales fallaron todos (por ejemplo el de Axel von dem Bussche en noviembre de 1943). Desde inicios de 1943, la misma Gestapo investigaba sobre una posible conspiración contra Hitler, lo cual no era tarea difícil pues la mayor parte de los implicados eran altos jefes militares bastante conocidos. No obstante el jefe de la Abwehr, Wilhelm Canaris, también había conocido la existencia de tal conspiración; pero no la reprimió en tanto que el mismo Canaris apoyaba la idea de derrocar a Hitler. Canaris transmitió al grupo conspirador que la existencia del plan era conocida por la Gestapo al mando de Ernst Kaltenbrunner.

La creciente posibilidad de ser descubiertos por la Gestapo y la rápida victoria aliada en la Batalla de Normandía causó honda preocupación entre los conspiradores respecto al escaso tiempo que les quedaba para ejecutar sus proyectos antes de un total colapso militar del Tercer Reich, que causaría la destrucción de Alemania y de ellos mismos, además el solo hecho que la Gestapo conociese el plan ya marcaba a los cabecillas principales automáticamente como traidores al Tercer Reich, no había ya vuelta atrás. Cabe destacar que de acuerdo a los planes recuperados tras 1945, los conspiradores tenían como preocupación básica evitar la ruina de su país, evitar que Alemania sufriese una desastrosa invasión extranjera, y buscar un retorno al statu quo europeo previo al 1 de setiembre de 1939, aunque expulsando del poder al nazismo.

El 1 de julio de 1944 el coronel Claus von Stauffenberg quedó agregado al Cuartel General del Ejército de Reserva en Berlín, como jefe de Estado Mayor del general Friedrich Fromm, lo cual le permitía acudir a las conferencias de Hitler con los altos jefes militares, fuera en Berlín, en Prusia Oriental, o en Berchtesgaden, esta puerta abierta en forma inesperada aceleró la ejecución del plan. Cabe destacar que Fromm, de personalidad muy ambigua, ya conocía los planes de los conspiradores, pero en su fuero interno decidió no dar señales de absoluta participación quedando a la espera del desarrollo de los acontecimientos.

Tal nombramiento causó que el mismo Stauffenberg presionase a Tresckow para ejecutar el plan de golpe de Estado, en tanto ahora Stauffenberg era el conspirador ejecutivo en mejor situación para asesinar a Hitler.

A inicios de julio de 1944, von Stauffenberg ya había acudido a dos conferencias militares de Hitler con una potente bomba oculta en su maletín, mas no la había activado porque según Goerdeler y Beck era necesario que junto con Hitler muriesen también sus posibles sucesores Hermann Goering y Heinrich Himmler, una de esas oportunidades se había presentado el sábado 15 de julio. La presencia de Stauffenberg obedecía a la necesidad de crear 15 nuevas divisiones para cubrir las brechas del Grupo de Ejércitos Centro; tarea que había sido encargada por Hitler al mismo Himmler, por tanto el Ejército de Reserva se puso a disposición del Reichsführer de las SS. Sábado 15 de julio de 1944. Histórica foto que muestra a Stauffenberg frente al séquito de Hitler en Wolfsschanze. En esa oportunidad no se ejecutó el atentado.

Tal situación dificultaba el plan, pues Himmler, en calidad de jefe máximo de las SS, recibía órdenes directas de Hitler y rara vez iba a conferencias militares de la Wehrmacht, se desconoce si estuvo presente aquel día. El sábado 15 de julio, ante la presión del tiempo, se permitió que Stauffenberg ejecutara el asesinato en cuanto pudiese, sin requisitos previos. El plan consistía en que Stauffenberg llevase su maletín con una bomba, lo dejase al costado de Hitler en medio de la conferencia, pretextase una excusa para salir del recinto y luego huyese a Berlín para reunirse con los otros conspiradores en el Cuartel General del Ejército de Reserva, situado en la avenida Bendlerstrasse (llamado por ello el Bendlerblock). Tras esto, Fromm iniciaría la «Operación Valkiria» movilizando las tropas en apoyo al nuevo gobierno, arrestando a los líderes nazis; semejante plan era arriesgado y dependía de una gran coincidencia de hechos para tener éxito.

