domingo, 26 de enero de 2014

Los manifestantes de Kiev toman el control del Ministerio de Justicia


La batalla ciudadana de Kiev toma una nueva dimensión. Los manifestantes han tomado el control del Ministerio de Justicia este domingo a última hora. Ninguna resistencia, sin oposición policial. Las fuerzas del orden eran inexistentes en el edificio del centro de la ciudad. Tras la ocupación llega el levantamiento de barricadas. Un paso más en la revuelta ciudadana que viven las calles de la capital de Ucrania, una revuelta que parece que el Gobierno es incapaz de controlar. El descontento inflama las calles pese a las bajas temperaturas, de menos de 15 bajo cero.

Un manifestante ha reconocido que al entrar en el Ministerio de Justicia tras forzar los accesos se han encontrado con guardias de seguridad pero que éstos no han opuesto resistencia ante el gran número de personas que irrumpían en el recinto. Actualmente existen un mínimo de cuatro rehenes o detenidos en el ministerio. Los secuestradores aseguran que los empleados del ministerio podrán ir a su puesto de trabajo a buscar sus pertenencias pero en ningún caso a trabajar. El edificio muestra claros signos de violencia y la placa con el nombre del ministerio ha sido retirada.

Debilidad del Gobierno

La capital ucraniana protagoniza en sus calles una verdadera batalla ciudadana de incontrolables consecuencias. El Gobierno muestra con cada día que pasa su debilidad, y la situación amenaza con un baño de sangre.

La batalla de Kiev se ha reproducido este fin de semana en forma de protestas antigubernamentales por todo el país. El presidente, Víktor Yanukóvich, está en el punto de mira internacional. El último edificio de la capital en caer hasta el Ministerio de Justicia ha sido la Casa Ucraniana, antiguo Museo Lenin, que fue asaltado durante la madrugada del domingo por una multitud enardecida, que lo ha convertido en nuevo bastión de la resistencia.

Miles de manifestantes asediaron durante horas a los doscientos agentes del Ministerio del Interior refugiados en el inmueble y únicamente los dejaron salir cuando hizo acto de aparición el carismático boxeador y dirigente opositor, Vitali Klitschkó.

Ahora, al igual que ocurriera con el Ayuntamiento y la Casa de los Sindicatos, el centro de exposiciones ha sido sellado con barricadas de nieve y en su interior se han abierto ya una cocina, un comedor y un dormitorio.

Desobediencia civil

Los periodistas son los únicos que reciben autorización para adentrarse en sus dependencias, que se encuentran en buen estado, ya que los manifestantes se han comprometido a garantizar la seguridad de sus archivos. "¿Extremistas? Soy licenciado universitario. Tengo más preparación intelectual que muchos ministros. Los bandidos son ellos", aseguró a EFE otro ciudadano de unos cuarenta años a la puerta del edificio.

La resistencia popular a Yanukóvich es una máquina engrasada de desobediencia civil que tanto es capaz de organizar la construcción de una barricada en apenas unos minutos como la captura de unos provocadores o la toma de un edificio. Como ejemplo, decenas de personas se dedicaron durante horas hasta la caída de la noche a romper la gruesa costra de hielo que cubría al adoquinado de la plaza de Europa con el fin de llenar los sacos de nieve para las barricadas.

Muerte de un manifestante

Los manifestantes hicieron una pausa en su lucha para celebrar las pompas fúnebres del manifestante bielorruso, Mijaíl Zhisnevski, que murió al recibir un disparo en el pecho en los primeros días de desórdenes en Kiev. Envalentonado por el avance del movimiento de protesta, el Cuartel de Resistencia Nacional (CRN) lanzó hoy un ultimátum a Yanukóvich para que libere en las próximas horas a los 118 manifestantes detenidos.

"Yanukóvich y sus asesores no entienden el ánimo que ha cundido entre la sociedad", aseguró Serguéi Pashinski, subjefe del CRN y diputado opositor. Mientras, ha ocurrido lo que más temían las autoridades, que las protestas no se limitaran a la capital y el oeste del país, tradicionalmente europeísta, sino que se propagaran por toda la geografía, en particular el este controlado por el oficialista Partido de las Regiones.

Asaltos en otras poblaciones

Miles de manifestantes participaron en el asalto al edificio de la delegación del gobierno en la ciudad de Zaparozhie, cuna de Taras Bulba y de los cosacos, enfrentamientos en los que resultaron heridas varias personas.

Lo mismo ocurrió en Dniepropetrovsk, una de las principales ciudades del Este del país, y en la capital de la región Súmskaya, limítrofe con Rusia, donde los opositores tomaron la sede de la asamblea municipal y regional.

La patria chica de Yanukóvich, Donetsk, capital de la cuenca hullera ucraniana, también fue escenario de choques entre partidarios de ambos bandos, después de que manifestantes oficialistas intentaran proteger la sede de la delegación del Gobierno central.

Hasta los tártaros de la península de Crimea han convocado un mitin de protesta contra lo que llaman dictadura del Gobierno regional, cuya capital está en Simferópol.

Además, la región central de Vinnitsa fue escenario de choques entre manifestantes y antidisturbios, que se llevaron la peor parte, ya que diez de ellos tuvieron que ser hospitalizados.

Las asambleas de las regiones occidentales de Termopol e Ivano-Frankovsk llegaron a ilegalizar la simbología del oficialista Partido de las Regiones de Yanukóvich y de sus aliados, los comunistas.

Segunda ronda de negociaciones

Mientras, los líderes opositores están a la espera de una segunda ronda de negociaciones con el presidente después de negarse la víspera a compartir el poder con Yanukóvich, si este no revoca las leyes "dictatoriales" y convoca elecciones presidenciales anticipadas.

La oposición se mostró dispuesta a asumir las responsabilidades de gobierno, pero sólo después de regresar a la Constitución de 2004, que limitaba notablemente las facultades del presidente.

Yanukóvich, cuya oferta de Gobierno a la oposición ha sido interpretado por todos como una muestra de debilidad, ha prometido a Occidente que no declarará el estado de excepción, aunque los manifestantes se nieguen a abandonar las calles.

Al respecto, el ministro de Defensa, Pável Lébedev, descartó la posibilidad de que el Ejército sea desplegado para reprimir las protestas populares.

¿Qué pasa en Ucrania?


Los conflictos internacionales sirven para entender un poco de historia. Ahora, los ucranianos están ocupando las portadas de los periódicos y los informáticos de televisión. Protestan contra su presidente y contra los rusos. ¿Los rusos? ¿Por qué? -El conflicto actual se debe a que el presidente de Ucrania es proruso. Y como tal no ha firmado un acuerdo de asociación con la UE deseada por una parte del pueblo. Estos ucranianos ven la larga mano de Rusia y por eso se han lanzado a las calles, protestan en las plazas, derriban las estatuas de Lenin y piden la dimisión del presidente, Viktor Yanukovich.Cronología de las relaciones de Ucrania con Rusia desde el siglo XX:-En 1922 Ucrania entró a formar parte de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. ¿Es que quería formar parte de la URSS? No precisamente. Primero, había estallado una guerra civil. Y luego, perdió una guerra contra Polonia. Quedó partida en dos: una parte fue anexionada por Polonia, y la otra por la URSS.-Stalin promovió durante la década de los años 20 la colectivización de la agricultura. El estado asignaba las cuotas de alimento a los campesinos. Incapaces de subsistir, murieron por millones. Fue entre 1932 y 1933. Se la bautizó como ‘holodomor’ o la gran hambruna. Los ucranianos quieren que la historia lo llame ‘genocidio’.[Te interesa leer: "Nos han vendido a Rusia"]-Durante los años 1938 y 1939 que en la URSS se conocieron como el Gran Terror, Stalin procuró eliminar a lo que pensaba que eran sus enemigos políticos. Si sumamos las purgas de los años 20 y los 30, murieron más de 600.000 escritores, artistas e intelectuales, es decir, el 80% de la elite del país.-Stalin también eliminó del Ejército Rojo a los militares de alto rango de origen ucraniano. Eso supuso asesinar al 75% de los oficiales de ese ejército.-Durante la Segunda Guerra Mundial la mayoría de los ucranianos combatió contra los invasores nazis. Pero también se crearon poderosos grupos militares que combatieron a los rusos, y que incluso se aliaron con los nazis. De hecho se creó toda una División de las SS llamada Galicia o Galitzia (por la zona de Ucrania llamada como la comunidad española).-Muerto Stalin, Nikita Krushev cambió el rumbo de las relaciones. La URSS invirtió muchos recursos en convertir a Ucrania en un soviet industrial. Le siguió Breznev, de origen ucraniano. Tanto fue el entusiasmo que no se dudó en levantar una central nuclear en Chernobyl. En 1986, esa central voló por los aires causando el mayor accidente nuclear de la historia. Causa: falta de seguridad. Amplias zonas de ucrania quedaron devastadas.

