jueves, 31 de octubre de 2013

Susan George: “Van a por la democracia”



Pocas personas disfrutan tanto como Susan George (Ohio, 1934) de desnudar el cinismo de las grandes corporaciones y los gobiernos al servicio del capital. George, quien no se despeina al declarar que no es economista sino activista y voz incómoda para las injusticias, retó a los poderosos con su blasfemo “Informe Lugano” que, junto con otros 13 títulos de los que es autora, sigue su lema de “estudia al rico, el pobre ya sabe qué va mal”.Los líderes europeos han invocado la austeridad como el ‘hada madrina’ que solventará los problemas financieros. ¿Qué le parece esa tendencia?
¡Que no es nada más que una fantasía! Los alemanes lo llaman “austeridad expansiva”, algo totalmente absurdo porque, obviamente, la austeridad no puede conducir a una economía al crecimiento. Pero no creo que ese sea el problema esencial.

¿Cuál sería entonces?
Creo que hay un grupo, compuesto por el BusinessEurope, la Mesa Redonda Europea de Industriales y los mercados financieros, que ha decidido rejuvenecer el capitalismo deshaciéndose de muchas de las leyes y protecciones de los trabajadores, cosas por las que el modelo europeo y la gente han luchado durante décadas. Así que, si los dirigentes no hacen nada, seguirán yendo en la misma dirección. Por eso, hablar de crecimiento e inversión no nos beneficia, ya que puede que haya inversiones, pero estarán dedicadas más que nada a productos financieros. Quienes mueven los hilos de los mercados quieren libertad total y, hasta ahora, han sabido conservarla. Supongo que ya habrán empezado a especular sobre Grecia, porque lo que está pasando allí es totalmente desconocido. No veo cómo van a solucionarlo y solo espero que puedan hacerlo sin demasiadas pérdidas, y sin tener que recurrir a un ‘divorcio’ de Europa. Eso, además de arrastrar a otros gobiernos, podría repetir en la propia Grecia otra ‘Dictadura de los Coroneles’, cuando el ejército tomó el mando –en 1967– y, con él,  los fascistas. ¿Quién sabe? Cosas así son de esperar, sobre todo después de ver a Aurora Dorada –partido de ultraderecha– en el Parlamento… Es un momento muy duro.

¿Puede llegar ese punto en el que los políticos supriman la democracia para sacar adelante las reformas que planean?
Está claro que van a por la democracia, a por los derechos humanos, a por todo lo que los trabajadores han conseguido. Va a ser un fascismo moderado o duro. Ahí es adonde nos quieren llevar si es necesario y si nosotros se lo permitimos. ¿Han prohibido ya las manifestaciones en España?

Aún no, pero quieren reformar el código penal para que la resistencia pacífica pueda ser penada con dos años de cárcel.
Bueno, eso es claramente un paso más hacia el fascismo. Si la resistencia pacífica se castiga con dos años de cárcel, estamos ante una clara violación de los derechos humanos. Incluso podría ser anticonstitucional, al menos en Estados Unidos o Francia.

¿Estamos probando ahora en Europa las recetas neocolonialistas que en los 70 y 80 aplicaron el FMI y el Banco Mundial en América Latina y África?
Pero no es la única razón por la que el sur tiene problemas, aunque es totalmente cierto que llevan sometidos a ajustes estructurales desde los 80. Se les obligó a aceptar programas de austeridad, mediante los cuales colegios y hospitales dejaron de ser gratis; tuvieron que exportar en lugar de concentrarse en la economía y producción locales; tuvieron que ganar dinero para pagar su deuda, ya que nadie, excepto el FMI, quería prestarles. Estamos básicamente ante la misma historia en la que los inocentes pagan y los culpables no. La diferencia es que en este caso en Europa se parte de una posición mucho más favorable que la del sur.
Es una historia muy conocida, con la única diferencia de que ahora no hace falta encubrir nada y pueden llegar mucho más lejos debido a la crisis, porque la gente está asustada, porque los gobiernos no sirven para nada, porque los mercados financieros tienen tantísimo poder ahora mismo que pueden hacer lo que quieran, a no ser que les paremos los pies. Pero, ¿cómo? Quién sabe, quizás la única forma sea mediante una huelga general que dure semanas. Tal vez la política que llevamos –o llevo– haciendo durante años no sirva para nada. No sé, pero nos encontramos ante un momento muy serio.

Internet ha jugado un papel crucial en los movimientos sociales, ¿deberíamos tenerlo más en cuenta como herramienta?
Creo que cuando haya eventos importantes tendríamos que organizar acciones de soporte en los demás países. Tenemos que reforzar el sentido de ser europeo. Así, si hay una gran acción, debería haber un comité que informe a todo el mundo y otro que recoja ideas y cosas que se pueden hacer como, por ejemplo, reuniones delante del banco nacional de cada país y acciones mediáticas. No hace falta que haya miles de personas, pueden ser simplemente flashmobs, pero tienen que mostrar que sabemos lo que está pasando; informar a la población y decirles: “Mirad, todos somos europeos, estamos unidos”. Esto de coger aviones, como hago yo, para ir a las conferencias, no puede hacerlo todo el mundo. La gente tiene un trabajo y no puede permitírselo, por eso debemos contar con un sistema con el que podamos mostrar nuestra solidaridad con otra gente desde nuestros países.

¿Y eso se puede hacer eficientemente desde internet?
Es una buena herramienta, pero también creo que la gente solo es capaz de darse cuenta de lo que quiere cuando se encuentra cara a cara con los otros. Solo pueden programarse demandas en internet con gente a la que conoces muy bien, no con grupos enormes, y creo que la democracia directa no permite conseguir ninguna demanda cuando se aplica en grandes grupos como, por ejemplo, los ‘indignados’, u Occupy, en los que todo el mundo puede hablar y durante el tiempo que quiera.

¿Considera el decrecimiento como una alternativa viable?
Tiene buenas ideas pero, al igual que todos estos programas que dicen “yo sé qué es lo mejor para la sociedad y para el futuro, voy a contártelo y tienes que hacerlo”, no me parece el mejor punto de vista. Algunas cosas tienen que crecer, otras no y otras tienen que detenerse. Yo apoyo la economía de estado estable, que Herman Daly explicó muy bien en los 80, por lo que no necesito otra doctrina económica y los decrecentistas viven en un mundo bucólico, creen que podemos volver atrás y criar gallinas. Le tengo mucho cariño a algunos de sus defensores, como Serge Latouche, a quien conozco desde hace años, y creo que algunas de sus ideas son buenas, pero también pienso que muchas cosas tienen que crecer: el conocimiento y la ciencia, la democracia en la economía, etc.

Un estudio del Credit Suisse Institute dice que en 2050 el 70% de la población vivirá en ciudades. ¿Es sostenible esa perspectiva de vida? 
Bueno, ya estamos al 50% y, a no ser que se tome una decisión consciente de proteger la agricultura local y detener el crecimiento de los enormes latifundios de monocultivos, la respuesta es que sí, que vamos a comer menos y peor, que casi todos lo haremos, aunque habrá mercados de lujo para la gente que pueda permitírselo. El proyecto de Bill Gates para África –que promueve el monocultivo de soja– va a echar a montones de pequeños agricultores de sus tierras que, probablemente, emigren a las afueras de las ciudades. En Estados Unidos ya hace mucho tiempo que se está echando a los agricultores y hoy solo un 2% de la población se dedica a trabajar la tierra. Lo mismo ha pasado en México, Indonesia, India, etc., a causa de la ‘Revolución verde’ –que fomenta el monocultivo–. Y lo mismo va a pasar en África, donde los agricultores van a tener que realizar grandes inversiones, con lo que solo los más prósperos sobrevivirán. Se han realizado algunos experimentos interesantes, como en Brasil, para intentar organizar enormes ciudades como São Paulo. Pero creo que decir que la gente vivirá en las ciudades es una forma de simplificar las cosas demasiado. La gente va a vivir en poblados chabolistas y habrá cantidades enormes de pobres. Los disturbios que se produjeron en 2008 debido a la subida del precio de la comida sucedieron en 30 países distintos porque se importa demasiada comida. Y estos disturbios, que estaban por todas partes, no sucedieron en las ciudades, sino en las afueras de las mismas, donde la gente es pobre y no puede pagar alimentos más caros.

Stephen King se sumó a Warren Buffet, el multimillonario que pidió a la Hacienda estadounidense que le subieran los impuestos. ¿Son necesarias más voces como estas que, dentro de los grupos de ricos, piden una mejor distribución de la riqueza?
Desde 1980 se han ido rebajando los impuestos a quienes más ganan. Se trata de una transferencia de valor, de riqueza, de abajo a arriba. No se aplican los mismos impuestos a los ingresos financieros que a los salarios y el trabajo. Si trabajas, recibes un salario por el que tendrás que pagar unos impuestos a un porcentaje determinado en Estados Unidos, pero si te dedicas a las inversiones, lo que haces es sentarte delante del ordenador, después vendes unas acciones y pagas menos impuestos por esos ingresos que por tu salario. Por eso la gente que, como Warren Buffet, saca su dinero del dinero, no paga los mismos impuestos que la gente que saca su dinero de su salario, trabajando de nueve a seis. Y todo esto forma parte del mismo patrón.

¿Ha llegado el momento de dejar de ser tan políticamente correctos con los responsables de todo esto?
Evidentemente, hay que controlar la parte violenta, pero realmente tenemos que estar más enfadados y decir lo que está pasando sin tapujos. Y cada vez que esta gente nos diga que la austeridad puede ayudar a crear empleo, simplemente tenemos que decirles que eso no son más que tonterías. Tenemos que manifestarnos, dejar muy clara nuestra posición. Los ‘indignados’ españoles forman parte de este movimiento, aunque no han dejado muy claro qué es lo que quieren, pero también entiendo que muchos son muy jóvenes, que para muchos de ellos esta es la primera vez que participan en algo y hay que darles un tiempo.

Sin embargo, en España el movimiento 15M ha pasado a la acción en cuestiones concretas. Por ejemplo, ha evitado numerosos desahucios.
Muy bien, es el tipo de acción que estoy recomendando. Pero, dejando claro que no soy una experta en todo, no creo que los ‘indignados’ contasen con una lista, algo como: “Mira, estas son las diez cosas que queremos y las queremos ya”.

Imágenes de la batalla de Stalingrado




El 2 de febrero de 1943, las tropas de Joseph Stalin reconquistaron la ciudad que llevaba su nombre tras duros meses de batalla invernal e infernal contra el Ejército de Adolf Hitler. La victoria significó un importante giro para la Segunda Guerra Mundial. Por fin pararon los pies al expansionismo nazi. Ver más imágenes 

