viernes, 28 de febrero de 2014

La vida en el kibbutz

La tierra donde se fundaron los primeros kibbutz era propiedad del Fondo Judío Nacional.
Este es una sociedad cuyo fin es usar los regalos y contribuciones del mundo judío para comprar tierras en Palestina.
Estas tierras son dadas a los colonizadores para que las cultiven, el arriendo es simbólico.
Las tierras pertenecen a los colonizadores, son para todos los propósitos prácticos, no pueden ser vendidas ni subarrendadas.
El 92% de la tierra en Israel pertenece a la nación; es prestada/alquilada al kibbutz por períodos renovables, a un arriendo mínimo.
La financiación es arreglada por la Agencia Judía y por el Gobierno en la forma de préstamos a largo plazo.
La ayuda técnica y agrícola es proporcionada por el Departamento de Colonización, por el Ministerio de Agricultura y por las Federaciones Nacionales de Kibbutzim. 



CÓMO ES EL COMIENZO DE UN KIBBUTZ
Todos los jóvenes israelíes hacen el servicio militar; luego son enviados a partes hostiles, - como desiertos, fronteras, lugares de difícil acceso - no colonizadas.
Los jóvenes se ocupan del establecimiento y manejo del kibbutz durante un año. Terminado este tiempo algunos se van a las ciudades o a otro kibbutz.
Otros deciden quedarse en el kibbutz por más tiempo, algunos se casan allí y se quedan de por vida.


CÓMO ES EL GOBIERNO EN EL KIBBUTZ
El núcleo de administración por sí mismo consiste en una reunión general semanal de todos los miembros.
La reunión aprueba nuevos miembros, autoriza gastos, nombra supervisores de trabajo, etc.
Los candidatos para miembros son generalmente aceptados después de una prueba de un año, durante el cuál son tratados como miembros, excepto respecto del derecho a votar y a tener un trabajo fijo. Pueden ser asignados a cualquier trabajo.
Los kibbutzim son empresas cooperativas.
A los miembros no se les pide invertir fondos para ser aceptados, si no los tienen.
Pero cuando se hacen miembros ellos deben transferir todos sus fondos -si los tienen- al kibbutz.
En cambio, el kibbutz se responsabiliza de todas las necesidades en la medida que lo decida la reunión general.
El kibbutz establece su propio standard de vida, de acuerdo con sus posibilidades económicas y las opiniones de los miembros, pero no se puede disolver ni se pueden dividir los fondos entre los miembros.


TRABAJO EN EL KIBBUTZ
Todos los miembros adultos, hombres y mujeres, trabajan en el kibbutz; cada uno según su capacidad física o su capacidad mental, su talento y conocimientos.
Un nuevo miembro trabaja por poco tiempo en diferentes empleos hasta encontrar el trabajo que le interese y en donde se cree más eficiente y capacitado.
El trabajo en kibbutz, se ha fijado a través de todo Israel en ocho horas, lógicamente esto no se cumple rígidamente, la duración de la jornada tiene muchos motivos que la pueden alterar: en las cosechas la jornada se puede alargar hasta doce horas o más; en el invierno depende de las lluvias.

Variedad de Ocupaciones:

1. Hay gran variedad de ocupaciones y profesiones en el kibbutz.
a   a) Trabajo con animales: Ganado, pollos, ovejas, peces.
b   b) "Pardes”: toronja, limón y naranja.
c) "Mataím": manzanas, olivas, bananos.
d) Algodón y trigo.

2. También hay otros tipos de trabajo, que prestan servicio a la comunidad, son los siguientes:
Cocina, comedor, hogares de los niños, colegios, lavandería, zapatería, correo, etc.

3. En muchos kibbutzim, hay también plantas industriales  que emplean muchos miembros del kibbutz y algunas veces, empleados de afuera.

¿Qué se requiere para ser miembro de un kibbutz?
Solamente se necesita dar el mayor rendimiento posible en su trabajo, irse perfeccionando cada vez más.  Para llegar a ser miembro, primero se pasa por una etapa de “voluntario”, allí se ejercen diversos oficios, al cabo de uno o dos años se hace una asamblea para ver si uno es o no aceptado como nuevo miembro.
¿Qué recibe el miembro del kibbutz por su trabajo? Recibe: comida, vestidos, pocas cosas suplementarias, vacaciones cada dos años, una comunidad firme donde vivir.


Vida familiar en el kibbutz
Cuando una joven pareja decide fundar un hogar, informa a sus padres y a las autoridades del kibbutz. La fecha del matrimonio es fijada. Un rabino conduce la ceremonia, después comienza una gran celebración. Todos los miembros del kibbutz y sus parientes de afuera toman parte en las festividades. Hay un programa musical o artístico, se canta, se baila y se toma vino.
Cuando un bebé nace hay una pequeña celebración en casa de los padres, y mucho júbilo por fuera: ¡uno más para trabajar!
El apartamento de la familia consta de un pequeño salón, un cuarto, un baño y una pequeña cocina. Los muebles son de primera categoría, camas con buenos colchones y cubiertas de atractivas sobrecamas de lana, sofás, sillas de brazos, cortinas, carpetas, estantes para libros, un radio. La cocinita esta equipada con un pequeño refrigerador, una olla eléctrica, una alacena para platos y una cafetera eléctrica. Esto para que la familia puede disfrutar de una taza de té en su propia casa.
El kibbutz tiene un gran comedor donde se toman las comidas principales. Los niños habitan en sus propios cuartos. Hay una gran lavandería, donde se lava, plancha y arregla toda la ropa del kibbutz, también hay biblioteca, discoteca, sala de lectura, teatro, un club para diversiones, campos deportivos, una piscina y otras amenidades.

Mujeres del kibbutz
La mujer del kibbutz tiene el mismo papel que el hombre en las actividades económicas y sociales del kibbutz. Las mujeres están generalmente dirigidas en su trabajo hacia los servicios, y en la  mayoría de los kibbutz, trabajan en la cocina, el comedor, el almacén de ropa, la lavandería, el colegio, y los  hogares de los niños.
No se ahorra ningún esfuerzo para asegurar que la mujer encuentre el máximo de satisfacciones en su ocupación. Las que trabajan en la cocina reciben cursos de nutrición, cocina dietética.
Las que trabajan en el colegio, reciben cursos de pedagogía y psicología. 
Algunas van a los campos, a las plantaciones de flores o trabajan con los pollos.
Ellas gastan también medio tiempo, después del trabajo cuidando del mantenimiento de la casa y atendiendo a los hijos, cuando estos vienen a pasar las  horas de la tarde con sus padres.

Niños en el kibbutz
Los niños del kibbutz viven en sus propios hogares, la madre lleva a su hijo del hospital a los 4 ó 5 días después del nacimiento y lo pone en el hogar del Niño. Ella no trabaja durante 6 semanas.  El bebé es cuidado por las enfermeras que trabajan en el hogar de los niños. Varios niños pequeños duermen en el mismo cuarto, y en el mismo edificio se encuentran el comedor, los baños, los cuartos de juego, los salones de clase, etc.
Desde la edad de 15 ó 16 a cada joven se le da su propio cuarto  y él  come en el comedor del kibbutz con sus padres. El niño estudia, lee y descansa en su propio cuarto, las tardes generalmente las pasan en la casa de sus padres. Por la noche los padres llevan los niños pequeños a sus cuartos de dormir, los bañan y acuestan.

La vida del kibbutz es una escogencia libre  
La mayoría de los jóvenes continúan una vida adulta en el kibbutz, casándose y fundando un hogar en él.  Ellos hacen esto según su propio deseo. Durante los días de colegio los jóvenes del kibbutz son llevados a excursiones junto con grupos de estudiantes que trabajan y que viven en las ciudades o pueblos cercanos. Cuando terminan el colegio hacen el servicio militar junto con los jóvenes de todas las secciones de la población.  Después son llevados a servir un año en un nuevo kibbutz o como jóvenes líderes en campamentos de inmigrantes.  Algunos, luego de esto prefieren quedarse en el kibbutz o ir a otro al que pertenecen el esposo o esposa. Los que no desean quedarse en un kibbutz pueden ir a una “aldea cooperativa” o a la ciudad.  Son muy bien recibidos en todas las empresas de la ciudad, pues los directores encuentran en ellos todo lo que se les ha inculcado en el kibbutz: honestidad, coraje, habilidad manual, resistencia física, etc.

El colegio del kibbutz
Todos los kibbutzim tratan de mantener su propio colegio. Los más grandes tienen colegios de doce clases hasta la edad de 18 años. En otros los niños de afuera son aceptados para que las clases puedan ser mantenidas y organizadas. Los niños de los kibbutz pequeños van a colegios pertenecen a varios kibbutz del área y algunos veces a aldeas y pueblos de inmigrantes.

Trabajo y Estudio
El trabajo es una parte muy importante en la formación y educación de los jóvenes en el kibbutz. Los niños comienzan a trabajar a la edad de 10 años, una hora diaria, y en los cursos más elevados tres o cuatro horas diarias. Los jóvenes que terminan el colegio del kibbutz salen preparados para ingresar en una escuela técnica (Technion), pero si lo desean pueden seguir estudios en los cuales se necesitan más clases intelectuales.

Chomsky advierte del colapso de las democracias en el Viejo Continente y en los EE.UU.



Al participar en el Festival de las Ciencias en el Auditorio de Roma, Chomsky advirtió que con las destrucción de las democracias en el Viejo Continente se va hacia las dictaduras.