En 1991, Ucrania aprovechó la debilidad de la URSS para independizarse.

Desde la independencia, Rusia ha tratado de influir en este vasto territorio de 46 millones de habitantes. Unas veces cortando el suministro de gas. Otras tratando de atraerse a los políticos.-Ucrania es hoy un país industrial que produce aviones, trenes, coches y carros de combate. Además se le considera un 'inmenso granero', gracias a sus tierras fértiles. Tiene reservas de gas, pero aun así, importa buena parte de esta energía de Rusia. -La economía ucraniana ha estado en recesión desde 2012. Pero según el FMI, este año podría crecer un 1,5%.-Hoy el país está dividido (aunque no a partes iguales) entre prorusos (que anhelan los tiempos de la Unión Soviética), y los prooccidentales. Estos últimos se han reunido en la gran plaza central (Maidan, en ucraniano), y su rebelión se ha bautizado como Euromaidan. Sus protestas van dirigidas también contra la corrupción de a familia Yanukovich, que pretende controlar todos los hilos del poder económico, político y mediático.

Himmler: "Si Hitler me pidiera que matara a mi madre, lo haría"


Las cartas de amor de quien fuera jefe de las SS de Adolf Hitler en la Alemania nazi y ejecutor de la 'Solución final' para los judíos, Heinrich Himmler, han sido publicadas este domingo por el principal diario de Israel, 'Yediot Aharonot', en la víspera del Día Internacional del Holocausto, que se celebra este lunes. En Alemania, las misivas fueron publicadas el sábado por 'Die Welt'. Según explica el diario hebreo, las cartas pertenecen a una familia israelí y hasta ahora se hallaban en la caja fuerte de un banco en Tel-Aviv, pero no se sabe cómo llegaron allí. Se trata de cientos de misivas enviadas por Himmler principalmente a su esposa, Marga, desde 1927 hasta unas pocas semanas antes de suicidarse, en 1945, como prisionero de guerra de los aliados. Junto a las cartas se han recuperado también fotografías y documentos privados, cuya autenticidad ha certificado el jefe de los Archivos Federales Alemanes, Michael Hollmann. Las cartas aparecen firmadas con la frase "Tu Heini" o "Vuestro padre" y su contenido es básicamente amoroso, en los primeros tiempos, y luego familiar, aunque también se aprecian buenos ejemplos del furibundo antisemitismo de Himmler, que es compartido por su esposa e incluso por su hija.

"Me voy a Auschwitz. Besos"

Así, en las cartas se refleja su absoluta lealtad a Hitler. "Si Hitler me pidiera que matara a mi madre lo haría", escribió tras ser nombrado jefe de las SS. También revelan la ligereza con la que hablaba de su 'trabajo' en los campos de exterminio. "Me voy a Auschwitz. Besos, tuyo Heini", decía en una misiva escrita mientras se dirigía al campo de concentración donde llevaría a cabo su 'solución final'. "Desde el sábado hasta el martes estaré en cun campo de exterminio para probar nuevos e interesantes métodos", escribía en otra.

Su mujer tampoco mostraba ninguna preocupación por las actividades de su marido. "Hay una lata de caviar en la nevera. Llévatela", le escribió Marga antes de que Himmler se fuera al frente. Ella también compartía el antisemitismo de este. "Este asunto de los judíos, cuando esa basura desaparezca podremos tener una vida feliz", opinaba.

Las cartas también dejan claro que la pareja se conocía muy bien y bromeaban sobre su maldad. "Tengo tanta suerte de tener un marido diabólico que ama a su diabólica mujer", escribió Marga. Himmler le respondió: "No hay otra cosa que la venganza. Para siempre".

Igual de revelador es el testimonio de Gudrun, la hija de Himmler. Tras visitar un campo de concentración le explicó a su padre: "Mamá, tía Lidia, tía Frieda y yo hemos ido al campo de las SS en Dacha. Hemos comido muy bien allí. Ha sido un gran día. Qué gran proyecto son los campos de concentración".

El recorrido de las cartas

Una investigación de la documentalista israelí Vanessa Lapa traza las posibles vías que recorrieron las cartas ahora descubiertas hasta llegar a Tel-Aviv. Una de las tesis es que fueron compradas en México por un coleccionista llamado Haim Rosenthal, en la década de los sesenta o setenta. Este las habría obtenido de manos de un ayudante de Carl Wolf, secretario personal de Himmler, que huyó a Latinoamérica después de la segunda guerra mundial. Este las conservó durante años.

Otra teoría propuesta es que los documentos fueron interceptados por fuerzas estadounidenses al ser derrotado el régimen de Adolf Hitler, y que después pasaron a manos de una familia judía que los custodió durante décadas. Más adelante habrían pasado por las de un coleccionista privado y de ahí llegaron a la caja fuerte de un banco en Tel-Aviv.

Ejecutor del plan de exterminio

Himmler fue el ejecutor de la 'Solución final', el macabro plan concebido por los nazis para eliminar a los judíos de Europa, y también deshacerse de otros grupos sociales que los nazis veían como inferiores --gitanos, homosexuales y discapacitados, por ejemplo-- o contrarios al régimen.

La publicación de estos documentos inéditos, que tocan la vida más íntima de Himmler, coincide con el Día Internacional del Holocausto el 27 de enero, día de la liberación por los aliados del campo de exterminio de Auschwitz, donde fueron asesinados un millón y medio de judío dentro del plan de 'la Solución final'.

Todos los familiares de Kim Jong-Un ajusticiados


Purga en Corea del Norte. Todos los familiares directos de Jang Song Thaek, el tío del líder norcoreano, Kim Jong-Un, que fue ejecutado el año pasado por traición, también habrían sido ajusticiados en el marco de una purga que se prolongó durante todo el mes de diciembre y que alcanzó entre otros a mujeres y niños, según informaron múltiples fuentes a la agencia oficial de noticias surcoreanas, Yonhap.

"Todos los parientes de Jang han sido ejecutados, niños entre ellos", declaró una fuente bajo condición de anonimato. Entre los ajusticiados se encuentran hijos, hijas y sobrinos nietos de Jang, así como su hermana, Jang Kye Sun, su cuñado y embajador en Cuba, Jon Yong-jin, y el embajador en Malasia y sobrino, Jang Yong Chol.

Norcoreanos mirando en periódicos públicos la noticia de la ejecución del tio de Kim Jong Un. Todos ellos fueron llamados a Pyongyang en diciembre, poco después de la ejecución de Jang el día 12 de ese mismo mes. "Algunos fueron abatidos a tiros mientras les sacaban a rastras de sus apartamentos", hizo saber otra fuente.

Algún familiar indirecto, como la esposa del embajador en Malasia, habría sobrevivido a esta purga, según las fuentes de la agencia oficial surcoreana, quienes describen las ejecuciones como una "purga a gran escala para que no quede rastro" del tío del líder norcoreano.

sábado, 25 de enero de 2014

África en el imaginario occidental

Muchos son los estereotipos que desde Occidente se han hecho sobre la cultura y la forma de vida africana. Según estos prejuicios negativos, los africanos viven en un claro estado de subdesarrollo que ha sido propiciado en gran medida por su propia cultura. Esta creencia justifica y ha justificado las repetidas intervenciones de agentes externos que podrían mejorar sustancialmente esta miserable situación según los defensores del desarrollo más ortodoxo. En el caso de que subdesarrollo fuera un término apropiado para definir la compleja realidad de los pueblos africanos, sería justo hacer una revisión histórica sobre las causas que han posicionado a este extenso continente a la cola de los procesos económicos globalizados que rigen las dimensiones sociales y políticas del mundo actual. Leer más

Pío XII y la controversia sobre su actuación durante la Segunda Guerra Mundial




La controversia que ha rodeado el papel de Pío XII durante la Segunda Guerra Mundial y en particular su actitud frente a la persecución de los judíos podría aclararse en breve si se confirman las intenciones del papa Francisco de abrir a los estudiosos archivos no conocidos de este periodo. El rabino de Buenos Aires Abraham Skorka, amigo desde hace muchos años del actual pontífice, declaró al diario británico ‘The Sunday Times’ que el Vaticano, en el marco de su nueva política de transparencia y cercanía, está estudiando esta apertura y que podría tomar una decisión muy pronto. El propio portavoz de la Santa Sede, el padre jesuita Federico Lombardi ha confirmado al diario ‘La Stampa’ que se está trabajando en ello y que existe la voluntad de hacer accesible a los estudiosos los documentos de aquellos años.