miércoles, 30 de octubre de 2013

Klaus Barbie


Klaus Barbie Altmann (Bad Godesberg, Alemania; 25 de octubre de 1913 – Lyon, Francia; 25 de septiembre de 1991) fue un alto oficial de las SS y de la Gestapo durante el régimen nazi, que estuvo involucrado en numerosos crímenes de guerra y contra la humanidad durante la Segunda Guerra Mundial, especialmente en Francia. Salvado de la detención por los servicios secretos estadounidenses y las Ratlines, con los que Barbie colaboró, pasó posteriormente a Bolivia. Al igual que Mengele se escondió en Brasil y Eduard Roshmann lo hizo en Paraguay, él escogió Sudamérica, dada la falta de infraestructura institucional que permitía cierto margen de maniobra a individuos con tales antecedentes. Más aún, cuando el alineamiento ideológico de los gobiernos sudamericanos con EEUU en épocas de la "guerra fría" los posicionó en el anticomunismo estos criminales llegaron a ser requeridos como colaboradores, recibiendo grandes beneficios de parte de los gobiernos, en el caso de Barbie eso se vio reflejado en privilegios comerciales de parte del gobierno boliviano. Finalmente la variable situación política de Bolivia lleva a que en 1983 sea expulsado a Francia, donde fue juzgado y condenado a cadena perpetua. Era hijo de Nikolaus Barbie y Anna Hees, ambos maestros, que se casaron un año después de que hubiera nacido. Su padre volvió gravemente herido de la Primera Guerra Mundial. En 1934 hizo el bachillerato en Tréveris. Después entró en las Juventudes Hitlerianas y fue ayudante personal del jefe local del partido nazi. Barbie no pudo acudir a la universidad porque la familia no podía costearle los estudios tras la muerte del padre. Luego se fue voluntario seis meses a un campamento del Servicio Laboral del Reich (Reichsarbeitsdienst en Schleswig-Holstein, de donde regresó totalmente imbuido por la ideología del Tercer Reich. Se alistó en las SS el 26 de septiembre de 1935 (con el n.° 272.284) y empezó a trabajar en la Dirección general del Servicio de Seguridad Sicherheitsdienst (SD) a partir del 29 de septiembre de 1935, así como en la Gestapo de Berlín. El 1 de mayo de 1937 se afilió al Partido Nacional Socialista Obrero Alemán (NSDAP), con el número de carné 4.583.085, siendo ascendido el 20 de abril de 1940 a Untersturmführer (equivalente a subteniente). En 1941, durante la Segunda Guerra Mundial, Barbie fue destinado a la Sección IVB4 y enviado a Ámsterdam, y más tarde, en mayo de 1942, a Lyon, Francia. Allí se ganó el apodo de «El Carnicero de Lyon» como jefe de la Gestapo local. Fue acusado de numerosos crímenes, incluyendo la captura de cuarenta y cuatro niños judíos escondidos en la villa de Izieu, y la tortura y posterior muerte de Jean Moulin, el miembro de la Resistencia francesa de más alto rango jamás atrapado por los nazis. Sólo en Francia se atribuyen a su actividad o a la de sus subordinados el envío a campos de concentración de 7.500 personas, 4.432 asesinatos y el arresto y tortura de 14.311 combatientes de la Resistencia.1 Tras la salida del ejército alemán de Lyon, Barbie voló a Alemania y creó una nueva vida bajo identidad falsa. Inicialmente dirigió un cabaret en Múnich e hizo tratos en el mercado negro.1 Posteriormente, Barbie fue protegido y empleado por los servicios de contraespionaje del Ejército de los Estados Unidos (CIC), para los que trabajó en Alemania entre 1947 y 1951, en actividades contra el comunismo. Ese año, ante las repetidas peticiones francesas para que fuese extraditado (ante lo que las autoridades estadounidenses declararon que desconocían el paradero del criminal), se trasladó a Bolivia. Lo hizo a través de una ratline (rutas de escape organizadas tras la Segunda Guerra Mundial para que criminales de guerra nazis y fascistas pudieran huir y evitar ser enjuiciados por los crímenes que habían cometido) organizada por los servicios secretos estadounidenses y el sacerdote ustashi croata Krunoslav Draganovic, pasando circunstancialmente por la Argentina. Barbie, su mujer y sus dos hijos llegaron a Bolivia a fines de 1955. Allí, Barbie adoptó el apellido de Altman (el del rabino de su pueblo natal) y comenzó a dirigir una serrería en La Paz,3 negocio al que se dedicó antes de comenzar a comerciar con quinina y establecer relaciones con ex nazis refugiados en países vecinos8 y con los militares locales. Durante la dictadura del general Barrientos, que llegó al poder en 1964 tras un golpe de Estado, Barbie fue nombrado gerente general de la compañía marítima estatal, la Compañía Transmarítima Boliviana, creada por Barrientos en 1967 con capitales públicos y privados, que actuaba como tapadera de tráfico de armas al servicio de la dictadura. Tras la muerte de Barrientos en un accidente de helicóptero en 1969, la suerte de Barbie pareció empeorar y, tras la quiebra de la Transmarítima en 1971, Barbie dejó Bolivia y se estableció en Perú, en donde tomó el apellido Altmann y fue vinculado con el asesinato del empresario Luis Banchero Rossi. Sin embargo, allí su identidad fue desvelada por la prensa,1 9 lo que propició que los cazanazis Serge y Beate Klarsfeld diesen con su paradero y comenzaran una campaña de acoso, al estilo de lo que hoy se denomina escrache. Ante el acoso, volvió a Bolivia amparado por las sucesivas dictaduras de Hugo Banzer (1971-1978) y Luis García Meza Tejada (1980-1981), en cuyos golpes de Estado tomó parte.  En 1974, Francia pidió a Bolivia la extradición de Barbie, que fue denegada alegando que no existía tratado de extradición entre ambos países. Durante la dictadura de García Meza, Barbie fue responsable de la organización de violentos grupos paramilitares al servicio del régimen. En este período, Ernesto Milà trabajó con él. La privilegiada situación de Barbie cambió en 1982, con la llegada de un gobierno democrático de centro-izquierda al país. El 25 de enero de 1983 el gobierno del presidente Siles Suazo deportó a Barbie, detenido poco antes por estafa, a Francia. Poco antes, su esposa, Regina, había muerto de cáncer en La Paz en 1982.8 Su proceso judicial comenzó en enero de 1987 en Lyon. Barbie ya había sido condenado a muerte dos veces en ausencia durante su ocultamiento en Bolivia (en 1952 y 1954, en Francia), pero dado que los crímenes de guerra que tuvieron lugar en la Francia de Vichy prescribían a los 20 años, sólo se le juzgó por las deportaciones de poblaciones civiles.11 Fueron tres fundamentalmente: la deportación de los 44 niños judíos refugiados en una colonia en Izieu, la redada y posterior deportación de más de 80 personas en la sede de la Unión General de Israelíes de Francia de Lyon, y el denominado "último tren", en el que fueron deportadas entre 300 y 600 personas escasos días antes de la entrada de las tropas aliadas en Lyon. Se autorizó a que se filmara el juicio debido a su alto valor histórico, si bien las imágenes del proceso no fueron difundidas inmediatamente. Barbie negó todos los cargos y se limitó a declarar. Su abogado defensor fue Jacques Vergès, quien utilizó un argumento basado en la tesis de que las acciones de Barbie no fueron más terribles que las de cualquier colonialista en cualquier parte del mundo, incluyendo a los franceses, quienes nunca eran perseguidos: "¿Qué nos da derecho a juzgar a Barbie cuando nosotros, en conjunto, como sociedad o como nación, somos culpables de crímenes similares?". El fiscal principal fue Pierre Truche. Finalmente, el 4 de julio de aquel año fue sentenciado a cadena perpetua por crímenes contra la humanidad. Cuatro años después, encontrándose en prisión el 25 de septiembre de 1991, falleció enfermo de leucemia.

Ingmar Bergman y el nazismo


Iba a llamar a este trabajo «Bergman y el nazismo», pero en realidad no trata estrictamente de eso, sino de ciertos escritos y cierta impostura que no son de Bergman.
Hace unos años leí un libro llamado «Heidegger y el nazismo», de un olvidable autor cuyo nombre, como es de justicia, he olvidado. Trataba de una media verdad, tan mediamente investigada y tan dolosamente expuesta que resultaba no ser sino una entera mentira, y una difamación post mortem francamente vil.
El caso es que buscando en la red material acerca de Bergman, encontré un artículo publicado en 1999 en «BBC News». En mi inocencia -que a esta altura es estupidez- creía que había ciertos medios de comunicación que podían considerarse serios, y que unas siglas como «BBC» debían referirse a alguno de ellos. El artículo original (en inglés) está aquí; traigo una traducción (que agradezco a José Luis Martín) y luego algunos comentarios:
«Bergman admite un pasado nazi 
El legendario director sueco Ingmar Bergman ha revelado que fue un gran admirador de Adolf Hitler, perdiendo sólo su entusiasmo por el nazismo luego de que se descubrió el horror de los campos de concentración. El octogenario ha hablado francamente a la autora Maria-Pia Boëthius, cuyo libro "Honor y conciencia" se pregunta hasta qué punto Suecia fue genuinamente neutral durante la Segunda Guerra mundial.
Bergman, realizador de algunos de los films más aclamados en el mundo, había admitido en ocasiones anteriores que fue un simpatizante del nazismo. Pero ha dicho ahora que quedó impresionado por el dictador nazi luego de verlo dirigirse a la multitud durante una manifestación, informa el periódico sueco "Expressen".
El joven Bergman estaba en Alemania en un viaje de intercambio en 1936, alojándose con una familia nazi, cuando vio a Hitler hablar: "Hitler era increiblemente carismático; electrificaba a la multitud", dijo el oscarizado director.
Bergman describe a su padre como de ultraderecha y su opción repercutió en la familia entera. "El nazismo que había visto parecía divertido y juvenil", ha admitido el autor. "El gran peligro eran los bolcheviques, que eran odiados."
El libro también documenta un ataque del hermano de Bergman y sus amigos a una casa propiedad de un judío. El grupo manchó las paredes con la esvástica, el símbolo de los nazis. Pero el director ha confesado que era demasiado cobarde para plantear objeciones.
El realizador de «Fanny y Alexander» y «El séptimo sello» mantuvo su admiración al fascismo hasta el final de la guerra.
"Cuando las puertas de los campos de concentración fueron abiertas, al principio no quería creer a mis ojos."
"Cuando la verdad salió a la luz, fue un terrible shock. De un modo brutal y violento fui arrancado de repente de mi inocencia."
Bergman está oficialmente retirado de la dirección desde el suceso de 1983 «Fanny y Alexander», que fue premiada con el Oscar a la mejor película extranjera. Continúa en actividad como escritor y director teatral.»

Vale también la pena comprobar la manipulación en los pie de foto:
[foto de Bergman de 1980 aproximadamente] Bergman pensaba que Hitler era "carismático" cuando lo vio hablar
[foto de Hitler] Bergman vio a Hitler en 1936. "Electrificaba a la multitud"
[foto de un campo de concentración] "No quería creer a mis ojos"

