miércoles, 18 de septiembre de 2013

¿Por qué los alemanes? ¿Por qué los judíos?


Piedra de toque del optimismo humanista, la monstruosidad que conocemos con el nombre de Holocausto desafía insistentemente la capacidad explicativa de las disciplinas abocadas al conocimiento del hombre, suscitando tal variedad de teorías acerca de su origen y naturaleza que a veces parece haber más confusión que claridad en torno a la cuestión. Acaso haga falta una dosis de sentido común; puede que resulte útil volver a las observaciones iniciales. Acaso gran parte de la respuesta al problema del sentimiento antijudío alemán, subyacente en la génesis del Holocausto, se halle delante de nuestras narices, si por esto entendemos atender al común acervo de intuiciones y percepciones en torno a lo humano. Lo cierto es que no desbarraban ciertos contemporáneos de Hitler cuando atribuían la palabrería racial, la furia nacionalista y la vocinglería antisemita a un sentimiento tan vulgar como la envidia: envidia miserable ante el éxito ajeno, y su complemento, la inseguridad del envidioso que, corroído por las dudas acerca de sí mismo, compensa su debilidad apelando a la solidaridad grupal y disimula su vulnerabilidad bajo un disfraz de ruidosa arrogancia. Algunos observadores dejaron constancia de lo que percibían tras el ascenso del nazismo en términos más o menos formales, siempre familiares: “sentimiento de inferioridad” (Theodor Heuss, politólogo); “complejo de postergación”, “válvula de seguridad mental de un sentimiento de inferioridad social” (Hendrik de Man, sicólogo social); “sentimiento de inferioridad social como nación”, “desagüe de debilidad, necedad y sinrazón” que satisfacía la necesidad de “sentirse mejor, un poco más fuertes” (Thomas Mann, escritor).
En su libro ¿Por qué los alemanes? ¿Por qué los judíos?, el historiador y cientista político Götz Aly (Heidelberg, 1947) rastrea las raíces del antisemitismo alemán como condición de posibilidad del Holocausto, para lo cual somete a escrutinio una amplia variedad de fuentes primarias datadas a lo largo del siglo XIX y comienzos del siglo XX. El autor analiza documentos que van desde diarios personales y panfletos hasta artículos periodísticos y actas parlamentarias, incluyendo el archivo de su propia familia (uno de los tatarabuelos de Aly fue un activo agitador antisemita, y su abuelo materno militó en el partido nazi).  Autor también del libro La utopía nazi(Crítica, 2006), Götz Aly arguye que la cambiante Alemania del siglo XIX –antes y después de la unificación- fue algo parecido a una tierra de promisión para los judíos, muchos de ellos recién llegados del este. Circunstancias como  una gradual emancipación, la relativa equiparación de derechos y la transición de una economía agraria a una industrial favorecieron a los judíos, urbanitas por excelencia dotados además de una base educacional superior a la de los campesinos cristianos emigrados a la ciudad, quienes padecían más dificultades para adaptarse al ritmo de la vida urbana y a las exigencias de la economía capitalista. No fueron los judíos los gestores iniciales del progreso y la modernidad –económica, jurídica y cultural-, pero sí fueron sus entusiastas agentes.
La característica voluntad judía de formación derivaba no sólo del afán de prosperar sino de un imperativo religioso, y en la Alemania decimonónica los índices de escolarización de los jóvenes judíos eran incomparablemente superiores a los de sus pares cristianos. Impedidos de acceder a la carrera militar y frecuentemente discriminados en el funcionariado, la única vía segura que tenían los judíos para ascender era la educación, oportunidad que aprovecharon de modo diligente. El censo de Berlín de 1867 muestra que los judíos eran apenas el 4% de la población de la ciudad, pero constituían el 30% de las familias que contrataban personal