El Vaticano siempre ha defendido labor de Pío XII y el anterior pontífice, Benedicto XVI, lo declaró ‘venerable’ en 2009, un paso crucial hacia la beatificación. Las reacciones no se hicieron esperar, sobre todo en Israel, donde el museo del Holocausto dedica una foto del fuera cardenal Pacelli definiéndolo como “ambiguo”. Sectores judíos consideran que antes de cualquier paso hacia el ascenso a los altares del que fuera cardenal Pacelli se deben sacar a la luz todos los documentos que puedan aclarar motivos y actuaciones frente a las autoridades fascistas o nazis.

Pío XII vivió muy de cerca el ascenso del nazismo, ya que fue nuncio en Alemania desde 1917, y desde 1930 dirigió la política exterior de la Santa Sede como secretario de Estado hasta ser nombrado pontífice en 1939. Lo cierto es que en la posguerra recibió el agradecimiento de destacadas personalidades judías, entre las que figuró Albert Einstein.

Durante la contienda, el Vaticano bajo Pío XII escondió a numerosos judíos en decenas de Iglesias y monasterios; a muchos les facilitó falsos certificados de bautismo y visados. De los documentos que se conocen, resulta indudable que el Papa rechazaba el nazismo, pero también que creía que debía mantener relaciones con Alemania como mal menor. La principal acusación por parte de algunos historiadores que fue cogiendo vuelo a partir de los sesenta se centra en que el Papa no condenó de forma pública el fascismo y que no intervino para detener las deportaciones de judíos, a pesar de que estaba al corriente. Otra acusación es el apoyo prestado por la Iglesia, en forma de documentos falsos, a responsables nazis para que huyeran a Sudamérica, Adolf Eichmann entre ellos.

La justificación del Vaticano es que el Papa consideró que era preferible actuar en silencio para no poner en peligro la ayuda a los judíos y empeorar la situación de los cristianos alemanes y de los países ocupados. El exsecretario de Estado, Tarcisio Bertone, dijo en el ‘Osservatore Romano’ que “Pío XII no fue silente ni antisemita, fue prudente”.
Ojalá la investigación sobre los miles de documentos guardados aporten una nueva luz sobre aquellos acontecimientos, aunque existe una alta probabilidad de que la polémica siga abierta y que la división se mantenga entre los que creen que Pío XII calló para evitar males mayores y aquellos que están convencidos de que tomar una postura firme y clara, además de éticamente obligada, hubiera frenado en alguna medida la barbarie nazi.

jueves, 23 de enero de 2014

Alarmante aumento de la pobreza infantil en España


Un comunicado de la agencia EFE pone de manifiesto la preocupación de la Comisión Europea ante el fuerte aumento de la pobreza infantil en España y considera que es necesario que el Gobierno tome medidas para luchar contra este problema, pues según manifestó el comisario de Empleo, Asuntos Sociales e Inclusión, Lazlo Andor, en una respuesta parlamentaria al eurodiputado español Raúl Romeva, "la lucha contra la pobreza infantil es de máxima importancia política".
Según declaraciones de Romeva en la CE, actualmente la pobreza infantil en España afecta ya a un 30% de la población menor de 16 años, una alarma que ya se constataba en octubre del pasado año, en el VIII Informe de la Realidad Social de Cáritas, donde la fundación hacía saltar la alarma anunciando que la pobreza infantil afectaba ya a un 26,7% de la población menor de 16 años en 2011, el triple del incremento registrado en la UE desde 2008. En rueda de prensa La Plataforma de Infancia insiste en que "un sistema de protección mucho más extenso y eficaz que el actual hará posible una reducción de la incidencia de la pobreza infantil en España, así como de su persistencia en el tiempo y del diferencial con otros países de nuestro entorno más próximo". El gasto del Estado en servicios sociales y promoción social ha descendido desde 2010, cuando se destinaron 44.030 euros por cada mil habitantes hasta 2012, último años con datos del Ministerio de Hacienda, cuando la cantidad destinada a servicios sociales fue de 32.092 euros, una cifra más baja que la aportada en 2007.
En relación a esta realidad, ya en 2011 la organización católica afirmaba que la desprotección social de las personas y familias más vulnerables se agravaría al restringirse las condiciones de acceso a derechos como la sanidad, la educación, los servicios sociales y la dependencia. La fundación declaraba en rueda de prensa que el agotamiento de las ayudas económicas, la prolongación de las situaciones de desempleo, las políticas de ajuste y sus recortes, crearían "un caldo de cultivo para la irrupción de una segunda oleada de empobrecimiento y exclusión social con efectos más intensos". Es por esto que el responsable comunitario instó ahora a España y al resto de socios de la Unión Europea "a utilizar financiación tanto nacional como de la UE" en áreas como sanidad, educación, vivienda y conciliación profesional. Andor recordó que la UE ya ha puesto a disposición de los países con problemas sociales un Fondo de Ayuda Europea para los Más Necesitados "para paliar las peores formas de pobreza".
Según canalsolidario.org, en una encuesta realizada en la conmemoración del Día Universal de los Derechos de la Infancia, más del 90% de niños y adolescentes consultados consideran que los recursos que se destinan a la lucha contra la pobreza infantil no son suficientes.

miércoles, 22 de enero de 2014

Refugio de albinos en Tanzania


Al oeste del país, cerca del lago Tanganika, existe un lugar alegre, lleno de vida, donde conviven unas doscientas personas. Comen, duermen y cultivan su propio huerto. Cuentan con un taller de costura, comedor, cocina comunitaria, aulas, zona de juegos, dormitorios… 

Hasta aquí suena muy bien pero Kabanga es, en realidad, una fortificación. Un recinto amurallado de tres kilómetros de diámetro, que acoge a personas con diversidad funcional de vista y oído, o con problemas psíquicos además de unos cien albinos. La genética los ha vuelto excepcionales y el destino los ha agrupado aquí para poder sobrevivir. Albinos que han tenido que huir de sus pueblos por miedo a que los corten en pedazos, o que han sido expulsados por vergüenza de sus propias familias. 

El primer día, cuando llegué, miraba fijamente la puerta del centro… estaba paralizada. No me atrevía a entrar. Pensaba que se asustarían al verme y que sospecharían que venía a venderlos a los hechiceros. Me hice una película en la cabeza muy de Hollywood. Por fin crucé cautelosa la verja y me entró el pánico de verdad cuando vi a decenas de niños corriendo hacia mí, gritando y saltando a toda velocidad. No daba crédito. No tenían miedo, estaban encantados. Los voluntarios son frecuentes allí y saben que son de fiar. En ese preciso momento empezaron a desvanecerse todas mis ideas preconcebidas sobre los albinos, sus miedos, su fragilidad… 

Llegué a la conclusión de que esa diferencia es lo que les hace más fuertes. La emergencia de 2007 El problema para esta comunidad se agudizó en 2007, cuando comenzaron los asesinatos de albinos a manos de mercenarios de la muerte. Estos cazafortunas sin escrúpulos suministran partes del cuerpo de albinos a los brujos para preparar sus brebajes y conseguir el preciado elixir de “buena suerte”. El negocio del hechizo es rentable y, por una mano albina, pueden llegar a pagarse 2000 dólares. Una suculenta cifra capaz de convertir a cualquier vecino en posible verdugo. Muchas veces son los propios familiares los que delatan la existencia de una persona albina en casa. 

En los últimos seis años se han registrado más de cien asesinatos causados por estos cazarrecompensas para satisfacer la demanda de los consumidores de esta pócima manchada de sangre. Sembrado el pánico, comenzó el éxodo de albinos a aldeas remotas, a las grandes ciudades para pasar desapercibidos o a centros como Kabanga, donde el Gobierno proporciona vigilancia policial y garantiza cierta tranquilidad a sus habitantes. Las personas con albinismo sufren una seria discriminación social. Nacen blancos y eso no tiene sentido para muchos hermanos negros. Los llaman “zurus” (fantasmas) y se nutren de supersticiones para explicar su existencia. Creen que son concebidos durante la menstruación, o que son hijos del demonio, o un castigo divino, o que son el resultado de relaciones sexuales con un blanco. 

Zawia Kassim es una de las cabecillas. Con sus doce años, hace y deshace a su antojo los grupos en el juego, organiza los bandos y marca los tiempos. Tiene un claro espíritu de líder. Lee braille, se comunica mediante el lenguaje de signos con los sordos y en suajili con el resto, mientras me pide en inglés que le enseñe una canción en español. Zawia es divertida, carismática y tiene garra. No me quito de la cabeza a esta niña. Con doce años habla tres idiomas y, quizá, nunca salga de Kabanga. La genética le ha jugado una mala pasada. Sus padres la dejaron a ella y a Shamima, su hermana pequeña, en el centro por miedo a que les hicieran daño y son demasiado pobres para pagar un colegio especial, para niños con problemas de visión como ella. Ella quiere ser maestra. Sería una maestra estupenda. Es una luchadora. Será una maestra estupenda. 