Naturalmente, quien lea esta noticia y conozca poco de Bergman se quedará con la impresión que el artículo quiere dejar: que hay un "pasado oculto" en Bergman, teñido además con sangre de víctimas. Casi hasta podríamos imaginar que fue una especie de agitador nazi.
El artículo se hace eco de una publicación de Maria-Pia Boëthius, escritora sueca que aparentemente no pierde oportunidad de "destapar el escándalo", ya que volvió con exactamente los mismos argumentos, y haciéndose eco de la misma entrevista a Bergman, cuando el oportunismo lo dictaba, es decir, diez años más tarde, en agosto de 2007, recién fallecido Bergman (el artículo en sueco aquí).
Afirma Boëthius (tomo la traducción de una tercera web que también aprovecha para escandalizarse):
«Aquí tenemos a uno de los más grandes cineastas en el que su tema permanente fue la vergüenza y la culpa. Pero en ninguna parte he leído que Bergman durante 10 años -desde 1936 hasta 1946- simpatizaba con los nazis y según sus propias palabras "amaba a Hitler"'.»
Ante todo es raro que no lo haya leído en ninguna parte, porque lo escribe y publica el propio Bergman diez años antes, en Linterna Mágica (Boëthius cita ese libro, así que la manipulación de frases es doblemente culposa, puesto que sabe lo que leyó y lo que transcribe).
Las frases que en el artículo de la BBC parecen quedar atribuidas a la entrevista de Boëthius, provienen en realidad de Linterna Mágica a través del artículo de Boëthius... tremendo lío para dejar lo más enredadas posibles las opiniones de Bergman.
Quizás alguno recordará (y si no, la recomiendo muy especialmente) la novela de 1974 de Heinrich Böll "El honor perdido de Katherina Blum", donde se ironizaba sobre los procedimientos de los periódicos sensacionalistas que en base a medias expresiones, y a juntar sandía con pomelo, lograban "demostrar" el pasado ideológico que quisieran de quien quisieran, así, por ejemplo, el hecho de que Catharina, la protagonista, fuera empleada doméstica en la casa de una abogada que en sus épocas de universitaria había sido llamada «Trudy "la roja"» terminaba sirviendo como aval al posible "pasado rojo" de Catharina.
Lamentablemente, esos procedimientos no están reservados sólo a la prensa sensacionalista, sino que nos lo podemos topar en nombres más prestigiosos, como «BBC», mientras buscamos por internet alguna otra cosa.
¿Pero qué es en definitiva lo que dice Bergman sobre el nazismo? porque "cuando el río suena...", y si tantos hablan del nazismo de Bergman "por algo será...", seguramente "algo habrá hecho...", o finalmente, como razona K. en «El proceso»: si se me acusa, es que soy culpable.
A todo esto, Bergman cuenta en "Linterna mágica" (páginas 131 a 136) que en 1936, es decir, con 16 años, estuvo seis semanas viviendo en un pueblecito alemán (Haina, cercano a Weimar) como parte de un intercambio estudiantil. Bergman hablaba un alemán del colegio ("el que un idioma pudiera hablarse no formaba parte del plan de estudios", ironiza), por lo que, cuenta, podía comunicarse poco con Hannes Haid, el compañero de intercambio, y los días se le convertían en tediosos. Todo este inicio del recuerdo es muy importante, porque no surge de aquí que haya ido 6 semanas a adorar a Hitler ni muchísimo menos.
Dentro del tedio, en el que "leía, andaba sin rumbo y echaba de menos mi ambiente", comienza a acompañar al pastor (el padre de la familia Haid). Debería el lector intentar por un minuto olvidarse de todas las películas de nazis que vio, y olvidarse que estamos  a 60 años del nazismo, y ponerse en 1936, cuando un chico de 16 años va a una familia de acogida por un breve tiempo, en un país que no es el suyo, con un idioma que no es el suyo, conoce un ambiente que no es el suyo, y está rodeado de una ideología y una práctica política que afectaba a todos los aspectos de la vida cotidiana... no en vano llamado un "régimen totalitario". Nada más natural entonces que pregunte al pastor «si debía levantar la mano y decir "Heil Hitler" como todos los demás», a lo que el pastor le contestó que sería interpretado bien. Así que «comencé a saludar brazo en alto y a decir "Heil Hitler". Me producía un efecto raro» (pág 132)
Lo que sigue es precioso para quien conserve algo de sensibilidad y pueda leer, sin convertir a Bergman en nada en particular, un testimonio de primera mano de cómo el «Mein Kampf» penetraba en todos los rincones del discurso social («El sermón del pastor era sorprendente, no hablaba basándose en los Evangelios sino en "Mein Kampf"», pág 132).
Y llega así el día en que va a Weimar donde ocurrirá que, por el "día del Partido" va a venir a hablar el propio Hitler. El momento está magistralmente relatado por un Bergman que retuvo en la pupila un impacto emocional que brota, muchos años más tarde, de una mano que ha aprendido a narrarlo con precisíon:
«[...] Nadie se fijó en la tormenta, toda la atención, todo el embeleso, todo el éxtais se concentraba en torno a un solo personaje. Iba de pie, inmóvil en el enorme coche negro que doblaba lentamente hacia la plaza. [...]
Súbitamente se hizo el silencio, sólo se oía el chapoteo de la lluvia sobre los adoquines y las balaustradas. El Führer estaba hablando. Fue un discurso corto, yo no entendí mucho, pero la voz era a veces solemne, a veces burlona; los gestos exactos y adecuados. Al terminar el discurso todos lanzaron su 'Heil', la tormenta cesó y la cálida luz se abrió paso entre formaciones de nubes de un negro azulado. Una enorme orquesta empezó a tocar [...]
Yo no había visto jamás nada parecido a este estallido de fuerza incontenible. Grité como todos, alcé la mano como todos, rugí como todos, amé como todos.
[...salteo media página...]
El día de mi cumpleaños la familia me hizo un regalo. Era una fotografía de Hitler. Hannes la colgó encima de mi cama para que "tuviera siempre a ese hombre delante de mis ojos", para que aprendiera a amarle como le amaban Hannes y toda la familia Haid. Yo también le amé. Durante muchos años estuve de parte de Hitler, alegrándome de sus éxitos y lamentando sus derrotas.
[...introduce la cuestión del nazismo entre sus profesores, su hermano, su padre, sus amigos, y luego concluye...]
Cuando los testimonios de los campos de concentración se abatieron sobre mí, mi entendimiento no fue capaz, en un  primer momento, de aceptar lo que veían mis ojos. Al igual que muchos otros, yo decía que eran infundios propagandísticos. Al vencer, finalmente, la verdad a mi resistencia, fui presa de la desesperación, y el desprecio de mí mismo, que era ya una carga grave, se acentuó hasta rebasar el límite de lo soportable. No me di cuenta hasta mucho más tarde de que, a pesar de todo, yo era bastante inocente.
[...introduce la cuestión de la politización entre los pro y los anti nazis en el ambiente del teatro luego de la guerra, y concluye...]
Yo me callé mis extravíos y mi desesperación. Una extraña decisión fue madurando poco a poco: ¡nunca más política! Obviamente hubiera debido decidir algo completamente distinto.» (citas de páginas 131 a 136)
La verdad que valdría la pena leer las páginas enteras, tan precisas en la evocación de los sentimientos e impresiones a tantos años de esa temprana época de su vida.
Creo que el artículo de la BBC y las palabras de Boëthius no necesitan ser refutadas luego de haber leído lo que cuenta el propio Bergman, pero de todos modos me gustaría hacer notar qué distinto suena en el artículo el decir que Bergman "amaba a  Hitler" que el uso preciso y precioso de ese mismo verbo en el discurso del propio Bergman.
Se trata, en definitiva, del oportunismo de gente que aprovecha sentimientos verdaderos de afectados, dolor inmenso de víctimas reales, para autofabricarse una pureza moral no basada en ninguna experiencia ni dolor propios, y desde esa pseudo-pureza lastimar la memoria de gente que ha logrado, simplemente, ser autenticamente grande.
Si la víctima de un campo de concentración reprochara a Bergman este relato de "Linterna mágica", y lo malentendiera como una especie de "confesión de un pasado nazi", podríamos darnos cuenta de que está leyendo mal, pero todos comprenderíamos que su dolor y su experiencia auténticamente reales le impiden leer lo que el autor está contando; podríamos comprender el malentendido -como podemos comprender el relato de Bergman- porque no provendría de ninguna falsa pureza moral, sino del mismo dolor de todos. Pero poner en línea (y dejar en línea años) artículos de difamación impunemente avalados con firmas de supuesta seriedad como "BBC news", no merece refutación sino denuncia y desprecio. Fuente:  www.ibergman.esteparia.org 

Los judíos en Polonia


La historia de los judíos polacos abarca prácticamente un milenio. Comenzó con un largo periodo de tolerancia religiosa y prosperidad para la comunidad judía del país y acabó dramáticamente con la aniquilación de la práctica totalidad de la comunidad en el siglo XX durante la ocupación nazi de Polonia y el Holocausto.

Resumen

Desde la fundación del Reino de Polonia en el año 1025 y hasta la unión polaco-lituana en el año 1569, Polonia fue uno de los países más tolerantes de Europa convirtiéndose en el hogar de una de las comunidades judías más grandes y vibrantes del mundo. Para los historiadores de la época Polonia se había convertido en algo similar a un “Paraíso Judío”.
El establecimiento de la unión polaco-lituana debido a una serie de invasiones extranjeras y de cambios culturales, como la reforma protestante y el posterior Concilio de Trento, provocaron que la tolerancia religiosa, que era tradicional en Polonia, empezara a mermar desde el siglo XVII.
Después de la Partición de Polonia en 1795 y la desaparición del país como estado soberano, los judíos fueron víctimas de leyes antisemitas ante todo a causa del creciente antisemitismo del Imperio ruso, pero también del Imperio Habsburgo y del Prusiano. Cuando Polonia recobró su independencia, poco antes de la segunda guerra mundial, en el país habitaban algo más de tres millones de judíos, que formaban una de las comunidades más importantes del mundo.
Aproximadamente el 90% de los judíos polacos fueron asesinados por los Nazis durante el Holocausto. La actitud de los polacos no judíos abarcó un amplio espectro de posiciones: hubo colaboraciones con los nazis, aunque las masacres (como en el pogromo de Jedwabne) fueron provocadas por los alemanes en principio. Hubo también muchos casos heroicos en los que polacos cristianos ayudaron a esconder a sus vecinos judíos. Después de la guerra estas personas fueron nombradas por Israel como “Justos entre las naciones”. De todas maneras, la mayoría de los polacos solamente veía a los judíos como competidores por los recursos económicos del país y los odiaba en tanto que no católicos.
Durante la posguerra, gran parte de los aproximadamente entre 180.000 y 240.000 supervivientes emigraron desde la Polonia comunista hacia el recién creado Estado de Israel, Estados Unidos y Sudamérica. Su partida venía precedida de la hostilidad del partido comunista hacia la religión y la propiedad privada. Muchos de los judíos que se habían quedado en Polonia emigraron a finales de los años 60 como resultado de varias campañas soviéticas antisemitas. Después de la caída del régimen comunista en Polonia en 1989, la situación de la comunidad judía del país se ha ido normalizando, y los judíos que eran ciudadanos polacos antes de la Segunda Guerra Mundial, junto con sus descendientes, pueden recuperar la ciudadanía.
La comunidad judía actual de Polonia se estima entre 8.000 y 12.000 personas, concentrados sobre todo en Varsovia, aunque el número actual de judíos, incluyendo aquellos que no están vinculados al judaísmo o a la cultura judía pero que son judíos según las leyes rabínicas, podría ser varias veces mayor.

De la historia temprana a la edad de oro: 966–1572 
Historia temprana: 966–1385

Los primeros judíos llegaron a la actual Polonia en el siglo X viajando por las rutas comerciales del este. Los comerciantes judíos de la época (conocidos como Radhanitas) también cruzaron la región de Silesia. Uno de ellos, un mercader y diplomático de la ciudad española de Tortosa, conocido por su nombre árabe "Ibrahim ibn Ya'qub" fue el primer cronista que mencionó al estado polaco durante el reinado del Príncipe Mieszko I. La primera mención a los judíos que hicieron los cronistas polacos data del siglo XI. En esta crónica se lee que los judíos estaban viviendo en Gniezno, la capital del reino polaco en la época de la Dinastía Piast. La primera comunidad permanente la menciona en el año 1085 un erudito judío llamado "Jehuda ha-Kohen"; según él esta comunidad estaba en la ciudad de Przemyśl (aunque esta ciudad estaba en Rutenia y no pertenecía a Polonia en aquella época).

La primera gran emigración judía desde el oeste de Europa a Polonia se desarrolló durante la época de la primera cruzada, en en año 1098, y durante el reinado de Boleslao III de Polonia. Los judíos animados por el régimen tolerante de este mandatario se asentaron por toda Polonia, incluyendo las fronteras con Lituania. Al mismo tiempo Polonia recibía inmigrantes Jázaros, una tribu turca que se había convertido al judaísmo. El rey, por su parte, reconoció pronto la utilidad de los judíos para el desarrollo de los intereses comerciales de su país.
Los judíos llegaron para formar la columna vertebral del sistema económico polaco. Tanto fue así que incluso las monedas acuñadas durante el reinado de Mieszko III de Poloniallevaban grabados caracteres hebreos. Los judíos gozaron de una gran paz y prosperidad en gran parte de los territorios en los que estaba dividido el país. Los judíos formaron la clase media en un país donde la población consistía en una minoría de grandes latifundistas, la única nobleza polaca denominada "Szlachta", y el campesinado. De esta forma los judíos se volvieron fundamentales para el desarrollo de la economía y el comercio del país.
Esta situación de tolerancia inicial fue alterada gradualmente por la Iglesia Católica, por un lado, y por los Estados alemanes vecinos, por otro. No obstante, había entre los príncipes polacos algunos que protegían a la población judía porque consideraban su presencia imprescindible para el desarrollo económico que el país estaba viviendo. Entre estos gobernantes destacó "Boleslao V el Casto", príncipe de la gran Polonia, que con el apoyo de los representantes de las clases sociales y una serie de altos oficiales del ejército polaco proclamó el "Estatuto de Kalisz" que garantizaba a todos los judíos la libertad de elección de trabajo, comercio y movimiento. Así, durante el siguiente siglo la Iglesia Católica se dedicaría a impulsar la persecución de los judíos, mientras que los reyes de Polonia normalmente los protegían.
En 1334 Casimiro III de Polonia, o Casimiro el Grande, amplió los derechos de todos los polacos y de los judíos en particular por medio del "Estatuto de Wislicki". Casimiro fue un gobernante especialmente tolerante con los judíos polacos y su reinado se recuerda como una era de gran prosperidad para la judería polaca. De hecho fue apodado por sus contemporáneos "Rey de los siervos y de los judíos". Sin embargo, mientras en gran parte del reino de Casimiro los judíos polacos disfrutaban de una gran tranquilidad, en algunos lugares cercanos a la frontera con Alemania fueron víctimas de persecución por culpa de la Peste Negra, de la que se les culpaba. Hubo masacres en Kalisz, Cracovia, Głogów y otras ciudades fronterizas, y se estima que 10.000 judíos fueron asesinados. Aun así, estos asesinatos comparados con las despiadadas matanzas de judíos del occidente europeo fueron nimios. Los judíos polacos, en proporción a su número, no sufrieron demasiado, y enormes masas de judíos alemanes emigraron hacia las tierras más hospitalarias de Polonia.