Aquel sábado 15 de julio de 1944, un error de comunicación causó que el general Friedrich Fromm iniciara parcialmente la «Operación Valkiria» creyendo que Hitler había sido asesinado pero con gran esfuerzo se detuvo la movilización total de tropas alegando que la convocatoria para ello era sólo un ejercicio de práctica. El mayor Otto Remer a cargo de las unidades quedó perplejo ante la situación. Este inconveniente causó una mala impresión de la organización de los grupos conspiradores ante Fromm.

El día martes 18 de julio, Stauffenberg supo que la Gestapo podría arrestarlo en cualquier momento y se decidió a matar a Hitler en la primera ocasión viable. Para ello salió de Berlín por avión en la mañana del jueves 20 de julio hacia Rastenburg, localidad de Prusia Oriental; a 15 km al este de dicha población se hallaba el cuartel militar de Hitler llamado Wolfsschanze ('Guarida del Lobo') y allí se dirigió Stauffenberg con un par de bombas plásticas ocultas en el maletín. Lo acompañaba el mayor von Haeften como ayudante.

La conferencia militar de Hitler con otros jefes militares empezó en una amplia sala poco después del mediodía, donde acudieron el mariscal de campo Wilhelm Keitel, los generales Alfred Jodl, Walter Warlimont y otros altos oficiales, entre los cuales se hallaba Stauffenberg, bordeando una enorme mesa con mapas; minutos después de empezada la reunión Stauffenberg quien llegó atrasado activó la bomba en su maletín en un cuarto junto a Haeften. Entró a la reunión y se acercó lo más que pudo a Hitler, colocó el maletín muy cerca de los pies de Hitler y luego pidió permiso para retirarse por unos minutos fuera del recinto alegando una llamada por recibir, dejando su maletín en la sala junto a la gran mesa. Uno de los asistentes tropezó con el maletín y lo colocó detrás de uno de los pedestales de la gran mesa.

A las 12.40 la bomba explotó con gran potencia destruyendo gravemente la sala de conferencias, matando a cuatro oficiales e hiriendo gravemente a otros cinco, pero dejando a Hitler, Jodl y Keitel sólo con heridas relativamente leves. No obstante, Stauffenberg observó la humareda desde fuera de la Wolfsschanze, y supuso que era imposible que Hitler hubiese sobrevivido y con gran dificultad pudo salir de Wolfsschanze deshaciéndose de la bomba que no había utilizado y retornó a Berlín a las 13.00 creyendo que Hitler estaba muerto.

Poco antes de las 15:00, el general Friedrich Fromm recibió una llamada desde Rastenburg del general Erich Fellgiebel, del Cuerpo de Señales y participante de la conspiración, quien avisó a sus demás cómplices que Hitler había sobrevivido al ataque. Tal noticia alertó a los conspiradores reunidos en el Bendlerblock pues calcularon (tal vez con acierto) que si Adolf Hitler estaba vivo las tropas de reserva no obedecerían la movilización de «Operación Valkiria» ordenada por Fromm. En Wolfsschanze mientras tanto, se supuso en un primer momento un bombardeo aéreo, pero ante la ausencia de informes de aviones enemigos en la zona, se empezó a sospechar de un atentado. Himmler fue llamado en el acto junto con Kaltenbrunner, Martin Bormann fue el primero en sospechar de Stauffenberg al no encontrarse entre los heridos o presentes. Adicionalmente, soldados de la guardia encontraron un paquete, era la segunda bomba que no había sido utilizada por los conspiradores. Para entonces, había aumentado la confusión entre los conjurados, el hecho que Stauffenberg llamase después por teléfono al general Fromm a las 15:00, tras haber aterrizado en Berlín y le asegurase a los demás conspiradores que Hitler había muerto. A las 16:00 y con dos versiones contradictorias de distintos conspiradores, el general Olbricht lanzó la orden de empezar la «Operación Valkiria» y movilizar a las tropas de reserva disponibles, pero poco después Friedrich Fromm llamó por teléfono a Rastenburg y conversó con el mariscal de campo Wilhelm Keitel y éste (ajeno a la conjura) le aseguro que Hitler estaba vivo, además de preguntarle por el paradero del coronel Claus von Stauffenberg.