Superstición y maldición 

En 1866, Gregor Mendel demostró con sus experimentos genéticos que la naturaleza es caprichosa. Demostró que dar a luz a un niño albino de padres negros es poco frecuente, pero estadísticamente posible. El albinismo es, por tanto, parte de la armonía en el orden del cosmos. Es el hombre, ignorante de esta ley de la naturaleza y sin ninguna base científica, el que bautiza de “bendición” o “maldición” la condición de albino. Generación tras generación, la tradición en África ha decidido maldecir al albino por “ser de otro color”, convirtiéndole en marginado y discriminándole en todos los contextos sociales (familia, escuela, trabajo, etc.). El albinismo es una condición genética que consiste en la falta de melanina en piel, ojos y cabello. En África esto es especialmente grave. Si no hay melanina, que es un fotoprotector muy eficaz contra las radiaciones solares, la sensibilidad a los efectos abrasivos del sol es extrema y, normalmente, tiene consecuencias letales. Por eso, si un albino no se cubre la piel llevando prendas de manga larga, gafas oscuras y sombreros, lo más probable es que, desde niño, desarrolle lesiones cutáneas que acaben degenerando en un cáncer de piel.

martes, 21 de enero de 2014

El Vaticano ante la ONU por los delitos de abusos sexuales a menores


En un hito histórico, la mayor asociación de supervivientes de abusos sexuales de la Iglesia (SNAP) ha obligado a comparecer ante la ONU al Vaticano para que explique sus modos de gestionar los casos de abuso sexuales a menores. Como Estado, el Vaticano firmó el Tratado de los Derechos del Niño. Dicho tratado vinculante obliga a presentar informes sobre la situación de la infancia en su país donde se expliquen qué medidas se están tomando para garantizar el cumplimiento efectivo de los Derechos del Niño. El Vaticano, aunque firmó el tratado, ha tardado más de 14 años en presentar el informe preceptivo al comité. Más información en: http://www.diagonalperiodico.net/libertades/21484-abusos-sexuales-iglesia.html

La Segunda Guerra Mundial (un breve resúmen)



La contienda que se iniciaba en 1939 venía a ser una segunda parte, corregida y aumentada, de la guerra anterior y con unas consecuencias que ninguno de los contendientes pudo jamás suponer cuando comenzaron los primeros combates en las llanuras polacas. Una guerra que se inició en un mundo dividido y lo dejó más dividido todavía, aunque las coordenadas de tal división fueran otras.

El imperio colonial italiano desapareció en plena guerra, al igual que el holandés al final de la misma. Y en poco tiempo le seguirían el francés, el británico y el belga. La Conferencia de Potsdam sirvió para simular por última vez la unión de las potencias vencedoras, pero su más evidente resultado fue la erección de un Telón de Acero en la Europa central, que partía en dos al continente, y en particular a Alemania, como partida en dos quedaba Corea y pronto lo estaría Vietnam.

Parciparon 56 países
La Segunda Guerra Mundial resultó la más mortífera que el mundo ha conocido. Participaron 56 países y hubo más de 60 millones de muertos. Y si para los estados europeos supuso a la postre la ruina y el fin de sus imperios coloniales, para los Estados Unidos significó la salida definitiva de la Gran Depresión, a costa de gastar el 38% del PIB del país. Los norteamericanos mantenía en 1945 un ejército de más de 12 millones de hombres y casi tres millones de trabajadores se dedicaban a la industria militar. Enfrente, ya como antagonista, surgía la Unión Soviética, dominando media Europa, infiltrándose en los nuevos países nacidos de la etapa descolonizadora y dispuesta a disputarle a Washington el liderazgo mundial, en una tensión igual o quizá mayor que la que el mundo vivió en los prolegómenos de la anterior guerra.

De aquel mundo en ruinas surgieron los Estados Unidos y la Unión Soviética como las dos únicas superpotencias, pero lo cierto es también que la sangre soviética y la potencia industrial y económica norteamericanas resultaron los factores determinantes de la victoria aliada. A pesar de la superioridad táctica demostrada contra todos sus enemigos y mantenida a lo largo de la guerra, el Reich no podía vencer al resto del mundo y Japón, superada su ventaja inicial, no tenía en absoluto capacidad de hacer frente al gigante americano. Sin embargo, en el año 1939 la impresión generalizada era otra.

Apostando fuerte

Hitler resultó ser un jugador que apostaba fuerte y tuvo la fortuna de contar con el inicial apoyo tácito de las democracias occidentales y del incipiente complejo militar industrial estadounidense. Aunque pudieron haberlo frenado fácilmente en 1938, los líderes de las democracias occidentales no quisieron ver el peligro. Por ello, cuando el dictador nazi invadió Polonia pensaba que tal ataque obtendría una respuesta aliada similar a la ocurrida con la ocupación de Austria o de Checoslovaquia, es decir, la pasividad y la aceptación de un hecho consumado. Francia y Gran Bretaña decidieron que no podían permitir más expansionismo y actuaron en consecuencia. Era ya demasiado tarde.

La Blitzkrieg demostró todo su potencial arrollando a los polacos y, una vez corregidos los defectos iniciales, a los poderosos ejércitos anglo-franceses con la maniobra de Sedán. En diez días de mayo, la suerte de Francia estaba echada y, seis semanas después del comienzo del ataque, se firmó el armisticio. La Blitzkrieg había logrado lo que la doctrina convencional no había conseguido en la Gran Guerra. Ni en las seis semanas previstas también entonces, ni en cuatro años de feroces enfrentamientos.

El Reino Unido se encontró solo hasta que surgió la figura de Churchill, que supo galvanizar la voluntad de resistir del pueblo británico. Pero de bien poco hubiera servido si Hitler hubiera tenido una intención firme de acabar con Gran Bretaña. En realidad el Führer estaba pensando en Rusia, su auténtica obsesión en la búsqueda de un espacio vital para su imperio. Y así, el 22 de junio de 1941 comenzó la mayor operación militar de la historia, en la que tendrían lugar algunas de las mayores batallas que el mundo jamás vería. Pero las extraordinarias victorias de la Wehrmacht no fueron suficientes para vencer a la URSS. Las inmensas distancias, la complicada logística y, sobre todo, las enormes magnitudes del Ejército Rojo determinaron la derrota germana.

Un nuevo actor
El 7 de diciembre de 1941, Japón introdujo un nuevo elemento al atacar a Estados Unidos. A partir de ese momento, a medio plazo, el Eje estaba perdido, aunque, en los meses siguientes, nada parecería indicarlo. La primavera de 1942 vería una extraordinaria expansión japonesa por el Pacífico y una nueva y formidable ofensiva alemana en el sur de Rusia. Tobruk caería en poco tiempo, junto con Singapur. Gran Bretaña estaba en sus horas más bajas, pero el verano supuso un punto de inflexión. Rommel fue detenido en El Alamein, von Paulus se enfrascó en Stalingrado y Japón sufrió un duro golpe en Midway.

1943 vería el comienzo de la contraofensiva aliada en todos los frentes y, en 1944, ya todo estaba claro. Overlord, Bagration y el asalto a las Filipinas anunciarían el principio del fin de una contienda terrible. Pero, a pesar de la magnitud del drama, no todo fueron sombras. Además de un crecimiento económico sin precedentes, los desarrollos científicos en todos los niveles (aviación, informática, telecomunicaciones, medicina…) fueron extraordinarios. Y el nacimiento de la era nuclear añadió una nueva dimensión a la guerra. Una dimensión tal que la siguiente fase de la contienda hubo de reñirse de forma no convencional, a través de terceros, y en la que más que conceptos territoriales, los ideológicos, sociales y económicos serían los decisivos.