En particular opinó que en Italia la democracia desapareció cuando en noviembre de 2011 arribó al gobierno el ex comisario europeo, Mario Monti, designado “por los burócratas de Bruselas” y no por los electores, en referencia a la Comunidad Europea (CE).
Pero dijo que el fenómeno es universal y que la sociedad actual va hacia la plutocracia.
“Hasta el Wall Street Journal ha descrito que la democracia estadunidense está al borde del colapso, pues todo gobierno, sea de derecha o de izquierda, sigue la misma política, decidida por grupos de banqueros y burócratas”, afirmó.
Según Chomsky, tanto en Estados Unidos, como Europa la agenda política es dictada por los intereses particulares de grandes grupos financieros y bancarios, que tienen como objetivo principal la destrucción del sistema previsional que fue una de las principales conquistas europeas de la postguerra.
Dijo que el concepto ha sido muy bien sintetizado por el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, quien en una reciente entrevista reconoció que el contrato social ha muerto.
“Esto quiere decir que la política sólo sirve para enriquecer a los banqueros”, precisó el también lingüista.
Advirtió que incluso internet y los nuevos medios, espacios y lenguajes innovadores que para muchos podrían contribuir a romper el círculo vicioso del poder, implican peligros.
“Me parece que a menudo los nuevos medios llevan hacia una visión más estrecha del mundo, porque las personas son atraídas por medios que expresan exactamente su misma concepción de las cosas”, dijo.
Explicó que mientras que los diarios todavía pueden presentar opiniones diferentes, en un blog por internet existe solamente una.
“Depende mucho de cómo se usan estos medios. Pueden ser un bien al ampliar nuestros horizontes, pero también un mal”, sintetizó.
El lingüista también se refirió al neoliberalismo como “un gran ataque contra la población mundial, el más grande ataque ocurrido en los últimos 40 años”.

Zeev Jabotinsky: el sionismo revisionista y La muralla de hierro


Zeev (Vladímir) Jabotinsky MBE (en hebreo: זאב ז'בוטינסקי‎, en ruso: Влади́мир Евге́ньевич Жаботи́нский) (Odesa, Rusia Imperial, 18 de octubre de 1880 – Nueva York, Estados Unidos, 4 de agosto de 1940) fue un líder sionista, escritor, traductor, orador, periodista, militar y fundador de la Legión Judía durante la Primera Guerra Mundial. Fue el principal ideólogo de la corriente sionista revisionista.
Nacido en el seno de una familia judía de clase alta, recibió una educación liberal con poca educación formal de judaísmo.Cuando tenía tan sólo seis años de edad falleció su padre, una tragedia que sumió a su familia en apremios económicos. Un tío recomendó a su madre viuda enseñar a los niños un oficio. Pero ella quería que recibieran una educación esmerada, a pesar de las dificultades. Odessa estaba en su cúspide como centro de la actividad judía y sionista; sin embargo, Jabotinsky creció empapado más en la cultura rusa que en la judía.
La prometedora figura de Zeev Jabotinsky como líder y como crítico surgió ya a la edad de 14 años, en una crítica al sistema de graduación, que publicó en un periódico local. En Berna inició una carrera de escritor que no abandonaría en toda su vida, sirviendo como corresponsal extranjero para dos diarios de Odesa (bajo el seudónimo de "Altalena"). Se unió a un grupo de estudiantes rusos y empezó a interesarse tanto en las ideas socialistas como en las sionistas.
Su talento como periodista se hizo evidente incluso antes de terminar la escuela secundaria. Sus primeros escritos se publicaron en los periódicos de Odesa cuando tenía 16 años. Una vez graduado, fue enviado como corresponsal a Berna, Suiza y más tarde a Italia para la prensa rusa. Firmaba sus despachos y artículos bajo el seudónimo "Altalena" (en italiano palabra para «columpio»). A los 18 años estudió derecho en la Universidad de Roma, fue a su regreso a Rusia que se diplomó como abogado. Con sus despachos y artículos desde Italia se ganó el reconocimiento como uno de los más brillantes jóvenes periodistas en ruso: más tarde editaría periódicos en ruso, yídish y hebreo.

Activismo sionista en Rusia

Después del pogromo de Kishinev de 1903, Jabotinsky se unió al movimiento sionista donde pronto se hizo conocido como un enérgico orador y un líder influyente. Como más pogromos se vislumbraban en el horizonte, Jabotinsky estableció la Organización Judía de Autodefensa, un grupo de combatientes judíos para salvaguardar a las comunidades judías de Rusia. Jabotinsky se convirtió en fuente de gran controversia en la comunidad judía de Rusia como resultado de estas acciones. En de ese tiempo se impuso a sí mismo el objetivo del aprendizaje del hebreo moderno y tomó un nombre hebreo: "Vladimir" se convirtió en "Zeev" ("Lobo"). Durante los pogromos organizó las unidades de autodefensa de las comunidades judías en Rusia y luchó por la derechos civiles de la población judía en su conjunto. Luchó por los derechos de las minorías en Rusia y fue elegido poco después como delegado al Sexto Congreso Sionista en Basilea, Suiza, el último que Theodor Herzl participó. Después de la muerte de Herzl en 1904, se convirtió en el líder de los sionistas de derecha. Durante este período, Jabotinsky defendió la difusión de la cultura y la lengua hebrea en toda Rusia, así como el establecimiento de laUniversidad Hebrea de Jerusalén.
A lo largo de su vida, Jabotinsky estaba convencido de que un Estado Judío era una necesidad histórica que habría de llegar. Por lo tanto, dedicó toda su vida a la construcción del mismo y jamás cuestionó la validez de su respuesta.
Jabotinsky fue, entre otras cosas, el primer comandante del Irgún, fundador de la Organización Sionista Revisionista, defensor de Jerusalén como capital del futuro Estado judío y también fue el fundador del Movimiento Juvenil Sionista Beitar que creó en el año 1923.
Jabotinsky dejó un legado intelectual de miles de trabajos y documentos; correspondencias, discursos, artículos publicados, panfletos y libros; los cuales siguen guiando al sionismo revisionista por la vigencia de los mismos que se ve reflejada en la actualidad del sionismo y de Israel.
Jabotinsky falleció en agosto de 1940 en un campamento de la organización juvenil Beitar, que se desarrollaba en las afueras de la ciudad de Nueva York, en los Estados Unidos.

En su testamento pidió solamente que fuera enterrado en el futuro Estado judío por orden expresa del gobierno que se impusiera en aquel país. En el año 1964, por orden del primer ministro israelí Levi Eshkol, los restos de Jabotinsky fueron trasladados al Monte Herzl en la ciudad de Jerusalén.

La Muralla de Hierro,
Nosotros y los árabes (1923)
Nota: Jabotinski fue el principal ideólogo del revisionismo sionista, opuesto tanto al laborismo como al sionismo burgués de los seguidores de Teodor Herzl. En este artículo presenta sus ideas respecto a lo que debe ser la relación con los árabes.