Mientras que los judíos (identificables por sus sombreros amarillos en esta ilustración de una Biblia francesa de 1250) estaban siendo asesinados por los cruzados en Alemania, Bolesław III les invitaba a emigrar a la seguridad de Polonia.

La temprana era Jagiellon: 1385–1505

Como resultado del matrimonio entre Ladislao II de Polonia con Eduviges I de Polonia, hija del rey Luis I de Hungría, Lituania se unió con el reino de Polonia. A pesar de que en 1338 durante el reinado de Ladislao II los derechos de los judíos polacos fueron ampliados a los judíos de Lituania, estando él en el poder (y después reinando sus sucesores) comenzaron las primeras persecuciones contra los judíos en Polonia, mientras que el rey no hacía nada para evitarlo. Hubo un gran número de libelos y disturbios violentos contra los judíos y la persecución "oficial" se incrementó gradualmente, sobre todo debido a la intolerancia del clero católico.

Casimiro IV Jagellón confirmó y amplió los fueros judíos en la segunda mitad del siglo XV.
El empeoramiento de la situación de los judíos fue brevemente detenido por Casimiro IV Jagellón, que reinó desde 1447 hasta 1492, pero para aumentar su poder tardó muy poco tiempo en promulgar el Estatuto de Nieszawa. Entre otras cosas, el estatuto sirvió para abolir los antiguos privilegios de los judíos, ya que éstos eran "contrarios al derecho divino y a las leyes del país". La política del reino hacia los judíos no fue más tolerante durante los reinados de los sucesores de Casimiro: Juan I Alberto de Polonia, que reinó desde 1492 hasta 1501, y Alejandro I Jagellón, que reinó desde 1501 hasta 1506 y que había expulsado a los judíos del Gran Ducado de Lituania (previamente había sido el Gran Duque de Lituania) en 1495.

El centro del mundo judío: 1505–1572

Alexander cambió de punto de vista en 1503, un poco después de que los judíos fueran expulsados de España en 1492 y también de Austria, Bohemia yAlemania, pasando a promover la inmigración judía hacia una Polonia mucho más tolerante. De esta manera Polonia pasó a ser un refugio seguro para los exiliados del oeste de Europa, y el incremento resultante de la comunidad judía del país convirtió a Polonia en el centro cultural y espiritual del Pueblo Judío.
La etapa más próspera para la judería polaca comenzó siguiendo estas nuevas migraciones de judíos durante el reinado de Segismundo I (de 1506 a 1548) que protegió a los judíos en sus dominios. Su hijo Segismundo II de Polonia, que reinó desde 1548 hasta 1572, mantuvo la política de tolerancia religiosa que su padre había seguido y también garantizó a los judíos la libre disposición de sus bienes comunales, permitiendo además la creación de un órgano autónomo de la comunidad judía, denominado Kahal. Este periodo originó la creación de un dicho que aseguraba que Polonia era "El paraíso de los judíos".

La Confederación Polaco-Lituana: 1572–1795 
La confederación de Varsovia

Después de la muerte del rey Segismundo II de Polonia (fallecido sin descendencia, sería el último rey de la Dinastía Jagiellon) los nobles polacos y lituanos se reunieron en Varsovia en 1573 junto con los representantes de todas las religiones mayoritarias (entre ellos los judíos) y firmaron un documento rogándose entre todos respeto, tolerancia y apoyo mutuo. Aun así, entre ellos no estaban los representantes de una secta cristiana antitrinitaria, cuya presencia en Polonia era ya destacable, y que está en los orígenes de la Iglesia Unitaria moderna.

Incrementa el aislamiento. La historiografía tradicional y las investigaciones recientes

Los primeros estudios historiográficos que han tratado el tema de la vida judía polaca en esta época suelen errar de reduccionismo. Solían hacer énfasis en el aumento de sentimientos antijudíos en la época, centrándose en el aumento de los pogromos (causados por las acusaciones lanzadas por los cristianos a los judíos de profanos, blasfemos o de sacrificar niños cristianos en rituales secretos). Aquella historiografía se centra en destacar un aumento de la persecución y del aislamiento de los judíos que habría dado como resultado una mayor autonomía de la comunidad.
Algunos trabajos recientemente publicados (de historiadores como Fram, Hundert, Rosman, Teller y Teter) han intentado demostrar que ese supuesto aislamento no era tal. Por ejemplo, sabemos que los judíos de la época no solo hablaban yidish, sino que además conocían los idiomas locales, vestían de formas muy similares (por ejemplo, sabemos que los cristianos adoptaron la forma de vestir de los judíos para ir a la iglesia) y compartían los mismos espacios. Conocemos, de hecho, gracias a documentos de la época que había rabinos y clérigos muy preocupados porque los judíos y los cristianos compartían las mismas viviendas.
Contrariamente a la visión tradicional que defiende un total aislamiento judío y su total autonomía con respecto a los cristianos, las evidencias históricas demuestran que los judíos solían recurrir a los tribunales cristianos para litigar contra otros judíos (como demuestran los trabajos de Judith Kalik, de Adam Teller y de Magda Teter).
La existencia del Concejo de las cuatro Tierras (un organismo judío que agrupaba a las comunidades judías de la Gran Polonia, de la Pequeña Polonia, de Rutenia y de Volinia) ha sido empleada para justificar la existencia de un poder autónomo judío que permitía a la comunidad autogobernarse, pero hoy sabemos que su creación y su disolución estuvieron ligadas a la necesidad de las comunidades judías de adaptarse a la transformación económica del Estado polaco.
Igualmente, mientras la historiografía tradicional ha promovido una visión idealizada de la cultura rabínica judía de la época y del autogobierno, centrándose en las fuentes escritas por los propios rabinos, algunos trabajos recientes han demostrado que este fue un periodo de transformación (si no de decadencia) de la autoridad rabínica en la comunidad (por ejemplo, los libros y artículos especializados de Adam Teller).
En resumen, los historiadores de las décadas recientes han aportado una imagen mucho más objetiva de la vida judía en la Polonia-Lituania premodernas que ha ido mucho más allá de la visión tradicional, dejando atrás la típica idea de la persecución y el aislamiento.

El levantamiento cosaco y el Diluvio

En 1648 la Unión Polaco-lituana fue devastada por varios conflictos durante los cuales perdió alrededor de un tercio de su población (aproximadamente tres millones de personas), y las pérdidas judías se pueden contar en cientos de miles. En un principio el Levantamiento de Chmielnicki, un levantamiento cosaco comandado por Bohdan Khmelnytsky, desató masacres de polacos y judíos en las áreas del sur y del este de Polonia que los cosacos lograron controlar (estas zonas corresponden actualmente a Ucrania). Se sabe que Chmielncki arengó a la gente asegurando que los polacos les habían vendido como esclavos "a las manos de los abominables judíos". El número exacto de muertes puede que nunca se sepa, pero el descenso de la población judía durante este periodo se estima entre 100.000 y 200.000 personas incluyendo a la emigración, a las muertes por enfermedades y a los judíos que fueron capturados por los cosacos y vendidos como esclavos en el Imperio otomano.
Después, las políticas incompetentes de los reyes de la Dinastía Vasa arrastraron al ya de por sí muy debilitado reino al caos más absoluto, y el país fue invadido por el Imperio sueco en una época que sería después conocida como El diluvio polaco. El reino de Polonia, que hasta ahora había sufrido el Levantamiento de Chmielnicki y varias invasiones desde Rusia, el Imperio otomano y Crimea, iba a ser ahora el escenario de una serie de terribles aconteciemtos. Carlos X de Suecia a la cabeza de un ejército invadió Polonia, y pronto casi todo el país, incluyendo las ciudades de Cracovia y Varsovia, estaba en sus manos. Los judíos polacos se encontraron entre dos frentes: aquellos que estaban en las zonas ocupadas por los suecos eran atacados por los polacos, que los acusaban de colaborar con el enemigo, mientras el general polaco Stefan Czarniecki en su lucha contra los suecos devastó todos los lugares por los que pasó tratando a los judíos sin ninguna piedad. Los partisanos polacos trataban a todos los no polacos (entre ellos los judíos) con la misma brutalidad. Además los horrores de la guerra se agravaron por culpa de una plaga. Los judíos y también casi todos los ciudadanos de las ciudades de Kalisz, Cracovia, Poznań, Piotrków y Lublin fueron pasados en masa por la espada tras largos asedios o murieron víctimas de la peste.
Tan pronto como la violencia cesó, los judíos empezaron a regresar y a reconstruir sus hogares arrasados. Aunque es cierto que la población judía de Polonia había descendido muchísimo y se había empobrecido, aún era mucho más numerosa que la que había en las distintas comunidades de los países del occidente europeo. De esta manera Polonia continuó siendo el centro espiritual del Judaísmo en aquella época (tal vez como lo son hoy en día Israel o los Estados Unidos). Los reyes polacos generalmente siguieron fomentando el apoyo a la comunidad judía en contraste con un clero y una nobleza hostiles. Para explicar esto debería recordarse que aunque la pérdida de población judía en esta época fue muy alta, estimada por algunos historiadores en aproximadamente medio millón de personas, la Unión Polaco-Lituana perdió aproximadamente a un tercio de su población, es decir, unos tres millones de sus habitantes.

Las Particiones

El desorden y la anarquía imperaron en Polonia durante la segunda mitad del siglo XVIII, desde la subida al trono del último rey polaco Estanislao II de Polonia, que reinó desde 1764 hasta 1795. En 1772 tras la desgracia que supuso laConfederación de Bar (unión de la nobleza polaca para oponerse a las agresiones rusas, que fracasó estrepitosamente) las provincias periféricas de Polonia fueron repartidas entre las tres naciones vecinas: Rusia, Austria y Prusia. Los judíos eran más numerosos en los territorios que pasaron a formar parte de Austria y Rusia.

El consejo permanente creado a iniciativa del gobierno ruso (1773–1788) fue también el tribunal administrativo superior, ocupándose asimismo de la elaboración de un plan que debía reordenar Polonia de manera más racional. Los ilustrados polacos reconocieron la urgencia de extender la educación como primer paso de las reformas. La famosa Komisja Edukacji Narodowej ("Comisión de Educación Nacional") fue el primer ministerio de educación del mundo. Se creó en 1773, fundando numerosas escuelas y remodelando las existentes. Uno de los miembros de la Comisión, elcanciller Andrzej Zamoyski, entre otros, exigió el respeto a las propiedades de los judíos y a su persona física a la vez que reclamó cierta tolerancia religiosa (aunque insistía en la separación de judíos y cristianos en las ciudades, la expulsión del reino de aquellos sin profesión y que los que se dedicasen a la agricultura no pudiesen poseer tierras). Por su parte una minoría de nobles e intelectuales defendían un gobierno nacional bajo el cual los judíos tendrían igualdad política y de derechos civiles. Fue el único ejemplo moderno anterior a la Revolución Francesa de tolerancia hacia los judíos. Las reformas resultaron efímeras: al poco tiempo los ejércitos rusos volvieron a invadir Polonia, seguidos de los prusianos.
La segunda Partición de Polonia ocurrió el 17 de julio de 1793. Al cabo de un año, un regimiento militar polaco, únicamente judío, dirigido por Berek Joselewicz participó en la Revuelta de Kościuszko en la que los polacos intentaron volver a obtener la independencia, pero que fue brutalmente reprimida por los rusos. Después de la revuelta, la tercera y última Partición de Poloniaocurrió en 1795.
La gran masa de la población judía se convirtió en súbdita del Imperio ruso, aunque durante la primera mitad del siglo XIX se mantuvo la apariencia de la existencia de un Estado polaco enormemente reducido en la forma del Zarato de Polonia, un Estado títere del Imperio ruso.
Los judíos tomaron parte en la Insurrección de noviembre (1830-1831), en la Insurrección de enero (1863) y en el movimiento revolucionario de 1905. Muchos judíos polacos se alistaron en el ejército polaco en la clandestinidad que luchó por la independencia de Polonia hasta que fue finalmente conseguida en 1918.