educativo para sus hijos. Los informes del sistema educacional muestran que los estudiantes judíos solían tener mejores calificaciones que los no judíos, quienes sólo los adelantaban en asignaturas como caligrafía y gimnasia. La medicina, la abogacía y la iniciativa empresarial contaron con un creciente contingente de origen judío. En 1907, la proporción de trabajadores independientes en la población urbana muestra diferencias significativas según adscripción religiosa: el 37% de los judíos activos trabajaban por cuenta propia, mientras que sólo lo hacía el 4.7% los protestantes activos y el 3% de los católicos. En cambio, la proporción de asalariados sin estudios de origen judío era mínima. A principios del siglo XX, el promedio de ingreso de los judíos multiplicaba varias veces el de los no judíos. En palabras de Aly, «los judíos se subieron en masa al tren del futuro y se convirtieron en pioneros de la novedad».
Bastante decidor es que el propio discurso antisemita alemán ventilase la imagen caricaturesca del alemán típico como un sujeto palurdo, indolente y borreguil, situado por ende en condiciones desventajosas frente a los avispados judíos.  El arquetipo del judío era el de un individuo de inteligencia vivaz y “demasiado” independiente, “escandalosamente” ávido de aprender y “deplorablemente” inclinado a la educación superior y  las innovaciones que ofrecía la época. Emponzoñado por la envidia y un complejo de inferioridad, el antisemitismo llegó al extremo de difamar la superioridad intelectual y el deseo de educarse y prosperar. Un notorio antisemita del siglo XIX identificó el judaísmo con el progreso, reivindicando el retorno a las tradiciones como único modo de liberarse del presunto “yugo judío”; expresión de una mentalidad reaccionaria e inmovilista, semejante voluntad de “apartarse del progreso” (sic) era la receta segura para el fracaso. El antisemitismo encontró un público receptivo entre los socialmente descontentos, deseosos de hallar un desahogo a su frustración. El ansia de compensación transformó los defectos en virtudes. A la abulia y la falta de curiosidad intelectual se las hizo pasar por honradez y rectitud de carácter; la falta de luces se erigió en melancolía y la ignorancia en introspección. La carencia de conocimientos fue suplida con la estridencia de las convicciones, artículos de fe de la peor especie: precisamente, los que alimentaron la arrogancia racial. La mellada autoestima encontró un puntal espurio en la seudo ciencia racial y en las patrañas biopolíticas que ampararon la calumnia de las minorías, en particular de aquella que ha servido de eterno chivo expiatorio. A partir de entonces, el alemán no judío inculto y en situación de inferioridad socioeconómica se sintió autorizado a despreciar al intelectual judío y al judío próspero: éstos seguían siendo judíos, mientras que él era todo un alemán. La conversión no cambiaba nada, no aproximaba a la “genuina” germanidad; el judío converso seguía siendo un judío.
La pasión de la diferenciación y la segregación encontró terreno abonado en el modelo alemán de construcción de la comunidad nacional, crucial en un tiempo de fragmentación estatal. El nacionalismo alemán fue un nacionalismo étnico, no cívico, no articulado por principios de derechos ciudadanos y soberanía popular sino por fantasías relativas a la comunidad orgánica y la pureza de la sangre. En su ansia de unidad y cohesión interna, este nacionalismo sacrificó las libertades individuales y rechazó de plano los derechos universales del hombre, reforzando el contraste con un “otro” perturbador, presuntamente ajeno a la esencia colectiva y sin embargo incrustado en medio de la comunidad nacional. ¿Quién otro sino el judío? Por otro lado, el avance arrollador de la modernidad alteró los ritmos vitales y socavó las certezas tradicionales, exponiendo