A las 16:40 Stauffenberg llegó al Bendlerblock y Fromm en un acto de absoluto cinísmo intentó arrestarlo de inmediato (se cree que para borrar evidencias de su participación en el complot) pero fracasó al no ser secundado por Olbricht ni otros oficiales. De todos modos a esa hora Heinrich Himmler había tomado medidas para que la SS pusiera fin al intento de golpe de Estado y ordenaba a las tropas del resto de Alemania que no obedecieran la movilización de «Operación Valkiria». La sede ministerial de Joseph Goebbels fue cercada por las tropas de la guarnición de Berlín creyentes en las órdenes de Fromm y de Olbricht; pero todavía Goebbels contaba con la línea telefónica no cortada por los conspiradores.

El momento decisivo ocurrió a las 19:00, cuando Hitler estaba lo bastante recuperado para llamar por teléfono. Hitler pudo llamar a Goebbels, quien hizo arreglos para que aquel hablara con el comandante de las tropas que rodeaban su ministerio, el mayor Otto Remer, para persuadirle que estaba vivo y exigirle reprimir inmediatamente la revuelta en Berlín; esa misma noche Hitler ordenó que el mayor Remer fuese ascendido a coronel. A las 20:00 un furioso Witzleben llegó al Benderblock y discutió airadamente con Stauffenberg, quien todavía insistía en que el golpe podía continuar. Witzleben abandonó el edificio poco después. Alrededor de esta hora la toma del poder en París había sido abortada, cuando el general Stülpnagel fue arrestado por el general Günther von Kluge (otro participante que se desentendió de la conspiración al enterarse éste último de que Hitler había sobrevivido). Restos de la casa de Speer, Wolfsschanze.

Los miembros menos resueltos de la conspiración en Berlín comenzaron entonces a cambiar de bando. Estalló la lucha en el Bendlerblock entre los conspiradores que apoyaban el golpe y los leales a Hitler (entre estos últimos está el general Friedrich Fromm) y Stauffenberg fue herido. El general Ludwig Beck, al convencerse de que no había esperanza, se suicidó (el primero de numerosos suicidios cometidos en los siguientes días). Hacia las 23:00 el general Fromm fue liberado y había retomado el control del Bendlerblock, destruyendo huellas de su colaboración con los conspiradores, arrestó a Stauffenberg y a Olbricht con otros oficiales que insistieron en continuar con el golpe de estado, se instituyó a sí mismo en una «corte marcial especial», y les condenó a muerte de inmediato, desobedeciendo la orden oficial de Hitler a Remer de capturar vivos a los conspiradores. Patio interno de Bendlerblock donde fueron ejecutados Stauffenberg y los cabecillas de la conspiración.

A las 0:10 del 21 de julio los cuatro hombres condenados por él mismo, incluyendo Stauffenberg, fueron fusilados en el patio trasero del edificio "Bendlerblock".[2] Otros ya habrían sido fusilados, pero a las 0:30 irrumpió en el Bendlerblock Otto Skorzeny con un batallón de la SS, prohibiendo nuevas ejecuciones hasta determinar fielmente cuántos militares había participado en la sublevación. Fromm prefirió no enfrentarse a las SS y se dirigió al día siguiente a visitar al Ministro de Propaganda Joseph Goebbels, atribuyéndose el mérito de haberse enfrentado a los rebeldes. No obstante en ese mismo acto Fromm es arrestado, al enrostrarle Himmler lo apurado que estaba en dejar enterrados a los cabecillas y tras descubrirse su participación en la conspiración por documentos encontrados en su caja fuerte, muere fusilado en marzo de 1945.