El desarrollo del judaísmo en Polonia y en la Unión

Toda la cultura generada por la comunidad judía de Polonia tuvo una gran influencia en el mundo judío. Algunos historiadores han destacado que Polonia se pronuncia Polania o Polin en hebreo, y que transliteradas estas palabras al mismo hebreo, estos nombres se habrían usado como expresión de buen augurio. Esto se observa en que dichas palabras polacas ya transliteradas se pueden separar en otras palabras hebreas. Polaniaestaría formada por tres palabras hebreas: po ("aquí"), lan ("habita"), ya ("dios"). Por su parte, Polin está formada por: po ("aquí") lin ("[deberías] habitar"). El "significado" indicaba lo idóneo del país para los judíos. Desde el reinado de Segismundo hasta el Holocausto nazi, Polonia fue el centro de la vida religiosa judía.

La cultura judía

Muchas Yeshivot se establecieron a lo largo y ancho de Polonia desde muy antiguo bajo la dirección de los rabinos. La más importante se estableció, como no podía ser de otra manera, en Cracovia. Existieron imprentas judías desde el primer cuarto del siglo XVI. En 1530 fue impresa por primera vez en hebreo la Torah en la ciudad de Cracovia. A finales del XVI las imprentas judías de Cracovia y Lublin imprimían ya libros de forma casi industrial, libros por lo general de carácter religioso. El crecimiento de las escuelas talmúdicas, o yeshivas, en Polonia coincidió con una época de prosperidad para la judería polaca y fue propiciado también por la autonomía que las comunidades judías gozaban de las autoridades locales. Este crecimiento del número de escuelas religiosas fue el factor que a su vez hizo que aumentara el número de imprentas judías. Hubo, de todas maneras, algunas excepciones al carácter casi exclusivamente religioso de la cultura judía de esta época, imprimiéndose algunos escritos de carácter eminentemente secular y práctico referentes a la vida cotidiana, pero son los menos.
Esta época se destaca, pues, por una gran religiosidad, la figura del rabino era fundamental en esta época, los rabinos ya no eran solo los expertos en la ley de Dios, eran también líderes espirituales, profesores, jueces en causas seculares y legisladores. Intervenían por lo tanto en todos los asuntos de la comunidad, poniendo especial atención en que los líderes comunitarios laicos estuviesen familiarizados y cumpliesen las complicadas leyes judías y conociesen la Halakha. La visión del mundo y la forma de vida de la judería polaca en este siglo estaba totalmente mediatizada por los rabinos y el Talmud, cuyas influencias sobrepasaban la sinagoga para regir también la casa y la escuela.

En la primera mitad del siglo XVI el centro del estudio del Talmud pasó de Bohemia a Polonia, destacando la escuela de Jacob Pollak, el creador del Pilpul("razonamiento agudo"). Shalom Shachna (ca. 1500–1558), discípulo de Pollak, se encuentra entre los pioneros del estudio talmúdico en Polonia. Vivió y murió en Lublin, donde encabezó la yeshivah de la que surgieron los célebres rabinos del siguiente siglo. Israel, hijo de Shachna, se convirtió en rabino de Lublin al morir su padre, y el discípulo de Shachna Moisés Isserles (conocido como ReMA) (1520–1572) logró reputación internacional entre la comunidad judía como uno de los autores del Shulján Aruj (el "Código de la Ley Judía"). Su contemporáneo Solomon Luria (1510–1573) de Lublin, con el que mantenía correspondencia, también alcanzó fama entre sus correligionarios. La autoridad de ambos, cuyas disputas teológicas eran habituales, era reconocida por los judíos de toda Europa. En la época, la Cábala se había extendido por la protección del judaísmo rabínico, y eruditos como Mordecai Jaffe y Yoel Sirkis se dedicaron a su estudio. Este periodo de gran desarrollo del estudio rabínico se interrumpió por el estallido de la Rebelión de Jmelnytsky de los cosacos de la estepa ucraniana y las campañas militares en territorio polaco de la segunda mitad del siglo XVII.

El crecimiento del hasidismo

The decade from the Cossacks' uprising until after the Swedish war (1648–1658) left a deep and lasting impression not only on the social life of the Polish-Lithuanian Jews, but on their spiritual life as well. The intellectual output of the Jews of Poland was reduced. The Talmudic learning which up to that period had been the common possession of the majority of the people became accessible to a limited number of students only. What religious study there was became overly formalized, some rabbis busied themselves with quibbles concerning religious laws; others wrote commentaries on different parts of the Talmud in which hair-splitting arguments were raised and discussed; and at times these arguments dealt with matters which were of no practical importance. At the same time, many miracle workers made their appearance among the Jews of Poland, culminating in a series of false "Messianic" movements, most famously asSabbatianism was succeeded by Frankism.
In this time of mysticism and overly formal rabbinism came the teachings of Israel ben Eliezer, known as the Baal Shem Tov, or BeShT, (1698–1760), which had a profound effect on the Jews ofEastern Europe and Poland in particular. His disciples taught and encouraged the new fervent brand of Orthodox Judaism based on Kabbalah known as Hasidism. The rise of Hasidic Judaism within Poland's borders and beyond had a great influence on the rise of Haredi Judaism all over the world, with a continuous influence through its many Hasidic dynasties including those of Chabad-Lubavitch, Aleksander, Bobov, Ger, Nadvorna , among others. More recent rebbes of Polish origin include Rabbi Yosef Yitzchok Schneersohn (1880–1950), the sixth head of the Chabad LubavitchHasidic movement, who lived in Warsaw until 1940 when he moved Lubavitch from Warsaw to the United States. See also: List of Polish Rabbis

Los judíos de Polonia bajo el Imperio ruso (1795–1918)

La política rusa hacia los judíos resultó ser más dura que la anteriormente desarrollada por el Estado polaco. Los antiguos territorios polacos siguieron albergando a numerosos judíos, ya que en 1772 la zarina Catalina instauró la Zona de Asentamiento, prohibiendo a los judíos que se asentasen fuera de ella. La Zona incluía gran parte de la antigua Polonia aunque excluía zonas donde anteriormente había habitantes judíos. Unos cuatro millones de judíos vivían en esta área hacia finales de la década de 1880.
Al principio la política rusa hacia los judíos de Polonia fue vacilante, alternando duras leyes en su contra con políticas más tolerantes. En 1802 el Zar estableció el Comité para el avance de los judíos en lo que se considera un intento de desarrollar un plan coherente de aproximación a la nueva e importantísima población judía del Imperio ruso. El comité sugirió en 1804 una serie de medidas diseñadas para animar a los judíos a asimilarse, pero que no les forzaba a hacerlo. Se proponía que se permitiese que los judíos asistiesen a escuelas laicas e incluso que pudiesen poseer tierras, pero en cambio restringía su acceso a Rusia, no solo prohibiendo que se instalasen en esos territorios, sino incluso dificultando su entrada en ellos aunque fuese de forma temporal. Se les prohibía también trabajar en la industria cervecera y en la elaboración de alcohol, una actividad económica de gran importancia en la época, y se les hacía objeto de otra larga serie de prohibiciones menores.
El problema de esta legislación fue que las autoridades locales, las encargadas de hacer cumplir las disposiciones más duras, se empeñaron con fuerza en cumplirla, mientras que las partes más liberales o aperturistas de la legislación nunca se aplicaron del todo y, por lo tanto, las condiciones de vida de los judíos en la Zona de Asentamiento empeoraron rápidamente. En la década de 1820 una serie de leyes promulgadas por el Zar acabaron con la tradicional exencíón de los judíos de servir en el ejército a cambio de dinero y obligaron a que las comunidades judías proporcionasen jóvenes para que sirviesen en el ejército zarista, donde en muchas ocasiones se les obligaba a convertirse. Pese a que los judíos fueron poco a poco adquiriendo nuevos derechos, sobre todo tras la reforma de emancipación de 1861, todavía se les recluía en la Zona de Asentamiento y se les sometía a restricciones en lo que respecta a derechos a propiedad y en el acceso a ciertos empleos. Todos estos avances y el status quo de los judíos acabarían por desaparecer bruscamente tras el asesinato del Zar Alejandro II, del que se acusó falsamente a los judíos y que iba a producir unos niveles de violencia antijudía y de inmigración sin precedentes.

Pogromos

El asesinato del Zar originó una oleada a gran escala de revueltas antijudías, denominadas pogromos entre 1881 y 1884. Durante el estallido de 1881, los pogromos se limitaron fundamentalmente a Rusia, aunque también hubo uno enVarsovia en el que fueron asesinados doce judíos, muchos otros fueron linchados quedando malheridos, numerosas mujeres fueron violadas y la comunidad sufrió pérdidas económicas por valor de más de dos millones de rublos. El nuevozar Alejandro III culpó a los judíos de los disturbios e impuso una serie de duras restricciones a la libre circulación de los mismos. Los pogromos continuaron dándose de forma habitual hasta 1884 con el apoyo tácito del gobierno que miraba para otro lado. Todo esto provocó un cambio fundamental en la historia de los judíos polacos y del resto del mundo. La mejor consecuencia de estos hechos dramáticos fue que provocaron una grandísima oleada de inmigración judía hacia América, ante todo hacia Estados Unidos y en mucha menor medida hacia Argentina, Canadá, Brasil y otros países de Suramérica. Se calcula que hasta finales de la década de los años 1920 más de dos millones de judíos abandonaron la Zona de Asentamiento, lo que al cabo de dos décadas se demostraría que les salvó, a ellos y a sus descendientes, de morir en el Holocausto. También hubo una considerable oleada migratoria judía hacia los países en ese momento más tolerantes de la Europa Occidental, como Francia, el Reino Unido, Holanda, Bélgica e incluso Alemania, que provocaron un aumento del antisemitismo en la zona. Además los pogromos hicieron que entre todos los judíos del este de Europa aumentase el convencimiento de pertenencia a un grupo maltratado, lo que generó un considerable aumento de la fuerza del Sionismo y una gran oleada de inmigración hacia Palestina.
Otra oleada de pogromos aún más sangrienta tuvo lugar entre 1903 y 1906, y se cree que algunos de ellos fueron organizados, o al menos apoyados, por la policía secreta zarista rusa, la Okhranka. Algunos de los peores de estos pogromos sucedieron en el territorio polaco, donde vivía la mayoría de los judíos sometidos al Imperio ruso, incluyendo el Pogromo de Białystok de 1906 en el que más de un centenar de judíos fueron asesinados y muchos más heridos.

Haskalá y Halajá

La Ilustración judía, llamada "Haskalá", empezó a extenderse por Polonia a principios del siglo XIX defendiendo ideas y valores seculares. Los defensores del movimiento (los Maskilim) abogaban por la integración de los judíos en la cultura predominante. Al mismo tiempo hubo otro grupo de judíos, seguidores de la Halajá, la ley rabínica, que hacían énfasis en los valores tradicionales y en el estudio del Talmud y de la Torá, dando una respuesta judía a los problemas éticos derivados del antisemitismo y las persecuciones (un ejemplo de esta corriente fue el Movimiento Mussar. La judería polaca se vio bastante menos menos influida por los valores que proponía la Haskalá que otras comunidades del oeste de Europa, que luchaban por integrarse (sobre todo tras la Revolución francesa) y por el contrario reaccionaron a la agresión laicista con una fuerte revalorización de la cultura judía y de su vida religiosa basándose en la Halajá (las leyes rabínicas), siendo incansables fieles ante todo del Judaísmo ortodoxo e incluso del Judaísmo Jasídico y más tarde, a mediados del siglo XIX, adaptándose al Sionismo Religioso.