a los individuos a un profundo estado de inseguridad e inestabilidad. Los vínculos de raigambre ancestral se diluyeron; la dinámica capitalista impuso parámetros de sociabilidad que apuntaban más a la competencia que a la solidaridad. Lo que en tales condiciones prevalecía era la apetencia de seguridad en vez de un sincero aprecio de la autonomía personal, precipitándose una huida masiva hacia el colectivismo excluyente y el autoritarismo mesiánico. Aunque no de modo fatal, la historia alemana pavimentaba el camino hacia las atrocidades del nazismo. «Los desarraigados –sentencia Aly- buscaban raíces y la encontraron en la ficción de la raza. Los dispersos buscaban unidad y la encontraron en la ficción del pueblo. Buscaban a alguien que guiara al pueblo y lo encontraron en el espejismo de un  Führer».
Es conocido el histórico déficit libertario y democrático de la Alemania pretérita, en la que el colectivismo, el sometimiento obsecuente a la autoridad y el desprecio del liberalismo llegaron a considerarse patrimonio de la identidad nacional: una situación que tuvo eco en la mentalidad de la soldadesca partícipe de la Segunda Guerra Mundial, captada por los alemanes S. Neitzel y H. Welter en su libro Soldados del Tercer Reich. «Nuestro concepto de la libertad es distinto al de los ingleses y los estadounidenses –afirmó un teniente de marina-. Me siento muy orgulloso de ser alemán; no echo de menos su libertad. La libertad alemana es la libertad interior, la independencia frente a todo lo material. Supone prestar servicios a la patria» (ob. cit., p. 41). Thomas Mann formuló la cuestión en términos críticos: «El concepto alemán de libertad siempre ha sido un concepto externo al individuo; se ha referido al derecho de ser alemán, sólo alemán, y nada más». Expresión de “egoísmo nacional de raza” y de “vasallaje militante” (Mann dixit), semejante ideal constituía una forma alambicada de claudicación personal y de servidumbre voluntaria. Aly no vacila en enfatizar la importancia de este factor: «Quien no quiera referirse a la larga y funesta tradición de un antiliberalismo alemán empedernido y vigente hasta nuestros días, mejor no debería hablar de los excesos étnico-colectivistas del nacionalsocialismo».
El nazismo obtuvo provecho de una mecánica exculpatoria que fomentaron las teorías raciales en boga desde el siglo XIX.  Las frustraciones y el temor hacia lo diferente –sobre todo el judío, visto como un competidor aventajado en las circunstancias anómalas de la modernidad- tuvieron su válvula de escape en las quimeras sobre la superioridad de la raza germana. El ansia de desquite fue canalizada hacia los judíos, cobijándose la voluntad de exclusión en el prestigio de la ciencia racial; una falsa ciencia que disimuló el carácter pernicioso de la envidia y el resentimiento. En palabras de Aly, «la ciencia biopolítica sublimó el odio como conocimiento, la carencia como ventaja, y justificó la toma de medidas legales. Así, millones de alemanes pudieron delegar en el estado sus vergonzosas agresiones motivadas por sentimientos de inferioridad». ¿Postula Aly la existencia de un antisemitismo visceral y global como condición sine qua non del genocidio, a lo Goldhagen? No. Lo que postula es que las teorías de higiene racial medraron a impulso del sentimiento de inferioridad, echando los cimientos de una moral del recelo y la discriminación, cuando no del exterminio. Para la consumación de un hecho como el Holocausto bastaba con el antisemitismo radical de la clase dirigente, la complicidad activa de una minoría ideológicamente comprometida y el silencio aquiescente de una mayoría moralmente entumecida.
- Götz Aly: ¿Por qué los alemanes? ¿Por qué los judíos? Crítica, Barcelona, 2012. 334 pp.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Violencia sexual a las mujeres durante la dictadura chilena