Contrariamente a la excelente regla de ir al grano directamente, debo comenzar este artículo con una introducción personal. El autor de estas líneas es considerado un enemigo de los árabes, alguien que propone su expulsión, etc. Esto no es verdad. Mi relación emocional con los árabes es la misma que con los otros pueblos – una educada indiferencia. Mi actitud política hacia ellos se caracteriza por dos principios. Primero: la expulsión de los árabes de Palestina es absolutamente imposible. Existirán siempre dos naciones en Palestina – lo cual para mí es bueno, en tanto los judíos sean mayoría. Segundo: estoy orgulloso de haber sido miembro del grupo que formuló el Programa de Helsingfors. Lo formulamos, no sólo para los judíos, sino para todos los pueblos, y su base es la igualdad de todas las naciones. Estoy dispuesto a jurar, por nosotros y nuestros descendientes, que nunca destruiremos esta igualdad y nunca intentaremos expulsar u oprimir a los árabes. Nuestro credo, como el lector puede ver, es completamente pacífico. Pero es absolutamente otro asunto si será posible lograr nuestros propósitos pacíficos a través de medios pacíficos. Esto depende, no de nuestra actitud hacia los árabes, sino exclusivamente de la actitud de los árabes hacia el sionismo.
Tras esta introducción podemos pasar al asunto principal.  Que los árabes de la tierra de Israel voluntariamente lleguen a un acuerdo con nosotros está más allá de toda esperanza en el presente, y en el futuro inmediato. Esta convicción íntima la expreso de manera tan categórica no para consternar a la facción sionista moderada, sino por el contrario para salvarlos de la decepción. Aparte de aquellos que han sido virtualmente “ciegos” desde la niñez, todos los otros sionistas moderados han comprendido desde hace tiempo que no existe ni siquiera la menor esperanza de obtener el acuerdo con los árabes de la tierra de Israel para que “Palestina” se convierta en un país con mayoría judía.
Todo lector tiene alguna idea de la historia temprana de otros países que han sido colonizados. Sugiero que recuerde todas las instancias conocidas. Si intentara buscar siquiera un ejemplo de un país colonizado con el consentimiento de aquellos  nacidos allí, fracasaría. Los habitantes nativos (no importa si son civilizados o salvajes) siempre han opuesto una obstinada resistencia. Además, la manera en que actúa el colonizador no ha importado en absoluto. Los españoles que conquistaron México y Perú, o nuestros propios ancestros en la época de Joshua ben Nun se comportaron, podría decirse, como saqueadores. Pero aquellos “grandes exploradores”, los ingleses, escoceses y holandeses que fueron los reales primeros pioneros de Norteamérica eran gente que poseían un elevado nivel ético; hombres que no sólo deseaban dejar a los pieles rojas en paz sino que les daba lástima hasta una mosca; gente que con toda sinceridad e inocencia creía que en esos bosques vírgenes y vastas praderas existía espacio disponible para ambos, los blancos y los pieles rojas. Sin embargo, el nativo resistió ante los bárbaros y ante los civilizados con el mismo grado de crueldad.
Otra cuestión que no ha tenido importancia fue si existió o no sospecha de que el conquistador deseaba remover a los nativos de su tierra. La vasta extensión de los Estados Unidos nunca  contuvo más que uno o dos millones de indios. Los aborígenes combatieron a los colonos blancos no por temor a ser expropiados, sino simplemente porque nunca existió un habitante indígena que haya aceptado el establecimiento de otros en su país. Cualquier población nativa – no importa si es civilizada o salvaje– ve a su país como su hogar nacional, del cual desean siempre ser los dueños absolutos. Ellos no permitirán voluntariamente, no sólo un nuevo dueño, sino incluso un nuevo vecino. Y esto sucede con los árabes. Los partidarios del compromiso en nuestro campo intentan convencernos de que los árabes son unos tontos que pueden ser engañados por una edulcorada formulación de nuestros propósitos, o una tribu de buscadores de dinero que abandonarán el derecho a su tierra nativa de Palestina por beneficios económicos y culturales. Rechazo de plano esa afirmación. Culturalmente los árabes palestinos están 500 años detrás nuestro, espiritualmente no tienen nuestra resistencia o nuestra fuerza de voluntad. Podemos hablar tanto como queramos acerca de nuestras buenas intenciones; pero ellos saben como nosotros lo que no es bueno para ellos. Sienten hacia Palestina el mismo amor instintivo y el fervor que un azteca sentía respecto de su México o un sioux hacia su pradera. Pensar que los árabes consentirán voluntariamente la realización del sionismo a cambio de beneficios culturales y económicos resulta infantil. Tal pueril fantasía de nuestros “arabófilos” proviene de algún tipo de menosprecio del pueblo árabe, de una apreciación infundada de esta raza como una chusma pronta a dejarse sobornar para que compremos su tierra patria a cambio de una red ferroviaria.
Esta visión no tiene fundamento en absoluto. Árabes individuales pueden quizá ser comprados pero esto difícilmente significa que todos los árabes en Eretz Israel tienen la voluntad de vender un patriotismo que ni siquiera los papúes negociarían. Todo pueblo indígena resistirá a los colonizadores.
Esto es lo que los árabes en Palestina están haciendo, y persistirán en hacer mientras conserven una sola chispa de esperanza de que serán capaces de prevenir la transformación de “Palestina” en la “Tierra de Israel”.
Algunos de nosotros pensaba que se había producido un malentendido, que por esa razón los árabes no comprendían nuestras intenciones, ellos se oponían a nosotros, pero, si aclarábamos cuán modestas y limitadas eran nuestras aspiraciones, estrecharían nuestras manos en paz. Esto también es una falacia comprobada una y otra vez. Es suficiente recordar sólo un incidente. Tres años atrás, durante una visita aquí, Sokolow desplegó un gran discurso sobre esa verdadera “incomprensión”, empleando un lenguaje engañoso para probar cuan groseramente equivocados estaban los árabes al suponer que nosotros pretendíamos arrebatar sus propiedades o expulsarlos de su país, o suprimirlos. Esto definitivamente no era así. Ni siquiera queríamos un estado judío. Todo lo que deseábamos era un régimen representativo de la Liga de las Naciones. Una réplica a este discurso se publicó en el periódico árabe Al Carmel en un artículo cuyo contenido brindo de memoria, pero estoy seguro de que es un relato fiel.
Nuestros grandes sionistas se perturban innecesariamente, escribió su autor. No hay malentendidos. Lo que Sokolow plantea respecto del sionismo es verdad. Pero los árabes ya conocen esto. Obviamente, hoy los sionistas no pueden soñar con expulsar o eliminar a los árabes, o incluso establecer un estado judío. Claramente, en este período están interesados sólo en una cosa – que los árabes no obstaculicen la inmigración judía. Además, los sionistas han prometido controlar la inmigración de acuerdo con la capacidad de absorción económica del país.
El editor de esta publicación quiere creer que la capacidad de absorción de Eretz Israel es muy grande, y que resulta posible radicar gran cantidad de judíos sin afectar a un solo árabe. “Es justamente eso lo que los sionistas quieren, y lo que los árabes no desean. De esta manera los judíos se convertirán, paulatinamente, en mayoría e, ipso facto, se constituirá un estado judío y el destino de la minoría árabe dependerá de la buena voluntad de los judíos. ¿Pero no son los mismos judíos quienes nos plantean cuán ‘agradable’ era ser una minoría? No existe ningún malentendido. Los sionistas desean una cosa – libertad de inmigración – y es la inmigración judía lo que nosotros no queremos.”
La lógica empleada por este editor es tan simple y clara que deberíamos aprenderla de memoria y convertirse en una parte esencial de nuestra noción de la cuestión árabe. No tiene importancia si citamos a Herzl o a Herbert Samuel para justificar nuestras actividades. La misma colonización tiene su propia  explicación, integral, ineludible, y comprendida por cualquier árabe y cualquier judío. La colonización puede tener solamente una meta. Para los árabes palestinos la misma resulta inadmisible. Está en la naturaleza de las cosas. Cambiar esa naturaleza es imposible.
Un plan que parece atraer a  muchos sionistas es el siguiente: si es imposible obtener el  aval para las aspiraciones sionistas por parte de los árabes palestinos, entonces debe ser obtenido de los árabes de Siria, Irak, Arabia Saudita y quizá de Egipto. Incluso si esto fuera posible, no modificaría la raíz de la situación. No modificaría la actitud de los árabes del territorio israelí hacia nosotros. Hace setenta años, la unificación de Italia se logró, con la retención por parte de Austria de Trento y Trieste. Sin embargo, los habitantes de esas ciudades no solo rechazaron aceptar la situación, sino que lucharon contra Austria con renovado vigor. Si fuera posible (lo cual dudo) discutir sobre Palestina con los árabes de Bagdad y La Meca como si ella fuera una especie de reducida, inmaterial tierra fronteriza, Palestina seguiría siendo para los  palestinos no una tierra fronteriza, sino su tierra nativa, el centro y base de su propia existencia nacional. Por ende sería necesario llevar a cabo la colonización contra la voluntad de los árabes palestinos, que es la misma condición que existe hoy.
Un acuerdo con los árabes que están fuera de la Tierra de Israel es también una ilusión. Para que los nacionalistas de Bagdad, La Meca y Damasco acepten una contribución tan onerosa (acordando renunciar a la preservación del carácter árabe de un país  ubicado en el centro de su futura “federación”) deberíamos ofrecerles algo sumamente valioso. Podemos ofrecerles sólo dos cosas: dinero o asistencia política o ambas cosas. No podemos ofrecerles nada más. Respecto del dinero, resulta ridículo pensar  que podríamos financiar el desarrollo de Irak o Arabia Saudita, cuando no tenemos lo suficiente para la Tierra de Israel. Diez veces más ilusoria es la asistencia política para las aspiraciones políticas de los árabes. El nacionalismo árabe se propone los mismos objetivos que el nacionalismo italiano antes de 1870 y que el nacionalismo polaco antes de 1918: unidad e independencia. Estas aspiraciones significan la erradicación de toda traza de influencia británica en Egipto e Irak, la expulsión de los italianos de Libia, la eliminación de la dominación francesa de Siria, Túnez, Argelia y Marruecos. Para nosotros apoyar tal movimiento sería suicida y  desleal. Si omitimos el hecho de que la Declaración Balfour fue firmada por Gran Bretaña, no podemos olvidar que Francia e Italia también la firmaron. No podemos intrigar para remover a Gran Bretaña del Canal de Suez y del Golfo Pérsico y para eliminar el gobierno colonial francés e italiano sobre el territorio árabe. No podemos tener en cuenta ese doble juego de ninguna manera.
Así concluimos que no podemos prometer nada a los árabes de la Tierra de Israel o a los países árabes. Su acuerdo voluntario está fuera de cuestión. Por esa razón, a quienes sostienen que un acuerdo con los nativos resulta condición esencial para el sionismo podemos ahora decirles “no” y exigir su salida del sionismo. La colonización sionista, incluso la más restringida, debe ser concluida o llevada adelante sin tener en cuenta la voluntad de la población nativa. Esta colonización puede, por ende, continuar y desarrollarse sólo bajo la protección de una fuerza independiente de la  población local – una muralla de hierro que la población nativa no pueda romper. Esta es, in toto, nuestra política hacia los árabes. Formularla de otra manera sólo sería hipocresía.
No sólo esto debe ser así, es así lo admitamos o no. ¿Qué significan para nosotros la Declaración Balfour y el Mandato? Es de hecho un poder imparcial que se propone crear tales condiciones de seguridad de manera tal que la población local pueda ser disuadida de interferir nuestros esfuerzos.
Todos nosotros, sin excepción, demandamos constantemente que este poder cumpla estrictamente sus obligaciones. En este sentido, no hay diferencias sustanciales entre  nuestros “militaristas” y nuestros “vegetarianos.” Unos prefieren una muralla de hierro de bayonetas judías, los otros proponen una muralla de hierro de bayonetas británicas, unos terceros postulan un acuerdo con Bagdad, y parecen estar satisfechos con las bayonetas de Bagdad – un gusto algo extraño y peligroso- pero todos aplaudimos, día y noche, la muralla de hierro. Destruiríamos nuestra causa si proclamamos la necesidad de un acuerdo, y hacemos creer a los titulares del Mandato que no necesitamos una muralla de hierro, sino más bien conversaciones sin fin. Tal planteo sólo puede perjudicarnos. Por ende es nuestro deber sagrado poner a la vista tal conversación y probar que es una trampa y un engaño.
Dos breves observaciones: en primer lugar, si alguien sostiene que este punto de vista es inmoral, respondo: no es verdad; el sionismo es moral y justo o es inmoral e injusto. Pero esta es una cuestión que deberíamos haber establecido antes de convertirnos en sionistas. Nosotros ya hemos definido esa cuestión, y en el sentido afirmativo.
Consideramos que el sionismo es moral y justo. Y dado que es moral y justo, debe hacerse justicia, no importa si Joseph, Simon, Ivan o Achmet acuerden con eso o no.
No hay otra moralidad.
Todo esto no significa que algún tipo de acuerdo no sea posible, sólo un acuerdo voluntario es imposible. Mientras exista una mínima esperanza de que puedan expulsarnos, no negociarán esas esperanzas, ni por dulces palabras ni por apetitosos bocados, porque ellos no son bandidos sino una nación, quizá debilitada pero aún viviente. Un pueblo efectúa tales enormes concesiones sólo cuando ya no tiene esperanzas. Sólo cuando no se percibe ni una sola hendidura en la muralla de hierro, sólo entonces los grupos extremos pierden su poder, y el liderazgo pasa a los grupos moderados. Sólo entonces estos grupos moderados se acercarán a nosotros proponiendo concesiones mutuas. Y sólo entonces los moderados sugerirán propuestas para comprometerse en cuestiones prácticas como ser darnos garantía contra la expulsión, o igualdad y autonomía nacional.
Soy optimista de que ellos terminarán brindándonos tales garantías y que ambos pueblos, como buenos vecinos, podrán entonces vivir en paz. Pero el único camino para llegar a ese acuerdo es la muralla de hierro, es decir, el fortalecimiento en Palestina de un gobierno sin ningún tipo de influencia árabe, es decir, un gobierno que combatirán los árabes. En otras palabras, para nosotros la única senda que conduce hacia un acuerdo en el futuro es el rechazo absoluto de cualquier intento de un acuerdo presente. 
Publicado por primera vez en ruso bajo el título O Zheleznoi Stene en Rassvyet, 4 de noviembre de 1923.
Publicado en inglés en Jewish Herald (Sudáfrica), 26 de noviembre de 1937.
Traducción: Ricardo Accurso