Consecuencias

Hitler sobrevivió al atentado debido a la robustez de la mesa que lo protegió de la onda expansiva, pero sus piernas resultaron alcanzadas por duras astillas de la mesa y quedó con una sordera leve en su oído derecho. No obstante, tiempo después los efectos del atentado mellarían la salud física de Hitler al afectar sus nervios motores y causarle un notorio temblor en su mano derecha que con mucho esfuerzo podía contener. Asimismo, su fortaleza psicológica empezó a minarse, cayendo Hitler en la paranoia de sufrir un nuevo atentado y se tomaron medidas extremas para preservar la seguridad del dictador, restringiendo el libre acceso a su persona sólo a algunos miembros seleccionados de la jerarquía nazi (como Himmler, Goebbels, Goering) y colaboradores muy cercanos (secretarias, asistentes, y guardaespaldas); inclusive los más altos jefes de la Wehrmacht tenían que pasar una serie de rígidos controles y revisiones tan sólo para acercarse a un recinto donde Hitler se encontrara. El juicio y capacidad reflexiva de Hitler, más temprano que tarde se vieron afectados, y esto impactó negativamente en la dirección del OKH (que Hitler había asumido personalmente, por encima de los militares profesionales), mostrando el Führer notables desaciertos en sus decisiones así como cambios erráticos de opinión y ánimo que perduraron hasta su muerte en abril de 1945.

Represión

En las semanas siguientes empezó a investigarse con mayor detalle el intento de golpe de estado y Himmler ordenó a la Gestapo proceder al arresto de todo individuo que tuviese alguna clase de relación con los conspiradores, orden que luego abarcó extraoficialmente a numerosos alemanes sospechosos de oponerse al régimen nazi, como el clérigo Dietrich Bonhoeffer, cuyas ideas antinazis eran ya conocidas, o el general Franz Halder, quien no se unió a la conspiración pero a quien Hitler creía capaz de iniciar otro complot por su cuenta. Inclusive fue arrestado el almirante Wilhelm Canaris por cuanto subordinados suyos habían participado en la conspiración y sobre todo por la profunda desconfianza que hacía años Heinrich Himmler sentía hacía él. Resultó sencillo reconstruir la compleja red de conspiradores debido a la incautación de cartas y diarios de los conjurados ya arrestados, lo cual permitió seguir la pista a numerosos conspiradores que habían abandonado la sublevación a último momento (por ejemplo en el caso de Friedrich Fromm la Gestapo halló en sus oficinas del Bendlerblock una lista del futuro «gabinete de gobierno» que pretendía formar Goerdeler tras la muerte de Hitler). Un ayudante muestra el estado en que quedaron los pantalones de Hitler después del atentado.

Se calcula que hubo en total unos 5.000 arrestos y 200 ejecuciones de opositores al régimen nazi, aunque no todas referidas a conjurados del 20 de julio. Los detenidos que no habían sido aún ejecutados quedaron a disposición de la «Corte Popular» dirigida por su presidente, el infame juez nazi Roland Freisler. Himmler ordenaba la detención de todos los miembros del clan von Stauffenberg, hombres, mujeres y niños, para su posterior ejecución bajo el concepto de Sippenhaftung. Los primeros procesos empezaron el 7 de agosto de 1944 pero ya Hitler había ordenado que los encausados fueran condenados a muerte y ejecutados en la horca, sin excepción; entre los condenados estaban Carl Friedrich Goerdeler, Popitz, Julius Leber, Friedrich Graf von der Schulenburg, Ulrich von Hasell, entre otros.