Además de ser víctimas de los métodos de tortura efectuados contra todos quienes pasaron por los múltiples centros de exterminio de la dictadura, más de tres mil mujeres sufrieron violencia sexual por parte de agentes del Estado. Leer más

jueves, 5 de septiembre de 2013

Los judíos vienen del Cáucaso y no del antiguo Israel


Los judíos vienen del Cáucaso y no del antiguo Israel. El 90% de los judíos del mundo no proceden del Israel bíblico sino de las tierras del Cáucaso. Es más, ni siquiera son del todo judíos. Su material genético es un mosaico de genes donde predominan los antiguos pueblos caucásicos, de Mesopotamia, ancestros europeos y hasta chipriotas, además de los semíticos. Según una investigación publicada en Genome Biology and Evolution, grupos de israelíes fueron llegando a aquellas tierras entre el mar Negro y el mar Caspio hasta que el imperio que los acogió se convirtió al judaísmo. Fueron estos conversos los que protagonizaron una nueva diáspora hacia Europa. La historia, trufada de muchos gramos de mito, venía sosteniendo que los actuales judíos europeos (aquel 90% y que en realidad, tras el Holocausto, no viven en este continente sino en América y el moderno Israel) son descendientes de tribus israelitas y cananeas. Tras la conquista musulmana de Palestina en el siglo VII, la abandonaron para asentarse en Alemania (Ashkenaz, en hebreo). Posteriormente, en el siglo XV, un pequeño grupo de unos 50.000 individuos emigrarían hacia el este (Polonia, Ucrania Rusia…) y en un sorprendente 'baby boom' se multiplicarían hasta suponer el grueso de la población judía. Estos son los elementos básicos de la hipótesis Rhineland (o tierras del Rin, un río alemán) sobre el origen de los judíos europeos, que no incluye a los sefardíes o españoles. Sin embargo, el genetista de la Universidad Johns Hopkins (EE.UU.) y de origen judío Eran Elhaik ha realizado una investigación cuyos provocadores resultados desmontan varios mitos. La genética, según sugiere su estudio, sostendría que no hubo esa emigración seminal a Alemania o, al menos, el factor alemán no explicaría el origen de la mayoría de los judíos europeos. En realidad, estos procederían del Cáucaso. Allí, desde finales de la Edad del Hierro, emergió el imperio jázaro. Formado por una amalgama de tribus eslavas, escitas, iranias, turcas y hasta hunos y alanos, asistió durante siglos a sucesivas llegadas de judíos tanto de Palestina como de Mesopotamia, donde vivían los descendientes del pueblo hebreo que el babilonio Nabucodonosor II se llevó consigo tras destruir Jerusalén, en el 587 antes de nuestra era. Siglos después, los jázaros se convirtieron al judaísmo. "La conversión en sí no está en duda", dice Elhaik. "Documentos encontrados en Egipto lo confirman", añade. "Aunque la extensión de la conversión aún es discutida, se cree que todo el Imperio jázaro, incluyendo sus tribus subordinadas y esclavos, mantuvo el judaísmo en los siguientes 440 años hasta la invasión de los mongoles, en el siglo XIII", añade. En un proceso que recuerda a la expansión de los cristianos en el Imperio romano, los gobernantes y la aristocracia jázarose pasaron en bloque al judaísmo cuando ya una buena parte de su población se había convertido a la fe hebrea. La invasión mongola y la gran epidemia de peste de 1347 empujaron a los ahora judeo-jázaros hacia el oeste. Esta versión alternativa del origen de los judíos europeos se conoce como la hipótesis de los jázaros y no había podido ser confirmada hasta ahora, que empieza a haber suficiente material genético de los pueblos del Cáucaso disponible para su estudio. Con los datos genéticos de 1.287 individuos de ocho poblaciones judías y otras 74 de gentiles, Elhaik realizó cinco diferentes análisis y todos le llevaron al origen judeo-jázaro de la mayor parte de los alrededor de 13 millones de judíos del mundo. Usó la frecuencia de alelos (alternativas de un mismo gen) diferentes entre distintos grupos poblacionales y, tomando a judíos palestinos y caucásicos (armenios, georgianos o azeríes) actuales como base para determinar el linaje, comprobó que el 70% de los judíos procedentes de Europa central y occidental y todos los orientales compartían más con los segundos que con los primeros. También, en una especie de triangulación geográfica, donde los vértices eran los vascos, los pigmeos y la etnia china Han, la investigación sitúa los ancestros de los judíos europeos en el sur del Cáucaso. En otro análisis, basado en el grado de mezcla genética de segmentos de cromosomas volvieron a comprobar que el linaje caucásico domina, con un 38%, por delante de los genes europeos occidentales (30%) y de los mesopotámicos. "En conjunto, nuestros resultados dibujan el genoma de los judíos europeos como un mosaico de ancestros caucásicos y de Oriente Próximo, europeos occidentales, Oriente Medio y europeos orientales en proporción decreciente", dicen en las conclusiones del estudio. En suma, además de no haber llegado a Europa directamente de Palestina, los judíos se mezclaron con los gentiles mucho más de lo que cuenta la historia. Incluso, buena parte de ellos lo son por religión, no por origen.