En Potsdam, sólo Churchill parecíó darse cuenta de que en ese momento más que una posguerra estaba iniciándose una nueva fase de la guerra, que no acabaría hasta finales de los años ochenta del pasado siglo con el desmoronamiento del comunismo en Europa.

lunes, 20 de enero de 2014

En tierra inhumana, Józef Czapski


Uno de los efectos inmediatos y más dramáticos del efímero idilio entre la Unión Soviética y el Tercer Reich fue el aplastamiento conjunto de Polonia, que puso a millones de personas a merced de dos voraces regímenes totalitarios. Entre las víctimas se contaron los miles de oficiales y soldados del ejército polaco que cayeron en las fauces del gulag, muy pocos de los cuales sobrevivieron a la experiencia. El NKVD, organismo de seguridad de la URSS, empleó tres campos de concentración principales para retener entre fines de 1939 y abril de 1940 a una muchedumbre de militares polacos: Starobielsk, Kozielsk y Ostaszków. Alrededor de cuatro mil fueron a dar al primero de ellos, situado al sudeste de Ucrania; menos de un centenar salió con vida. Uno de los supervivientes de Starobielsk fue el artista y oficial de reserva Józef Czapski, quien pudo escapar del aciago destino sufrido por miles de reclusos de su nacionalidad, ejecutados en Katyn o devorados por el gulag. Czapski sobrevivió para contarlo y con pleno conocimiento de causa pues no sólo padeció el cruel cautiverio sino que, tras uno de aquellos sórdidos vuelcos de la historia –la Operación Barbarroja, que hizo de soviéticos y polacos unos incómodos aliados-, en 1941 y 1942 estuvo a cargo de las investigaciones sobre el paradero de sus compañeros de armas desaparecidos, apresados poco antes por los soviéticos. Apenas puede concebirse un esfuerzo más vano, el de semejantes investigaciones, pues suponía chocar contra el hermetismo, la mendacidad y el tendido de cortinas de humo: genuinas especialidades del régimen bolchevique. 
Tras el previsible fracaso de sus pesquisas, Czapski fue designado jefe del Departamento de Propaganda del nuevo ejército polaco, organizado con el reticente beneplácito de Stalin en territorio soviético, unos meses después del ataque alemán a la URSS. El puesto lo hizo responsable, entre otros cometidos, de la edición de boletines, de actividades formativas y recreativas y de las relaciones públicas con los soviéticos. Casi completamente desarmado, mal vestido y peor alimentado, compuesto mayoritariamente por hombres de salud quebrantada por toda clase de penurias, este remedo de ejército abandonó la URSS traspasando sus fronteras meridionales y desde Irán se dirigió a Italia, en donde pudo combatir contra las fuerzas alemanas en Montecassino y otros lugares. Czapski vertió el recuerdo de sus experiencias en la Unión Soviética en dos textos publicados clandestinamente en Polonia y que luego fueron reunidos en un único volumen, al que su autor añadió un tercer texto, relativo a la polémica sobre la atribución de las matanzas de Katyn. El conjunto, publicado con el título de En tierra inhumana (originalmente el título del segundo texto, con ventaja el de mayor extensión), es sin duda un invaluable testimonio sobre las iniquidades del estalinismo.
Józef Czapski (1896-1993) nació en el seno de una familia aristocrática, vivió su infancia en Bielorrusia y cursó estudios de derecho en San Petersburgo, tras lo cual se decantó por su verdadera vocación: la pintura. Fue alumno de Bellas Artes en Varsovia, Cracovia y París, trabando contacto en la capital francesa con lo más granado de las artes de vanguardia. Espíritu inquieto y ávido de saber, admiraba ante todo a Cézanne, amaba la literatura y era capaz de dictar conferencias sobre Proust, en el campo de Griazovetz (su segunda estación en el gulag), o sobre la teoría de la relatividad, cuando se ocupaba de actividades educativas en el nuevo ejército polaco. Profesaba convicciones democráticas y en sus días en la Academia de Bellas Artes de Cracovia (a comienzos de los años veinte) se opuso activamente a la oleada de nacionalismo y antisemitismo que en 1922 culminó en el asesinato de Gabriel Narutowicz, segundo presidente de una Polonia recientemente independizada. La carrera artística de Czapski se vio interrumpida en 1939 cuando fue movilizado por segunda vez en su vida (la primera fue en las postrimerías de la Primera Guerra Mundial); detentando el grado de capitán, cayó prisionero del Ejército Rojo el 27 de octubre de aquel año. Tras una etapa de cautiverio, de penurias y de modestas satisfacciones en lo que debía ser el germen del ejército de una Polonia liberada, volvió a radicarse en Francia, país en que reanudó su quehacer pictórico, materializando además su amor por las letras en la fundación de un Instituto de Literatura en Maisons-Laffitte, en las proximidades de París.
En las memorias de Czapski queda constancia de un itinerario sombrío, que muy especialmente en su primera etapa asemeja las estaciones de un calvario. Apenas hace falta decirlo: las condiciones de vida en los campos de concentración eran espantosas; lo mismo ocurría en las mortíferas marchas a que se sometía a los reclusos cuando se los trasladaba de un campo a otro. Como reflejan el testimonio de nuestro autor y el de sus compatriotas cuya voz recoge el libro, tales marchas recuerdan –salvo en la escala- a las del genocidio armenio, en los años de la Primera Guerra Mundial, y parecen un anticipo de las llamadas “Marchas de la muerte” de 1945, cuando los alemanes evacuaron a los maltrechos supervivientes de sus campos de concentración y los forzaron a recorrer grandes distancias a pie y en las peores circunstancias imaginables, resultando en altos porcentajes de mortandad. Tras la liberación, la narración se enfoca primero en la etapa de la búsqueda de los desaparecidos –Czapski estrellándose contra la burocracia moscovita- y luego en la etapa del nuevo ejército polaco, que es al mismo tiempo una historia de esperanza y de desventuras… y de arduos desplazamientos por la inmensidad del territorio soviético. En el desempeño de sus actividades oficiales y en sus diversos recorridos, a bordo de trenes y en sus obligadas estancias en hospitales, Czapski tuvo ocasión de contactar con gentes de todos los niveles y de diversas etnias, desde altos funcionarios hasta sencillos obreros. Tuvo, pues, la oportunidad de sufrir una «iniciación en la inmensidad de la miseria humana», interiorizándose de los pormenores de un régimen que hacía gala de un sistemático desprecio de la vida humana y que imponía a sus súbditos una atmósfera opresiva. Dramático es el contraste entre la Rusia de la alborada revolucionaria y la Rusia de Stalin, un cuarto de siglo después. Czapski estuvo en el Petrogrado de 1918 y disfrutó de los aires de libertad aún imperantes; era un tiempo en que un simple estudiante como él podía discutir llanamente con las autoridades. Consolidada la dictadura estaliniana, esto resultaba impensable. La maquinaria del terror y la infranqueable distancia entre gobernantes y gobernados lo sofocaban todo. Los mismos soviéticos se maravillaban de la libertad y el desparpajo con que los refugiados polacos ventilaban entre sí sus diferencias. Ni hablar de la realidad social. Al respecto, el testimonio de Czapski es lapidario: «La diferencia de nivel de vida entre un oficial especialista y un simple soldado, entre un alto funcionario y un campesino hambriento de un kolkhoz –koljoz, granja colectiva- de los alrededores de Chkalov, no era substancialmente más pequeña de la que separa a un banquero de un obrero en los “podridos” países capitalistas…»
Al valor testimonial del libro se añaden sus cualidades literarias. La escritura de Czapski es pulcra, precisa, rotunda cuando corresponde, carente de remilgos y siempre fluida. El sostenido pulso narrativo redobla el interés de la lectura, cautivante por su mismo contenido. A despecho de su tema central, no es un libro que rebose acrimonia o que se regodee en la sevicia. Algunas pausas a modo de párrafos descriptivos revelan de cuerpo entero al pintor, a un Czapski que ni siquiera a un país derrengado por la perversidad ideológica y por la guerra –una tierra inhumana- podía dejar de ver con ojos de artista, sensible a las formas, el color y los efectos lumínicos. Así, por ejemplo, en pleno cautiverio: «Era a finales de noviembre y, al rayar el alba, de pronto explotó más allá de los muros rojos de nuestro edificio un cielo lleno de bengalas y de nubes rosadas y rutilantes cual descargas eléctricas entretejidas de estelas de un color añil chillón. Sobre este fondo, la empalizada recién construida con recios leños puntiagudos lució con un resplandor rojizo y dorado, la garita de madera, que no estaba iluminada por los rayos de sol, se tiñó de zafiro y, detrás de la valla, se perfilaron en la lejanía unos árboles gigantescos de troncos azules más claros que el cielo y cubiertos de guirnaldas de chovas y cornejas negras». O bien, en la frontera asiática, durante una de sus varias convalecencias: «Me pregunto qué otro efecto benéfico, además de ofrecerme la amistad humanad, ejerció sobre mí Ak-Altyn –un pueblo en Turquestán-: me permitió mirar por la ventana durante horas y ver en su marco pintado de blanco un cielo siempre azul, límpido, despejado, sin una sola nubecilla, muy claro por la mañana y cada vez más oscuro a medida que avanzaba el día, pero de nuevo resplandeciente, aunque teñido de verde, al atardecer. Pensaba en cómo extraer aquel sonido azul, aquel grito del marco blanco sobre el fondo del cielo azul, y recordaba haber visto muy pocos cuadros que evocaran un cielo idealmente limpio con objetos destacándose en él, y eso que había visto miles y miles de obras de arte». (Cursivas en el original.)
Un libro que, si se quiere, se lee con triple satisfacción, pues su autor iba a contrapelo de las peores seducciones ideológicas del día, lacras que desgraciadamente no tienen visos de extinguirse. Ya está dicho que abominaba Czapski del nacionalismo y el antisemitismo, tan extendidos entre sus connacionales. Lo que se aprecia en las memorias es un espíritu ecuánime que no duda en denunciar la estupidez de algunos de sus compatriotas, como aquel que en medio de una conferencia cita los Protocolos de los sabios de Sión como si fueran un texto sagrado; o el caso de un antiguo terrateniente y oficial de caballería que desprecia a un embajador polaco por no ser sino un científico y un académico, a buen seguro incapaz de cabalgar correctamente; para mayor abundamiento, un reaccionario, este oficial: el sujeto amenazaba con romperle la cara a cualquiera que le fuese con la cuestión de la reforma agraria. Por otra parte, Czapski detesta como es natural al régimen bolchevique y sus agentes; recela de una Rusia –el estado ruso, para decirlo con precisión- que históricamente ha sido el ogro de sus vecinos –si lo sabrán los polacos-; mas no odia a los rusos, ni a los ucranianos, ni a los demás habitantes del imperio soviético. Desea fervientemente un cambio de régimen, para bien de los propios rusos. Adora por otra parte la gran literatura rusa, refiriéndose en diversas ocasiones y siempre en términos elogiosos a poetas como Pushkin, Blok, Belyi, Pásternak y Anna Ajmátova (a quien pudo conocer personalmente); y a narradores como Dostoievski, Tolstói, Lérmontov, Chéjov y Gorki, entre otros (al primero lo menciona y lo cita repetidas veces).
Tratándose de literatura, surgen inevitablemente en el libro los nombres de Adam Mickiewicz, el poeta nacional de Polonia, y Henryk Sienkiewicz, cuya Trilogíanovelística es el gran referente literario del patriotismo polaco. Czapski cuenta que en el campo de Griazoviets se colaron algunos ejemplares de la Trilogía, muy apetecidos por unos reclusos que se solazaban leyendo las inspiradoras hazañas de Kretuski, Volodiovski y demás héroes de Sienkiewicz.
En tierra inhumana es un libro impresionante por muchas razones y como documento testimonial resulta imperecedero. Puestos a escoger algún incidente significativo, fácilmente puede optarse por uno cercano al desenlace. Integrando un grupo de polacos que está a punto de cruzar la frontera con Irán y en que también se halla nuestro autor, un chiquillo de corta edad y precaria salud descubre el omnipresente retrato de Stalin, colgado en la oficina de la aduana, e inmediatamente le dirige su puñito cerrado; para el niño, el tirano sólo representaba hambre, miseria y sufrimiento. Esta expresión de rabia impotente, doblemente impactante por provenir de un niño, fue la impresión postrera de Czapski antes de abandonar el ominoso país.
- Józef Czapski, En tierra inhumana. Acantilado, Barcelona, 2008. 489 pp. Fuente:  www.hislibris.com