El sionismo


El sionismo es un movimiento político internacional que propugnó desde sus inicios el restablecimiento de una patria para el pueblo judío en la Tierra de Israel («Eretz Israel»).  Dicho movimiento fue el promotor y responsable en gran medida de la fundación del moderno Estado de Israel.
Aunque sus orígenes son anteriores, el movimiento político laico actual fue establecido oficialmente por el periodista austro-húngaro Theodor Herzl a fines del siglo XIX. El movimiento tiene como objetivo fomentar la migración judía a la Tierra Prometida y fue exitoso en la fundación del Estado de Israel en 1948, siendo actualmente el único Estado judío del mundo. El sionismo constituye una rama del fenómeno más amplio del nacionalismo moderno. Descrito como un "nacionalismo en la diáspora", el sionismo se autodefine como un movimiento de liberación nacional, cuyo objetivo es la libre autodeterminación del pueblo judío.

Terminología 

El término sionismo deriva de la palabra Sion (del hebreo: ציון‎, uno de los nombres bíblicos de Jerusalén). Este nombre se refiere inicialmente al Monte Sion, una montaña cerca de Jerusalén, y a la fortaleza de Sion en la misma. Más tarde, durante el reinado del Rey David, el término "Sion" se convirtió en una sinécdoque para referirse a toda la ciudad de Jerusalén y a la Tierra de Israel. En muchos versículos bíblicos, los israelitas fueron llamados el pueblo, hijos o hijas de Sion.
"Sionismo" fue acuñado como término por el editor austriaco de origen judío Nathan Birnbaum, fundador del movimiento estudiantil judío Kadima, en su diario Selbstemanzipation (Autoemancipación) en 1890. Algunos individuos y grupos utilizan peyorativamente el término "sionismo" para justificar los ataques contra los judíos[cita requerida]. Según los historiadores Walter Laqueur, Howard Sachar y Jack Fischel, entre otros, la etiqueta de "sionista" también se usa como un eufemismo para los judíos, en general, por apologistas por el antisemitismo.

Historia 

Desde el siglo I d. C. los judíos han vivido en el exilio, si bien ha habido una presencia constante de judíos en la Tierra de Israel («Eretz Israel»). De acuerdo con el judaísmo y la Biblia, la Tierra de Israel o Sion es la Tierra Prometida por Dios para los judíos. Tras la rebelión de Bar Kojba (132–135), los judíos fueron expulsados de la Tierra de Israel para formar la Diáspora judía. Durante siglos existió entre los judíos de la Diáspora una gran nostalgia de origen religioso de retornar a la patria histórica del pueblo judío –«el año próximo, en Jerusalén...»– que, a mediados del siglo XIX, comenzó a secularizarse al entrar en contacto con las grandes corrientes ideológicas europeas de la época (liberalismo, socialismo, nacionalismo).
El nacimiento del sionismo está ligado a la eclosión de los nacionalismos en el siglo XIX europeo, que tuvieron como bandera común la idea «un pueblo, un Estado» y que está en el origen del concepto de Estado-nación. Al calor de esa idea se formaron distintos Estados europeos, surgidos del desmembramiento de los imperios o bien a través de la unificación de Estados con similar cultura y lengua (como Italia y Alemania). Paralelamente a ese desarrollo nacionalista, atravesándolo en muchas ocasiones, se desarrolló el moderno antisemitismo.
El sionismo sostenía que los judíos eran primordialmente un grupo nacional (como los polacos o los alemanes) y no un grupo religioso (como los musulmanes o los católicos) y que, como tal, tenía derecho a crear su propio Estado en su territorio histórico. La formulación clásica de la idea es la que hizo Theodor Herzl en su opúsculo Der Judenstaat (El Estado Judío, publicado en Berlín y Viena en 1896), que tiene como precedentes doctrinales la obra de Moses Hess Roma y Jerusalén (1860) y la del médico judío ruso Leo Pinsker Autoemancipación (1882), que contiene ya la consigna «Ayudaos, que Dios os ayudará». El sionismo se puso como objetivo primario la creación de un Estado judío moderno, considerando que con ello devolvía al pueblo judío su estatus de nación y pondría fin a dos milenios de vida en el exilio. Ante las grandes dificultades a las que se enfrentaron los judíos para establecerse en la antigua Tierra de Israel, se barajaron algunas alternativas temporales, sin intención de establecer un Estado nacional, solo como refugio ante la ola de pogromos y persecuciones en la Rusia zarista, como la Argentina — en la que se crearon numerosas colonias de inmigrantes judíos europeos—, y aun en una porción del África Oriental Británica (el conocido como Plan Uganda), ofrecida por el gobierno de Londres; éstas fueron estudiadas (el propio Herzl estudia en su obra las ventajas comparativas de Argentina y Palestina)  y finalmente rechazadas por la dirigencia sionista, y se prefirió el establecimiento del futuro Estado en Palestina, una región en manos del Imperio Turco y que no se correspondía a ninguna división administrativa, por lo que sus límites no estaban establecidos. En paralelo a estas ideas, se fueron produciendo sucesivas oleadas migratorias (llamadas Aliyá) de muchos jóvenes obreros y estudiantes, que escapaban en su mayoría del antisemita ambiente ruso y dispuestos a levantar la antigua patria judía basándose en dos ejes: el trabajo agrícola y la resurrección de la lengua hebrea, que dejó de hablarse alrededor del siglo I a. C., aunque siguió utilizándose en la literatura y, sobre todo, en la liturgia y con propósitos académicos.
La inmigración judía a Eretz Israel se inició en 1882. La denominada Primera Aliyá vio la llegada de alrededor de 35.000 judíos en el término de unos veinte años. La mayoría de los inmigrantes procedían de Rusia, donde el antisemitismo era rampante. Ellos fundaron una serie de asentamientos agrícolas con el apoyo financiero de filántropos judíos de la Europa occidental. La Segunda Aliyá comenzó en 1904. Otras Aliyot, cada vez con más inmigrantes, se sucedieron entre las dos guerras mundiales, impulsadas en la década de 1930 por la persecución nazi. Actualmente siguen llegando inmigrantes a Israel, en los últimos años especialmente desde la antigua Unión Soviética.
La Declaración Balfour de 1917 apoyó la creación de una Patria Judía en el Mandato Británico de Palestina. En 1922, la Sociedad de Naciones hizo suya la declaración formulada en el mandato que dio a Gran Bretaña:
El Mandatario (…) garantizará el establecimiento del Hogar Nacional Judío, tal como se establece en el preámbulo, así como el desarrollo de instituciones autónomas, y también la salvaguardia de los derechos civiles y religiosos de todos los habitantes de Palestina, independientemente de su raza y de religión. 
A lo largo del siglo XX el sionismo fue ganando adeptos gradualmente, y después del Holocausto se transformó en el movimiento predominante dentro del mundo judío. Por otra parte, la aparición de un proyecto de nación territorializada inicialmente similar, puesto en marcha desde 1928 por el régimen soviético, la República Autónoma Hebrea, que devino en fracaso a mediados de la década de 1930, resultó no presentar el suficiente atractivo como para provocar una emigración masiva o estable.
El proyecto de un nuevo Israel en Palestina fructificó por varios factores:
A pesar del paso de los siglos, los judíos nunca dejaron de añorar la vuelta a Jerusalén, anhelo reflejado en el deseo expresado en muchas festividades judías, Leshaná Haba'á Birushalayim («el año próximo, en Jerusalén»), o en la milenaria costumbre de romper una copa en cada casamiento judío, rememorando la destrucción del Templo de Jerusalén y la consecuente dispersión. La idea recobró cierta popularidad a finales del siglo XIX, siendo el componente emocional del naciente sionismo. Se necesitaba mano de obra y gran cantidad de dinero, los proyectos de Uganda o Argentina no resultaban tan atractivos. Los terrenos comprados a los terratenientes turcos eran pedregales, lodazales, pantanos y se requería una gran transformación. Para principios del siglo XX, el 6% de las tierras de Eretz Israel eran de los judíos. 
Pequeñas comunidades de judíos llevaban siglos habitando la zona. Como por ejemplo, en Safed la comunidad cabalística de donde surgió Isaac Luria, formada principalmente por sefardíes expulsados en 1492 que fueron acogidos por el Imperio otomano, pero ya antes Saladino reclamó la entrada de judíos cuando decidió reconstruir Jerusalén, se habla de una familia que jamás abandonó la ciudad.
El Caso Dreyfus, que afectó negativamente a las esperanzas de igualdad de derechos y oportunidades que el Iluminismo había despertado en la comunidad judía europea.
La simpatía de los terratenientes turcos, que encontraron en el dinero y empuje judío una forma de levantar una zona que consideraban yerma; opinión que duró hasta principios de los años 30 en los que el Mufti de Jerusalén empezó a expresar su talante filonazi (estuvo viviendo en Alemania, fue amigo personal de varios de los jerarcas nazis, lideró a los musulmanes bosnios filonazis que arrasaron la zona y huyó antes de ser detenido para ser juzgado).
La situación de los judíos en la Europa Oriental. En la Rusia zarista pasaban a un Zar fanáticamente antisemita, lo que acarreaba una legislación fuertemente restrictiva. Se llegó al secuestro de los niños judíos antes de que cumplieran los trece años para su entrada en un programa de rusificación, niños de hasta ocho años que no volvían a ver a sus padres hasta cumplir los 40, cuando acababa su servicio militar obligatorio. O los ataques continuos a las aldeas rusas, las prohibiciones de entrada en ciertas ciudades principales, la falta de libertad de movimiento... Eso hizo que el sionismo calara hondo en la sociedad judía de la época.
El progresivo avance de los fascismos, que fue acompañado con un recorte de ciertas libertades recién logradas y la reaparición de viejas restricciones.