EL CAMINO DIFERENTE DE SEFARAD

Aunque los llamados judíos sefardíes (españoles) no son objeto de este estudio, Eran Elhaik tiene algo que decir sobre ellos. En primer lugar, destaca que su expulsión de España en 1492 impide descubrir su origen debido a su dispersión por todo el Mediterráneo y mezcla tanto con las poblaciones autóctonas como con los judíos que ya vivían allí. También recuerda que la distinción entre sefardíes y askenazíes es más religiosa que genética. Según sus investigaciones solo hay un análisis que incluya esta distinción con judíos sefardíes de Bulgaria y Turquía. "El trabajó mostró un alto grado de heterogeneidad como podría esperarse de un escenario como el que he descrito", dice. Aun así, Elhaik se atreve a responder a la pregunta sobre el origen de los sefardíes antes de su expulsión de España: "La respuesta más probable es que los llamados judíos sefardíes fueran descendientes de grecorromanos convertidos y población local en los dos primeros siglos de esta era".

Autor: Miguel Ángel Criado

domingo, 1 de septiembre de 2013

La yihad, definición


Yihad (en árabe, ﺟﻬﺎﺩ ŷihād; transcrita jihad en inglés o djihad en francés) es un concepto del Islam que describe una obligación religiosa de los musulmanes. En castellano, la palabra árabe «yihād» se traduce como «esfuerzo». La raíz جهد (ya-ha-da) aparece 41 veces en el Corán y de modo frecuente en la expresión idiomática «esfuerzo en el camino de Dios (al-jihad fi sabil Allah)». A los que participan y están comprometidos con la yihad se les conoce como muyahidín, en plural muyahidines. La yihad es un importante deber religioso para los musulmanes. Una minoría entre los académicos suníes se refieren en ocasiones a esta obligación como el sexto pilar del Islam, aunque no ocupa tal estatus.4 Entre los imamíes chiis, sin embargo, la yihad es una de las 10 Prácticas de la Religión. Según la Enciclopedia del Islam, yihad se refiere al decreto religioso de guerra, basado en el llamado por parte del Corán para extender la ley de Dios. El orientalista británicoamericano Bernard Lewis argumenta que en los hadices y en los manuales clásicos de Jurisprudencia Islámica, yihad tiene un significado militar en la mayoría de los casos. En su comentario al compendio de hadices Sahih Muslim, titulado al-Minhaj y considerados uno de los mejores en su campo, el erudito medieval musulmán Imam al-Nawawi al definir yihad y sus diferentes categorías dijo: "uno de los deberes colectivos de la comunidad en su conjunto (fard kifaya) es interponer una protesta válida, solucionar los problemas de religión, tener conocimiento de la Ley Divina, ordenar lo que es correcto y prohibir las conductas incorrectas". Una interpretación del concepto de yihad es propuesta por la página web de la BBC acerca de cómo los musulmanes describen los tres tipos de esfuerzo englobados en el concepto de yihad: El forcejeo interno de un creyente para subsistir el resto de su vida en la fe musulmana tanto como sea posible. El forcejeo para construir una buena sociedad musulmana. Guerra santa: la lucha para defender y propagar el Islam, con la fuerza si es necesario. Por su parte el Consejo para las Relaciones Amero-Islámicas - CAIR, grupo que tiene como base la ciudad de Washington, sostiene que yihad "no significa guerra santa". Yihad es "un concepto básico y extenso que incluye el esfuerzo por mejorar la calidad de vida en la sociedad, esfuerzo en el campo de batalla en defensa propia, o luchar en contra de la tiranía y la opresión". El intelectual suizo Tariq Ramadan asevera que "yihad nunca significa "guerra santa" con miras a "imponer" o "propagar" el Islam en todo lugar. De hecho yihad y qitâl (lucha armada) significan exactamente lo opuesto de lo que solemos pensar: en vez de ser los intrumentos que justifican la guerra, son las medidas aplicadas para conseguir la paz por medio de la resistencia a la agresión injusta".  En las sociedades occidentales, el término yihad se traduce con frecuencia por no musulmanes como "guerra santa". Los especialistas de los estudios islámicos suelen señalar que estas palabras no son sinónimas. Diferentes autores musulmanes, en particular, tienden a rechazar este acercamiento, acentuando las connotaciones no militares del término yihad. Fuente: wikipedia