sábado, 18 de enero de 2014

Anwar Congo, El acto de matar

Los escuadrones de la muerte

Anwar Congo, uno de los cabecillas de los escuadrones de la muerte que actuaron en Indonesia tras el golpe militar contra el presidente Sukarno, es la estrella de esta película. Verdugo responsable, según sus palabras, de la tortura y asesinato con sus propias manos de más de mil personas, escenifica ante la cámara los crímenes que cometió, explica cómo perpetraba sus agresiones y se vanagloria de haberse inspirado para ello en las películas de gángsteres que estrenaban en el cine.
Matón de cine, en su juventud él y sus amigos controlaban el mercado negro de entradas. El ejército les reclutó tras el golpe para los escuadrones de la muerte porque sabía que odiaban a los comunistas -principales boicoteadores de las películas de EEUU, las más rentables en los cines- y ya habían demostrado que eran capaces de cualquier acto de violencia. Hoy, casi cincuenta años después, Anwar Congo es una figura venerada en Indonesia.
Fundador de una poderosísima organización paramilitar (Juventud de Pancasila), en la que figuran públicamente ministros del Gobierno, se le trata con todos los honores. Es la imagen, el símbolo, de un país demente, que aplaude la corrupción y la violencia. Un país en el que los genocidas son invitados de lujo en los programas de televisión, donde se explayan sobre sus proyectos cinematográficos y sobre sus aterradores asesinatos reales. Un país donde una buena parte de la población sigue viviendo completamente aterrorizada y a la que da la espalda el resto del planeta.

Palabra de genocida

“Matar está prohibido, por tanto, todos los asesinos son castigados, a menos que maten en grandes cantidades y al sonido de las trompetas”. Son las palabras de Voltaire con las que se abre esta película, en la que conviven las escenas del pavoroso rodaje en el que trabajan los criminales, con imágenes de ellos en otras situaciones y ante la cámara contestando a las preguntas del equipo de Oppenheimer.
- ¿Cómo exterminó a los comunistas?
- Los matamos a todos. Eso fue lo que pasó.

“No importa si acaba en la pantalla grande o en la televisión”, dice Anwar Congo refiriéndose a la película que están rodando y antes de añadir: “Tenemos que demostrar que ésta es la historia, que esto es lo que somos, para que la gente en el futuro lo recuerde”. Un esfuerzo tardío después de hablar ante las cámaras de este documental, pues es absolutamente imposible olvidar lo que cuentan, cómo lo cuentan y, lo peor, cómo lo celebran.

Anwar Congo baila vestido como un gangster de película después de mostrar el sitio donde llevaba a cabo las torturas. “Al principio los apaleábamos hasta la muerte, pero había muchísima sangre (…). Cuando limpiábamos, el olor era terrible. Para evitar la sangre, teníamos un sistema”. Y dicho esto, unos pasos de chachachá. Estremecedor.

“Matar a gente que no quería morir”

Testimonios como éste se suceden a lo largo de toda la película y no solo procedentes del recuerdo de Anwar Congo. Un editor de prensa -”mi trabajo era hacer que el público odiase a los comunistas”-, un líder paramilitar local que hace ante las cámaras una ronda de extorsión en el mercado exigiendo dinero, el mismísimo vicepresidente del país, otro verdugo de la época, un miembro del Parlamento de Sumatra del Norte o el subsecretario de Juventud y Deporte hacen sus personales aportaciones al documental, dejando constancia de una de las cosas más sorprendentes de todas, la absoluta banalidad con que todos perciben el genocidio cometido y la perfecta impunidad que han construido a su alrededor.
“¿A cuántas personas mató?” pregunta a Anwar Congo con una sonrisa deslumbrante una presentadora de la TVRI, televisión pública de Indonesia. “A unas mil”, contesta él también sonriente. Espeluznante y, al mismo tiempo, lógico. Al fin y al cabo, Anwar Congo y sus colegas torturadores están ahí haciendo publicidad, promocionando la película que han rodado describiendo sus asesinatos.
La aberración ha llegado aquí a su punto culminante. Han pasado casi dos horas desde que comenzara la película y el espectador ha asistido al grotesco espectáculo de la fanfarronería de unos asesinos de masas. En todo ese tiempo se habrá preguntado, seguramente varias veces, ¿cómo es posible vivir con ello y ni siquiera arrepentirse? La respuesta es que probablemente no es posible.
“Sé que mis pesadillas las causa lo que hice, matar a gente que no quería morir”, dice en un momento del documental Anwar Congo, cada vez más afectado por el proceso de rodaje de la película y a quien la cámara de Oppenheimer graba también mientras interpreta el papel de víctima en una de sus recreaciones. Momento clave para el genocida y para The Act of Killing, éste en que el asesino se pone en lugar de sus víctimas. Es una secuencia que conduce al final de este documento. Y aquí, las turbulencias emocionales por las que ha pasado el espectador son tantas y tan profundas que ya es muy difícil decidir si ese hombre -en el que algo ahora ha cambiado- está arrepentido o si lo que siente es asco ante la marea de sangre provocada o si es que realmente no quería entender y ahora, por fin, ha entendido lo que significa el acto de matar.
Página de la película: The act of killing
Disponible el vídeo también aquí: The act of killing – El acto de matar