Objetivos 

Los objetivos del sionismo fueron puestos en práctica por la Organización Sionista Mundial (órgano político del Movimiento Sionista), fundada en 1897 en Basilea por Theodor Herzl, considerado el padre del sionismo en general y de la rama política en particular (otras ramas son: el sionismo socialista, el sionismo revisionista, el sionismo religioso, etc.).
Hasta el Holocausto, la idea sionista compitió con otra corriente igualmente extendida, sobre todo en Estados Unidos y la Europa occidental, que no consideraba a los judíos como pueblo, sino como minoría religiosa que debía integrarse y luchar por su plena igualdad en las sociedades en las que vivían. Una forma extrema de esta última idea preconizaba incluso la renuncia a la religión judía.
El sionismo conjuga dos elementos: independencia y soberanía, por un lado, y la centralidad de Israel en la identidad judía, por el otro. Los objetivos del movimiento sionista están delineados en el Programa de Jerusalén, cuya última versión, del 2004, dice:
Los objetivos del sionismo son:
La unidad del pueblo judío, su vínculo con su patria histórica (la Tierra de Israel) y la centralidad del Estado de Israel y Jerusalén su capital, en la vida del pueblo.
Aliyá a Israel desde todos los países y su integración en la sociedad israelí.
El fortalecimiento de Israel como Estado judío-sionista y democrático y su modelación como sociedad ejemplar, poseedora de un carácter moral y espiritual único, basada en el respeto mutuo del multifacético pueblo judío y en la visión profética que aspira a la paz y contribuye para la mejora del mundo.
La garantía del futuro y distinción del pueblo judío a través de la promoción de la educación judía, hebrea y sionista, el cultivo de los valores culturales y espirituales judíos, y la institución de la lengua hebrea como su idioma nacional.
El cultivo de la responsabilidad mutua judía, la defensa de los derechos de los judíos, tanto individuales como de nación, la representación de los intereses nacionales sionistas del pueblo judío y el combate a toda forma de expresión antisemita.
La población del país como expresión práctica de la realización sionista.

Tipos de sionismo 

A través de los años una variedad de escuelas de pensamiento ha evolucionado con diferentes escuelas que predominaron en diferentes momentos. Además los sionistas procedían de una amplia variedad de orígenes y, en ocasiones, diferentes grupos nacionales -como judíos rusos, alemanes, polacos, británicos o americanos- han ejercido gran influencia.
El sionismo tiene varias ideologías y algunas de ellas hoy conforman partidos políticos en el Estado de Israel:

Sionismo socialista

Alrededor de 1900 el principal rival para el sionismo entre los jóvenes judíos en la Europa oriental fue el Movimiento Socialista. Muchos judíos fueron abandonando el judaísmo en favor del comunismo o en apoyo al Bundismo, un movimiento judío socialista que pedía la autonomía judía en la Europa oriental y que el yiddish sea promovido como lengua oficial judía.
Muchos sionistas socialistas eran originarios de Rusia. Tras siglos de ser oprimidos por sociedades antisemitas, los judíos habían sido reducidos a la obediencia, vulnerables, con desesperada existencia en la que se les invitaba a seguir el antisemitismo. Sostenían que los judíos podían escapar de su situación convirtiéndose en agricultores, trabajadores y soldados de su propio país. La mayoría de los socialistas se rehusaron a perpetuar la religión como una "mentalidad de la diáspora" entre el pueblo judío y establecieron las comunas rurales en Israel llamadas "kibutz" (kibutzim en plural). Los principales teóricos del sionismo socialista incluyen a Moisés Hess, Nahum Syrkin, Dov Ber Borojov y Aarón David Gordon, y entre las figuras destacadas del movimiento se cuentan David Ben-Gurión y Berl Katznelson.
La mayoría de los sionistas socialistas consideraron el yiddish como la lengua del exilio, adoptando el hebreo como lengua común entre los judíos en Israel. El socialismo y el Sionismo Laborista eran ardientemente secularistas con muchos sionistas ateos que se oponían a la religión. En consecuencia, el movimiento a menudo tenía una relación antagónica con el Judaísmo ortodoxo.
El sionismo socialista buscaba establecer un Estado Judío en el que considerara al judaísmo como una nacionalidad, y que las bases del Estado estuvieran identificadas con el socialismo, es decir, el trabajo comunal. Tuvieron gran fuerza desde la Segunda Aliyá, hoy en día conforman el partido Avodá o Partido Laborista.
El sionismo socialista se convirtió en la fuerza dominante en la vida política y económica del Yishuv durante el Mandato Británico - en parte como consecuencia de su papel en la organización de la vida económica judía a través de la Histadrut - y fue la ideología dominante de la clase política en Israel hasta las elecciones de 1977, cuando el partido Avodá fue derrotado.
Fundamental en la expansión del sionismo socialista fue la labor de movimientos juveniles en la Diáspora, que educaron a la juventud judía en los valores del movimiento, capacitándolos también para su futura vida en kibutzim en Israel. Algunos de estos movimientos continúan existiendo hasta el día de hoy, como Hashomer Hatzair y Habonim Dror.

Sionismo revisionista

El Sionismo revisionista fue un grupo fundado y dirigido por Zeev Jabotinsky. Durante el Mandato Británico presionó a Gran Bretaña para permitir la inmigración judía en masa y para la formación de un ejército judío en el Mandato.
El revisionismo fue muy popular en Polonia pero carecía del apoyo necesario desde la Tierra de Israel. En 1935 la izquierda del revisionismo y la Organización Sionista formaron una alternativa, la Nueva Organización Sionista. Se reincorporó a la Organización Sionista Mundial en 1946.
El Sionismo revisionista cree en el asentamiento de la tierra y se opone al Sionismo socialista. Los revisionistas buscan mantener el tradicionalismo judío firme, como orgullo de la nación. Buscan volver al Estado judío de la antigüedad, como si el exilio no hubiera sucedido. Hoy en día está representado por el Partido Likud, que es el partido más fuerte de la derecha israelí.