Escasos fueron los conspiradores arrestados que intentaron negar su participación en el complot. Otros líderes de la conjura como Tresckow y Ludwig Beck se habían suicidado antes de ser arrestados y otros jefes militares fueron acusados también de haber tenido contacto con jefes de la sublevación y en consecuencia arrestados. Una excepción fue el general Erwin Rommel, que fue acusado de omisión por haber contactado con los líderes de la conspiración y por no haber alertado a sus superiores al tener conocimiento de tales planes; por ello se le ofreció la opción de suicidarse y así evitar un juicio público con el arresto de sus familiares. De modo similar, el general Günther von Kluge fue llamado a Berlín para ser investigado, pero temiendo ser considerado como conspirador debido a sus fuertes críticas a Hitler dentro del OKW, también se suicidó. Las ejecuciones de conspiradores u opositores al régimen nazi relacionados con la conspiración del 20 de julio de 1944 continuaron hasta los últimos días de la Segunda Guerra Mundial en mayo de 1945.

sábado, 16 de marzo de 2013

Geopolítica vaticana. Controversia

La jerarquía del Vaticano posó sus ojos en América del Sur, la región donde combatió a muerte (textualmente) a los teólogos de liberación. Alineada con los poderosos, lo que no le impide hacer guiños populistas hacia los pobres, está a punto de tomar posición ante la integración regional y los gobiernos progresistas. “Lo peor que podría pasarle a Sudamérica sería la elección de un papa de aquí”, escribía el periodista Martin Granovsky horas antes de que los cardenales ungieran a Jorge Bergoglio para ocupar el sillón de Pedro. En la medida que los progresistas han sido barridos de las jerarquías eclesiales, si el nuevo pontífice fuera sudamericano, especulaba el periodista, no sería “un estímulo para los cambios que se producen en los dos grandes países de Sudamérica desde 2003” (Página 12, 13 de marzo de 2013). Pocas cosas hay más terrenales que el gobierno de la iglesia católica. Muchas páginas se han escrito sobre las estrechas relaciones del Vaticano con el fascismo y el nazismo, con el régimen de Francisco Franco, sobre sus millonarias inversiones en negocios turbios, por no decir mafiosos, de la ligazón de algunos de sus más encumbrados jerarcas con la Logia P-2, y del cogobierno de facto que ejercieron con la última dictadura militar argentina. Existe una geopolítica vaticana que no ha sido enunciada, que no cuenta con encíclicas que la avalen, pero que se puede rastrear por su actuación en algunos momentos decisivos de la historia. En se sentido, existen datos suficientes que confirman la intervención vaticana en la misma dirección que lo hacían los poderosos del mundo. La elección de Bergoglio tiene un tufillo de intervención en los asuntos mundanos de los sudamericanos, a favor de que el patio trasero continúe en la esfera de influencia de Washington y apostando contra la integración regional. Antecedentes no faltan: en la década de 1950 la actitud del Vaticano hacia el régimen de Franco coincidió, con notable exactitud, con la apertura de Washington hacia el dictador; en la década de 1980, los intereses de la superpotencia en una Centroamérica sacudida por guerras internas fueron acompañados y acompasados por la diplomacia vaticana, con notable sincronía. Pio XII, el anticomunista Es ya un lugar común recordar la profesión de fe democrática del Vaticano cuando agonizaba el régimen fascista de Benito Mussolini, al que Pío XI había dado su bendición (animando a los católicos italianos a votarlo en 1929) al señalar que fue “un hombre enviado a nosotros por la Providencia”. Su sucesor, Pío XII, el papa de la guerra fría, profundizó el anticomunismo y defendió la excomunión de los católicos que votaran por los comunistas. Lo más notable de ese período es el profundo viraje del Vaticano hacia la potencia hegemónica que nació con el fin de la Segunda Guerra Mundial. Viraje y convergencia que tienen en el año 1953 un nudo más que simbólico. El triunfo