El desalojo de los bosquimanos


Un reportaje de la BBC ha encontrado a los bosquimanos de Botsuana viviendo en condiciones deplorables más de una década después de que fueran desalojados de sus tierras ancestrales en la Reserva de Caza del Kalahari Central (CKGR según sus siglas en inglés).
La reportera de la BBC, Pumza Fihlani, viajó al campo de reasentamiento de New Xade en Botsuana central, donde muchos bosquimanos permanecen a pesar de la sentencia de 2006 del Tribunal Supremo que garantiza su derecho a volver a su hogar.
Fihlani informa que los bosquimanos que conoció se sentían “perdidos” y que eran “tratados como perros” por las fuerzas del Gobierno, que han imposibilitado a los bosquimanos abandonar los campos de reasentamiento.
Quienes una vez fueron cazadores-recolectores nómadas, han sido forzados a una vida sedentaria previamente desconocida por la tribu. Como resultado, el alcoholismo y el SIDA se han disparado en los campos de reasentamiento.
Los bosquimanos de la reserva fueron deportados de sus tierras por el Gobierno en tres oleadas distintas de expulsiones en 1997, 2002 y 2005.
En 2006, los bosquimanos ganaron una histórica batalla judicial que reconocía su derecho a regresar a la reserva.
Sin embargo, en reminiscencia a las leyes de pases de Sudáfrica que separaban a las familias negras bajo el apartheid, la mayoría de los bosquimanos son obligados a solicitar un permiso de un mes de duración para entrar en la CKGR. Los hijos que visitan a sus padres en la reserva son amenazados con juicios y encarcelamiento si se quedan más tiempo del estipulado.
Goiotseone Lobelo, una mujer bosquimana, dijo a la BBC: “Echo de menos mi hogar y la forma en que vivíamos. La vida era sencilla, había mucha fruta, animales y no había barras ni cervezas. Ahora estamos perdidos”.
“Estamos contrayendo SIDA y otras enfermedades que no conocíamos; los jóvenes están bebiendo alcohol, las niñas están teniendo bebés. Todo está mal aquí”, explicó su hermana Biotumelo.
Roy Sesana, un líder bosquimano que ha estado a la vanguardia de la campaña por los derechos de los bosquimanos, dijo a Fihlani: “Nos preocupa que en el futuro no habrá nadie que pueda ser capaz de practicar la cultura bosquimana, a menos que sea con fines turísticos para empresas que lo utilicen para sus negocios”.
El gobierno dice que la restricción está destinada a preservar la vida salvaje y el ecosistema de la vasta reserva , que es ligeramente más grande que Dinamarca.  Pero grupos de derechos humanos y los propios bosquimanos creen que la verdadera razón es más siniestra. La minería, según explica el propio reportaje,  es una de las industrias clave de Botswana, con la extracción de diamantes como principal fuente de ingresos.  Las tierras ancestrales de los bosquimanos se encuentran en el medio de la mina de diamantes más ricas del mundo, y creen que los bosquimanos fueron reubicados para dar la entrada a un proyecto minero multimillonario. De hecho, un productor de diamantes que cotiza en Londres ha comenzado los planes para la extracción de alrededor de 45 km (28 millas) de la frontera oriental de la reserva.
La construcción de la primera fase del proyecto se inició en 2011, y la primera salida se espera para finales de este año.
El gobierno, por su parte, siempre ha negado que exista un vínculo entre las reubicaciones y los yacimientos de diamantes, descubiertos por primera vez en la década de 1980 .
El estado ha proporcionado algunos servicios en los campos de reasentamiento : hay clínicas , escuelas y casas de cemento con patios cercados, todo parte de un plan de modernización de la comunidad.
Pero la vida moderna no funciona para todo el mundo: Los basarwa, según constanta la reportera Fihlani, han construido chozas en sus patios, como un recordatorio de tiempos más felices y de formas de vida tradicionales.
El desempleo es elevado y esta comunidad no tiene habilidades que utilizar en el mundo exterior. No es raro ver a los hombres jóvenes tropezando a la salida de los bares locales a media tarde, y a la tienda de licores no le falta clientela.
Pero no sólo las condiciones sociales están creando problemas. Cientos de vacas y sus pastores descansan bajo los árboles y se preparan para dar un paseo de cinco kilómetros. Cuando los reubicaron, cada familia bosquimana recicibi cinco vacas o cabras para animarles a convertirse en granjeros.
Pero el pastoreo tiene sus desafíos. “Si empujas a alguien a un cierto estilo de vida que no conoce, se enfrentará a un montón de dificultades”, dice un agricultor bosquimano, Jumanda Galekebone. “Nuestra gente no sabe cómo cuidar a las vacas cuando enferman , no saben nada acerca de las enfermedades del ganado, como la fiebre aftosa”, explica.
Sus compañeros están de acuerdo, dicen que quieren ir a casa.  Dicen que la vida moderna no ha funcionado para ellos.
“Esta vida no ha mejorado sus vidas. Todavía recibimos un montón de gente que se aventura al interior del parque para cazar y son arrestados. Algunos se enfrentan a sanciones judiciales. Lo cual sólo demuestra que no se puede obligar a la gente a cambiar”, dice Galekebone .
Pero parece que los bosquimanos no tienen más remedio que cambiar, adaptarse, por lo menos según revelan los últimos planes del gobierno. Muchos creen que no tienen cabida en la sociedad moderna de Botswana. Algunos funcionarios se refieren a ellos como un pueblo “edad de piedra”, se debe integrarse en el siglo XXI.
A pesar de que en 2006 un tribunal declaraba inconstitucional su expulsión de las tierras, solo un puñado ha sido autorizado a regresar al parque, aquellos cuyos nombres aparecían en los documentos judiciales.
Roy Sesana,  líder de la comunidad, es uno de ellos. Pero dice que no goza de la victoria. Ahora vive entre RCKC y Nueva Xade para estar cerca de su familia y su pueblo .”Hemos estado separados de nuestros hijos y nuestras esposas. ¿Qué clase de vida es ésta? No hicimos nada para merecer esto”, argumenta.
Fue uno de los principales demandantes, y explica que para un pueblo que ha pasado la mayor parte de su vida vagando por la tierra libremente, vivienda de la caza de animales salvajes y la recolección de bayas y frutos secos, este lugar no les ofrece la oportunidad de vivir de la tierra. “Ahora dependemos de la dádiva del Gobierno,
” Estamos acostumbrados a alimentarnos, pero ahora dependedemos de la dádiva del gobierno, nos están convirtiendo en vagos y estúpidos”, se queja. “Estamos siendo tratados como perros. El perro es el único que no puede traer su propio aliemento, tiene que esperar a que lo haga su dueño”
Survival International está pidiendo que se lleve a cabo un “boicot internacional al  turismo”, su segunda fuente de ingresos, para que el Gobierno deje de perseguir a los primeros habitantes, permita a los bosquimanos regresar a su hogar y garantice sus derechos humanos reconocidos constitucional e internacionalmente.

Para unirse al boicot, existe el siguiente enlace: www.survival.es/email/boycott-botswana

Tiempos de liquidación, Zygmunt Bauman


Zygmunt Bauman (Poznan, Polonia, 1925) predica con el ejemplo. En su modesta casa de Leeds (Reino Unido), donde se instaló a principios de los años setenta, huyendo de las purgas antisemitas desatadas en su país, no hay huella de esa pasión por lo nuevo que caracteriza a nuestra sociedad consumista. Mobiliario, adornos, alfombras, todo parece llevar años en el mismo sitio en la vivienda de este profesor emérito de la Universidad de Leeds, que le ha dedicado un instituto. El pequeño salón, que se asoma a un jardín invadido por las hojas caídas y el fragor de la vecina carretera, está repleto de libros, gran pasión del dueño de la casa. Fiel a la tradición polaca, Bauman ofrece a la periodista un abundante refrigerio: fresas con nata, pasteles de todo tipo y café que él mismo prepara, a las 10 de la mañana.
Con su característica aureola de pelo blanco, y la inseparable pipa en el bolsillo, esperando el permiso de la visitante para encenderla, Bauman tiene todo el aspecto del intelectual disidente, flagelo del capitalismo salvaje, que tantos admiradores le ha valido en los círculos antiglobalización. Pero el profesor es también un sólido y reputado analista, un implacable observador de nuestro mundo, sin aparente vanidad. Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades (ex aequo con Alain Touraine), en 2010, Bauman conserva una envidiable salud. A sus 88 años recién cumplidos, sigue dando conferencias y viajando por el mundo para promocionar sus libros.
El último, ¿La riqueza de unos pocos nos beneficia a todos?, se publica ahora en español editado por Paidós. “No es un libro original”, apunta Bauman. “He recogido material de diferentes investigaciones sobre la idea común que relaciona felicidad y riqueza. Cuando aumenta el PIB, aumenta la felicidad. Y se dice que la gente que gana más parece más feliz. Pero hoy sabemos que la felicidad no se mide tanto por la riqueza que uno acumula como por su distribución. En una sociedad desigual hay más suicidios, más casos de depresión, más criminalidad, más miedo. O sea que la afirmación de que la riqueza de unos nos beneficia a todos es doblemente errónea. Por un lado, no es verdad porque para eso la gente tendría que invertir su riqueza, cosa que no ocurre siempre, y por otro, porque no revierte en más felicidad porque, como hemos dicho, la felicidad depende de la igualdad, de la equidad”.
Sorprende, sin embargo, que Bauman considere nuestra sociedad actual como una de las más desiguales, cuando, al menos en el mundo desarrollado, hemos dejado el hambre atrás, y la mayoría de los ciudadanos lleva una vida decente. El profesor está de acuerdo, pero subraya un fenómeno inquietante. “Hace 20 o 30 años las desigualdades entre las sociedades desarrolladas y las que no lo eran crecía, mientras que la desigualdad en el interior de una misma sociedad (rica), disminuía. Y creíamos, al menos nosotros, los europeos, que con nuestro Estado de bienestar habíamos solucionado el problema de la desigualdad. Pero desde hace 20 o 30 años la distancia entre los países desarrollados y la del resto del mundo está disminuyendo, y, por el contrario, en el interior de las sociedades ricas las desigualdades se están disparando. Hay informes que dicen que en Estados Unidos estas desigualdades están llegando a los niveles del siglo XIX”.