Sionismo general

Sionismo general fue inicialmente el término empleado por los miembros de la Organización Sionista Mundial que no se habían unido a una facción determinada o algún partido específico, perteneciendo solamente a las organizaciones sionistas de sus respectivos países. A medida que transcurrieron los años, los sionistas generales también crearon instituciones ideológicas y formaron la Organización de Sionistas Generales, establecida en 1922 como el partido de centro del movimiento sionista. Los preceptos de los sionistas generales incluían un sionismo al estilo de Basilea, exento de posicionamientos ideológicos, es decir, con primacía del sionismo sobre cualquier interés clasista, partidista o personal.

Sionismo religioso

Impulsado principalmente por el Rabino Kalisher, une los ideales de crear un Estado judío con la religión. Su ideología se resume en una frase: "El Pueblo de Israel, en la Tierra de Israel, según la Torá de Israel". Es decir, regir un Estado con bases religiosas y asentarse en toda la Tierra de Israel, como lo marcaba el reinado de Salomón. Hoy en día representan al Partido Nacional Religioso (Mafdal).

Otras variantes 

Sionismo político: su máximo exponente fue Theodor Herzl, y proponía el establecimiento de un Estado judío soberano e independiente mediante métodos diplomáticos y políticos. Consideraba que, para que surgiera un posible Estado judío, era más importante llegar a un acuerdo primordial con las potencias mundiales para legitimar jurídica e internacionalmente la existencia del mismo, por lo que primeramente se debían realizar acciones en el campo político para que triunfara la empresa sionista.
Sionismo realizador: propuesto por Menachem Ussishkin, proponía el establecimiento de asentamientos agrícolas y su desarrollo. A diferencia del Sionismo político, consideraba más relevante para la creación de un Estado judío que existieran las bases sólidas, demográficas y materiales en la tierra concreta donde se crearía, lo que posteriormente daría lugar al reconocimiento político de la comunidad internacional, por eso dedicaba sus esfuerzos principalmente a la inmigración judía antes que a la actividad diplomática para convencer a la opinión pública.
Sionismo sintético: buscaba la fusión de las ideologías políticas y realizadoras en objetivos comunes, fue propuesto principalmente por Jaim Weizmann. Consideraba que no eran contradictorios los postulados del Sionismo político con respecto al Sionismo realizador, pues sostenía que, para que se creara un Estado judío, era necesario reconocimiento legal internacional y al mismo tiempo comenzar a instalar las sólidas bases materiales en la tierra donde surgiría el nuevo Estado. En este sentido, no priorizaba entre los esfuerzos diplomáticos alrededor del mundo por parte de las personalidades influyentes y los proyectos migratorios de la juventud para establecer una población judía en el futuro país. Este tipo de Sionismo marcó, desde el liderazgo de Weizmann en adelante, la actividad histórica y el modo de llevarla a cabo en el movimiento sionista en la lucha por el establecimiento del Estado hebreo, cuyos esfuerzos estarían dirigidos en la inmigración judía práctica (Aliyá) y al mismo tiempo en presiones políticas para obtener reconocimiento legal por parte de la comunidad internacional.
Sionismo espiritual: propuesto por Ahad Haam, proponía que se creara un centro espiritual en Palestina, era opuesto al de Herzl ya que separaba completamente la política de sus objetivos.

Movimientos de oposición (antisionismo)

El sionismo no recibió en sus comienzos –finales de siglo XIX– el apoyo mayoritario de los judíos. En particular, no contó con las simpatías de la mayoría de los judíos de Europa occidental, que creyeron poder considerarse a sí mismos como ciudadanos con plenos derechos en sus respectivos países, tras los aires de emancipación y tolerancia que trajo consigo la Ilustración y el estado liberal decimonónico clásico. La forma más exacerbada de oposición a las ideas sionistas se conoció como integracionismo (también llamado «asimilacionismo»), y afirmaba que el sionismo era análogo al antisemitismo, en la medida en que ambos niegan la condición de nacionales de un determinado país a los judíos. Una manifestación extrema de integracionismo es la conversión a la fe cristiana. Un ejemplo anecdótico de antisionismo fue el de Edwin Samuel Montagu, ministro judío del Gobierno británico que puso muchas trabas a la redacción de la Declaración Balfour tachándola de antisemita. La oposición al sionismo existía también entre el movimiento Bundista en Europa oriental, que buscaba la autonomía cultural de los judíos en los países donde vivían; así como de la mayoría de los judíos ortodoxos. Entre estos últimos sigue habiendo algo de ambigüedad e inclusive hostilidad al sionismo. El caso Dreyfus fue determinante para inspirar a Herzl, al considerar al sionismo como única solución plausible y efectiva contra el antisemitismo europeo. El impacto emocional del Holocausto convenció definitivamente a numerosos judíos asimilados, socialistas y ortodoxos, refractarios con el sionismo, que quedaban en Europa.
En Europa oriental, lugar donde el sionismo se hizo fuerte debido en muy gran medida a las incesantes persecuciones a que eran sometidos los judíos por el zarismo, la idea de un Estado judío, o incluso de pueblo judío, fue rechazada por numerosos judíos miembros de organizaciones revolucionarias, marxistas o anarquistas, quienes consideraban que la condición de judío derivaba de la religión y que, una vez erradicada ésta, la distinción entre judíos y no judíos desaparecería. Estas ideas no impidieron, sin embargo, que hubiese también un importante movimiento sionista marxista.
La población árabe de Palestina, apoyada por el nacionalismo árabe, se opuso al sionismo, negándose a aceptar la partición del Mandato Británico de Palestina en dos Estados, uno judío y otro árabe, según la recomendación de las Naciones Unidas del 29 de noviembre de 1947. Por esta razón, los estados árabes de la zona apostaron por la destrucción del novel Estado judío, desencadenando una guerra que se saldó con el exilio de cientos de miles de árabes palestinos, la ampliación de Israel más allá de los límites previstos en el plan de partición de la ONU y la ocupación por parte de Egipto y Transjordania de la parte asignada al Estado árabe. Este conflicto se conoce como Guerra de Independencia de Israel en la historiografía israelí y como Nakba (desastre) en la árabe. El conflicto se hizo sentir más allá de las fronteras palestinas, ya que las comunidades judías que habitaban en países árabes (muchas desde antes de ser arabizados e islamizados), se vieron obligadas a emigrar en las décadas siguientes, víctimas potenciales del «antisionismo». El fenómeno tuvo características diferentes según los países, aunque en general liquidó prácticamente las comunidades hebreas en países árabes.
Gran Bretaña, a pesar de haber dado el primer paso hacia la creación de un Estado judío con la Declaración Balfour, dificultó por todos los medios la inmigración de judíos al Mandato Británico de Palestina, incluso durante la Segunda Guerra Mundial (véase Libro Blanco de 1939) y vaciló en el momento de facilitar su aplicación. Incluso llegó a plantearse su derogación para no perjudicar sus intereses geoestratégicos en Oriente Medio ni dañar sus alianzas con los países árabes. Los graves conflictos que los planes sionistas generaban entre la población árabe de Palestina también aconsejaban a los británicos mantener el statu quo previo a la guerra (que se concretaba en el llamado Libro Blanco de 1939) y esperar a que la ONU redefiniese el Mandato de la extinta Sociedad de Naciones.
Aunque cada vez más minoritarios, en el seno del judaísmo sigue habiendo antisionistas por razones religiosas y con diversos grados de oposición, como los jaredíes o algunos grupos ultraortodoxos y relativamente minoritarios como Neturei Karta, estos últimos contrarios al actual Estado de Israel. 

La Resolución 3379

En 1975, en plena Guerra Fría, la Asamblea General de la ONU adoptó, por impulso de los países árabes, y con el apoyo del bloque soviético y del no alineado, la resolución 3379, de carácter declarativo y no vinculante, que asociaba al sionismo con el racismo (72 votos a favor, 35 en contra y 32 abstenciones). El entonces embajador israelí y futuro Presidente de Israel, Jaim Herzog, rompió el documento en pedazos delante de la Asamblea. En 1991 Israel puso la anulación de la resolución 3379 como condición para su participación en la Conferencia de Madrid, lo que llevó a que fuera derogada al aprobarse la resolución 4686 (111 a favor, 25 en contra y 11 abstenciones).

Reconocimiento de Israel en el mundo árabe e islámico

Egipto fue el primer Estado árabe que reconoció al Estado de Israel, y los demás lo harían después de que la propia OLP reconociera el Estado judío en 1988. En la actualidad hay organizaciones palestinas que reconocen el derecho a la existencia de Israel, aunque los dos partidos mayoritarios, Hamás y Al-Fatah, niegan a Israel ese derecho. Entre quienes siguen sosteniendo posiciones antisionistas están las autoridades de Irán.