La situación en Siria


(CNN) — Ataques con cohetes en Líbano. Coches bomba en Turquía. Ataques aéreos israelíes en Siria. Han pasado más de dos años desde la represión del gobierno de Bachar al Asad en contra de las protestas de la Primavera Árabe y, según analistas, la guerra civil que derivó de ese movimiento se ha convertido en un conflicto que amenaza a una gran parte del Medio Oriente. "El conflicto sirio ya no es una lucha interna entre al Asad y la oposición interna", dijo Fawaz Gerges, director del Centro de Medio Oriente en la Escuela de Economía de Londres. "Es una guerra abierta de poderes: Irán, Hezbollah y Siria, Turquía, Qatar y Arabia Saudita, además de Rusia y Estados Unidos". Mientras tanto, dijo, la sociedad siria se está desintegrando. Y después de más de 70,000 muertes en el país, el conflicto traspasa cada vez más fronteras. En las últimas semanas, un par de coches bomba mató a decenas de personas en una ciudad de Turquía que ha acogido a algunos de los más de 300,000 refugiados sirios. Funcionarios turcos acusaron por el atentado a miembros de un antiguo grupo terrorista marxista vinculado con los servicios de inteligencia de Siria. El gobierno sirio negó su responsabilidad y dijo que Turquía, un aliado de la OTAN, había estado ayudando a los "terroristas" a recibir armas y dinero. Mientras tanto, las monarquías del Golfo Pérsico de Arabia Saudita y Qatar han respaldado a las facciones sunitas rebeldes contra al Asad, según explicó un miembro de la rama chiita de la secta alauita. La Unión Europea suspendió un embargo de armas a Siria después de que Gran Bretaña y Francia se negaron a aceptar una prórroga. Pero en el campo de batalla, el impulso que parecía estar en el bando rebelde a principios de este año parece haber pasado al lado de al Asad, dijo Robin Wright, analista para Oriente Medio en el Woodrow Wilson Center en Washington. "Eso va y viene", explicó Wright a CNN. "La tragedia de esto es que la entrada de armas solo significa que más personas van a morir y no parece que vaya a haber una salida militar probable en ambos lados en el corto plazo". Francia dice que Hezbollah, la poderosa milicia chiita libanesa apoyada por Irán y Siria, ha enviado a 4,000 combatientes a Siria para reforzar a las fuerzas del gobierno. Gerges dijo que los combatientes han "producido ya resultados importantes", especialmente en la batalla en curso en Qusayr, una estratégica ciudad fronteriza. Los ataques con cohetes han golpeado ciudades chiitas en Líbano, donde el equilibrio sectario y político ha sido frágil desde el fin de una guerra civil que destruyó el país entre 1975 y 1990. Tres soldados libaneses fueron asesinados por hombres armados no identificados que abrieron fuego contra un puesto de control esta semana, informó la agencia nacional de noticias de Líbano Walid Jumblatt, un veterano líder político libanés y exaliado de Siria, sostiene que el conflicto amenaza con reabrir viejas heridas en Líbano. Pero dijo que confrontar a Hezbollah sobre su participación "solo nos conducirá a la guerra sectaria que está empezando en Iraq, en Siria y se extienda a Líbano". "Estoy más preocupado por la estabilidad de mi país", dijo Jumblatt, el líder de la minoría drusa