Los movimientos políticos judíos en Polonia

En la segunda mitad del siglo XIX, la Haskalá y los debates que había provocado indujeron la aparición de un gran número de movimientos políticos judíos dentro de la misma comunidad y que abarcaban un gran número de opiniones. Estos movimientos acabaron generando partidos políticos que se presentaban a las elecciones locales y regionales. El Sionismo se hizo muy popular tras la fundación del partido socialista sionista Poale Zion y de un partido sionista religioso (Mizrahi). Los judíos también formaron sindicatos socialistas como la Unión General de Trabajadores Judíos (conocida como El Bund) que defendía la asimilación (en el sentido de integración en la sociedad polaca, no de conversión al catolicismo) y los derechos laborales de los trabajadores judíos. El Folkspartei (partido del pueblo), que se definía como liberal y laico, defendía asimismo una cierta autonomía de los judíos y la preservación de sus raíces culturales, de su lengua y de su religión y se resistía a la asimilación. En 1912 surgió Agudat Israel, un partido religioso que es el origen del partido con el mismo nombre que existe actualmente en Israel. Los partidos sionistas obtuvieron en las elecciones de 1919 el cincuenta por ciento del voto judío.
Como era de esperar dadas las condiciones de Polonia, sometida al Imperio ruso, los judíos participaron además en un buen número de insurrecciones contra los rusos, incluyendo la Insurrección de Kościuszko y la Insurrección de enero de 1863. Igualmente participaron en la Revolución rusa de 1905.
En 1897, el catorce por ciento de los ciudadanos polacos eran judíos. Los judíos tenían representación en el gobierno, asientos en el Sejm, concejales e incluso alcaldes en algunos municipios. Además existían comités de judíos religiosos (rabinos en algunos casos) a los que la autoridad católica tenía en cuenta. Los judíos pertenecieron a una gran variedad de partidos políticos y asociaciones, abarcando ideologías que iban desde el Socialismo al Sionismo pasando incluso por el Antisionismo. El Bund, un partido socialista judío, se había extendido por toda Polonia a principios del siglo XX, y muchos trabajadores judíos, a los que podríamos considerar como auténticos proletarios industriales de las ciudades de Varsovia y Łódź, militaban en él.
En 1914 los sionistas alemanes fundaron el Comité Alemán para la libertad de los judíos rusos, cuyo máximo objetivo era el de establecer un Estado tapón en un área de la Zona de Asentamiento compuesto por las provincias polacas que habían sido anexionadas a Rusia y que sería "de facto" un protectorado del Imperio Alemán, lo cual haría imposible la resurrección de Polonia como país independiente.

Periodo de entreguerras 1918–1939

El papel de los judíos polacos por la independencia de Polonia

Los judíos también jugaron un papel muy importante en la lucha por la independencia de Polonia en 1918 y muchos se unieron a Józef Piłsudski (un nacionalista polaco que luchó por la independencia de la nación), mientras que otras muchas minorías permanecieron neutrales en la lucha por la creación de un Estado independiente (la minoría alemana, la minoría ucraniana, la bielorrusa, etcétera). Como consecuencia de la Primera Guerra Mundial y los sucesivos conflictos que la siguieron por todo el este de Europa (tales como la Guerra Civil Rusa, la Guerra Polaco-Ucraniana y la Guerra Polaco-Soviética) se produjeron muchos pogromos contra los judíos por todas partes. Estos ataques solían ser consecuencia de que los judíos eran percibidos como defensores de los bolcheviques rusos, con lo que eran comunes los ataques a los judíos por parte de aquellos que se oponían al régimen bolchevique. Se cree que estos pogromos causaron por todo el Imperio ruso más de 250.000 víctimas judías que dejaron unos 300.000 huérfanos, una buena parte de ellos en Polonia.
Justo después del fin de la Primera Guerra Mundial empezaron a llegar a Occidente noticias sobre pogromos masivos contra judíos que estaban teniendo lugar en Polonia y que escandalizaron a la comunidad internacional. La presión internacional hacia el gobierno polaco llegó a tal punto que el presidente de Estados Unidos en aquel momento, Woodrow Wilson, envió a Polonia una comisión especial para que investigara los acontecimientos. La comisión, liderada porHenry Morgenthau, llegó a la conclusión de que las noticias sobre los pogromos se habían exagerado y que en algunos casos habían sido incluso inventadas. En su informe identificó, situó y fechó ocho pogromos importantes que habían sucedido entre los años 1918 y 1919 en Polonia en los que habían sido asesinados entre 200 y 300 judíos. Cuatro de estos pogromos fueron atribuidos a la acción de desertores del ejército o a soldados indisciplinados. Según el informe ninguno de los pogromos fue consecuencia de ninguna política oficial del gobierno. Entre estos incidentes destaca la Masacre de Pinsk, ocurrida en Pinsk, en la que un oficial del ejército polaco acusó a un grupo de civiles judíos de conspirar contra los polacos y acabó fusilando a treinta y cinco de ellos. También destacan los hechos ocurridos en Leópolis en 1918. Justo después de que el ejército polaco tomara la ciudad, cientos de personas fueron asesinadas entre el caos incluyendo más de setenta judíos. En Varsovia algunos soldados del ejército se dedicaron a linchar, asesinar o violar a judíos por las calles pero fueron castigados por ello. Muchos de los sucesos en Polonia, de los que se habían hecho eco periódicos como el New York Times, habían sido exagerados. En cambio, en otros muchos lugares, sobre todo en Ucrania, estaban sucediendo horribles pogromos de los que la prensa no se hizo eco alguno.
El principal resultado de todos estos acontecimientos fue que en 1919, después de la Conferencia de Paz de París en el Tratado de Versalles se añadieron una serie de cláusulas específicas para garantizar legalmente los derechos de las minorías en Polonia. En 1921 la Constitución Polaca de marzo otorgó, por primera vez en la historia polaca, los mismos derechos a los judíos polacos que los que gozaban los católicos acabando con toda discriminación legal y garantizando la tolerancia religiosa.

Cultura judeo-polaca

En la nuevamente independiente Segunda República Polaca habitaba una gran minoría judía. Cuando la Segunda Guerra Mundial comenzó, vivía en Polonia la mayor población judía de Europa. De acuerdo con el censo nacional de 1931 había 3.130.581 personas en Polonia que declaraban el judaísmo como su religión. Estimando el incremento de la población y los movimientos migratorios desde y hacia Polonia entre 1931 y 1939, había aproximadamente 3.474.000 judíos en Polonia en septiembre de 1939 (aproximadamente un 10% de la población total). Los judíos vivían principalmente en grandes y pequeñas ciudades: El 77% vivía en ciudades y el 23% en pueblos.
El año escolar de 1937 había en Polonia 226 colegios elementales, 12 institutos y 14 centros de formación profesional en los que el yiddish o el hebreo eran las lenguas vehiculares.
Casi todos los partidos políticos judíos, tanto los socialistas (la Unión General de Trabajadores Judíos) como los sionistas de izquierda y de derecha y los partidos judíos religiosos conservadores, estaban representados en el "Sejm" (el parlamento polaco) además de en asambleas regionales.
En 1939 vivían 375.000 judíos aproximadamente en Varsovia, constituyendo un tercio de la población total de la capital. En todo el mundo solo en la ciudad de Nueva York vivían más judíos que en Varsovia. En Varsovia había organizaciones juveniles políticas judías (sionistas, bundistas, etc.) y movimientos juveniles de judíos religiosos perfectamente organizados. Florecían el teatro y los periódicos judíos. Además de pequeños negocios algunos judíos poseían inmobiliarias y empresas de importación y exportación de manufacturas. Las prácticas religiosas abarcaban desde el Judaísmo jasídico hasta el judaísmo "progresista" moderno.
La mayoría de los judíos de Varsovia hablaban yidish aunque el polaco se estaba extendiendo entre los jóvenes que no tenían problema en declararse totalmente judíos, varsovianos y polacos a la vez. Los judíos polacos estaban integrándose con fuerza dentro del conjunto de la sociedad polaca, si bien algunos se sentían aún miembros de una nación separada de la polaca. Se estima que el ochenta por ciento de los judíos polacos eran aún en esa época fácilmente reconocibles (debido a la vestimenta, al habla, al aspecto físico...), mientras que el veinte por ciento se podrían considerar asimilados. Más de la mitad de los niños judíos asistían a colegios especiales judíos, religiosos o no, lo que complicaba el aprendizaje de la lengua polaca. Debido a todo esto y según una encuesta del año 1931, la gran mayoría de los judíos de Polonia declaraban el yidish como su lengua materna, el 79 por ciento, y solo el 12 por ciento declaraban el polaco. El resto, sobre todo sionistas, elegían el hebreo.
La escena cultural judía era particularmente vibrante. Había muchas publicaciones judías y aproximadamente 116 periódicos. Algunos de los autores en lengua yiddish, entre los cuales destaca Isaac Bashevis Singer, fueron reconocidos internacionalmente y aclamados como autores judíos clásicos (Singer incluso ganó el Premio Nobel de literatura del año 1978).
Otros autores judíos de este periodo como Bruno Schulz, Julian Tuwim, Jan Brzechwa y Bolesław Lesmian fueron menos reconocidos internacionalmente, pero no por ello dejaron de realizar importantes contribuciones a la literatura polaca. El teatro yiddish también floreció. Polonia tenía quince teatros en yiddish y muchos grupos teatrales. Varsovia era el hogar de la compañía teatral en yiddish más importante de la época: La Compañía de teatro Vilna, que representó su primera obra "El Dybbuk" en 1920 en el teatro Elyseo.
Algunos judíos polacos supervivientes del Holocausto cursaron sus estudios en la Universidad de Varsovia y llegarían a ser importantes políticos israelíes, como Menachem Begin o Yitzhak Shamir.

El crecimiento del antisemitismo

La persecución de los judíos en Polonia fue más evidente en los primeros y últimos años de la segunda república. Los judíos no eran vistos por una gran parte de la población católica como auténticos polacos. Este era un problema causado por el nacionalismo polaco (representado por el gobierno de Endecja) y por el hecho de que una gran mayoría de los judíos polacos vivían separados de la mayoría católica: Por ejemplo, el 85% de los judíos declaraban el yiddish o el hebreo como su primera lengua. Esta situación mejoró durante un tiempo con el gobierno de Józef Piłsudski, entre 1926 y 1935. Józef Piłsudski reemplazó las ideas de asimilación étnica o "polonización" de "Endecja" por una política de "asimilación estatal". De esta manera, a los ciudadanos se les juzgaba por su lealtad al Estado y no por sus creencias religiosas.
Estos años (desde 1926 hasta 1935) fueron percibidos muy favorablemente por los judíos polacos, cuya situación mejoraba sustancialmente con el gobierno de Piłsudski. De todas formas la situación de los judíos nunca fue del todo satisfactoria debido a la combinación de varios factores como la Gran Depresión, y se deterioró muchísimo con la muerte de Piłsudski, vista por la comunidad judía como una gran tragedia.
Más allá del acoso académico que muchos estudiantes judíos sufrían por parte de alumnos y profesores antisemitas en algunas universidades, se fue limitando de forma encubierta, desde la independencia hasta finales de los años 30, el número de estudiantes judíos que podían ingresar en la universidad. Este proceso alcanzó su punto más alto en 1937 cuando se establecieron cuotas semilegales o ilegales ("Numerus clausus") en las universidades. Ese mismo año los sindicatos polacos de médicos y abogados empezaron a condicionar a sus afiliados el hecho de pertenecer a la religión católica, y mientras tanto muchos puestos en el funcionariado se restringían también a los católicos. Todo esto iba acompañado de violencia física, ya que entre 1935 y 1937 hubo setenta y nueve judíos asesinados y más de quinientos heridos en incidentes antisemitas. Toda esta violencia también iba dirigida contra comercios judíos, que eran atacados y saqueados a la vez que boicoteados, lo que trajo como consecuencia enormes pérdidas económicas y la ruina de muchas familias.

AVISO
sobre:
el amparo de judíos fugados.
....Hay necesidad de recordar que, según el párrafo tercero del decreto de 3 de octubre de1941 sobre la Limitación de Residencia en elGobierno General (página 595 del registro del Gobierno General), los judíos que abandonen sin permiso el barrio judío serán condenados a muerte.

....Según este decreto, aquellos que conscientemente prestaren ayuda a los dichos judíos proporcionándoles refugio o entregándoles o vendiéndoles alimentos, serán también condenados a muerte.