Particularidades del sionismo 

El sionismo fue establecido sobre la base de la asociación entre el pueblo judío y la Tierra de Israel. La aliyá a la Tierra de Israel es un tema recurrente en las oraciones judías. Los sionistas consideran a los judíos que viven fuera de Israel como exiliados. El rechazo a la vida en la diáspora es central en el sionismo. Subrayando esta actitud se encuentra el sentimiento de que la Diáspora restringe el crecimiento total de la vida individual y nacional judía. Los sionistas generalmente prefieren hablar en hebreo, una lengua semítica que se desarrolló en condiciones de libertad en la antigua Judá, modernizada y adaptada a la vida cotidiana. A veces rechazan hablar en yídis, una lengua que consideran afectada por la persecución cristiana. Una vez que emigran a Israel, muchos sionistas rechazan hablar su lengua materna y toman nombres hebreos. Los principales aspectos de la idea sionista se ven representados en la Declaración de Independencia de Israel:
La Tierra de Israel fue la cuna del pueblo judío. Aquí se forjó su identidad espiritual, religiosa y nacional. Aquí logró por primera vez su soberanía, creando valores culturales de significado nacional y universal, y legó al mundo el eterno Libro de los Libros.
Luego de haber sido exiliado por la fuerza de su tierra, el pueblo le guardó fidelidad durante toda su Dispersión y jamás cesó de orar y esperar su retorno a ella para la restauración de su libertad política.
Impulsados por este histórico y tradicional vínculo, los judíos procuraron en cada generación restablecerse en su patria ancestral. En los últimos decenios retornaron en masa.
El sionismo combate el antisemitismo. Algunos sionistas creen que el antisemitismo nunca desaparecerá (y que los judíos deben vivir con esto en mente) mientras que otros perciben el sionismo como un vehículo para acabar con el antisemitismo.

Negación de la diáspora 

Según Eliezer Shweid la negación de la vida en la diáspora es idea en todas las corrientes del sionismo. Subrayando esta actitud estaba el sentimiento de que la Diáspora restringía el crecimiento completo de la vida nacional judía.

Adopción del hebreo 

Los sionistas prefieren hablar hebreo, una lengua semítica que se desarrolló bajo condiciones de libertad en la antigua Judá y que dejó de hablarse alrededor del siglo I a. C, modernizándolo y adaptándolo a la vida diaria. El responsable principal de la resurrección del hebreo como lengua hablada a partir de su estado previo de lengua litúrgica fue precisamente un sionista, Eliezer Ben-Yehuda. Los sionistas a veces rechazan hablar yiddish, una lengua derivada del alto alemán medio que consideran afectada por la persecución cristiana. Una vez que emigran a Israel, muchos sionistas rechazan hablar su lengua materna en la diáspora y se ponen nuevos nombres hebreos.

Reacción al antisemitismo 

En este tema, el historiador Zeev Sternhell distingue dos escuelas de pensamiento en el sionismo. Una es la escuela liberal o utilitaria de Herzl y Nordau. Especialmente después del Caso Dreyfus dicen que el antisemitismo nunca desaparecerá, y ven el sionismo como una solución racional para los judíos. La otra es la escuela nacionalista racional. Prevalece entre los judíos de Palestina, y ve el sionismo como un proyecto para rescatar a la nación judía y no como un proyecto para rescatar a los judíos. El sionismo fue un problema en el "Renacimiento de la Nación". Fuente: wikipedia

miércoles, 26 de febrero de 2014

El expolio de obras de arte en Siria


Desde hace días, una de las fortalezas más antiguas del mundo sufre su enésimo asedio. Los combates entre el ejército regular sirio y los rebeldes se suceden en las calles de Alepo, la ciudad más poblada del país. En lo más alto de la urbe, los bombardeos han dañado la fachada del castillo, un majestuoso edificio medieval calificado como patrimonio de la humanidad por la Unesco y cuyos cimientos se pusieron en el año 3.000 antes de Cristo, lo que le convierte en uno de los más viejos que se conocen.

Donde hace siglos se apostaban los arqueros para proteger la ciudadela de los embates de Alejandro Magno o Gengis Khan hoy hay francotiradores que se asoman a las aspilleras medievales para continuar la sangría sin miedo a ser alcanzados. La escasez de testimonios directos hace muy difícil calcular el daño que ya ha sufrido el edificio, pero hay vídeos que muestran impactos en la fachada y escombros en el interior de las galerías ocasionados probablemente por los bombardeos, que se están recrudeciendo en los últimos días.

Esta batalla en las viejas calles de Alepo vuelve a poner de actualidad el drama de la destrucción del patrimonio sirio, uno de los más ricos del mundo. El país está plagado de excepcionales ciudades griegas y romanas, fortalezas medievales y un inmenso número de yacimientos arqueológicos que, desde que comenzó la guerra civil hace 17 meses, han quedado vacíos y merced a los ladrones.

«Esto afecta a la historia del mundo, será un impacto a todas las civilizaciones»

En estos 17 meses, los siete lugares patrimonio de la humanidad que tenía el país han sido parcialmente destruidos. Otros lugares que estaban en la lista de candidatos, como la ciudadela de Qal’at al Mudiq en Apamea, también han sido bombardeados. Todo esto no importa un ápice si se tiene en cuenta la tragedia humana de una guerra civil que se ha cobrado ya al menos 10.000 vidas, muchas de ellas civiles. Pero la destrucción del patrimonio en Siria podría ser irreversible y, por ello, varias organizaciones internacionales ya han dado la voz de alarma ante la destrucción y saqueo de un patrimonio histórico que fue levantado por asirios, babilonios, griegos, romanos, musulmanes y cristianos.

La Unesco ha exigido que se proteja el patrimonio sirio e Interpol ha alertado a todos sus países miembros ante la posible llegada a sus aduanas de estatuillas y mosaicos romanos que han sido arracados sin compasión de sus lugares originales. Un reciente análisis de la situación en Siria habla de pillaje organizado y excavaciones ilegales por parte de grupos armados y a golpe de excavadora. Otros testimonios apuntan directamente al ejército sirio como autor de algunos expolios.

“Los restos arqueológicos en Siria son tan ricos que encuentras algo casi en cualquier sitio que busques”, explica Esper Sabreen, un arqueólogo sirio que trabaja con expertos españoles del CSIC en varios yacimientos de su país. “No hay ningún control. Hay una cantidad enorme de excavaciones ilegales y no sabemos lo que está pasando”, reconoce el arqueólogo, que ha excavado en Homs y Tell Qarassa. “No sabemos nada sobre el estado de los dos yacimientos”, señala el investigador. Cerca de uno de ellos está el Crac de los Caballeros, un castillo del siglo XI en el que los cruzados resistieron el asedio de Saladino y que también está catalogado como patrimonio de la humanidad.

Uno de los estudios más completos que se han realizado sobre los daños y el expolio al aptrimonio sirio, realizado por Emma Cunlife, de la Universdad de Durham (Reino Unido), asegura que la fortaleza ha sido bombardeada. El pasado marzo el Gobierno sirio reconoció que un grupo de hombres armados llegó al castillo, echó a todos sus empleados y lo saqueó sin contemplaciones, según el trabajo. El informe también relata cómo la ciudad romana de Palmira, otro de los sitios protegidos por la Unesco, ha sido barrida por ametralladoras y obuses del ejército desde el castillo que se alza en lo alto de un cerro.

Objetos perdidos

Tras terminar sus estudios de arqueología en la Universidad de Damasco, Sabreen llegó a España en 2010 para hacer la tesis sobre el patrimonio arqueológico al este de la ciudad de Homs. Después estalló la guerra y su objetivo cambió a otro mucho más ambicioso: trazar un plan para proteger y catalogar el patrimonio sirio al completo.

“Queremos planear cómo catalogar y proteger el material de los museos y el que se ha sacado de los 130 yacimientos arqueológicos legales que funcionaban en el país antes del conflicto y que ahora están parados”, explica Sabreen. El proyecto ha comenzado hace unos meses y se enfrenta a importantes trabas. La primera es la dejadez de las autoridades arqueológicas del país, que se remonta a mucho antes de la guerra, dice Sabreen. “Yo trabajé para la Dirección General de Antigüedades y pude ver que en los almacenes de los museos hay muchas piezas descatalogadas, una cantidad de material enorme que no está registrado y que supone un gran problema”, señala. Cualquiera de esas piezas puede desaparecer sin dejar rastro, por no decir que su valor histórico y científico es casi nulo si no se sabe el lugar exacto del que procede.

La situación diplomática tampoco ayuda. Sabreen trabaja en coordinación con la Unesco, dice. “Hace dos meses el Gobierno sirio le pidió ayuda a la Unesco para proteger su patrimonio pero esta se negó diciendo que no podía ayudar a una Administración que está matando gente”, explica. Su equipo, además, no puede trabajar directamente con el actual Gobierno sirio ya que esto no está permitido por la UE ni por España, a raíz de las medidas diplomáticas de presión impuestas al Ejecutivo del presidente Bachar el Asad tras el estallido de la guerra, comenta. “No hay ningún tipo de comunicación y nos es imposible contactar con los gestores”. A este descontrol se añade el que existe en las zonas ocupadas por los rebeldes, donde estos no son capaces de dominar la situación para evitar el saqueo, comenta Sabreen.

Una de las pocas fuentes de información sobre el expolio y la destrucción del patrimonio en Siria las aporta el grupo de Facebook El patrimonio arqueológio sirio en peligro. La página, supuestamente creada por arqueólogos sirios, franceses y españoles, pretende suscitar interés por la destrucción del patrimonio del país. Incluye fotos y vídeos en los que puede verse el bombardeo de monumentos y soldados de uno y otro bando que posan junto a estatuillas de piedra como si fueran trofeos de caza o junto a mosaicos cosidos a balazos. “Yo he confirmado con testigos locales algunos de los daños de los que habla esta web y en general creo que podemos confiar en ella”, opina Sabreen.