de Franco en la guerra civil española, con el apoyo de las fuerzas armadas de Mussolini y de Adolfo Hitler, provocó un agudo aislamiento de España luego de la derrota del Eje en 1945. La posguerra española fue particularmente penosa para su población ya que ese aislamiento la dejó fuera del Plan Marshall con el que Estados Unidos lubricó, con miles de millones de dólares, la recuperación de la devastada Europa. Pero la península ibérica es un espacio geopolítico decisivo para el control del Mediterráneo y del norte de África, ya que el Estrecho de Gibraltar es la puerta de entrada a dos continentes. El desmoronamiento de las potencias coloniales en Asia y África, que detonó la guerra de Argelia desde 1954, sumada a la tradicional independencia de Francia que bajo la influencia de Charles de Gaulle tomó distancias de a política militar de Estados Unidos, llevó a Washington a buscar un acercamiento con la dictadura de Franco. En 1953 se firmaron convenios hispano-estadounideses que diseñaron una alianza militar que se plasmó en la instalación de tres bases militares en Rota, Morón y Torrejón de Ardoz. En 1955 España ingresó en la Naciones Unidas y en 1959 el presidente Dwight Eisenhower visitó a Franco para afianzar las relaciones. A cambio, España recibió ayuda económica y el apoyo para salir de su aislamiento internacional. El mismo año, 1953, el Vaticano puso su granito de arena para ayudar al régimen a superar su aislamiento. Pío XII firmó un concordato con Franco que daba base jurídica al llamado nacional-catolicismo, la ideología del régimen peninsular que de hecho lo legitimaba ante los católicos del mundo. Esta convergencia de acciones entre la máxima autoridad católica y el nuevo hegemón global habría de ser moneda corriente en los años siguientes, de modo muy particular en América Latina. Juan Pablo II, la guerra contra el sandinismo En 1983 Juan Pablo II realizó una gira por Centroamérica, cuando en la región arreciaban guerras de alta intensidad entre regímenes dictatoriales aliados de Washington y fuerzas sociales y políticas de izquierda. En Guatemala el régimen de Efraín Ríos Montt perpetró esos mismos años un gigantesco genocidio contra la población indígena y en El Salvador los escuadrones de la muerte de la ultraderecha asesinaban opositores, entre ellos al arzobispo de San Salvador monseñor Óscar Arnulfo Romero. En Nicaragua gobernaba el sandinismo desde el triunfo de la revolución en 1979, duramente acosada por los Estados Unidos que financiaban bandas terroristas, conocidas como la contra, para desestabilizar al gobierno. En Guatemala el papa se reunió con el dictador genocida que pocas horas antes de su llegada había mandado fusilar a cinco guatemaltecos y un hondureño. En El Salvador también se reunió con los gobernantes, aunque fue a rezar a la tumba de Romero. Sin embargo, sus palabras más duras no estuvieron dirigidas a los asesinos sino a los sacerdotes de la teología de la liberación. “No vale la pena dar la vida por una ideología, por un evangelio mutilado, por una opción partidista”, dijo en clara alusión a algunos sacerdotes que se habían enrolado en la oposición. En todas sus vistas, estuvo también en Honduras y Costa Rica, entre otros países, habló a favor de la paz. Menos en Nicaragua. El país estaba conmovido por la primera acción importante de la contra que asesinó a 17 jóvenes. Por el contrario, la imagen del papa Juan Pablo II reprochando a Ernesto Cardenal por ser ministro del gobierno sandinista, arrodillado frente a su santidad en señal de respeto, dio la vuelta al mundo y se ha inscrito en el imaginario de muchos cristianos latinoamericanos. Ernesto Cardenal consideró que Juan Pablo II “lo que menos quería era una revolución apoyada masivamente por los cristianos como la nuestra, en un país cristiano, y por lo tanto una revolución muy popular. Y lo peor de todo para él que fuera una revolución con sacerdotes”. La misa campal fue un desastre. El papa se permitió criticar al sandinismo abiertamente y los asistentes, se