....Éste es un aviso terminante a la población no judía para que se abstenga de:
.........1) Dar refugio a los judíos.
.........2) Abastecerles de comida.
.........3) Venderles alimentos.
Dr. Franke - Comandante de la ciudad - Częstochowa 24 de septiembre de 1942

La Segunda Guerra Mundial y el exterminio de la judería polaca durante el Holocausto (1939–45) 
La Campaña polaca de septiembre

Durante la invasión de Polonia de 1939, al menos 120.000 ciudadanos polacos de ascendencia judía tomaron parte en las batallas contra los alemanes como miembros del ejército polaco. Se estima que durante estas acciones murieron como mínimo 32.216 soldados y oficiales judíos y 61.000 fueron hechos prisioneros por los nazis, pero la mayoría no sobrevivió. Los soldados y los oficiales judíos no profesionales que fueron puestos en libertad acabaron finalmente en los guettos y campos de trabajo o de exterminio sufriendo el mismo destino que otros civiles judíos.
Territorios anexionados por la Unión Soviética[editar · editar código]
Artículo principal: Territorios polacos anexionados por la Unión Soviética.
La consecuencia del Pacto de no agresión nazi-soviético fue la división de Polonia entre la zona ocupada por los nazis y la zona ocupada por los rusos. Por lo tanto la comunidad judía quedó dividida en dos. Según el censo de 1941 el 61.2% de los judíos polacos se encontraban en las áreas que ocuparían los nazis, mientras que el 38.8% habitaban en las áreas que ocuparían los rusos. Aun así, teniendo en cuenta los movimientos de población desde el oeste de Polonia hacia el este durante y después de la invasión de Polonia por los nazis, es muy probable que el porcentaje de judíos en las áreas soviéticas fuera mucho mayor que lo indicado por el censo de 1941.
Entre los oficiales polacos asesinados por el NKVD en 1940 en la Masacre de Katyn había entre 500 y 600 judíos. Pero aun así un gran porcentaje de los judíos polacos simpatizaba con los soviéticos, sobre todo si lo comparamos con el de católicos. Mientras que los polacos veían a los soviéticos como invasores, muchos judíos les veían como los soviéticos se autoproclamaban: protectores contra los nazis. No hay que olvidar el odio ancestral que separaba a los polacos católicos de sus tradiccionales invasores y ocupantes rusos ortodoxos. Todo esto hizo que creciera mucho la tensión entre los polacos católicos y las comunidades judías en estas regiones.
Desde 1939 hasta 1941 unos 300.000 judíos polacos fueron deportados desde las zonas anexionadas por la Unión Soviética hacia Rusia. Algunos de ellos, sobre todo judíos polacos comunistas, se fueron voluntariamente pero muchos otros fueron forzosamente deportados hacia el Gulag. Un pequeño número de judíos polacos (unos 6.000 aproximadamente) pudieron abandonar la Unión Soviética en 1942 comandados por el general Władysław Anders (entre ellos el futuro primer ministro de Israel Menachem Begin). Cuando el II Cuerpo de ejército polaco estuvo destinado en el Mandato Británico de Palestina, el 67% (2972) de los soldados judíos desertaron, la gran mayoría de ellos para unirse al Irgún.

El holocausto: La Polonia ocupada

La comunidad judía polaca fue la que más sufrió durante el Holocausto. Aproximadamente seis millones de ciudadanos polacos murieron durante la guerra, la mitad de ellos (3 millones) eran judíos polacos (es decir, todos los judíos excepto unos 300.000) que fueron asesinados por los nazis en los campos de exterminio de Treblinka, Auschwitz, Sobibor, Chelmno y Belzec. Otros murieron en campos de trabajo como Majdanek, de inanición en los ghettos, etcétera. También muchos judíos del este de Polonia murieron víctimas de los escuadrones de la muerte nazis conocidos como "Einsatzgruppen", especialmente en 1941.

Muchas de las masacres alentadas por los alemanes fueron llevadas a cabo con la ayuda, o incluso la participación directa, de los mismos polacos. El caso paradigmático es laMasacre de Jedwabne, en la que entre 300 y 1600 judíos fueron torturados hasta la muerte, cuando no quemados vivos, por una parte de los habitantes católicos de Jedwabne. Aun así no se conoce totalmente el grado de participación de los polacos católicos en las matanzas de judíos, que sigue siendo un tema muy controvertido. Esto se debe en parte a que los líderes judíos se niegan por razones religiosas a una hipotética exhumación de los restos de las víctimas que ayudaría a establecer las causas de su muerte e incluso podría esclarecer quiénes fueron los responsables. El Instituto Nacional Polaco por la Memoria señala 22 poblaciones más en las que sucedieron pogromos similares al de Jedwabne. Las razones de estas masacres se siguen debatiendo hoy en día, aunque entre ellas se incluyen el antisemitismo, el resentimiento de muchos polacos debido a la cooperación judía con los soviéticos que habían invadido el este de Polonia en el año 1939, el deseo de robar las pertenencias de los judíos (aunque antes de la guerra la mayoría de los judíos polacos eran pobres) y ,por supuesto, el impulso, cuando no instigación, que dieron los nazis a la participación en estas masacres.
Los alemanes establecieron un gran número de guetos en los que los judíos eran confinados para posteriormente ser exterminados. El Gueto de Varsovia fue el mayor, con 380.000 personas, y el Gueto de Łódź el segundo mayor, con unas 160.000. En otras muchas ciudades con población judía, como Cracovia, Bialystok, Częstochowa, Kielce y Radom, los alemanes también crearon guetos. Otros muchos guetos menos importantes numéricamente se instalaron en pequeñas poblaciones y de hecho se cree que el primer levantamiento en un gueto ocurrió en 1942 en la pequeña ciudad de Lakhva al este de Polonia.
El Gueto de Varsovia fue establecido por el gobernador general alemán de Polonia Hans Frank el 16 de octubre del año 1940. En esta época la población del guetto se podía estimar en unas 380.000 personas, es decir, el treinta por ciento de la población de Varsovia recluida en un área que formaba el 2.4% de la extensión de la ciudad. Los alemanes posteriormente aislaron el gueto del resto de la ciudad construyendo un muro alrededor el 16 de noviembre de ese mismo año.
Durante el siguiente año y medio otros judíos de poblaciones y pequeñas ciudades cercanas a Varsovia fueron trasladados forzosamente al gueto. Esto hizo que el número de habitantes del gueto se mantuviese estable pese a que las enfermedades (sobre todo el tifus) y la falta de comida mantenían un goteo constante de decenas de muertos diarios. Las raciones de comida en 1941 para los judíos de Varsovia estaban limitadas a unas 253 calorías y para los polacos de la ciudad unas 669 (se requieren unas 1500 calorías diarias aproximadamente para mantener el Metabolismo Basal de una persona), mientras que a la población alemana y al ejército nazi se les asignaban unas 2613 calorías.
Las condiciones de vida en los guetos eran terribles. Los judíos capturados intentando escapar eran fusilados y sus cuerpos se dejaban a la vista de la gente durante días como señal de advertencia. Aquellos que pasaban al lado ario de la ciudad sin ningún contacto con los polacos cristianos, arriesgaban sus vidas para ayudar a los judíos de dentro del gueto pasando comida. Si pretendían buscar refugio en el lado ario de la ciudad, solían acabar volviendo, dado que no podían encontrar un lugar para esconderse. Además muchos polacos colaboracionistas se aprovechaban de ellos robándoles para luego entregarles a los alemanes que les recompensaban económicamente. En los guetos más importantes, como el de Varsovia o el de Łódź, cientos de niños de cuatro a cinco años salían en masa al lado ario de las ciudades varias veces al día para introducir comida o bienes de consumo en los guetos. Lo hacían con la ayuda de sacos que podían pesar más que ellos mismos, convirtiendo así el contrabando en el único modo de subsistencia de sus padres y de ellos mismos, que de otra manera hubiesen muerto de inanición. En este contexto los nazis convirtieron en algo rutinario disparar a los niños mientras introducían comida en los guetos; mucha gente fue asesinada por traficar con gallinas o con leche. Además, era muy difícil tener contacto con los polacos de fuera del gueto, dado que cualquier polaco encontrado asistiendo a los judíos también se exponía a la pena de muerte. Para cualquier judío joven y resistente era relativamente sencillo escapar del gueto y huir hacia el campo donde hubiese tenido alguna posibilidad de supervivencia uniéndose a la resistencia partisana (como efectivamente algunos hicieron) o simplemente escondiéndose, pero de hecho los nazis eran conscientes de que manteniendo unidas a las familias en los guetos hasta la deportación y manteniendo la incertidumbre sobre la misma conseguirían que las fugas fuesen algo anecdótico. La inmensa mayoría de los jóvenes permaneció con sus familias hasta el final, lo que les costó la vida.
El 22 de julio de 1942 comenzaron las deportaciones en masa de los habitantes del Gueto de Varsovia y durante los siguientes cincuenta y dos días (hasta el 12 de septiembre de 1942) aproximadamente 300.000 personas fueron transportadas en trenes al Campo de Exterminio de Treblinka. Estas deportaciones fueron organizadas por los nazis pero llevadas a cabo por 200 soldados letones de los batallones Schutzmannschaften, por otros 200 policías ucranianos y por 2.500 judíos de la policía judía (dirigida por el Judenrat) con lo cual solo fue necesaria la participación de 50 miembros de las SS alemanas. Estos miembros de la policía judía recibían, junto con sus familias y parientes, inmunidad para ser deportados como pago por su cooperación.
Además en agosto de 1942 se ordenó a los miembros de la Judenrat, bajo la amenaza de ser deportados, que entregasen diariamente a cinco habitantes judíos del gueto a los alemanes para ser deportados desde la estación de transbordoUmschlagplatz. El 18 de enero de 1943 algunos habitantes del gueto, sobre todo miembros de la Żydowska Organizacja Bojowa (Organización judía de combate) se resistieron armados a las nuevas deportaciones que los alemanes estaban organizando. La destrucción final del Gueto de Varsovia sucedió cuatro meses después de que los alemanes arrasaran esta primera rebelión. El Levantamiento del Gueto de Varsovia fue uno de los múltiples levantamientos fallidos que ocurrieron en guetos judíos de toda la Europa ocupada y el más importante. A los alemanes les supuso más tiempo sofocarlo (entre el 19 de abril y el 16 de mayo del año 1943) que invadir toda la mitad oeste de Polonia. Algunos de los pocos supervivientes del levantamiento huyeron a los campos cercanos a Varsovia, donde se escondieron hasta el Alzamiento de Varsovia y el final de la guerra. Otros se unieron al movimiento polaco de resistencia Armia Krajowa, o fueron asesinados o entregados a los nazis por los colaboracionistas polacos antisemitas, con lo cual solo un número muy reducido sobrevivió a la guerra.
La liquidación del Gueto de Varsovia fue similar a la sucedida en otros guetos en los que los judíos estaban concentrados. Tras la decisión de la Alemania nazi de comenzar la Solución Final, es decir, el exterminio de los judíos europeos, empezó la Aktion Reinhard, la primera fase del exterminio, con el establecimiento de los campos de Belzec, Sobibór y Treblinka, seguida después en la segunda fase por la apertura de Auschwitz-Birkenau. Con la decisión tomada dieron comienzo las deportaciones en masa de judíos a estos campos, muchos de ellos desde el guetto de Varsovia, y para cuando culminó la Aktion Reinhard en octubre de 1943 habían sido asesinados en los campos más de 1.700.000 judíos.
Polonia fue el único país de la Europa ocupada en el que los nazis impusieron formalmente la pena de muerte para cualquier persona descubierta ayudando o escondiendo a los judíos. Teniendo en cuenta además que las raciones de comida para los polacos eran muy insuficientes (unas 669 calorías al día en 1941) y que la comida en el mercado negro era carísima, era muy difícil que cualquier polaco pudiese esconder a un judío y prácticamente imposible a una familia entera. Pese a estas medidas brutales impuestas por los nazis y a la escasez de comida, Polonia tiene la mayor cantidad de premiados como Justos entre las naciones por el museo Yad Vashem de Israel de todo el mundo.
El gobierno polaco en el exilio fue también el primero (en noviembre de 1942) en revelar la existencia de campos de concentración nazis en Polonia y el exterminio sistemático de la población judía gracias al informante Jan Karski y a las actividades de Witold Pilecki, miembro de Armia Krajowa y la única persona que entró voluntariamente en el campo de concentración de Auschwitz para organizar un movimiento de resistencia dentro del campo.
El gobierno polaco en el exilio fue asimismo el único en crear especialmente una organización (Żegota) para ayudar a los judíos de Polonia y que salvó a miles de personas de la muerte con papeles falsos, dinero, escondiendo niños judíos en orfanatos católicos, etcétera.