El arqueólogo resalta que ambos bandos son culpables del saqueo y la destrucción del patrimonio. “Por una lado los tanques del ejército sirio se han cebado con las ciudades muertas [un lugar al norte del país patrimonio de la humanidad] y por otro los rebeldes pintan banderas y frases como Alá es grande en importantes sitios arqueológicos”, explica.

Su gran temor ahora es que la guerra se enquiste “y pueda durar años”, dice Sabreen. Es algo que ya pasó en Líbano, el país vecino en el que la semana pasada comenzaron combates entre partidarios y detractores de El Asad. ” Esta guerra civil es horrorosa, llevamos ya un año y medio así y por ahora no hay esperanza de que termine”, lamenta Sabreen pensado en las pérdidas humanas en el conflicto. Sobre el patrimonio, apunta: “Esto afecta a la historia del mundo, será un impacto a todas las civilizaciones”, concluye.

La estatuilla siria más buscada por Interpol

El año pasado, un grupo de saqueadores tomó las ruinas sirias de Apamea al asalto. Amenazaron de muerte a los guardas y comenzaron a cavar trincheras de dos metros, taladrar mosaicos e incluso arrancar varios capiteles de columnas, según el estudio de Emma Cunlife, de la Universidad de Durham, encargado por la ONG de protección del patrimonio Global Heritage Found. A finales de mayo de 2012, Interpol alertó a sus 190 países miembros del posible tráfico ilegal de objetos expoliados en Siria durante la guerra, incluidos los mosaicos romanos. La organización también ha incluido en su lista de obras de arte más buscadas una estatuilla aramea de oro robada en julio del Museo de Hama.

Nuevo mapa de la pobreza en Europa


En la eurozona, Grecia vive “al borde de una catástrofe humanitaria”, España tiene tres millones de personas que sobreviven con ingresos mensuales de menos de 307 euros (US$417), las cifras oficiales de Portugal colocan a un 18% de la población por debajo de la línea de la pobreza, y en países fundadores del proyecto paneuropeo como Italia, el número de pobres se duplicó entre 2007 y 2012.

La situación va más allá de la llamada periferia. En Alemania casi ocho millones de personas sobreviven con unos 450 euros (US$611) mensuales de salario y, por fuera del euro, en Reino Unido, los bancos de alimentos, administrados por organizaciones caritativas, se han multiplicado por 20. Los datos de la agencia de estadísticas europea, Eurostat, o del Banco Mundial, coinciden con los de ONGs que luchan contra la pobreza como Oxfam. “Hay un nuevo mapa de la pobreza como consecuencia de las medidas de austeridad. Desde el aumento del desempleo hasta el desalojo y el desmantelamiento del Estado de Bienestar están contribuyendo a este nuevo panorama”, señaló a BBC Mundo la directora de Oxfam Internacional, Natalia Alonso. ¿Qué es ser pobre en Europa? La pobreza se mide en términos absolutos y relativos. En el primer caso se trata de una virtual incapacidad de supervivencia. En el segundo es relativa al ingreso promedio y las expectativas de una época (no tener heladera o electricidad o agua corriente, etc.) que puede ser diferente en Europa que en América Latina, a principios del siglo XX o del XXI. 

Protestas en España 

En España tres millones de personas sobreviven con menos de 307 euros mensuales. En Reino Unido la ONG Trussell Trust suministra dos semanas de alimentación de emergencia en más de 400 bancos de alimentos. En 2011-2012, unas 128.697 personas recurrieron a estos bancos. En 2012-2013 la cifra casi se triplicó: 346.992. “Es gente que tiene que elegir entre comer y prender la calefacción. Gente que come una vez al día. Padres que apenas comen para alimentar a sus hijos. Muchas veces uno se olvida lo fácil que es caer en esa situación. Pérdida de empleo, una cuenta muy alta de electricidad, una reducción de los beneficios sociales, dramas familiares y una persona se queda con poco o nada. A esto se suman salarios bajísimos, empleos temporales o de medio tiempo que hace que la gente entre y salga de situaciones de extrema necesidad”, señaló a BBC Mundo Chris Mould, director de la Trussel Trust. En Reino Unido se ha acuñado el término “pobreza energética” (fuel poverty) para un creciente porcentaje de la población que sobrevive el eterno y durísimo invierno británico sin calefacción, porque no pueden hacer frente a las cuentas. Geraldine Pool, diagnosticada con depresión, divorciada, con un hijo y sin trabajo es una de las personas que no pueden prender la calefacción este invierno y han recurrido a los vales de los bancos de comida del Trussell Trust. “Con el vale me dieron carne y pescado envasado, pasta, azúcar, leche, té. Eso me ayudó a sobrevivir por un tiempo. Pero no puedo prender la calefacción: no podría pagar las cuentas. No tengo agua caliente, así que para bañarme tengo que calentar el agua y asearme como puedo”, señaló a BBC Mundo. 

Los PIIGS

Los bancos de alimentos en Reino Unido se han multiplicado por 20. Según Eurostat, en 2012 unos 124 millones de personas -24.8% de los 28 países de la UE- estaban en “peligro de pobreza o exclusión social”, definición que incluye tanto la pobreza relativa como la absoluta. En 2008 la cifra era del 17%. Esta situación es particularmente visible en los países más golpeados por la crisis de la eurozona y los programas de ajuste, agrupados bajo el burlón acrónimo de PIIGS (“Pigs” es cerdos en inglés y abarca a Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España). El economista griego Costas Lapavitsas, académico de la Universidad de Londres, y autor de “Crisis in the Eurozone”, describe la situación en su país. “Grecia vive una crisis humanitaria peor que la Argentina del fin de la convertibilidad en 2002. Ha crecido la pobreza absoluta y relativa. El sistema de salud ha colapsado, la gente no puede prender la calefacción, los bancos de comida están a la orden del día”, señaló a BBC Mundo. Es una historia que parece sacada de una moderna picaresca de la pobreza, uno de cada diez hogares griegos a los que se les cortó el suministro eléctrico el año pasado por no abonar las cuentas recurrió a la inventiva, “colgándose” ilegalmente del suministro general para poder tener acceso a luz y energía eléctrica. "Grecia vive una crisis humanitaria peor que la Argentina del fin de la convertibilidad en 2002." Costas Lapavitsas 

En Italia, el presidente del Instituto de Estadísticas, el ISTAT, Antonio Golini, indicó al Parlamento en octubre que la pobreza pasó de 2,4 millones a 4,8 millones entre 2007 y 2012. Con una caída del Producto Interno Bruto (PIB) del 1,8% en 2013 no hay mejora a la vista. “Pero esto va más allá de los PIIGS. Está pasando en el centro. En Francia, por ejemplo”, subraya Costas Lapavitsas. 

Vivir con menos 

En septiembre del año pasado el Instituto Nacional de Estadística y Estudios Económicos de Francia (INSEE) reveló que en 2011 la pobreza en Francia afectó al 14,3% de la población total, su nivel más alto desde el año 1997. Según el INSEE unas dos millones de personas viven con menos de 645 euros por mes (US$877), unos 3,6 millones tienen problemas de vivienda y unos 3,5 millones reciben ayuda alimentaria. El caso más emblemático de esta “pobreza de los ricos” es Alemania, exhibido siempre como modelo a seguir en la eurozona por su crecimiento económico y su flexibilización laboral. La cara oscura de este crecimiento son los casi ocho millones de personas que sobreviven con los llamados minijobs que dan unos 450 euros mensuales (US$611) y prestaciones sociales nulas. Desde los orígenes de la flexibilización germana con el gobierno social demócrata de Gehrard Schroeder en 2002 hasta su actual versión con la canciller Angela Merkel, los bancos de alimentos se han triplicado de 310 a 906. Una situación similar se da en otro de los modelos de sociedad equitativa de antaño, Holanda. En diciembre la Agencia Oficial de Estadísticas señaló que en 2012 el porcentaje de holandeses que vivía por debajo del umbral de la la pobreza había saltado al 9,4%, equivalente a unos 664.000 hogares. En 2010 el porcentaje era el 7,4%. 

No a todos les va mal 

En Reino Unido se acuñó el término "pobreza energética". En 2007 Europa era ya más desigual que en 1970: esta realidad se ha profundizado vertiginosamente desde entonces. Según el Observatorio de la Realidad Social de la organización católica Cáritas, el número de millonarios en España aumentó en un 13% entre mediados de 2012 y 2013 hasta superar las 400.000 personas. En 1976, el presidente de la tercera entidad bancaria española ganaba ocho veces más que el empleado medio; hoy gana 44 veces más. “En Grecia, Irlanda, Italia, Portugal, España y el Reino Unido se ha visto un crecimiento de los niveles de desigualdad comparables con el 16% de aumento en Bolivia en los seis años que siguieron al programa de ajuste de los 90. En estos países europeos o el 10% más rico gana más o el 10% más pobre gana menos o ambas cosas”, señaló a BBC Mundo desde Oxfam Natalia Alonso. El impacto no es sólo social o humanitario: el mismo modelo de crecimiento europeo de la posguerra está en juego. Este modelo incluyente y con fuertes tendencias niveladoras en los social permitía un crecimiento basado en un alto consumo doméstico. El modelo no ha desaparecido, pero está en crisis. “Si no cambian estas políticas, Europa necesitará 25 años para recuperar el nivel de vida que gozaba antes de la crisis. Hay un desmantelamiento de un modelo en marcha. Hoy la desigualdad en Reino Unido es igual que en Estados Unidos”, indicó Alonso a BBC Mundo. Fuente: BBC Mundo