estima que había medio millón de personas, lo terminaron abucheando. “El pueblo le faltó el respeto al Papa, es verdad, pero es que antes el Papa le había faltado el respeto al pueblo”, escribió luego Cardenal quien enfatizo que se negó a condenar los crímenes de la contra. En Centroamérica volvieron a coincidir las estrategias del Pentágono y del Vaticano, punto por punto, lugar por lugar. Mención especial merece la convergencia de intereses contra el clero progresista y de izquierda. El Documento Santa Fe I, emitido en mayo de 1980 por un think tank ultraderechista dirigido a influenciar en la presidencia de Ronald Reagan, tiene entre sus principales propuestas atacar a la teología de la liberación. “La política exterior de Estados Unidos debe comenzar a enfrentar (y no simplemente a reaccionar con posterioridad) la teología de la liberación”. Geopolítica regional La elección de un papa latinoamericano puede ser interpretada, desde un punto de vista geopolítico, como reflejo del ascenso de las potencias emergentes y de la consolidación del papel de la región sudamericana en el mundo. Sin embargo, el nuevo pontificado tiende a reforzar la política de los Estados Unidos en la región, parece destinado a colocar un palo en la rueda de la integración regional y aislar así a Brasil y a Venezuela. Lo que está en juego en la región, lo que habrá de marcar su futuro, no es el destino de los curas pederastas, ni la permanente disminución de la cantidad de católicos, ni el matrimonio igualitario ni el aborto, sino la afirmación de Sudamérica como un polo de poder en un mundo cada vez más caótico. Eso pasa, inevitablemente, por una integración orientada por Brasil en base a dos alianzas estratégicas decisivas con Argentina y Venezuela. El capital transnacional hizo su apuesta hace tiempo por la desestabilización de Argentina, objetivo compartido por la Casa Blanca. En este caso no se trata del petróleo como sucede con Venezuela, sino de una lectura correcta por parte del poder estadounidense de los objetivos trazados por Brasil para la integración regional. El punto neurálgico, como señala el diplomático Samuel Pinheiro Guimaraes en su libro Desafíos brasileiros na era dos gigantes, es la alianza entre los dos principales países de la región, porque juntos tienen la capacidad de arrastrar al resto y de neutralizar las injerencias externas. Ese punto lo ha comprendido el presidente José Mujica, quien ha hecho esfuerzos por alinear al Uruguay en la alianza que hoy encarna el Mercosur. También la entendió derecha argentina que echó las campanas al vuelo y pronostica que el papel de Bergoglio en la región será similar al de Juan Pablo II en la caída del comunismo. “El impacto que tiene para un país que un conciudadano sea elegido sumo pontífice no requiere demostración. Basta recordar lo que significó la coronación de Karol Wojtyla para Polonia y, en general, para el socialismo real. Un tsunami”, escribió en La Nación el columnista Carlos Pagni, un ultraderechista que fue acusado por la Delegación Argentina de Asociaciones Israelitas (DAIA) de representar “una clara expresión antisemita asociable a la peor tradición del nazismo” a raíz de un artículo en el que aludía a la descendencia judía de un alto funcionario gubernamental. El nuevo papa está en condiciones darle a la derecha argentina la legitimidad popular e institucional que nunca tuvo, en un momento decisivo para la región, cuando la última apuesta de Washington para recuperar protagonismo, la Alianza del Pacífico, naufraga sin rumbo. Su pontificado no incidirá sólo en su país natal; aspira a influir en toda la región. Uno de los primeros viajes de Francisco I será a Brasil en julio, pero puede convertirse en una gira regional. Será el momento de aquilatar la estrategia vaticana en este período de transición hegemónica. 15/03/2013 http://www.alainet.org/active/62464 Raúl Zibechi, periodista uruguayo, escribe en Brecha y La Jornada y es colaborador de ALA. Fuente: http://www.vientosur.info/spip.php?article7785