Vivimos en la cultura
del consumismo. Mantenemos relaciones mientras nos dan satisfacción, igual que
un modelo de teléfono
Una de las razones que explicarían esta trágica fractura hay que buscarla en la globalización, que ha permitido a los empresarios contratar a sus trabajadores en cualquier esquina del globo. Otra, y muy ligada a la última crisis, es la erosión que está sufriendo la clase media.
“Es evidente que las clases medias se están empobreciendo. Podemos hablar más que de proletariado deprecariado”, dice Bauman. “O sea viven en una situación cada vez más precaria. Lo importante es que grandes sectores de las clases medias pertenecen ahora al proletariado, que se ha ampliado. Aunque hoy tengan trabajo ha desaparecido la certeza de que puedan tenerlo mañana. Viven en un estado de constante ansiedad”.
—Su libro aborda problemas que estamos padeciendo en España, donde cientos de miles de personas han perdido sus trabajos y no pueden pagar sus hipotecas. Dicho esto, hay gente que asumió riesgos enormes. ¿No tenemos un poco la culpa también nosotros, ciudadanos de a pie, de lo ocurrido? ¿O es que es imposible resistir la tentación del consumo?
—Bueno, es difícil responder. Vivimos en la cultura del consumismo, no es ya simplemente consumo, porque consumir es totalmente necesario. Consumismo significa que todo en nuestra vida se mide con esos estándares de consumo. En primer lugar el planeta, que es visto como un mero contenedor de potencial explotable. Pero también las relaciones humanas se viven desde el punto de vista de cliente y de objeto de consumo. Mantenemos a nuestro compañero o compañera a nuestro lado mientras nos produce satisfacción, igual que un modelo de teléfono. En una relación entre humanos aplicar este sistema causa muchísimo sufrimiento. Cambiar esta situación exigiría una verdadera revolución cultural. Es normal que queramos ser felices, pero hemos olvidado todas las formas de ser felices. Solo nos queda una, la felicidad de comprar. Cuando uno compra algo que desea se siente feliz, pero es un fenómeno temporal.
Bauman recuerda que en la Europa oriental de su primera juventud, “la gente era bastante feliz”. No tenían mucho que comprar, “pero vivían en comunidades solidarias, con buenos vecinos, que se ayudaban entre sí, cooperaban, y eso les daba seguridad, y, por otro lado, eran artesanos, o gente que en palabras del sociólogo americano Thorstein Veblen tenía ese ‘instinto de la humanidad trabajadora’. La felicidad deriva del trabajo bien hecho. La satisfacción que eso produce es extraordinaria. En nuestra sociedad, en cambio, nos definimos no por lo que hacemos sino por lo que compramos”.
El sociólogo, hijo de una pareja de judíos polacos, pasó la infancia y parte de la adolescencia en Polonia, pero sus padres huyeron del país tras la invasión alemana, en 1939, y se instalaron en la Unión Soviética. Bauman participó de lleno en la Segunda Guerra Mundial, combatiendo en las filas del ejército polaco controlado por los soviéticos, y trabajó para los servicios de información militares, en la inmediata posguerra.
“Viví en Polonia esos años”, cuenta el profesor. “Después de la Segunda Guerra Mundial el desempleo era masivo y el país estaba destruido. Entonces llegaron los que proponían entregar las tierras a los campesinos y las fábricas a los trabajadores, y generaron un entusiasmo enorme. La propuesta era trabajar juntos y reconstruir el país devastado. El programa era hermoso”, recuerda Bauman jugueteando con su pipa, que no acaba de tirar. La realidad resultó no serlo tanto. Y el viejo profesor no escatima críticas a la ideología en la que creyó. “Como sabe, hay dos clases de totalitarismos, el nazismo y el comunismo. Tenían bastantes similitudes, pero entre las diferencias hay una importante. Se le puede acusar al nazismo de infinidad de crímenes, pero no de hipocresía. Desde el primer momento, los nazis dijeron claramente lo que pretendían hacer. Querían dominar todos los países y asegurar la supremacía del III Reich, y aniquilar a los judíos, y es lo que hicieron. Mientras que el comunismo era una fortaleza de la hipocresía. El mensaje teórico se basaba en los lemas de la Ilustración,Liberté, Égalité, Fraternité, pero la práctica era muy diferente. La gente vivía mintiendo”.

La seguridad sin
libertad nos hace esclavos, pero con libertad sin seguridad eres una especie de plancton, no un
ser humano
—Usted ya no es comunista, pero sigue siendo de izquierdas.
—Sí, porque creo todavía en la igualdad. Creo todavía que la libertées más importante que la seguridad. No había desempleo en la Rusia soviética. Había seguridad, acceso a una educación, a un sistema de salud básico, pero nada de libertad.
—Y, sin embargo, usted mismo ha criticado a la izquierda por no ofrecer una verdadera alternativa a la sociedad actual.
—Es cierto. No hay un modelo de sociedad alternativo. La izquierda solo sabe decirle a la derecha, “cualquier cosa que hagan ustedes nosotros la hacemos mejor”. Cuesta distinguir entre Gobiernos de izquierda y de derecha, la verdad.
Y eso hace a las sociedades desarrolladas más homogéneas, intercambiables entre sí, definibles con el adjetivo de líquidas que acuñó el sociólogo polaco (con pasaporte británico) hace una década. Una definición perfecta para la sociedad posmoderna, consumista y banal, en perpetuo movimiento, en contraposición a la vieja y sólida sociedad del pasado. ¿Hasta qué punto esta sociedad líquida es la cumbre del capitalismo anglosajón?
Bauman reflexiona un momento antes de responder. “Hay muchas variedades de capitalismo. Es cierto que los anglosajones han creado un modelo que los demás países han imitado enseguida. Mientras, en los países escandinavos se pagan impuestos altos y, a cambio, la gente tiene excelentes servicios gratuitos, y han optado por recortar la libertad de mercado a cambio de más seguridad existencial, en Reino Unido se opta por la libertad total. Hay que gastar fortunas para obtener una educación, y hay que pagar médicos privados para tener buena atención sanitaria, es cierto. Estamos constantemente presionados por dos valores opuestos y necesarios: libertad y seguridad. Seguridad sin libertad nos convierte en esclavos, y si tienes libertad sin seguridad eres una especie de plancton, flotando por ahí, no un ser humano. Los dos extremos son insoportables, hay que combinarlos”.
Libertad y seguridad son los dos polos entre los que se mueven las alternativas políticas que se nos ofrecen en el mundo de hoy, marcado por la superproducción y los ajustes violentos del mercado. Un mundo que no reconocerían los padres de la economía moderna, como Adam Smith. “Es cierto. Tenían la idea de que el crecimiento económico era un fenómeno temporal, porque pensaban erróneamente que la gente iba a comprar solo lo necesario para cubrir sus necesidades. Así es que muy razonablemente calculaban los productos que tendrían que ser producidos. Todo era una monótona repetición de las necesidades de acuerdo con el crecimiento de la población. No se dieron cuenta de que en la sociedad de consumo no se va a las tiendas solo para reemplazar lo roto o lo consumido, sino a satisfacer los propios deseos. Y los deseos son infinitos”.
Las nuevas generaciones, crecidas en una atmósfera de consumismo brutal, inician su aprendizaje en el sistema desde muy temprano y, a menudo, en familia, como cuenta Bauman, atento observador de una de las sociedades abanderadas del consumismo, la británica. “George Ritzer llama a los centros comerciales templos de consumo. Los domingos por la mañana las familias británicas no van a misa, van al centro comercial. Y es la gran salida familiar de la semana. Van no solo a comprar, sino a disfrutar mirando, viendo lo que hay”.
Bauman quiere terminar la entrevista. Se siente fatigado. Escuchándole hablar una lamenta que alguien con su apasionante biografía haya renunciado a escribir sus memorias.
—Mi esposa escribió dos volúmenes de memorias. Era una persona que percibía el mundo en imágenes, pero yo soy persona de conceptos, y no, no me lo planteo. Ella era la que describía nuestras experiencias cuando íbamos a algún encuentro, y de esa forma yo he llegado a ser consciente de lo que vivimos. Tenía un gran talento para eso. Yo no lo tengo. Fuente: El País