Mandato Comunista: 1945–89

La Posguerra

Entre 40.000 y 100.000 judíos polacos sobrevivieron al Holocausto en Polonia escondidos o uniéndose a grupos partisanos polacos o soviéticos. Otros 50.000 a 170.000 fueron repatriados desde la Unión Soviética después de la guerra y entre 20.000 y 40.000 desde Alemania (supervivientes de los campos sobre todo). Así las cosas, nada más acabar la guerra había en Polonia entre 180.000 y 240.000 judíos viviendo sobre todo en las ciudades de Varsovia, Cracovia, Łódźy Breslavia.
Prácticamente al acabar la guerra los judíos empezaron a abandonar Polonia. Motivados por una renovada violencia antisemita, especialmente por el Pogrom de Kielce de 1946, por la negativa comunista de devolver a los judíos sus propiedades previas a la guerra y por el deseo de toda la judería europea de dejar atrás las comunidades destrozadas por el Holocausto para empezar una nueva vida en el Mandato Británico de Palestina. De 100.000 a 120.000 judíos abandonaron Polonia entre 1945 y 1948. Su salida fue organizada en gran parte por una serie de activistas sionistas en Polonia como Adolf Berman (superviviente del Gueto de Varsovia) y Icchak Cukierman (judío lituano que con papeles falsos permaneció toda la guerra en la parte aria de la ciudad actuando como enlace de la resistencia del gueto) bajo el amparo de la organización semiclandestina Berihah (una palabra hebrea que significa "vuelo"). Este grupo fue también responsable de organizar la emigración de judíos que habían sobrevivido al Holocausto en Rumanía, Hungría, Checoslovaquia y Yugoslavia. Una segunda oleada migratoria de unas 50.000 personas desde Polonia tuvo lugar durante la apertura del régimen comunista entre 1957 y 1959.
El Bund tomó parte en las elecciones legislativas polacas en una alianza con el partido socialista polaco (no comunista) obteniendo un único parlamentario, el primer parlamentario del Bund de toda la historia polaca, y otros tantos en asambleas regionales. Pero este logro hizo que con la presión de las autoridades comunistas los líderes del Bund tuvieran que desmantelar el partido "voluntariamente" entre 1948 y 1949, en contra de la voluntad de casi todos los activistas del partido.
Para aquellos judíos que se quedaron, la reconstrucción de la vida judía en Polonia quedó a cargo del Comité Central de los Judíos Polacos que entre octubre de 1944 y 1950 ofreció ayuda legal, educacional y ayudas para la atención médica a la comunidad judía, además de organizar algunas actividades culturales.
Una comunidad judía religiosa dirigida por Dawid Kahane, que servía como rabino jefe de las fuerzas armadas polacas, funcionó en todo el país entre 1945 y 1948 hasta que fue absorbida por el CKZP. Once partidos políticos judíos independientes, ocho de ellos legales, actuaron hasta su disolución forzosa durante los años 1949 y 1950.
Un buen número de judíos polacos participaron en la implantación del régimen comunista en el país entre 1944 y 1956, ocupando, entre otros, puestos prominentes en el Politburó del Partido Unificado de los Trabajadores Polacos (comoJakub Berman y Hilary Minc, este último responsable del establecimiento de un sistema económico comunista), y en el aparato de seguridad, el Urząd Bezpieczeństwa (de siglas U.B. y que era en realidad un aparato represor). Otros judíos también ocuparon puestos diplomáticos y en la inteligencia, como Marcel-Reich-Ranicki. Después de 1956 durante el proceso de Desestalinizacioón en Polonia bajo el régimen de Władysław Gomułka, numerosos de los oficiales de laUrząd Bezpieczeństwa, entre ellos muchos judíos como Roman Romkowski (nacido como Natan Grunsapau-Kikiel), Jacek Różański (nacido como Jozef Goldberg) y Anatol Fejgin fueron perseguidos y detenidos por haber cometido "abusos de poder", incluyendo la tortura de varios polacos anticomunistas, entre ellos Witold Pilecki, y fueron condenados a largas condenas de prisión. Un oficial de la U.B. Józef Światło (nacido como Izaak Fleichfarb), después de escapar hacia occidente contó en Radio Europea Libre los métodos de tortura que empleaba la U.B. llevando a ésta a su disolución en 1954.
En esta época se fundaron algunas instituciones culturales judías, incluyendo el Teatro Estatal Yiddish creado en 1950 y dirigido por Ida Kaminska, el Instituto Histórico Judío, una institución académica especializada en la investigación de la historia y la cultura de los judíos polacos. Asimismo se fundó un periódico en yiddish Folks-Shtime ("La voz del pueblo").

1967–1989

En 1967, después de la Guerra de los Seis Días que enfrentó a Israel con los países árabes, el gobierno comunista polaco rompió las relaciones diplomáticas con Israel. En el año 1968 la mayoría de los 40.000 judíos que aún quedaban en Polonia estaban fuertemente asimilados en la sociedad polaca, pero durante ese año los judíos fueron víctimas de una campaña organizada por el Estado que partía de la base de que las personas con origen judío eran con seguridad simpatizantes del Sionismo y, por lo tanto, desleales a Polonia y al comunismo.
En marzo de 1968 sucedieron en Varsovia manifestaciones estudiantiles causadas por el descontento de la población con el régimen comunista (La Crisis Política Polaca de 1968) que dio al gobierno de Gomułka una oportunidad para desviar el sentimiento antigubernamental de la población.
De esta manera el jefe de seguridad, Mieczysław Moczar, aprovechó la situación para desatar una campaña estatal antisemíta en la prensa (aunque se usaba oficialmente el término "Sionista"). Esta campaña estatal "antisionista" derivó en la expulsión de los judíos del Partido Polaco de los Trabajadores (el partido único) y de los pocos catedráticos o profesores judíos que quedaban en los colegios y en las universidades. Debido a todas estas presiones, 25.000 judíos se vieron forzados a emigrar entre 1968 y 1970. Esta campaña, aunque estuvo desde un principio dirigida a los judíos que habían colaborado con la administración estalinista y sus familias, afectó a la gran mayoría de los judíos que quedaban en Polonia, fueran cuales fueran sus orígenes.
La Crisis Política Polaca de 1968 trajo muchas consecuencias, los hechos y la campaña antisemita posterior dañaron mucho la reputación de Polonia en el extranjero, sobre todo en los Estados Unidos. Numerosos intelectuales polacos se opusieron a la campaña antisemita del Estado. Muchas de las personas que emigraron desde Polonia hacia los países capitalistas en esta época (judíos y no judíos) fundaron organizaciones políticas de oposición al régimen comunista polaco, que además dieron fuerza a la oposición dentro del país.
Durante la década de los setenta muchos activistas judíos se unieron a la oposición clandestina anticomunista. El más destacado entre ellos fue Adam Michnik (fundador de la Gazeta Wyborcza), uno de los fundadores del Comité de Defensa de los Trabajadores (KOR). Cuando el régimen comunista en Polonia cayó en 1989, solo quedaban en Polonia entre 5.000 y 10.000 judíos, muchos de los cuales ocultaban sus orígenes.

Desde 1989

Desde la caída del comunismo en Polonia, la vida cultural social y religiosa judía ha ido renaciendo poco a poco. Muchos acontecimientos históricos relacionados con la Segunda Guerra Mundial y con la época comunista que habían sido ocultados por la censura soviética, han sido desvelados y estudiados públicamente (como la Masacre de Jedwabne, la Masacre de Koniuchy, el Progom de Kielce y las relaciones entre polacos y judíos durante la guerra en general).
De acuerdo con un foro que lucha contra el antisemitismo, ha habido 18 incidentes antisemitas en Polonia desde enero de 2001 hasta noviembre de 2005 sin demasiada importancia, y de hecho el último fue en el 2003. De todas formas, según una encuesta del año 2005 en la cual los polacos fueron consultados sobre su relación con otras naciones, la proporción de la población con formas de pensar antisemitas es bastante mayor que en otros países europeos. El 45% de los encuestados decía sentir antipatía hacia los judíos, el 18% simpatía, el 29% indiferencia y el 8% restante no lo tenía claro. Otra encuesta de enero del año 2004 indica que el 40% de los polacos creían que su país con una población judía de menos de 15.000 personas sobre 39 millones de población total está "siendo gobernado por judíos".
La vida religiosa judía ha ido reviviendo con la ayuda de la Fundación Ronald Lauder, la comunidad judía polaca emplea dos rabinos, dirige una pequeña red de colegios judíos y campamentos de verano y sostiene algunas publicaciones periódicas a la vez que organiza varios eventos culturales. En 1993 se creó la Unión de Comunidades Religiosas Judías de Polonia con la intención de organizar la vida religiosa de los miembros de las comunidades del país.
También se han establecido programas de estudios de judaísmo en la Universidad de Varsovia y en la Universidad Jagiellonian de Cracovia, que tratan temas sobre la cultura y la historia judía, dirigidos a un alumnado casi totalmente católico. Además el gobierno polaco va a financiar la construcción de un museo sobre la historia de los judíos polacos en la ciudad de Varsovia.

De entre los países del Bloque comunista que habían roto sus relaciones diplomáticas con Israel en 1967 a consecuencia de la Guerra de los Seis Días (todos los países comunistas exceptoRumanía), Polonia fue el primero en reanudarlas en 1986 y en recomponerlas totalmente en 1990. Las relaciones gubernamentales entre Polonia e Israel han ido mejorando paulatinamente como resultado de visitas mutuas de los presidentes y de los ministros de Exteriores de ambos países.
Ha habido un gran número de acontecimientos para recordar el Holocausto en Polonia en los últimos años. En septiembre del año 2000 gobernantes de Polonia, Israel, Estados Unidos y otros muchos países (incluyendo, por ejemplo, el Príncipe Hassan de Jordania) se reunieron en la ciudad de Oświęcim (al lado del emplazamiento del campo de concentración de Auschwitz) para celebrar la apertura de la reconstruida Sinagoga Chevra Lomdei Mishnayot y el Centro Judío de Auschwitz. La sinagoga, que fue la única sinagoga de Oświęcim en sobrevivir a la guerra (paradójicamente en la ciudad de Oswiecim habitaba antes de la guerra una comunidad judía de 8000 personas que fueron masacradas como todos los judíos de Polonia) junto con el centro cultural y educacional otorgan a los visitantes judíos de todo el mundo un lugar donde rezar y conocer cómo se desarrollaba la vida de la comunidad judía de la ciudad. Esta sinagoga fue la primera propiedad comunitaria en ser devuelta a la comunidad judía en todo el país gracias a una ley de 1997 que permite la devolución de las propiedades judías a la comunidad. Adicionalmente desde 1997 se viene celebrando todos los años laMarcha de la vida, una caminata desde Auschwitz hasta Birkenau para honrar y recordar a todas las víctimas del Holocausto y en la que suelen participar jóvenes polacos, católicos y judíos, y jóvenes judíos de todo el mundo, sobre todo de Israel y de los Estados Unidos. También hay actividades más generales, como el Festival de Cultura Judía de Cracovia, que se celebra todos los años.
En el año 2000 se estima que la población judía de Polonia contaba con unos 8000 a 12.000 miembros, la mayoría de ellos viviendo en Varsovia, Wrocław y Bielsko-Biała. De todas maneras se trata de un tema polémico, puesto que no hay datos en el censo que puedan ofrecer un número exacto. De acuerdo con algunas instituciones judías de Polonia, como el Centro Moses Schorr, esto puede representar una subestimación del verdadero número. Esta organización estima que hay aproximadamente 100.000 judíos en Polonia (o parcialmente judíos) aunque no sean religiosos, de los cuales entre 30.000 y 40.000 tienen alguna conexión directa o pequeña con la comunidad judía, cultural o religiosamente.