del Líbano, en el programa Amampour de CNN. La lucha también se ha extendido a Iraq, donde los grupos yihadistas de ambos lados de la frontera han creciendo en fuerza, dijeron funcionarios antiterroristas occidentales en marzo. Combatientes del Estado Islámico de Iraq, la organización afiliada de al Qaeda que ha acosado a Bagdad desde hace años, dijo que había matado al menos a 40 sirios en una emboscada contra un convoy sirio en Iraq. Las tropas estaban siendo escoltadas por las fuerzas iraquíes para el único puesto fronterizo del gobierno sirio que aún controlaba. "El creciente número de combatientes extranjeros que cruzan las fronteras de Siria para apoyar a uno u otro lado está alimentando aún más la violencia sectaria y la situación está empezando a mostrar signos preocupantes de desestabilización de la región en su conjunto", expuso Navi Pillay, la alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos. Luego está Israel, que supuestamente ha llevado a cabo al menos dos ataques aéreos en el interior de Siria para impedir que las fuerzas del gobierno transfieran misiles avanzados a Hezbollah. Israel libró una guerra de un mes con esa organización en 2006 y nunca se firmó un acuerdo de paz con Siria después de las guerras de 1948, 1967 y 1973 en Medio Oriente. Siria indicó este jueves que Rusia, su aliado más poderoso, llevará a cabo una venta de 2.010 misiles antiaéreos avanzados. Moscú ha defendido el acuerdo, diciendo que se inscribe en el derecho internacional y que los misiles no están diseñados para su uso contra civiles. Gerges dijo que el acuerdo es una señal fuerte de Rusia a occidente: "aléjense de Siria". "Rusia es la columna vertebral del régimen de Asad. Les ha proporcionado armas. Les ha proporcionado apoyo político. Ha utilizado su veto en dos ocasiones en el Consejo de Seguridad (de la ONU). Ha hecho todo lo posible para evitar cualquier tipo de intervención militar en Siria", dijo. Estados Unidos ha proporcionado ayuda no letal y apoyo político a la oposición siria, pero la administración de Barack Obama ha resistido los llamados para proporcionar ayuda militar a los rebeldes. Al mismo tiempo, Washington intenta trabajar con Rusia para persuadir a la oposición y al gobierno a que negocien un acuerdo de paz que lidie con "una región amplia en conflicto", dijo Gerges. "Es por eso que han intensificado su diplomacia para rescatar a Siria de la destrucción sin cuartel y rescatar a toda la región a partir de un conflicto multilateral, donde la paz y la seguridad internacional y de Estados Unidos están realmente en juego", dijo. Pero la opositora Coalición Nacional de Siria señaló este jueves que no participaría “mientras los sirios están siendo constantemente golpeados por el régimen de al Asad con la ayuda de fuerzas externas", dijo George Sabra, el presidente en funciones del grupo. La oposición sigue dividida en líneas seculares y sectarias, militares y políticas. Esas divisiones han sido "un verdadero obstáculo" para las negociaciones, dijo Wright. "Tanto Estados Unidos y Rusia han acordado que la diplomacia es necesaria, y no han sido capaces de ponerse de acuerdo al respecto, incluso, desde hace mucho tiempo", dijo. Fuente: http://mexico.cnn.com/